Carta abierta a Kim Jong-Un

Carta abierta a Kim Jong-Un

Desde BOCAS le dirigimos estas palabras al político norcoreano.

24 de junio 2018 , 05:05 a.m.

Estimado señor.

El pasado 12 de junio, luego de la reunión que sostuvo con el presidente Donald Trump, en Singapur, parece que su plan para cambiar la imagen de su país como un peligro para el mundo y de cambiar su propia imagen de dictador brutal va por buen camino. Aunque Corea del Norte sigue siendo un lugar tan hermético como antes, muchos medios, como The New York Times, el diario israelí Haaretz y The Guardian, entre otros, lo dieron como el claro ganador de la cumbre y según algunas encuestas ahora los surcoreanos lo ven como un gobernante en el que se puede confiar.

Es claro que su tercer viaje oficial al extranjero –después de haber estado en China y de cruzar la frontera con Corea del Sur– le sirvió para exhibir su lado más amable. Sonrió en todas las selfies que se tomó y mostró su sentido del humor cuando le dijo al mandatario estadounidense que mucha gente podría creer que este encuentro era fantasía o una obra de ciencia ficción.

No hay duda de que logró el retrato perfecto de un líder común y corriente. Da la impresión que atrás quedó esa forma de negociar a partir de ensayos nucleares, bombas de hidrógeno y la intimidación de la destrucción masiva.

Sin embargo, después de todo este despliegue propagandístico quedan muchas dudas en el aire. El documento que firmó luego de la reunión con Trump no es más que una hoja de ruta para las venideras negociaciones sobre el futuro de su programa armamentístico. El miedo a una guerra nuclear no se ha disipado y no nos podemos olvidar que en la guerra de 1950, el primer conflicto de la Guerra Fría, hasta Colombia se vio involucrada.

Por eso, desde BOCAS, queremos dirigirle esta carta y formularle algunas preguntas que a todos nos mantienen preocupados.

Para empezar, la última prueba nuclear que llevó a cabo en septiembre del año pasado prendió todas las alarmas. La explosión, según los datos que se pudieron recabar, fue tan fuerte que alcanzó una potencia entre 80 y 100 kilotones, casi seis veces más fuerte que la potencia de una bomba atómica. ¿Mide en kilotones su voluntad de paz?

Históricamente su régimen ha utilizado el poderío nuclear para obtener reducciones en las sanciones económicas. No obstante, usted ha realizado el doble de pruebas nucleares (cuatro) y ha invertido mucho más dinero en desarrollar su arsenal que su padre. ¿Quiere dejar de usar sus misiles como moneda de cambio o quiere obtener más beneficios llevándonos al límite de una posible confrontación?

Debe saber que, para el mundo entero, su política de byungjin –que significa desarrollo paralelo, entre las armas nucleares y crecimiento económico– convirtió a su país en una amenaza para la seguridad mundial y llevó a su población a una pobreza extrema. No es gratuito que en Corea del Norte haya 60.000 niños al borde de aguantar hambre y sufrir de desnutrición, según la Unicef.

Tampoco nos podemos olvidar que aparte del arsenal nuclear sobre el que sustenta su poder, Corea del Norte es una de las naciones más represivas y una de las que tiene el menor ingreso per cápita del mundo (1700 dólares, lo que ubica a su país en el puesto 214 de 228).

Otro punto en su larga lista de infamias que producen sus políticas de gobierno es el cálculo que hace Amnistía Internacional sobre la cifra de presos políticos: 120.000 personas, entre hombres, mujeres y niños. En países como China se estimaba que había 952 presos políticos en 2014 y en Venezuela, según la ONG Foro Penal, hay 357. Y esos datos, sobra decirlo, ya son escandalosos.

Y eso no es todo: el último informe de The International Bar Association - War Crimes Committee, una organización de abogados que apoya a la Corte Penal Internacional, estableció que en las prisiones norcoreanas los reclusos tienen peores condiciones que las que se experimentaron en los gulags y los campos de concentración nazis. Las torturas, la violencia sexual, las ejecuciones y los trabajos forzados llegan a niveles nunca antes vistos en la historia.

Ni hablar de las libertades individuales. A nadie se le olvida que usted controla desde el corte de pelo, la música que pueden escuchar, hasta las películas que pueden ver los ciudadanos a los que gobierna. Además el uso del internet está completamente restringido: por ejemplo, ha llegado al absurdo de penalizar la posesión de pornografía con el envío a campos de concentración.

Todo esto nos lleva a pensar una cosa: ¿Hasta que punto su voluntad de cambio es real? Porque hay que reconocer que ha tenido algunas acciones adecuadas: la liberación de los tres presos estadounidenses por razones humanitarias al principio de este año fue loable y permitir que las delegaciones de las dos Coreas entraran juntas durante la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno fue un gran gesto simbólico.

Además, cerrar el casi obsoleto campo de pruebas nucleares de Punggye-ri fue otra prueba de cambio. Sin embargo, para demostrar un verdadero compromiso debería permitir que algún organismo internacional verifique que efectivamente usted desmanteló este centro.

Su política militar es irresponsable y pone en peligro a toda la humanidad. Los misiles intercontinentales que probó en noviembre de 2017, aunque no llegarían a Colombia, no dejan de ser un motivo de preocupación. El mundo no necesita otro conflicto más.

Es hora de acabar con esa guerra que dividió a una nación en dos y que dejó más de 2.5 millones de civiles muertos. Es hora de acabar con la amenaza nuclear. Es hora de acabar con el aislamiento de su país. Es hora de llegar a acuerdos reales y, sobre todo, de respetarlos.

¿O acaso solo estaba buscando una buena foto para su nuevo perfil, en esta época de la diplomacia de Twitter?


REVISTA BOCAS
EDICIÓN 75 - JUNIO 2018

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