Vértigo: 'Tate quieto mundo que la cosa no es con vos'
Por Roberto Vargas el 20 de Diciembre 2010 1:15 PM
"Tate quieto mundo, que la cosa no es con vos", dice un amigo mío cuando se pasa de tragos. Y casi repito las mismas palabras el día en que me levanté y se me hizo un remolino en la cabeza, como aquellos que le dan a uno cuando se ha tomado más de media de whisky en una noche de parranda.
Solo que esta vez el asunto no se podía arreglar acostándose en la cama, con un pie puesto en el piso, y rogando que le coja a uno el sueño para detener la borrachera.
Esta vez el asunto era más extraño: no me había tomado un trago en semanas. Me levanté y justo cuando me dirigía a la cocina empecé a irme a lado y lado de la pared del pasillo, sin equilibrio alguno.
Uno piensa primero que eso ocurre porque no se ha acabado de despertar. O que se levantó muy rápido. Pero pasaron los minutos y llegué a la conclusión: estaba 'borracho'. El mundo seguía dando vueltas sin parar. Por lo menos en mi cabeza.
Me despacharon para la clínica, en donde un neurólogo, después de examinarme, me acostó abruptamente a lado y lado de la camilla, y me dejó más borracho de lo que llegué. Yo trataba de agarrarme hasta de la pared pero solo cogía el viento. Cuando ya pude fijar la vista me encontré con el rostro sonriente del médico, que emocionado me dijo: 'sí, lo que usted tiene es vértigo'.
Tomó un papel y escribió 'Vértigo paroxístico posicional benigno'. Y me lo entregó, con la misma sonrisa. A mí me gustó lo de benigno, pero por lo demás quedé en las mismas. Me explicó brevemente lo que era, me dijo cuáles terapias hacer y me aconsejó entrar a Internet, en donde encontraría todas las respuestas a mis inquietudes. Esa es la nueva herramienta de los médicos.
Y mientras pongo en orden otra vez la cabeza, me empecé a dar cuenta de unas cuantas cosas en las que uno no piensa cuando está en total equilibrio.
En diciembre, a las 4 de la tarde de un día entre semana, no hay taxi que lo lleve a uno al centro de Bogotá. No me quedaba otra solución que irme, de tumbo en tumbo, en TransMilenio. El taxista que se negó a llevarme a la Plaza de Bolívar accedió a regañadientes a dejarme en una estación cercana de TransMilenio. Y me llevó a la de Los Héroes.
Apenas me bajé me quedé mirando hacia arriba, al puente que habría que pasar. Y ahí entendí a muchos que se lanzan por entre los carros por debajo del puente peatonal. No todos lo deben hacer por ignorantes o malos ciudadanos, sino que habrá muchos que le tienen miedo a subirse al puente. Como en ese momento me ocurría. ¿Cómo voy a pasarlo, si me voy a lado y lado?, me preguntaba.
Me armé de valor y subí una a una las interminables escaleras. Ya sobre el puente, no me atrevía más que a mirar hacia el frente. Y me fui por la mitad para no mirar los carros abajo. Pero todo era en vano. Primero, todo el mundo iba de afán. Y los que venían me empujaban hacia atrás y los que iban, me empujaban hacia adelante. Nadie parecía siquiera verme.
Decidí irme hacia la derecha del puente, agarrarme con todas las fuerzas al tubo, mirar hacia el frente y avanzar lentamente. Pero ahí me di cuenta de que por más que uno no lo quiera, de manera inconsciente uno ve también el movimiento de los carros abajo que, en caso de vértigo, lo deja a uno más borracho.
Duré un poco más de media hora pasando el puente, buscando la ruta que me servía y esperando un bus que tuviera un puesto libre, porque si uno se sienta en una silla azul, nadie le va a creer que es que en verdad tiene vértigo y lo necesita. Pero alcancé una de las rojas.
Ya en San Victorino, hasta donde llegaba la ruta, me esperaba la otra odisea: caminar hasta la Plaza de Bolívar, a cumplir un compromiso laboral. Y no había otra que ir a pie, porque allí no se consigue ni un taxi.
