Nueve horas de cola para conseguir una apostilla
Por petufar el 27 de Mayo 2009 10:42 PM
Gracias a los "amistosos" vecinos que tenemos, conseguir apostillar un documento en el Ministerio de Relaciones Exteriores se ha convertido en una verdadera pesadilla. Si usted es ciudadano colombiano, para viajar a Ecuador o a Venezuela ya no le basta tener su pasaporte. Ni siquiera es suficiente tener visa. Resulta que esos países han decidido exigir documentos apostillados, válidos una sola vez, para el simple ingreso de ciudadanos colombianos a sus nunca bien ponderados países. Eso generó una congestión absurda en los dos únicos sitios, ambos en Bogotá, que existen en Colombia para adelantar esa diligencia.
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Petúfar es Peter Ujfalussy Farkas. Soy autor de materiales para la enseñanza de la Ortografía y la corrección gramatical y lingüística. Editor y corrector de estilo, también soy ingeniero químico y matemático. Aunque nací en Hungría, me gusta el español y lo estudio todos los días. Creo que el idioma español es fácil de analizar, entender, aprender y enseñar. Yo lo aprendí y estoy dispuesto a enseñarlo desde el punto de vista de un pensador independiente.
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Comentarios
1. Por: petufar - 27 de Mayo 2009 a las 11:21 PM
Gracias a los "amistosos" vecinos que tenemos, conseguir apostillar un documento en el Ministerio de Relaciones Exteriores se ha convertido en una verdadera odisea. Si usted es ciudadano colombiano, para viajar a Ecuador o a Venezuela ya no le basta tener su pasaporte. Ni siquiera es suficiente tener visa. Resulta que esos países han decidido exigir documentos apostillados para el simple ingreso de ciudadanos colombianos a sus nunca bien ponderados países. Eso generó una congestión absurda en los dos únicos sitios, ambos en Bogotá, que existen en Colombia para adelantar esa diligencia.
Llegué a las ocho de la mañana a la calle 99. Ya había entrado una tanda de personas, pues habían comenzado a atender a las 7:30. La cola de afuera daba la vuelta frente al Carulla y llegaba más allá de la puerta de entrada al supermercado. De inmediato se me arrimó un tipo con chaleco de motociclista a "darme cartilla" sobre el procedimiento y me ofreció sus servicios de intermediación. Cuando le dije que prefería hacer la diligencia por mi cuenta, me dijo: "Ja, ¡hoy ya no alcanza!". A los cinco minutos se me acercó otro individuo, éste bastante bien presentado, y también me ofreció hacer el trámite. Poco más tarde fue una mujer la que quiso ayudarme muy amablemente. Una cuarta persona ofreció ceder un puesto en un sitio cercano a la puerta. Cobraba la módica suma de $20.000 por "el favor". Más tarde me enteré de que cada apostilla "costaba" $10.000, además de los $25.000 que cobra el Ministerio. Yo tenía cuatro documentos para apostillar.
Después, como a las nueve de la mañana llegó un señor mayor, aparentemente conocido de otro que estaba dos puestos más adelante. Le recomendó la mujer que antes me había ofrecido ayudar. Le dijo: "Ella es una persona muy seria y honrada. Además tiene una hermana que trabaja adentro". Poco después me gané un puesto porque quien había recibido la información se salió de la fila y ya no volvió. Tres puestos detrás de mí llegó una señora hiperactiva. El hombre del chaleco le preguntó si ya tenía el sello de la Superintendencia de Notariado y Registro. No lo tenía. La señora dejó recomendado su puesto y se fue inmediatamente en Transmilenio a la 26. Volvió cerca de las once, sorprendida porque la cola no había avanzado ni siquiera la mitad del trayecto que nos separaba de la puerta de entrada a la dependencia del Ministerio que atiende el trámite de las apostillas. En ese momento, la cola avanzaba por un sitio despejado donde el sol pegaba durísimo. Un señor con avanzada calvicie, unos veinte puestos delante de mí, trataba de protegerse con un pequeño sobre de manila. Yo también me protegí lo mejor que pude con una carpeta de plástico de tamaño mayor. Sin embargo, llegué a mi casa con la cara enrojecida y el cuero cabelludo ardiendo y quemado por el sol.
