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        <title>El Blogotazo</title>
        <link>http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/</link>
        <description>Hablar con compulsión sobre Bogotá, convertirla en eterna modelo de fotografías bien y mal-intencionadas, contar historias inútiles que a muchos y pocos interesan, robar el anonimato a quienes deberían ser contados y descontados. De eso se trata. ¿No?</description>
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        <copyright>Copyright 2010</copyright>
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            <title>La mediocre y débil estirpe de los candidatos uribistas</title>
            <description><![CDATA[<font size="2"> 
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<p><img style="MARGIN: 0px 20px 20px 0px; FLOAT: left" class="mt-image-left" alt="lucerocortes.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/lucerocortes.jpg" width="437" height="322" />Si yo fuera candidato a cualquiera de las muchas plazas disponibles en el infecto panorama político nacional me daría vergüenza -y me resultaría por demás indigno-, el tener que apelar a la figura de algún otro personaje de mayor calado para legitimar mis&nbsp;postulados de campaña. </p>
<p>Por mi parte, jamás votaría por un político cuyo mayor argumento es el de ser la réplica de otro.<br /></p></form>
<p>Con mayor razón si ese personaje (admirado e imitado) fuera el mediocre hombre que hoy tenemos por presidente. El responsable de haber pauperizado las políticas del sector salud en detrimento de su propio pueblo. De haber deteriorado las relaciones políticas y comerciales con nuestros más importantes socios y vecinos. De haber empobrecido aún más al país, y de haberse atornillado en su solio ilegítimo de poder, en la que se constituye en la más larga, antidemocrática, populista y seudo-mesiánica de las faenas. </p>
<p>Pero al parecer, y como suele ocurrirme, son muy pocos los que piensan como yo. Hoy quiero referirme en concreto deplorables publicidades políticas pagadas en radio (a ritmo de reggaetón, vallenato, tropipop o champeta) o con contemplar las contaminantes vallas que con su odioso y colorido aspecto apelan a las consignas estas de "100% Uribista". ¡Una verdadera y preocupante muestra de falta de carácter y de imposibilidad de generar ideas propias, y un nuevo buen ejemplo del manido y repugnante concepto refranil de ubicarse 'bajo el árbol que más sombra dé'.</p>
<p>Lucero Cortés, quien sin duda fue mejor actriz que Representante a la Cámara, y a quien los años han afrentado en sensatez y belleza, tuvo ayer el ordinario detalle de ofrecer una serenata de agradecimiento&nbsp;a su Presidente, con tuna incluida. Como ella hay varios.</p>
<p>Pero sin duda, el más vergonzoso y genuflexo caso es el del esbirro juvenil de Uribe, Andrés Felipe Arias, cuyo nombre es el mismo mío, con quien comparto un apellido en cuarto grado, y cuya edad no difiere demasiado de la que hoy tengo, tres hechos que me avergüenzan a mí y a mi generación en proporciones similares.</p>
<p>¡Cómo anhelo aquellos tiempos en los que el país entero se regodeaba, explayándose en epítetos odiosos acerca de los gobernantes salientes! ¡Cómo ansío aquellos viejos años en que nuestras gentes eran contundentes y unánimes a la hora de denunciar las mediocridades del primer mandatario! Es tal vez la única característica del colombiano promedio a la que he visto cambiar desde aquellos años en los que nací, cuando el difunto doctor Pollo era presidente.</p>
