Carta abierta al papa Francisco

Carta abierta al papa Francisco

Hagamos memoria sobre los mensajes del papa Francisco durante su visita a Colombia.

BOCAS - Carta abierta

Unos niños reciben al papa Francisco en el aeropuerto de Cartagena.

Foto:

AFP

17 de septiembre 2017 , 09:00 a.m.


Antes que otra cosa, mil gracias por la visita. ¡Qué generoso! ¡Qué oportuno!

Fue lindo verlo dibujar bendiciones al viento, sonreír a pesar del cansancio y abrazar con naturalidad a quien se le acercaba. Pero lo que en realidad nos conmovió, papa Francisco, fueron sus palabras: claras, profundas y llenas de esperanza. Las escuchamos con atención en los cinco días de su visita. Desde esa tarde del miércoles 6 de septiembre cuando les dijo a los jóvenes: “No se dejen robar la alegría, no se dejen robar la esperanza. Que nadie se las robe, que nadie los engañe”.

Sus frases armaron de valor e ilusión a los desesperanzados. Nos recordaron que la paz no es un fin sino un camino que todos debemos andar y que, por grandes que sean los obstáculos, no se puede abandonar. “Cuanto más difícil es el camino hacia la paz, más empeño tenemos que poner”, nos recordó en su segundo día en Bogotá.

A partir de entonces, en todas las ciudades que visitó, envió varios mensajes: a los jóvenes, a la iglesia, a los políticos, a los indiferentes. Libres de cualquier juicio, dichos mensajes nos llegaron porque tenían implícita una fuerte carga de humanidad. Por eso los entendimos todos, sin distingos.

No nos vamos a olvidar jamás de su visita a Colombia. Gracias, papa Francisco.

Sobre la paz

A pesar de ser uno de los temas más complejos por estar totalmente politizado en este país, usted logró tratarlo desde lo inobjetable. Acaso la frase más contundente fue: “En este enorme campo que es Colombia todavía hay cizaña. No nos engañemos. Ustedes estén atentos a los frutos. Cuiden el trigo. No pierdan la paz por la cizaña”. La paz, entendida por usted, es algo que se construye, no que se encuentra como quien descubre un tesoro en una isla perdida.

La paz no puede llegar sin verdad, nos recordó en sus palabras: “La verdad es una compañera inseparable de la justicia y de la misericordia. Juntas son esenciales para construir la paz y, por otra parte, cada una de ellas impide que las otras sean alteradas y se transformen en instrumentos de venganza sobre quien es más débil”. En el mismo discurso nos hizo reflexionar acerca de la importancia de sanar a través de la honestidad: “Verdad es contar a las familias desgarradas por el dolor lo que ha ocurrido con sus parientes desaparecidos”.

Usted, Papa Francisco, anunció que la paz nace de la voluntad de todos los colombianos, porque, como dijo en Villavicencio: “De nada sirve silenciar los fusiles si siguen los corazones armados (...). La búsqueda de la paz es un trabajo siempre abierto, una tarea que no da tregua y exige un compromiso de todos”.

A la Iglesia

Su discurso en Medellín llamó la atención por su defensa categórica de la transformación de la Iglesia católica. “La renovación no nos debe dar miedo. La Iglesia está siempre en renovación”, anunció antes los fieles.

Pero su planteamiento no se quedó allí. También recordó que la “Iglesia es zarandeada por el Espíritu para que deje sus comodidades y apegos”.

Finalmente, quedó en la memoria de todos su reflexión de que la Iglesia “no es una aduana, quiere las puertas abiertas porque el corazón de su Dios no está solo abierto, sino traspasado por el amor que se hizo dolor”.

A los jovenes

Desde que inició su papado, ha mostrado especial interés en los jóvenes, pues en ellos está el futuro de la Iglesia. En Colombia, los primeros que lo escucharon fueron ellos. Y usted, enérgica y alegremente les dijo: “no se dejen robar la esperanza ni la alegría”.

Al otro día, de cara a la Plaza de Bolívar, volvió a hablarles, esta vez para invitarlos a luchar contra la mediocridad, con el siguiente mensaje: “No se metan en el chiquitaje. No tengan vuelos rastreros. Vuelen alto y sueñen en grande”.

“Cuánto los necesita Colombia para ponerse en los zapatos de aquellos que muchas generaciones anteriores no han podio o no han sabido hacerlo, o no atinaron con el modo adecuado para lograr comprender”.

En favor del medio ambiente

Su mensaje en este aspecto confirma por qué su segunda encíclica, el Laudato Si, está centrada en el cuidado del medio ambiente, el que usted ha llamado “la casa común”. En su discurso en el Palacio Cardenalicio llamó a cuidar nuestro recursos:

“La Amazonía es para todos nosotros una prueba decisiva para verificar si nuestra sociedad, casi siempre reducida al materialismo y pragmatismo, está en grado de custodiar lo que se ha recibido gratuitamente, no para desvalijarlo, sino para hacerlo fecundo”. En este aspecto rescató las enseñanzas de los indígenas: “Me pregunto si somos tan capaces de aprender de ellos la sacralidad de la vida, el respeto por la naturaleza”.

Por último

Su discurso, Papa Francisco, se resume en dejar de lado la indiferencia y, en medio de nuestras diferencias, encontrar los valores que nos son comunes, que entendemos desde un punto de vista humano. Quizás la esencia de su mensaje se resuma en una de sus frases, que en apenas once palabras resume su pensamiento: “Por favor, les pido que escuchen a los pobres. Mírenles el rostro”.

REVISTA BOCAS
EDICIÓN 67 - SEPTIEMBRE 2017

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