Abel Aguilar: el jefe del camerino

Abel Aguilar: el jefe del camerino

Entrevista con el centro campista de la Selección y del Deportivo Cali, Abel Aguilar.

Abel Aguilar

Abel Aguilar, a sus 33 años, es una pieza clave para el técnico de la Selección Colombia, José Pékerman.

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Andrea Swarz

31 de mayo 2018 , 04:28 p.m.

Ahora todos quieren sacarlo porque otros andan mejor que él. Pero lo que pocos saben es que Abel Aguilar (Bogotá, 1985) es como el de la Biblia: un apostolado de Pékerman. Cada vez que pueden le ponen jugadores, lo comparan, pero él sigue allí, firme, sin alterarse porque sabe lo que tiene así unos no lo noten. Para unos es un jugador menor. Y él ríe.
Si bien no tiene el carácter rebelde y la rudeza de un malevo, sí tiene la visión de campo de un guerrero medieval que sabe dónde lanzar su rejón. Abel se las ingenia para realizar sus labores de contención, recuperación y destrucción del juego ofensivo del rival. Eso no es poco.

Pasó por equipos como el Udinese italiano, los españoles La Coruña, Hércules, Real Zaragoza, el Toulouse francés o el portugués Belenenses. Más de una década jugando al fútbol en Europa. Ya quisieran un palmarés así para sentarse en la vejez a contarles a los nietos cómo era jugar en el San Siro o en el Bernabéu.

Pega sin que nadie se dé cuenta y hace su trabajo sin que nadie se lo tenga que decir. Él lo sabe en el olimpo de su madurez. Ya arropa los 33 años. Tiene la particularidad de ser suplente en su club, el Deportivo Cali –muchas veces pasa eso- y ser titular inamovible en la selección. ¿Cómo lo hace? Se lo preguntamos. Ni sus enemigos hablan mal de él.

Es, digamos, el alumno responsable que sin ser el mejor de la clase, siempre está dispuesto. Tiene un palmarés envidiable de cuatro mundiales (Emiratos Árabes 2003 y Holanda 2005 [Sub-20] y Brasil 2014 y Rusia 2018). Es un absoluto de la selección. Sí. Es el riñón de Pékerman. Digan lo que quieran, Abel es el jefe del camerino, la voz dentro de la cancha –como fueron Yepes y Mondragón en 2014– y el estado de ánimo del grupo y eso vale más en Rusia que aquí.

Vamos al principio. Todo comenzó en Bogotá y no en el Deportivo Cali como algunos creen. Su padre, Álvaro Aguilar, estuvo en la Liga de Bogotá de Fútbol, y allí inició todo…
Sí. Mi familia desde muy pequeño me dio la posibilidad de jugar. Desde que tengo uso de razón estoy jugando y me encanta jugar al fútbol. Mi padre me apoyó mucho. Comencé en la Liga de Bogotá y después me dieron la posibilidad de venir al Deportivo Cali con 15 años luego de un torneo nacional y empezar un proceso en este club. Fue un proceso interesante y bonito, en el que se dieron las cosas hasta salir a jugar al exterior. Le tengo cariño al club porque jugué profesionalmente, pude ir a la selección y salir a Europa. Para cualquier jugador es algo hermoso, que es con lo que soñamos.

Por esa época conoció a Falcao García. ¿Qué recuerdos hay?
Sí. Conocí a Falcao, y comenzó la amistad. Varios años fuimos de la Selección Bogotá. Es curioso porque Falcao siempre ha tenido capacidad y condiciones, y eso ha marcado la diferencia como jugador. Siempre muy trabajador, muy tranquilo. He tenido la posibilidad de seguir con él en todos los procesos de selecciones menores y ahora en la de mayores. Hemos vivido cosas especiales, y nos hemos mantenido allí, gracias a Dios. No ha sido nada fácil.

Al Deportivo Cali lo trajo Agustín Garizábalo, ese cazatalentos. ¿Cómo fue la historia de encuentro con él y su llegada al club?
Me vieron en un torneo nacional y allí estaba Agustín (Garizábalo) junto con otros técnicos del club. Tras eso, vine, realicé pruebas y comencé el proceso. Fueron momentos complicados, pero se sobrellevaron a punta de trabajo. Me acuerdo que estaban (Sergio) Checho Angulo, que fue con el que más tuve contacto. También Jorge Gallego, que fue uno de los que dieron el aval para llegar al club. Otro fue el profesor Carlos Arango, quien me tuvo en las prejuveniles, luego Nelson Gallego, muy definitivo porque me ayudó en momentos difíciles en el club; le tengo cariño y aprecio. Y debuté con (Fernando) Pecoso Castro, luego apareció (Óscar Héctor) Quintabani hasta sostenerme.