<p>Pareciera que el discurso de los áulicos oportunistas y sin carácter, que aspiran a sacar provecho de la injustificada popularidad uribista, por sí solo, no gozara de la fortaleza ni de la consistencia suficientes como para no tener que convocar a una figura y a un nombre ajeno como para legitimar sus postulados. </p>
<p>Se supone que ser uribista es una virtud. Que alinearse en las filas del archipopular es el más seguro grito de batalla. El asunto, por demás lógico, no deja de despertar serias discrepancias en cuanto al modo de actuar. </p>
<p>Al oír las cuñas de radio, de seguro elaboradas por algún operador de audio con débiles conocimientos de Adobe Audition, y enfocadas hacia la consecución del mayor número de sufragios para algún candidato de discreto perfil, me encuentro con la utilización, a veces fuera de contexto de la voz de Uribe, haciendo un guiño sonoro al mediocre en cuestión. </p>
<p>Al contemplar las piezas publicitarias con propósitos similares, en las calles, que además de harto antiestéticas son abundantes, me encuentro con varias decenas de quienes, carentes de argumentos propios, se escudan con el yelmo ajeno de 'muy uribista', 'totalmente uribista', 'para que la seguridad democrática continúe' y con otro buen número de estolideces de similar tenor.</p>
<p>En tiempos no muy lejanos el cliché propio de casi todos los candidatos era la archiconocida fórmula de 'el cambio'. Ahora el 90% del país está injustificablemente convencido de que las cosas van bien, y que por tanto deben continuar en la misma forma, </p>
<p>Ahora, no sólo nos hemos quedado sin dignidad sino también, y lo que es bastante peor, sin ideas. Por fortuna, el Consejo Nacional Electoral -debo reconocerlo-, ha tenido la decencia de pronunciarse&nbsp;con la necesaria contundencia al respecto, y ya el nombre, imagen y voz de Uribe quedarán erradicadas, para bien, de los mensajes&nbsp;proselitistas de campañas. Al fin decuentas, para los sensatos, su presencia en cualquier pieza publicitaria debería ser una deshonra.&nbsp;</p>
<p>La publicidad radial, no sólo en materia política, sino en casi todos los temas, está llena de trampas. Entre ellas aquella de acelerar la velocidad de los mensajes obligatorios de 'prohíbase el expendio a menores de edad', 'aplican restricciones', 'vigilado superservicios', o, en este caso el de 'publicidad política pagada'. </p>
<p>Hoy en la mañana supe que -un poco tarde, eso sí- ha quedado prohibida toda alusión por parte de terceros a Uribe en vallas, y publicidades televisivas y radiales al por fortuna saliente presidente, hecho, que una vez más, me hace recuperar una fracción de la diezmada confianza institucional que aún llevo conmigo, y que gracias también al gentil oficio de la Corte&nbsp;Constitucional (o por lo menos de siete de sus nueve votantes) va en discreto ascenso.</p>
<p>Me alegro un poco por el país. Me conduelo de los mediocres que pretenden alimentarse de la imagen de Álvaro Uribe Vélez. Pero, sobre todo, me pregunto cómo puede haber sobre la tierra alguien tan obtuso como para creer que enlistarse del lado de los predicamentos uribistas, pueda seguir convencido de que vivir vicariamente a través de aquel a quien consideramos más grande y más calificado que nosotros, habla bien de nosotros mismos.</p>
<p>Por cierto y una pregunta para terminar en vísperas de la tediosa jornada electoral... ¿A qué se deberá que la incapacidad del pueblo colombiano de consumir alcohol responsablemente, y que los nuestros, hayan llevado a los represivos entes de control a prohibir el inocente consumo de unas pocas chichas, durante la faena de sufragios? ¿Cuándo dejaremos de culpar a las sustancias de la estupidez humana?</p></font>