Empecé a caminar hacia la carrera 10 y me di cuenta de otra cosa: no todos lo que van por la calle tambaleándose son borrachos o drogadictos, como parecían creerlo las decenas y decenas de ojos que se clavaban sobre mí, con rostro de reproche.
También me di cuenta de que uno, cuando está bien de salud, ya es un experto en sortear las avalanchas de personas que vienen y van en las estaciones o en las calles más concurridas. Y uno no se da cuenta de que lo hizo y cómo lo hizo.
Pero si el mundo le está dando vueltas en su cabeza, usted lo que se mete es un susto el macho cuando ve una de esas avalanchas de personas que suelen casi que correr hacia las estaciones, como si su vida dependiera de ello.
El hecho es que apenas me di cuenta de que venía una de esas avalanchas me hice a un lado y quedé entre las casetas de los vendedores ambulantes. Y mientras esperaba que el flujo de personas fuera menor, miré a la izquierda y encontré que allí venden Monopolios, Tíos Ricos, Rompecabezas, lo que sea de juegos de mesa, todos a 5.000 pesos.
Y a mi izquierda alcancé a ver colgados unos controles de televisor. Resulté comprando uno en 10.000 pesos que pagué con una desconfianza total, porque pensé que a la final de pronto no me servía. Pero me equivoqué. Era el que necesitaba.
Tomé valor y me metí entre la gente que subía, pero no conté con que ellos caminaban más rápido que un tipo que siente que se va a caer en cualquier momento. Entonces empezaron fue a empujarme. Y a mirarme mal porque no los dejaba pasar. Pero ahí por los laditos logré llegar hasta la Alcaldía de Bogotá, en la Plaza de Bolívar.
Allí me alcanzó un hombre que me iba a pedir algo. Pero yo ni siquiera podía fijar la mirada en él. Entonces él cambió de idea, me preguntó si estaba enfermo y me invitó a sentarme mientras me recuperaba.
En el mes que llevo con vértigo he aprendido, entonces, varias cosas:
. Los médicos ahora les pueden indicar a los pacientes cómo saber más de la enfermedad que tienen, a través de Internet;
. No hay que contar con los taxistas, hay que tener un plan B;
. No todas las personas que se pasan un puente peatonal por debajo son ignorantes. Muchos de ellos lo que le tienen es pavor a las alturas, o pueden estar enfermos. ¿Quién podría pensar en ellos y hacer, por ejemplo, puentes que tengan su estructura cerrada, como la de la estación de TM en Banderas, en la que el usuario pasa como si fuera casi un túnel, sin ningún temor?
. No todas las personas que se tambalean en la calle son borrachos o drogadictos. Muchos de ellos pueden estar enfermos. O pueden necesitar ayuda.
. Todos tenemos afán de llegar a nuestros destinos. ¿Pero vale la pena atropellarnos por eso?
. Siempre debe haber una razón por la que alguien va lento. Entonces, ¿para qué pelearle o para qué desesperarse? Simplemente, sáquele el quite y siga su camino.
. No todas las cosas son para mal. Si no me hubiera hecho a un lado en San Victorino, no habría comprado el control del televisor.
. Pude sentir el calor humano de una persona desconocida que si bien lo que quería era pedirme algo, de pronto dinero, resultó de buen samaritano.
. Varias personas me han dado distintas fórmulas para curar el vértigo. Y me di cuenta de que cada una de ellas lo que quiere es aportarle a uno para que se recupere. Es como algo innato. Al saber que uno está enfermos de algo, de una vez le van aconsejando, muchas veces sin conocerlo. Es el sentido que tienen muchos colombianos de querer ayudar a los demás para que estén bien. Es como si siempre llevaran la Navidad por dentro.
Y la final: tener vértigo es una ventaja, porque uno se emborracha sin gastar un solo peso en trago.
TrackBacks (0)
Abajo están listados los blogs que hacen referencia a esta entrada: Vértigo: 'Tate quieto mundo que la cosa no es con vos'.