Todo fue rápido porque a los tres años ya estaba en Europa. El Udinese italiano fue el primer equipo en el exterior. ¿Qué pasó allí porque se duró poco tiempo?
Duré año y medio. La adaptación no fue nada fácil: el ritmo de juego, sobre todo, marcó la diferencia. La gente no da espera y terminas saliendo porque los objetivos son a corto plazo, y en ese sentido tomé la decisión de ir a España, de cambiar un poco la cultura futbolística. Desde que llegué allí me sentí muy bien, cómodo, de jugar, de volver a la selección.

Usted es de los jugadores que más se mantuvo activo en Europa jugando al fútbol. ¿Cómo hizo para mantenerse más de una década en el exterior y en buen nivel?
Lo más importante es soportar los momentos difíciles porque estás en otro país. Los cambios cuestan, y obviamente, hubo momentos difíciles, duros, y es allí cuando uno debe tener la tranquilidad, la paciencia, de saber manejar las condiciones de cada uno. No dejarse llevar por nada, ese asunto mental fue clave para mantenerme y estabilizarme en España, para jugar en equipos importantes y luego ir consolidando mi fútbol.

Abel Aguilar

Abel Aguilar es bogotano, debutó en el Deportivo Cali y luego pasó por equipos en Italia, España, Francia y Portugal.

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Andrea Swarz

Una vez hizo nueve goles en una temporada. Fue en el Hércules español. Nada mal para su posición…
[Risas] A veces anotamos goles, ha ido bajando el promedio, pero siempre es bueno hacer goles. Me encanta hacerlos, pero son momentos indicados, hay que estar en el lugar preciso, bien ubicado. Pero también sé que mi labor en el campo es otra, la de ayudar al equipo en mi posición. Tratar de darle lo máximo al equipo, que mis compañeros se sientan cómodos, que hagan los goles y, si los hacen ellos, pues igual los celebro.

El técnico Eduardo Lara arropó a una generación de buenos futbolistas juveniles y los llevó a dos mundiales. ¿Qué significó Lara?
El profesor Lara es muy allegado, de mucha confianza, sobre todo en esa selección Sub-20 [la de Emiratos Árabes]. La confianza que nos brindó fue fundamental en su momento, a partir de allí aparecieron otros como Bolillo [Hernán Darío Gómez], quien genera confianza, que habla sin tapujos, le dice a uno que diga las cosas como son. Reynaldo [Rueda] fue otro determinante porque me llevó a la selección de mayores. Le debo mucho, y marcó mi carrera.

Hablando de selección, ¿sintió algún fresquito cuando encabezó la lista de los 35 preseleccionados a Rusia 2018?
Contento con esa convocatoria porque siempre es un privilegio, y una bendición, y trabajamos para eso por mucho tiempo y creo que todos somos líderes, hay mucha unidad, y es evidente que la experiencia aumenta un poco más ese liderazgo con las ganas de ser un guía en todos los sentidos, y es importante para lo que se viene, hacerlo de corazón, con honestidad.

En el interior de la Selección se habló de que si usted no hubiera cabeceado como lo hizo, ante Uruguay, James no hubiera hecho ese golazo en Brasil 2014. ¿Qué tan cierto es que se habló del tema en el equipo de esa asistencia?
[Risas] Son jugadas de partido, son milésimas de segundos. A esa hora estamos tan concentrados en el juego que no pensamos más allá, más de lo que se pueda ver. Eso lo ve mejor la gente afuera. Nosotros estamos compitiendo, tal vez ya con calma vemos la jugada y se ven muchas cosas más, pero son milésimas de segundos donde tomas decisiones y salió así esa jugada. Por fortuna, le cayó a James y pudo anotar ese gol que inició la clasificación a cuartos.

Pero si no mete ese cabezazo, que fue colocado, seguramente no se hablaría de ese gol. Incluso, se acuñó el mito de que si Abel no cabecea, no era gol…
Obvio. Pero esa jugada viene de un balón que yo tiro. Puede ser cierto que todo lo comencé yo. Sin embargo, a mí me interceptan, me quitan el balón, luego me vuelve a caer y aparece el cabezazo. Yo no sé, pero se tenía que dar de esa manera. Las cosas cuando son, son, y aparece la jugada.