<p><a href="http://www.facebook.com/home.php?#/group.php?gid=79786599227"><img style="MARGIN: 0px 20px 20px 0px; FLOAT: left" class="mt-image-left" alt="iconofacebook.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/iconofacebook.jpg" width="160" height="60" /></a><a href="http://www.facebook.com/home.php?#/group.php?gid=79786599227">Únase al grupo&nbsp;en Facebook de El Blogotazo, aquí</a>&nbsp;</p>
<p>El Blogotazo<br /><a href="http://www.elblogotazo.com/">www.elblogotazo.com</a><br /><a href="mailto:andres@elblogotazo.com">andres@elblogotazo.com</a>&nbsp;</p>]]></description>
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            <pubDate>Fri, 12 Mar 2010 13:15:04 -0500</pubDate>
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            <title>Manifiesto para una generación cansada</title>
            <description><![CDATA[<font size="2">
<p></p>
<p></font><font size="2"><em>
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<form class="mt-enclosure mt-enclosure-image" mt:asset-id="5338"><img class="mt-image-left" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 20px 20px 0px" height="305" alt="segundhora.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/segundhora.jpg" width="437" />Triste es decirlo. Pero el hecho de que ya haya seres nacidos en los 70, con 40 años a cuestas, implica -inevitable e indefectiblemente- que pronto, con o sin suerte,&nbsp;todos los nacidos en los 70, tendremos 40. Y esto es lo que pienso...&nbsp;<br /><br /></em></font><font size="2">Con el tiempo las generaciones nos vamos quedando solas. ¡Se nos mueren los inmortales! ¡Se nos fuga Teresa Gutiérrez! ¡Se nos van nuestros ídolos! Nuestros niños se nos hacen adolescentes. Nuestros amigos se nos vuelven adultos. Nuestros adultos se nos hacen ancianos.<br /></form></p>
<p>Y a fuerza de tanto soportarlo aprendemos a vivir con nuestra propia agonía: larga o corta. A nuestros pequeños les cambia la voz. Y a nosotros se nos desgastan el aspecto y los ánimos. Se nos desvanece el brillo pueril e irrecuperable del rostro, ya estocado pro las décadas. Y aprendemos a vivir con nuestras proprias frustraciones. Con nuestro propio anonimato, nunca antes contemplado entre los planes. Con nuestra propia condición de ciudadanos del común a la que antes creíamos impensable.</p>
<p>Entonces aprendemos que las vidas, como en un viejo juego de video de los 80, de los que había en Uniplay, se nos han ido agotando de tanto cometer errores. Y que ya tienden a cero.</p>
<p>Los lustros y los años de los que hoy somos testigos pasivos nos suenan monstruosos y enormes, y nos preguntamos en qué momento el cronos escindió su dimensión lógica y proporcionada. Y entendemos que ya nunca seremos estrellas de rock, ni de nada, quizá. </p>
<p>Se nos envejecen abuelos y padres. Y nosotros, ya medio conscientes de que así es, vamos tras ellos, replicando el modelo biológico inevitable. Los menos conformes con la naturaleza nos arrancamos las canas, y hay quienes intentan ocultar la calvicie frontocoronaria con algún peinado mimetizador. Nuestros relojes de pulso con radio incluido. Nuestros walkmans Sony Sports y nuestros Game Boys de bomberos rescatando heridos, son curiosidades de las que los niños de hoy se mofan.</p>
<p>Las cosas con las que jugamos ya se nos quebraron. Los seres a los que veneramos se nos están fugando. Los futbolistas, reinas de belleza, actores, músicos, escritores y políticos ya dejaron, hace mucho, de ser mayores que nosotros. El mundo se nos llena de simonesgavirias. Y muchos de ellos nacieron para cuando ya éramos adolescentes.</p>