Dejaban entrar hasta las dos de la tarde. Aunque la cola avanzaba con lentitud, mis vecinos y yo no perdíamos la esperanza de ser atendidos. Cada vez que entraba una nueva tanda de usuarios, se producían grandes gritos. Nosotros, por nuestra posición un tanto alejada, no sabíamos qué sucedía exactamente. Seguíamos avanzando, y por fin salimos de la zona de "asolamiento". Llegamos a un lugar desde donde ya podíamos apreciar lo que pasaba cerca de la puerta de entrada. Ahí había una gran cantidad de "tramitadores" que se guardaban los puestos entre ellos. Llegaba un tramitador con un sobre con veinte o treinta documentos y tomaba el puesto de otro compañero situado junto a la puerta. La gente protestaba y silbaba. Exigía que el recién llegado se retirara. Se producía gran algarabía. El tramitador se defendía diciendo que él (ellos) llegaban a las cuatro de la mañana y gracias a ellos era que "esto estaba organizado". Los otros tramitadores, en la cola y fuera de ella, en la plazoleta, lo apoyaban.
Dos veces en el curso de la mañana, la primera alrededor de las nueve y luego cerca del mediodía, se presentaron dos policías en motocicleta a ver lo que pasaba. El enjambre de los tramitadores, algunos en la fila, otros en los alrededores, anunciaban con una fuerte chicharra la llegada de los policías. Los policías se quedaron unos diez minutos cada vez. Durante ese tiempo no hubo colados en la fila.
Volviendo a la historia, cuando abrieron de nuevo la puerta, la gente volvió a gritar y exigía al portero que no dejara entrar al último colado. Incluso los mismos tramitadores compañeros del colado se manifestaban en ese sentido. El portero, indeciso y confundido, no le permitía la entrada. El colado no se movía. Luego de varios minutos, la gente, ya impaciente, comenzó a pedir que la dejaran entrar. Los tramitadores "cambiaron de idea" y gritaban: "Déjelo entrar, ¡qué carajo! ¡Que entre!". El portero accedió y el hombre entró… Al coronar, el coro de los tramitadores en la plazoleta decía a voz en cuello: "ASESINOS… ASESINOS…" Y se reían.
Nuestro grupo llegó a la "recta final", el último tramo que faltaba para alcanzar la anhelada puerta de entrada. Era la una de la tarde y calculábamos que todavía podrían entrar tres tandas y nosotros quizás estaríamos en la última tanda. Un costeño de Riohacha era el más optimista. A la una y quince entró un grupo, a la una y media otro, y yo quedé en el segundo puesto frente a la puerta. A la una y cuarenta y cinco se abrió la puerta de nuevo. Incluso a las dos en punto alcanzó a entrar una última "cochada". De malas los que se quedaron afuera. Tendrían que volver mañana u otro día que sus actividades o sus jefes en el trabajo lo permitieran. Nosotros ya estábamos adentro y, aunque todavía nos esperaba un largo trámite, que no habría de finalizar sino a las cinco de la tarde, ya podríamos sentarnos en sillas y teníamos la certeza de poder conseguir la apostilla ese mismo día.
Durante las largas horas de espera comentamos con los vecinos de cola muchos aspectos de la odisea. Era claro que había un gran número de tramitadores, un verdadero enjambre que algunos calculaban que podía llegar a cincuenta personas. Tal vez sean menos, pero seguro que no baja de veinte o veinticinco. Aparentemente, esas personas tienen toda una organización. Llegan en la madrugada para coger puestos y se mantienen a la caza de clientes durante toda la mañana. Muchos de ellos se movilizan en moto. Puede ser que "atienden" las dos oficinas del Ministerio de Relaciones Exteriores que expide apostillas. No parecen actuar individualmente, sino en grupo. Tal vez tienen un jefe dueño del negocio. De vez en cuando llegaba una mujer vestida de rojo que departía durante un rato con los tramitadores apostados en la plazuela. Parecía una especie de supervisora. Es posible que tengan "calanchines" dentro de las oficinas. Un aviso del Ministerio advierte que el usuario no tiene por qué recurrir a tramitadores para realizar sus diligencias. O sea que el Ministerio está enterado de la existencia de los tramitadores. Otro aviso dice que todo trámite requiere la presentación de la cédula de ciudadanía.
Uno de los vecinos de cola comentó que sabía de un caso en que un usuario que protestó fue golpeado por los tramitadores. Según él, la Policía está enterada pero no posee suficiente personal para destacarlo en forma permanente.
