En caso de emergencia se recomienda indignarse
Por Verónica Ucrós Aldana el 2 de Septiembre 2011 5:43 PM

Dos acontecimientos de la actualidad internacional se están peleando día a día la primera página de los periódicos de unos meses para acá. ¿Cuáles son estas noticias detrás de las noticias? Pues, a mi parecer, una es muy mala y la otra es extraordinariamente buena.
La
mala: algunos de los países que han reinado sobre el planeta en nuestro tiempo
y un poquito más atrás, están al borde de la quiebra.
La
buena: hay un país aquí y otro allá donde a la gente le empezó a doler el
trasero, se pararon de sus sillas y se subieron al escenario político en el que
se sellan sus destinos.
Lo
extraordinariamente positivo de la noticia buena: el fenómeno parece rodar cuesta
abajo como una bola de nieve por los cuatro puntos cardinales.
Pero
como el ser humano es cualquier cosa menos aburrido, las indómitas diferencias entre los pueblos
jamás iban a permitir que la desesperación y el enojo se manifestaran
homogéneamente, con los mismos fines, o
con algún fin siquiera (tratando de abarcar a los ingleses, que
resultaron ser los indignados más insondables). De manera que en África y el
Cercano Oriente pueblos que nunca en su historia han sido libres están
zarandeando el rascacielos de la autocracia descarada aunque desde la terraza
les disparen. Hay un par de tiranos que han salido volando por alguna ventana y
otro más que cuelga de una cornisa. Hasta en Israel, que parecía rehén del
discurso conflictivo con el pueblo Palestino, decenas de miles de personas
salieron a imponer pacíficamente el tema del costo de vida. Libia arde en el
clímax de un levantamiento civil armado, en Atenas ha habido protestas
pacíficas y protestas violentas de lamentables consecuencias, en Chile el
movimiento estudiantil tiene a Piñera pariendo, en España los ciudadanos
gritaron que sus gobernantes no los representaban y en Londres botaron la casa
por la ventana.
Es
como en las situaciones de emergencia. De hecho, lo que viven la mayoría de
estos países es una situación de emergencia a gran escala, pues son muchos los
que se han quedado sin techo, desempleados, enfermos, endeudados, y/o carecen
de derechos civiles y políticos. Se trata de una circunstancia en donde los
individuos se ven atascados en un espacio y rodeados de unas condiciones que
sofocan progresivamente la existencia y el desarrollo plenos de ellos mismos y
del colectivo.
La
única vez que he creído estar atrapada en una calamidad (realmente no estaba
atrapada, luego lo que sigue es especulación), saqué la conclusión de que,
cuando la gente percibe la amenaza de tener negado el acceso a un recurso
indispensable para la subsistencia, su reacción inapelable es la negación. Se
puede ver en el reflejo verbal ante cualquier noticia que el notificado
considere nefasta: "!No!". Uno no acepta con resignación cristiana que va a
morir ahogado, quemado o de cualquier forma.
Yo
creo que la resistencia psicológica a la extinción propia por falta de
suministros vitales conduce a las personas afectadas a dos tipos de conductas
observables: Una es la reacción histérica de tirarse al piso, llorar, gritar y
jalarse el pelo (yo soy una digna exponente), y la otra es
coordinar colectivamente una estrategia de escape o erradicación del agente que
está impidiendo el suministro del aire, el agua, la comida, o lo que sea que
falte. La primera respuesta obstaculiza la sobrevivencia del grupo entero,
mientras que la segunda aumenta las probabilidades de que todo el mundo se
salve.
Así
es como hemos visto que el despliegue civil en países como España, Egipto y
Chile ha sido organizado, sesudo, pacífico y relativamente sólido desde el
punto de vista político. En cambio, en otros lugares, por ejemplo Grecia e Inglaterra, pues la cosa
se salió de madre. Y Libia es tema aparte. La historia se escribe en
estos instantes con sangre libia, no me atrevo a comentar.
Lo
que creo que no pasa en las emergencias ni en los desastres naturales pero sí
en ciertos países del mundo, es que las personas se percaten de que una banda
de hampones les desocupó la caja fuerte, vean venir desde el balcón un tsunami
de sangre y se devuelven al cuarto a ver televisión. Esa es mi gente
colombiana.
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Perfil
Por VeronicaUcrosAldana
Odio mi nariz, mejor de frente. No soy experta en nada, pero me intriga el ser humano a rabiar; tanto así, que estudié para psicóloga y periodista. Ambiciono comprender sólo un poco del hombre: una señal, un engranaje, un rasgo, un accidente, cualquier cosa. Me va la vida en ello.
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La verónica es un lance de capa en el toreo. No se crispe, no es un blog de tauromaquia. Lo que pasa es que trato de asimilar la política, las noticias y productos impotables de esa estirpe, pero llega la lógica y me embiste. Por eso aprendí a torearla, es el único mecanismo que me permite opinar y me doy el lujo de un blog.
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Comentarios
1. Por: luisz1 - 3 de Septiembre 2011 a las 07:16 PM
No te había leído antes, pero de ahora en adelante trataré de pasar por acá. Aunque no es fácil, hay que tratar de tener un poco más de fe en la humanidad.
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2. Por: VeronicaUcrosAldana - 4 de Septiembre 2011 a las 08:56 AM
Muchas gracias, Luis. Y, sí, claro que hay que ponerle fe.
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3. Por: santidms - 5 de Septiembre 2011 a las 11:35 AM
Excelente artículo, definitivamente seguiré visitando tu blog. Reflexiones como estas son las que el pueblo colombiano debería tener en cuenta para actuar y dejar tanta apatía ante la situación que vivimos. Felicitaciones Verónica, gran artículo.
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