<p>Vienen los más jóvenes por el poder que nunca tuvimos. Y nuestros contemporáneos importantes no merecen serlo. Y los envidiamos. Y pensamos si acaso ghemos perdido el tiempo o si el tiempo ha sido un juez demasiado severo para con nuestros ratos de ocio, vividos bajo la adormecedora complicidad de antaño, cuando creíamos que había días de sobra.</p>
<p>y vemos a nuestros amigos de siempre, ya afrentados por la alopecia, deformados por el tejido adiposo alojado para siempre en sus vientres. Transformados por la paternidad y las simplezas prácticas de la vida marital. Y ya pocos comparten nuestros recuerdos. Vamos a un bazar o a una tienda y los menores nos dicen 'señor'. Y duplicamos la edad de quienes tienen 17.</p>
<p>Las cosas que te hacían sentir parte de algo se van perdiendo, o se van cansando de existir. Ya nadie sabe qué fue Do Re Creativa Tv o Sabariedades. Y nos gusta la radio adulta. Y vemos a la fotografía de nuestra promoción escolar, y aunque nunca lo pensamos ya luce un tanto decolorada, como nuestra propia alma.</p>
<p>Y los nuevos clásicos son de 'Green day'. Ya no tenemos en dónde poner cassettes, y nuestros chistes de época ahora ameritan explicaciones sobre lugares, seres y eventos. Y creemos que aún hay avisos de Haceb en los directorios telefónicos, o que Nirvana es una novedad. </p>
<p>Y ya ni los 40 ni los 50 nos aterran, porque los sabemos cercanos. Y más bien, lo anormal comienza a parecernos corriente. Y nos volvemos para mirar lo que somos, lo que fuimos (que aunque similar, no es lo mismo), como hablándole a un espejo opaco. </p>
<p>Lo nuevo anula lo viejo... La gente se deshace de sus viejas imágenes, de sus viejas cosas y de sus viejas memorias. Y nuestra lista de muertos conocidos ya no cabe en nuestros 10 dedos. Y la gente ya no se ufana de tener 1.000 discos de vinilo en su colección, sino 500 gigas de música en su disco duro.</p>
<p>Nos parece tarde para seguir en la fiesta, y comenzamos a preferir quedarnos dormidos a seguir obligándonos a no hacerlo. Preferimos mantenernos en silencio y aceptar la serenidad y no el escándalo como el más sabio y oportuno de los procederes. Y quisieramos hacer de cada segundo una hora.</p>
<p>Entonces pensamos que los días se nos van acabando, atomizados en miles de millones de segundos a los que no contamos. Nos perdemos en cierta tranquilidad resignada y pretendemos estar tranquilos porque al final todo, de alguna forma va a acabarse, y porque cada uno tiene derecho a cometer sus errores y a exhibir sus aciertos , y nosotros, de hecho, ya lo hicimos. Y los que han llegado después ya comenzaron a hacerlo, mientras dormíamos. </p></font>
<p><a href="http://www.facebook.com/home.php?#/group.php?gid=79786599227"><img class="mt-image-left" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 20px 20px 0px" height="60" alt="iconofacebook.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/iconofacebook.jpg" width="160" /></a><a href="http://www.facebook.com/home.php?#/group.php?gid=79786599227">Únase al grupo&nbsp;en Facebook de El Blogotazo, aquí</a>&nbsp;</p>
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            <pubDate>Wed, 10 Mar 2010 15:00:45 -0500</pubDate>
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            <title>Un mundo sin mayúsculas, puntos o comas</title>
            <description><![CDATA[<font size="2"> 
<form class="mt-enclosure mt-enclosure-image" mt:asset-id="5114"><img style="MARGIN: 0px 20px 20px 0px; FLOAT: left" class="mt-image-left" alt="Lengua01.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/Lengua01.jpg" width="402" height="284" /></form>Aún me cuesta entender por qué la mayoría de los usuarios de la red adopta una posición tan pusilánime y renuente a un ejercicio tan sencillo y saludable como es el uso de mayúsculas iniciales, comas y puntos. 