URL de TrackBack de esta entrada: http://www.eltiempo.com/blogs/cgi-bin/mt-tb.cgi/19821
Publicidad
Perfil
Por robvar
Roberto Orlando Vargas Galvis Egresado de la facultad de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad de La Sabana en 1982. Hizo un curso de especialización en agencias de prensa en la Agencia Dpa, en Hamburgo (Alemania). Jefe de prensa de la programadora Promec Televisión entre 1979 y 1982. Director de Divulgación de la misma programadora y de tres más asociadas, entre 1982 y 1985. Al mismo tiempo se desempeñó como redactor de espectáculos y editor nocturno de la Agencia Colombiana de Noticias Colprensa. Mantuvo su desempeño como redactor de espectáculos y comunicaciones de Colprensa hasta 1989, cuando fue designado redactor político. En este último cargo cubrió los procesos de paz con el M-19 y el EPL, la Constituyente de 1991, las actividades del Congreso, de la Casa de Nariño y de los partidos políticos. En 1991 fue designado jefe de Redacción de Colprensa y en el año 2000 asumió, de manera alterna, las funciones del director de la Agencia hasta finales del 2002. En septiembre de ese año se vinculó a la Casa Editorial El Tiempo (CEET) como Editor de Actualidad del Periódico HOY. En el 2008 fue designado Editor General de ese diario, hasta el 28 de febrero de 2010. En el ámbito académico ha dictado conferencias sobre distintos aspectos del periodismo a estudiantes de Inpahu y de las universidades de La Sabana y Javeriana; a laicos y religiosos en la Conferencia Episcopal y a oficiales y suboficiales del Ejército. Mantuvo durante más de un año un portal para periodistas colombianos en Internet.
Descripción
Este blog es para que charlemos de cualquier asunto, como si estuviéramos en la sala de nuestra casa. El autor busca hablar de muchos temas que pasan día a día. Algunos noticiosos, otros curiosos, otros anecdóticos. La idea es compartir con ustedes el diario vivir. Hablar del pasado, del presente, de lo que será el futuro. De lo nuevo y de lo que no es tan nuevo. Y aportar lo que más se pueda. Ojalá que ustedes también hablen mucho aquí. Se pueden sentir en la libertad de proponer los temas que quieran. Y de traer los invitados que quieran. Bienvenidos.
- Blog de Participación
-
Podrá encontrarse con todas las tendencias de nuestra comunidad de bloggers, además de todas las ayudas para que su experiencia en eltiempo.com sea mas provechosa.
- Código de Ética
-
Al hacer parte de la sección /PARTICIPACION en eltiempo.com y/o cualquiera de los blogs que pertenecen a productos CEET, usted se compromete a respetar y ayudar a cumplir las normas de uso de la comunidad...
- Licencias
-
Nuestros bloggers tienen la posibilidad de compartir sus trabajos bajo una licencia de Creative Commons , escogiendo el tipo de licencia que quieren. Entérese que es Creative Commons y participe.
- Ayudas de Blogs
-
Acerca de nuestra sección, qué es un blog, cómo abrir un blog, herramientas de participación, etc.






Adicione su comentario
Comentarios
1. Por: jhguzman - 22 de Diciembre 2010 a las 04:49 AM
Me encanta leerlo por que describe todo tan bien que me siento como si estuviera en Bogotá. Lo cual en este caso es más bien negativo por varias razones: Lo de mirar en internet por una enfermedad, ya lo hacemos todos, pero los médicos europeos NO te recomiendan otra cosa que hablar con ellos que al fin y al cabo son los únicos que te pueden decir lo que realmente te pasa. Vivir en una ciudad, repleta de taxis donde no puedes tomar ninguno, parece un chiste cruel, pero de chiste no tiene nada. Por último, de todos los problemas, el colombiano saca conclusiones positivas. Bueno en el corto plazo, pero malo en el largo, por que no cambiar lo malo significa que seguimos en las mismas.
Reporte de abuso