Eso de ponerse la camiseta de la selección siempre ha ido bien con usted. Muchos lo han visto más con la camiseta de Colombia que con la de un equipo de club. Con Rusia sería su cuarto mundial. ¿Hay algún magnetismo especial de ponerse siempre la camiseta?
¡Imagínate! Ponerse la camiseta de la selección es importante, es algo único. Cuando uno comienza a jugar al fútbol sueña con tenerla, jugar con la camiseta puesta, es algo especial. Sinceramente pienso que lo máximo que uno tiene como jugador profesional es vestirse como jugador de Selección. Luego ser protagonista, ganar partidos, llegar a otras instancias. No solo es llevarla y participar, sino ser protagonista y lo hemos venido haciendo, logrando. Lo importante es seguir manteniéndola.

Usted participó en la eliminatoria a Sudáfrica 2010, pero no se pudo, estuvo cerca. ¿Qué pasó esa vez?
Camino a Sudáfrica nos costó mucho, demasiado. Desde un principio fue complicado. Cuando comenzó esa eliminatoria hubo varios inconvenientes, se cambió de sede varias veces y son cosas mínimas que influyen y en los últimos partidos que eran decisivos no logramos los resultados, y al final, no se dio la clasificación.

Mientras esté disponible, que crean que puedo aportar, ya sea Pékerman u otros, voy a estar disponible siempre. Nunca podré decir que no

Pero es allí cuando llega Pékerman…
Con la llegada de Pékerman hay un cambio bastante positivo. Y ese cambio fue, sobre todo, mental. Llegó en un momento difícil de la eliminatoria, camino a Brasil, pero se logró dar la vuelta a punta de trabajo y de cambiar ciertos aspectos como la mentalidad al momento de afrontar los partidos. Y fue allí cuando comenzó a notarse un proceso bastante bueno, de afianzar varios conceptos técnicos, futbolísticos.

Pékerman entonces termina siendo un referente por lo que se genera dentro del grupo. ¿Cuál es el misterio del técnico argentino en el interior de la Selección?

Él nos da toda la confianza. Digamos que los que llevamos más tiempo, desde el principio con él, conocemos su manera de trabajar, sus métodos y su forma de ser. No solo nos limitamos a hablar de las cosas deportivas, sino que Pékerman va más allá, hay mucha integración en el grupo cuando no estamos entrenando o en concentración: hablamos, nos reunimos, charlamos de muchas cosas y eso también ayuda para lo que es la preparación. Es más importante lo que no se ve, lo que tratamos de hacer en las concentraciones es tal vez lo más definitivo.

Se pensaría que Pékerman ve en Abel a alguien que podría ser el Faryd Mondragón de Brasil 2014: motivador, alguien de confianza, algo así como el jefe del camerino. ¿Lo ve así?
Pienso que me ve como un jugador con experiencia, que ha vivido todo el proceso, que sabe que conozco al grupo, como otros que están allí como David, Falcao, James, Carlitos Sánchez, Zapata, Bacca…, somos muchos que conocemos al grupo.

Pero ellos no hablan: juegan en la cancha. Abel juega, habla, pelea, discute, arropa…

No, no. Se habla, y se habla mucho. No se ve, tal vez. Porque hay cosas que no se ven desde afuera. Porque las veces que yo he estado afuera no he visto situaciones, pero en el interior sí se ven. Sin embargo, en el plantel se habla muchísimo, y pienso que lo más importante es eso, que en el grupo hay esa unión y eso para los resultados es fundamental.

Siempre se habla de jugar y ser titular. Abel, muchas veces, no es titular en el Deportivo Cali, pero en la selección es un inamovible. ¿Hay alguna explicación?
Eso es lo que la gente percibe, pero yo tengo claro lo que hago, lo que le aporto al Cali, y estoy muy tranquilo con eso. Siempre soy del pensamiento de que no te podés dejar llevar por la gente ni para lo bueno ni para lo malo.

Pero entonces qué influye para que pase eso. ¿Serán los jugadores, el técnico?
No. No influyen los jugadores. A mí no me influyen. Tengo claro lo que hago, tengo claro mi manera de trabajar, mis conceptos, y obviamente, aquí, en un club como el Cali te exigen resultados, títulos, y no los hemos logrado, y por eso la gente, y es entendible, que los pida. En ese sentido entiendo a la gente. Hay un sector, y no es de la gente, sino de la prensa que, digamos, a veces, complica ese asunto. Yo hago mi trabajo, lo hago de corazón, con honestidad, aparte de que es un club que le tengo mucho cariño y seguramente las cosas se van a dar más adelante.