<p>Estoy comenzando a dudar del pensum colombiano en las áreas de gramática y ortología -¿o será, acaso, mecanografía?-, de la efectividad de los métodos educativos, y de la capacidad intelectual del navegante promedio. </p>
<p>Si bien entiendo que el lenguaje es un organismo vivo, y que como tal debe ir ajustándose a unos determinados requerimientos, y al entorno mismo de los hablantes, encuentro un tanto absurdo el que hoy la gente, por cuenta de la red, de los cuartos de chats, del ocioso twitteo, de la macro-chismografía Facebook y de todas esas cosas nuevas y facilistas, haya perdido de vista la relevancia de salpimentar la comunicación escrita mediante el viejo sistema de signos y grafemas cuya relativa eficacia ha quedado comprobada después de centenares de años. </p>
<p>A veces, invadido por una cierta nostalgia escolar frustrada, me remonto a los viejos días en que Carmenza Aldana -mi maestra de español durante mis más tempranos años escolares- invertía un buen número de horas inútiles, tratando de enseñarme la adecuada forma de leer y redactar, y de asir el lápiz y el bolígrafo (artes que nunca perfeccioné porque aún hoy, a mis 33, siguen siendo pocos los que como yo prensan estos instrumentos entre sus dedos índice y medio). </p>
<p>Pienso, como entonces, que la tiránica Carmenza, quien desde siempre me detestó y cuyo pelo ensortijado y voluminoso de los 80 recuerdo con algo de tristeza, al igual que la mayoría de docentes de sus tiempos, aró en terreno esteril. </p>
<p>Confieso, anticipándome a la lluvia de injurias que me sobrevendrá como consecuencia del particular, que para mis adentros pongo en entredicho la capacidad mental de quienes, por su propia incompetencia o por autónoma decisión, terminan por rehusarse al uso de tales convenciones, argumentando lo inútiles que son, con el mediocre argumento de que "al fin de cuentas, con fallas y todo, los seres humanos seguimos entendiéndonos. ¿O no?".</p>
<p>No es lo mismo decir -como ocurre con detestable frecuencia en la red- cosas como el consabido, inexpresivo y erróneo: "hola como estas", en lugar de un correcto y eficaz: "¡Hola! ¿Cómo estás?". Tampoco goza del mismo significado ni de la misma contundencia el responder con un incoherente: "bien gracias", al casi perfecto: "Bien: ¡Gracias!". Para eso, precisamente, se fabricaron los signos de exclamación e interrogación y sus similares. </p>
<p>
<form class="mt-enclosure mt-enclosure-image" mt:asset-id="5116"><img style="MARGIN: 0px 20px 20px 0px; FLOAT: left" class="mt-image-left" alt="Lengua02.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/Lengua02.jpg" width="361" height="230" /></form>Hasta donde alcanzo a comprender, y advierto desde ya que mi propia inteligencia es algo de lo que no estoy seguro, al hacer uso del lenguaje oral los seres humanos contamos con los afortunados recursos de la modulación, el cambio de intenciones y -repito- la puntuación, invaluables dones divinos a los que no tendríamos por qué renunciar.</p>
<p>Nadie, a no ser que se trate de un generador automático de voz tipo 'reader', sin criterio ni sentimiento alguno, habla en tono e intención plana. </p>
<p>Nadie dice, como ya lo mencioné: "hola como estas", pues hasta el menos brillante de los individuos que pueblan la tierra y que medran la red mundial de información es capaz de imprimir un tono, unas pausas y una suficiente condimentación a su discurso hablado diario. </p>
<p>No es el propósito de este mensaje el fungir de tratado acerca de cómo escribir o hablar sin incorrecciones. Pero no deja de causarme un prurito lamentable el solo evocar el desprecio con el que hoy tendemos a mirar a la que en su momento fue una de las grandes conquistas del mundo civilizado. </p>
<p>Las comas, los puntos suspensivos, los dos puntos y otra suerte de signos cumplieron modestos, durante años y sin recibir el merecido reconocimiento, con su callada y majestuosa función. Hoy, sin una pensión compensatoria, queremos firmar su temprana e injusta jubilación. Todo ello por decreto de una nueva generación de negligentes de la ciber-lengua.</p>