Se mencionaron varias ideas para agilizar la atención. Por un lado, es necesario controlar a los tramitadores. Si una persona se rebusca apostillando documentos para otros, podría hacerlo pero, como tiene que presentar su cédula, sería relativamente fácil controlar que sólo pueda hacer una diligencia por día. Temprano por la mañana reciben hasta la absurda cantidad de 100 documentos para apostillar. Más tarde reciben hasta 10. Finalmente sólo reciben un máximo de cinco documentos. Quizás sería razonable establecer que ninguna persona natural pueda apostillar más de cinco documentos diarios.
Otra idea que viene a la mente es que sería necesario abrir más oficinas de apostillado o por lo menos ofrecer un horario más amplio de atención en las oficinas existentes. Las personas jurídicas que manejan grandes cantidades de documentos para apostillar deberían ser atendidas por un canal diferente al que atiende al usuario particular. ¿Por qué no abren oficinas en las fronteras y en las ciudades capitales de departamento? La enorme cantidad de dinero recaudado da para cualquiera de estas soluciones.
También se podría pensar en simplificar el trámite o modificarlo de modo que los usuarios no tengan que gastar todo un día haciendo una diligencia aparentemente sencilla. ¿Se podría permitir el pago en bancos? ¿Podrían recibir los documentos un día y devolverlos apostillados al día siguiente?
En fin, tiene que haber una solución. Sólo hace falta sentido común que permita tener capacidad de reacción.
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2. Por: emiajzerolf - 28 de Mayo 2009 a las 12:39 AM
Comparto la frustración.Viva Locombia. En Estados Unidos estos trámites se hacen por correo. No se pierde el tiempo haciendo colas.
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3. Por: FURIAESCORPIONRECARGADO - 28 de Mayo 2009 a las 06:27 AM
Comparto toda esa frustración, ese fenómeno ademas se presenta en muchas oficinas de tramites oficiales son unos malditos, es toda una mafia, pero hay que votar a los empleados del ministerio que son complices, en una oportunidad tuve un agarron con hijodpta de estos y termine en una estacion de policia, la pelea empezo cuando se acerco a ofrecerme sus servicios y le pregunte que si el era empleado de la institución, cuando vi estaba en medio de una discusion con cuatro crá-pu-las, pues me toco llamar a los dichosos agentes del orden nos llevaron a mi y al tramitador y aunque se que el cretino fue retirado solo por ese día de lugar dizque de trabajo, no me deje jo-der !!! y defintivamente no pago un peso a estos come-mi-er-da.
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4. Por: manolete934 - 28 de Mayo 2009 a las 07:30 AM
eso ecuatorreas y venecos mentirosos que se cren la damier de el mundo tenemos que echarlos de nuestro hermosos pais
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5. Por: usuariocargausuario - 28 de Mayo 2009 a las 09:14 AM
Eso nos pasa por ser tan malos vecinos!!!!!!!!!!!!
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6. Por: krasnysvet - 28 de Mayo 2009 a las 10:22 AM
Eso es la pura verdad, yo soy de Pereira, y hace una semana me toco hacer una colita de casi 8 horas, llegue a las 06:10 y sali a las 13:50 de la oficina. Es algo caotico, deberian hacer algo, esto es una burla para la gente, perder todo un dia en un tramite que se podria hacer de otra forma, mucho mas eficiente!
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7. Por: greenish - 28 de Mayo 2009 a las 10:51 AM
Petúfar:Excelente descripción del caos primitivo y vergonzoso, enmarcado en 'cochadas' - en su mayoría - carentes de buena higiene y manipuladas por 'calanchines' irrespetuosos del orden y la ley.Es bueno resaltar que dicho caos,en un porcentaje muy elevado, se debe a las imposiciones necias y de común acuerdo,que Ecuador y Venezuela están implantando contra nacionales colombianos ,haciendo exigencias "extras" a las normales dentro del trámite de inmigración ; así, que para igualar la balanza ,el gobierno colombiano debería ser riguroso con nacionales de Ecuador y Venezuela,que a veces caminan en nuestro territorio como turco perdido en la neblina y nadie,pero nadie, les dice nada.P.D:Petúfar:Me extraña que en su descripción del caos, no mencione al vendedor de 'paraguas' para evitar el 'asolamiento',pues el tinto,empanadas,buñuelos y perros calientes,chicles,galletas,colombinas y Marlboro, siempre van siguiendo a las cochadas.¡Qué horror!.