Abel Aguilar

Aguilar ha tenido que soportar las críticas de un sector de la prensa que lo acusa de 'veterano' y 'suplente'. Pero él simplemente se ríe.

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Andrea Swarz

Carlos Sánchez es su socio en la cancha. Se conocen y han jugado por largo tiempo juntos. Mientras uno juega más con los pies (Sánchez), el otro juega más con la boca (Abel). ¿Cómo se ha vivido tanto tiempo esa conexión?
Hay una muy buena relación. Siempre desde que estamos ha existido una compenetración. Es un jugador muy importante para el esquema, por su experiencia, por su trabajo, es incansable y nos ayuda en todos los sentidos. Entonces es un jugador de mucha capacidad. Siempre me he sentido muy bien, cómodo, por sus condiciones. Eso es lo bueno de esta selección: hay muchos jugadores y todos pueden hacerlo bien.

Solo hasta la última fecha se definió la clasificación a Rusia 2018. Fue dramático llegar a ese partido y saber que se podía, pero también que no se podía. Hagamos un flashback.
Fue positivo cerrar la eliminatoria como se hizo. Sí, hubo un momento complicado después del partido contra Paraguay en Barranquilla, pero se sacó adelante. Y fue por esa unión, y eso no dejo de resaltarlo, porque fue fundamental a la hora de encarar el triunfo y la derrota. Eso, sin duda, nos ha dado la posibilidad de seguir adelante. Nos aferramos al colectivo del equipo y nos ha ido bien, sacamos algo importante y toca disfrutarlo para seguir. Siempre es complicado clasificar en Suramérica.

¿Hay alguna diferencia notable entre ese grupo que fue a Brasil 2014 y ahora el grupo que irá a Rusia 2018?
Sí. Hay diferencias, tal vez porque hay nuevos jugadores, pero hay experiencia y eso es importante. Sin embargo, son situaciones distintas. Si bien es un mundial, son situaciones diferentes en lo que se vive, pero hay que afrontarlo con la misma ilusión, con las mismas ganas y como si fuera la primera vez con la camiseta de la selección, porque eso nos llena de energía y debemos afrontarlo así como si fuera el primer día que jugamos con la selección. Y claro, tratar de disfrutarlo porque se ha luchado en estos cuatro años.

Hay dos, tres jugadores en el mediocampo que pueden ser su reemplazo: Mateus Uribe, Wilmer Barrios, incluso, Lerma. ¿Cómo analiza ese recambio generacional que pisa duro?
Son jugadores que desde que llegaron tuvieron un compromiso muy importante, con mucha ilusión, así como cuando uno llega a la selección. Hemos tratado de que se afiancen, que reciban la confianza, porque al final la selección es de todos, no solo de un jugador. Y ellos, los que nombra, están bien y subirán el nivel del equipo colombiano. No importa quién juegue, solo que lo haga por el bien del equipo, y eso está por encima del plano individual. La selección es así, se manejan cosas diferentes a un club y tenemos que estar preparados para jugar, pero también para esperar, como alguna vez nos tocó. Siempre con la idea de ayudar al que juega.

Tras Rusia 2018 se cumplirá un ciclo. Tal vez Pékerman no siga. ¿Ha pasado por su cabeza que también puedan ser sus últimos juegos con la selección?
Uno a la Selección nunca le podés decir que no. Uno nunca va a decir que se va a ir o renunciar a la selección. No. Soy de ese pensamiento, mientras esté disponible, que crean que puedo aportar, ya sea Pékerman u otros, voy a estar disponible siempre. Nunca podré decir que no. Hasta cuando me dé, hasta que más pueda. Esto es para disfrutarlo, pero hay que estar bien.

¿Y cómo nos irá en Rusia?
No sé. Saldremos a jugar y a disfrutar del fútbol.

Se crece, se madura, 33 años... ¿Asomo de retiro?
Hay Abel para rato. Quiero seguir disfrutando del fútbol, luego ya veremos si continuar vinculado a la pelota, puede ser una posibilidad, pues lo vivo al máximo, pero ahora a seguir trabajando y seguir consiguiendo cosas, triunfos, victorias, hacer historia.

POR ALEJANDRO AGUIRRE
FOTOGRAFÍA ANDREA SWARZ 
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 74 - MAYO 2018

Abel Aguilar

El jefe del camerino.

Foto:

Revista BOCAS

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