<p>Con gran dificultad he aprendido a tolerar el impúber uso de emoticones, zumbidos, signos de paréntesis con dos puntos alrededor, y todas esas cursilerías, admisibles en adolescentes del género femenino y en pequeñuelos de ambos sexos, pero del todo deplorables en cualquiera que haya trascendido la barrera de los 10 años de edad. </p>
<p>
<form class="mt-enclosure mt-enclosure-image" mt:asset-id="5118"><img style="MARGIN: 0px 20px 20px 0px; FLOAT: left" class="mt-image-left" alt="Lengua03.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/Lengua03.jpg" width="361" height="256" /></form>Seguiré terco, aunque haya quienes digan que lo mismo hicieron los egipcios con sus glifos -sistemas de escritura ideográficos y consonánticos- y que oponerme a estos nuevos códigos es una clásica actitud de quien ya ha iniciado su penoso e inexorable ingreso en la senectud retardataria, con ínfulas de Rufino José Cuervo.</p>
<p>Al final, en lugar de ocuparnos en inventar nuevas formas de comunicación deberíamos centrarnos en dominar los rudimentos de las antiguas, con las que al parecer y según lo testifican los pobres y desalentadores resultados visibles en cualquier foro virtual, cuarto de conversación o espacio abierto en la web 2.0, aún somos torpes e incapaces. </p>
<p>Basta con echar una mirada desprevenida a la mayoría de textos de referencia disponibles en Wikipedia, fuente suma del conocimiento para estudiantes de colegio y de universidades mediocres, quienes sin duda han encontrado en ésta una fuente más expedita para el plagio que las enciclopedias Salvat o Lexis del siglo XX. </p>
<p>Esto del Copy-Paste al menos liberó la carga antes endilgada a las sufridas secretarias de nuestros señores padres, quienes casi siempre debían dedicar horas extras no remuneradas, a la digitación exacta de las páginas alusivas a los temas de investigación. Los tiempos cambian y las inteligencias disminuyen. </p>
<p>Y hoy por cuenta de una jauría de agresores aleves de la lengua castellana, la lengua escrita se ha pauperizado. Por&nbsp;el momento...&nbsp;he dicho.</p></font>
<p></p>
<p></span><a href="http://www.facebook.com/home.php?#/group.php?gid=79786599227"><img style="MARGIN: 0px 20px 20px 0px; FLOAT: left" class="mt-image-left" alt="iconofacebook.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/iconofacebook.jpg" width="160" height="60" /></a><a href="http://www.facebook.com/home.php?#/group.php?gid=79786599227">Únase al grupo&nbsp;en Facebook de El Blogotazo, aquí</a>&nbsp;</p>
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            <pubDate>Fri, 05 Feb 2010 13:43:34 -0500</pubDate>
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            <title>Kikuyo... el pasto bogotano</title>
            <description><![CDATA[<font size="2"><img style="MARGIN: 0px 20px 20px 0px; FLOAT: left" class="mt-image-left" alt="kikuyo01.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/kikuyo01.jpg" width="400" height="324" />Kikuyo extiende sus sutiles y ágiles tentáculos vegetales por sobre toda mi ciudad, robándole metros cuadrados al tirano asfalto.<br />
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<p>Germinando su sonoro nombre por la entera superficie de los jardines descuidados que aún abundan en los barrios antiguos de Bogotá, entre cachacos, tropicales e ingleses. </p></form>
<p>
<form class="mt-enclosure mt-enclosure-image" mt:asset-id="5072">&nbsp;</form>Kikuyo es el pasto bogotano, por trasplante. Adorna -como un peinado caprichoso y terco- las viviendas, edificios y calles grises en vísperas de convertirse en lotes, en puentes o en despojos. Y ahí, entrelazado con el paisaje urbano, como único testimonio vivo, sigue Kikuyo. Es la cucaracha del reino vegetal. No se deja destruir. Y nosotros, para reconocerlo, nos&nbsp;tumbamos a dormir sobre esta fracción de planeta, tapizada en él. </p>