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8. Por: robriv - 28 de Mayo 2009 a las 12:18 PM
El servicio ha desmejorado mucho. Duré 12 horas el 12 o 13 de mayo para apostillar 2 documentos. Me faltó poder apostillar sus respectivas traducciones. Yo ya las tenía listas en mi USB, y solo era cuestión de digitar el número de las 2 apostillas, imprimir y firmar y sellar. No pude. Pues llegué a las 5 y media de la mañana y salí a las 5 PM. Sin haber almorzado, soy diabético,y el día anterior me habían pasado liquidos e inyectado.Perdí 12 horas que nadie me las va a reponer, mucho menos a pagar. Se me atrasó más mi trabajo. ¿Qué productividad pretende el señor Pres. Uribe que tengamos los colombianos enfrentados a estos tramites tan engorrosos, demorados y contrarios al sentido comun.
La culpa no sólo es de la falta de reciprocidad de nuestra Cancilleria con nuestros vecinos para exigirles a ellos también que ingresen con sus docs. Apostillados. El problema también radica en la corrupción administrativa, en la exigencia de doble apostilla, cuando en los demás países sólo se exige una apostilla. El servicio cuesta 25 mil pesos por apostilla. La apostilla nisiquiera lo vale en cuanto a la calidad del papel, a la falta de seguridad documentaria y a lo engorroso y practicamente imposible que es acudir a conseguirla. Porqué no en un solo sitio, digamos un SUPERCADE, colocan las ventanillas de todas las entidades que legalizan previamente estos papeles,y el usuario sólo acude a un sitio, hace una sola cola con turno electrónico y espera sentado? Acá ponen a la gente a pasear de un extremo a otro de la ciudad consiguiendo sellos que supuestamente están abolidos desde la epoca en que Samper sacó el decreto antitramites.
Ahora bien, no cumplen los horarios. Tienen dos sedes, aunque la gente en la cola dice que hay sedes en B/quilla y en Cgena, no sé si serán oficinas de fachada y los culpables de más casos de corrupción y tumabadas. Por ejemplo el Día del Trabajo del año 2008 estando Fdo. Araujo de Canciller se tomaron casi toda esa semana sin atender. Y nunca lo anunciaron. Y así hacen, de vez en vez, sacan cartulinas a mano diciendo que por orden del Ministro no hay servicio, o lo recortan, o algo así.
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9. Por: arean - 28 de Mayo 2009 a las 12:19 PM
ese pais se deberia llamar "tramitombia"...selllos,permisos,certificaciones,registros....hasta para pagar los impuestos hay que hacer colas....y detras de las ventanillas....unos cabroncitos que se creen los dueños del mundo.....que bueno que me pude largar de ese pais de mi3rda.......
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10. Por: simona1 - 28 de Mayo 2009 a las 06:36 PM
Y esta persona tuvo la suerte de hacer unicamente 9 horas de fila. yo tuve que hacer ONCE HORAS!!!! once horas arriesgandome a perder mi trabajo... lo mas triste del cuento es que entre los que estabamos en la fila habia gente mucho mayor, que se veia enferma de tanto esperar. tambien hubiera preferido mil veces el sol del que hablan en esta nota y no el frio tan terrible y la lluvia que tuvimos que soportar los que estaban con migo en fila ese dia... primero es el tramite mas absurdo que se han inventado, no tiene sentido como muchas de las cosas que pasan en este pais tan hermoso pero tan atrasado. que solo existan dos ministerios en todo el pais, es un indicador de la mediocridad tan absoluta en la que vivimos, que solo haya cuatro empleados atendiendo a los millones de personas que estan en fila, que permitan a la gente colarse, que la fila no avance! en fin estamos en la inmunda!!!!!
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11. Por: Iccanobif - 2 de Junio 2009 a las 08:08 PM
¿No sería «Puede ser que "atiendan" las dos oficinas...»?
Por lo demás, dudo de que la policía no tenga suficiente personal. ¡Sí lo tienen! ¿Acaso no tienen suficiente gente como para que en algunos sitios haya agentes de forma permanente? (¡eso rima!) Sospecho que los tramitadores pagan alguna cantidad de dinero para que no los estén acosando constantemente.
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