El triángulo imposible de la educación superior
Por petufar el 24 de Noviembre 2010 11:23 PM
Según datos del Ministerio de Educación Nacional (MEN), en el 2009 hubo deserción del 45% de los estudiantes de las universidades públicas, y esto costó la bicoca de 558 mil millones de pesos al país, de los cuales 221 mil millones (40%) corrieron a cargo del Gobierno y los restantes 337 mil millones salieron del bolsillo de las familias de los educandos. Ante esta situación, el Gobierno se propuso una meta de reducción de la deserción al 40% en cuatro años, al tiempo que también pretende aumentar la cobertura del 37% actual al 47% en el 2014. Si a esto agregamos que también se quiere aumentar la calidad, se configura un triángulo de imposible realización.
Los cuatro factores fundamentales en la educación son los alumnos, los profesores, los programas y los materiales. Cada uno de ellos influye decisivamente en la calidad que se puede lograr. La calidad máxima obtenible en la educación superior está condicionada por la calidad de los bachilleres que ingresan al sistema universitario. La deserción también es función de esa misma calidad. Mientras no se mejore la calidad del bachiller, nada se logrará aumentando la cobertura, pues a mayor cobertura solamente se tendrá mayor deserción y menor calidad.
La preocupación por la deserción no es nueva. El MEN creó en 2002 el Sistema para la Prevención de la Deserción en la Educación Superior (Spadies). Las causas de la deserción, según el mismo Ministerio, son el bajo nivel académico, la pobreza y la falta de orientación profesional a la hora de escoger la carrera. No se dispone de datos relativos a la incidencia de cada uno de estos factores, pero podemos suponer que el bajo nivel académico es la causa principal, seguido por la falta de recursos económicos y por último la falta de orientación. A estas tres causas habría que añadir una cuarta de motivos personales no atribuibles a ninguna de las nombradas. El bajo nivel académico tiene una solución inmediata y otra a largo plazo. La inmediata es no admitir estudiantes mal preparados o incapaces de rendir satisfactoriamente en la carrera que hayan escogido. Es una cuestión fácil de lograr con exámenes de admisión bien diseñados desde el punto de vista de conocimientos, aptitudes y capacidades. La solución a largo plazo es mejorar la educación primaria y secundaria, logrando una enseñanza con resultados. La falta de recursos económicos se puede paliar con préstamos, pero para no despilfarrar los recursos es indispensable que el candidato exhiba garantías de éxito académico. La orientación profesional se puede mejorar, pero siempre habrá estudiantes que se equivocan por no saber estimar sus cualidades en forma confiable. Las causas personales subsistirán y no son removibles.
Si de cada 100 estudiantes que ingresan a la educación superior estatal, se gradúan 55 y desertan 45, podemos suponer (a ojo de buen cubero) que 25 se retiran por bajo nivel o falta de capacidades académicas, 12 por incapacidad económica, 5 por escoger mal la carrera y 3 por motivos personales. Vemos que la principal posibilidad de evitar la deserción y de economizar unos 300 mil millones de pesos descansa en los exámenes de admisión a las universidades públicas. Los 12 que se retiran por escasez de recursos económicos "valen" aproximadamente 150 mil millones de pesos y los 5 despistados cuestan alrededor de 60 mil millones. Según los últimos datos, el presupuesto para disminuir la deserción universitaria es 800 mil millones. Si tenemos en cuenta que al Gobierno solamente corresponde el 40% de los posibles gastos y economías, la meta de reducir los porcentajes de deserción podría ser mucho más ambiciosa, y parte del dinero disponible por adición presupuestal y economía se podría gastar en cursos preuniversitarios, capacitación de docentes, infraestructura, subsidio a universidades privadas y otros niveles educativos (preescolar, escolar y carreras intermedias técnicas y tecnológicas). Incluso podría sobrar una partida para devolver parcialmente el valor de las matrículas a los estudiantes que sean dados de baja por bajo rendimiento académico.
La clave para disminuir la deserción universitaria es impedir que ingresen estudiantes de bajo nivel académico al sistema de educación superior y lograr que todo estudiante capacitado tenga la posibilidad de acceder a préstamos o becas que faciliten sus estudios. Es muy importante no contagiarse en la universidad de la epidemia de la promoción automática que estuvo en rigor en la escuela por tanto tiempo y cuyo coletazo se va a sentir todavía por muchos años. En lugar de admitir estudiantes mal preparados, la universidad debe ofrecer cursos preuniversitarios de nivelación, incluso sabiendo que el porcentaje de los alumnos rescatables no es muy alto en principio. Para que tales cursos cumplan su cometido, cual es producir individuos capaces de aprobar el examen de admisión a las carreras universitarias, deben contar, a su vez, con un examen de admisión que verse sobre los fundamentos que requiera su contenido. También es deseable impulsar las carreras intermedias y encauzar hacia ellas los alumnos que --por su bajo nivel académico-- serían candidatos a la deserción, pero por otro lado podrían convertirse en excelentes tecnólogos o técnicos. La relación entre academia y sector productivo debe ser mejorada y profundizada sustancialmente con miras a producir la cantidad y la calidad de la fuerza laboral profesional, técnica y tecnológica que requiere el desarrollo del país. Esperamos que los responsables de gastar los 800 mil millones de pesos procedan con inteligencia y buen sentido. Les recordamos las claves principales: no admitir alumnos mal preparados y otorgar becas y préstamos únicamente a alumnos capacitados. Si tienen en cuenta estas recomendaciones, sobrarán recursos para otras tareas de mejoramiento de la educación en general y de la universitaria en particular.
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Petúfar es Peter Ujfalussy Farkas. Soy autor de materiales para la enseñanza de la Ortografía y la corrección gramatical y lingüística. Editor y corrector de estilo, también soy ingeniero químico y matemático. Aunque nací en Hungría, me gusta el español y lo estudio todos los días. Creo que el idioma español es fácil de analizar, entender, aprender y enseñar. Yo lo aprendí y estoy dispuesto a enseñarlo desde el punto de vista de un pensador independiente.
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Comentarios
1. Por: alejope - 25 de Noviembre 2010 a las 10:15 AM
El tema de la calidad de la educación es fascinante. Colombia dañó con total consciencia la materia prima, cuando permitió durante casi una década la "promoción automática" en primaria y bachillerato, que solo nos ha traído desgracia en el rendimiento estudiantil. En buena hora esto se solucionó. Por tanto, en verdad que el principal problema de deserción radica allí: los jóvenes ingresan a la universidad mal preparados; y contra esto, no puede hacer nada un sistema educativo superior. Hay que remediar progresivamente la falla producida y así descenderá sin duda el alto nivel de deserción.
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2. Por: alejope - 25 de Noviembre 2010 a las 10:24 AM
Además, hay que hacer ver a los jóvenes que no solo hay carreras tradicionales poco prácticas, a la espera de que a futuro les digan "doctor". Asusta y hasta aterra que haya unos 300.000 abogados, o cerca de 400.000 contadores.Fuera de eso, son millares los economistas, publicistas, diseñadores gráficos y técnicos en sistemas. ¿Será que esto ayuda a mover nuestra economía?. En cambio, ¿cuántos ingenieros químicos o agrónomos, entre otros, existen? También son pocos los técnicos y tecnólogos en el manejo de todo tipo de maquinaria industrial. Estos profesionales sí pueden ayudar a crecer una economía. Claro que para conseguirlos, hay que mejorar la educación básica y primaria, pues las ciencias están prácticamente abandonadas en su currículo.
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