<p>Kikuyo es un vida anciana que se desborda, transformada en esporas y rizomas, sin que ya nadie tenga que ocuparse de cuidarlo o de velar porque no fallezca. Kikuyo un día fue exotismo y hoy nos parece maleza. Maleza robusta. Maleza octogenaria. Y eso, tan sólo, porque todo lo que se hace abundante termina por ser llamado así, como abundar fuera privilegio exclusivo de los malos.</p>
<p>Kikuyo esparce sus raíces subrepticias por entre los&nbsp;postes y zanjas. No respeta cercas. Violenta de a pocos y sin ser notado las estructuras imposibles de romper en concreto y acero. Kikuyo, o <em>Pennisetum Clandestinum</em> -como algunos se atreven a llamarlo- vino&nbsp;al terminar los 20&nbsp;de los 1900, desde lejos, y heredó su nombre de una tribu nativa procedente del este africano. </p>
<p><img style="MARGIN: 0px 20px 20px 0px; FLOAT: left" class="mt-image-left" alt="kikuyo02.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/kikuyo02.jpg" width="298" height="350" />Le dicen 'clandestino' porque a diferencia de los de su especie, las flores que viven en Kikuyo no gustan de asomarse, y se rehúsan -por una tímida y discreta convicción- a dejarse ver. </p>
<p>La llegada de Kikuyo fue sentencia de extinción para alondras y atrapamoscas. Pero a la vez Kikuyo y sus semillas se hicieron manjar y bendición para los paladares de los copetones, los mejores y menos agraciados amigos de la capital.&nbsp;Si es -por supuesto- que un copetón puede tener algo parecido a un paladar. </p>
<p>Invasivo y veloz, Kikuyo se propagó, tendiendo su manto verde por sobre toda la sabana. Antes de Kikuyo mi ciudad lucía amarilla, vagamente desértica, y aún más triste que hoy. Sobre la Tierra, con vocación de desierto, otros pastos menos voraces esbozaban sus tímidos linderos. </p>
<p>Kikuyo se siente más cómodo en las&nbsp;latitudes frías. Y por eso fija sus definitivos dominios en ellas. Kikuyo huele a mi ciudad y mi ciudad huele a Kikuyo mezclado con gas de tubo de escape. Kikuyo crece más rápido que las carreteras, y se hace ma´s fuerte que quienes quieren acabarlo.</p>
<p>Fue en 1928. Don José Félix Restrepo, eminente jesuita, supo acerca de la existencia de Kikuyo al explorar las páginas interiores de alguna edición del Times londinense, en la que un periodista botánico se refería a él en términos muy halagüeños. </p>
<p>Decía que Kikuyo era resistente a las pezuñas del ganado, que las bestias lo consumían con avidez desenfrenada, y que no era de los que se complicaban por grandes periodos de sequía o de calor extremo. </p>
<p>Como si ello no bastara, y en una especie de ímpetu patriarcal de colonizador botánico, en perfecto inglés isabelino, el generoso reportero se ofrecía a enviar, a vuelta de correo transoceánico, semillas gratuitas de Kikuyo a quien se las pidiera. </p>
<p>
<form class="mt-enclosure mt-enclosure-image" mt:asset-id="5074"><img style="MARGIN: 0px 20px 20px 0px; FLOAT: left" class="mt-image-left" alt="kicuyo03.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/kicuyo03.jpg" width="368" height="298" /></form>Imbuido por su espíritu benefactor y progresista, y quizá un tanto descreído en cuanto a la eficiencia de los servicios postales del país, el padre Félix envió una carta al reportero inglés. </p>
<p>Pocas semanas después, sobre su escritorio clerical había varios estolones de Kikuyo remitidos desde la Gran Bretaña. Algunos se los dio a don Marcos Jaramillo, quien de prisa procedió a sembrarlos en inmediaciones de la hacienda El Horizontes, en el Tolima. </p>
<p>Don Marcos fue más lejos y los envió a Santa Rosa de Cabal y a Popayán. Allí Kikuyo cayó en manos de don Guillermo Valencia, quien, muy paternal, heredó su nombre a todos los nuevos Kikuyos nacidos en la región, y hoy conocidos como Pasto Valencia. Los campesinos lo bautizaron Cucuy y Cocui (que no es el Cocuy). </p>
