Confieso que he bebido
Por José Rafael Arango el 27 de Mayo 2010 9:21 PM
"A un viejo especialista en vinos, al ser atropellado por un tren, le humedecieron los labios con vino para que recobrara el sentido: "Pauillac, 1873" murmuró antes de morir".
Ambroce Bierce
El vino y la literatura tienen una relación íntima, histórica e indivisible. Quizás apenas el sapiens-sapiens pudo usar las primeras palabras más allá del balbuceo, las usó para describir la emoción que le producía este noble caldo, regalo de los dioses. Páginas y páginas se han escrito sobre y con la sangre de la uva. Nos dice Giovanni Papini que junto a la literatura del mar y del dolor, la literatura del vino es la que cuenta con más copiosos e ilustres ejemplos.
Desde la antigüedad, cuando el vino tenía una relación directa con los dioses, era mencionado con fruición en los diferentes textos sagrados, desde la epopeya del Gilgamesh, pasando por los textos sagrados de la dinastía Tang, hasta las 200 menciones bíblicas que hay sobre esta bebida. Los profetas se sienten en la obligación de develar la salvación a través de este noble elixir.
Los bardos y poetas bajan el vino a la tierra y son los encargados de cantar las virtudes y defectos de esta bebida, no en vano decía Hölderling: "Los poetas son ánforas sagradas/donde se guarda el vino de la vida". Desde Quinto Horacio Flaco -que poco tenía de magro- quien se autoproclamaba "un cerdo del rebaño de Epicuro", pasando por Safo, Anacreonte o Alceo, incluido el persa Khayyam, quien cantó a rabiar el vino en una cultura abstemia, hasta los modernos Pessoa, Rubén Darío, Pavese, Rilke, Bukosky o Hemingway, quien aprendió a conocer el vino en su periplo español y, claro, Neruda y Baudelaire, los hijos predilectos de la vid. Ellos son ejemplos de que la literatura y el vino nacieron para amarse, recrearse y complementarse.
El vino les ha dado la gloria y ha traído la perdición a los poetas. Redime al santo y lo envía al paraíso y conduce al pecador al infierno del delirium tremens, pues, en últimas, la función de esta bebida es conocer y conocerse, lo que viene siendo el sentido profundo del arte.
El vino abre la puerta para que el sentimiento se exprese a través de la palabra, siempre con la verdad "in vino veritas" por cruel que esta sea, o recordemos las palabras de Pezoa Véliz: "No escupáis a los beodos que perecen/ aturdiendo en el vino sus dolores/ si odiáis a la embriaguez, odiad las flores/ que ebrias de sol en la mañana crecen".
El vino siempre estará ahí, para acompañar las alegrías o desdichas de los hombres, será amable o cruel según lo indique el corazón de quien lo descorche. Pues, al fin de cuentas, como decía Kyats: "El vino sabe dulce solo a los felices".
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Por buenamesa
Abogado, filósofo y politólogo, cambió su vida por el vino, fundador del primer diplomado de vinos en Colombia, consejero enológico de los mejores clubes, hoteles y restaurantes del país. Lector, escritor y catador empedernido.
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Trata sobre los tipos de vinos, cómo escogerlos, cuál es su origen, con qué comidas van mejor, etc.
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Comentarios
1. Por: cucurbitapepo - 28 de Mayo 2010 a las 07:56 AM
"Toma la más grande de las cráteras, llénala del vino más añejo y escáncialo en las copas, porque están bajo mi techo los griegos a quienes yo más quiero. Autemedonte sujetaba la carne y Aquiles la clavó en asadores después de cortarla y hacer las partes, mientras que el hijo de Menencio avivaba un formidable fuego y sazonaba la carne....Aquiles fue dando su parte acada uno y cuando todos hubieron satisfecho el deseo de comer y beber.......el invitado llenó su copa y exclamó brindándosela a Aquiles: !Salud Aquiles por la acogida que nos has dado¡" Del canto Noveno de la Ilíada.
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