<p>Kikuyo tiene opositores. Lo acusan&nbsp;de ser implacable al ir contra&nbsp;los pavimentos de caminos o al derribar las tapias de tierra pisada, y blando y complaciente con las heladas. Por eso algunos, aunque se digan aliados del verde, lo consideran enemigo peligroso y silente. </p>
<p>Pero&nbsp;él planea quedarse aquí. En la sabana de esta tierra santa en la que, desde entonces, Kikuyo reina. Esparcido en un millón de esporas que nos sobrevuelan, disgregándose en el viento. Aumentando el espesor de la superficie acolchonada que invita a dormir. Pero eso, y ante la evidencia de los resultados, es algo que a Kikuyo importa muy poco. Porque aunque pocos bogotanos sepan lo que son pastos, forrajes y gramíneas, <font size="2">él se siente seguro: dentro, encima y debajo de nosotros.</p></font></font>
<p></p>
<p></span><a href="http://www.facebook.com/home.php?#/group.php?gid=79786599227"><img style="MARGIN: 0px 20px 20px 0px; FLOAT: left" class="mt-image-left" alt="iconofacebook.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/iconofacebook.jpg" width="160" height="60" /></a><a href="http://www.facebook.com/home.php?#/group.php?gid=79786599227">Únase al grupo&nbsp;en Facebook de El Blogotazo, aquí</a>&nbsp;</p>
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            <pubDate>Thu, 04 Feb 2010 14:00:23 -0500</pubDate>
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            <title>El día en que llovieron discos</title>
            <description><![CDATA[<p>
<form class="mt-enclosure mt-enclosure-image" mt:asset-id="4982"><img style="MARGIN: 0px 20px 20px 0px; FLOAT: left" class="mt-image-left" alt="calle231.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/calle231.jpg" width="467" height="298" />Las primeras memorias son las últimas que se nos borran. Y las menos dispuestas a abandonarnos. Tal vez ello se deba a que éstas suelen ser también las más tercas. Las más remilgadas. Las menos flexibles y las más resabiadas. </form></p>
<p>Aquellas a donde ni siquiera las cerdas gruesas y burdas de los cepillos espinosos que lavan los cerebros de los olvidadizos&nbsp;alcanzan a llegar. <br /><br />Por eso a los seniles les es más fácil acordarse del nombre de sus abuelos que del de sus bisnietos. O del sabor de los Polares que vendía don Joaquín en su carrito de rodachines oxidados, a cinco centavos, que del de los Popsy en presentación litro, servidos como postre en la visita de hace tres días.<br /><br />Los recuerdos remotos son los que mejor saben encontrar refugio en los túneles menos accesibles y vulnerables de la mente, sometida --como todo lo que está hecho de materia viva, inanimada o muerta-- a los rigores del desgaste, al exceso de maltratos y a la sobreabundancia de cosas prácticas en qué pensar. Además, nadie, por memorioso que sea, es inmune a un alzheimer. <br />
<form class="mt-enclosure mt-enclosure-image" mt:asset-id="4984">Las primeras memorias --aquellas que suelen fijar su lugar de habitación eterna&nbsp;cuando sus dueños tienen tres o cuatro años-- encuentran durante aquel lejano entonces un abundante suelo virgen, lleno de baldíos por colonizar, de bosques perdidos en donde esconderse, por siempre, y sin ser molestadas. <br /><br />Es prudente temer menos al deterioro del cerebro que a su sobresaturación por exceso de pensamientos inoficiosos. Tan inútiles y aburridos como el punzante golpe de ariete de las cuentas por pagar, de las obligaciones paternas, de las listas de supermercado, de las minucias contables, de los compromisos fiscales, o de decirle a un mundo sordo lo inteligentes, apuestos e indispensables que somos.<br /><br />Hay entre los humanos cierta estirpe privilegiada de obsesivos que nunca olvida nada. Que podría dar buena cuenta de casi todo cuanto les ha ocurrido, porque lo tienen bien almacenado y bajo llave en las bóvedas secretas de su mente, desde el mismo día en que despertaron a la conciencia. Hay quienes se ufanan de recordar casi todo cuanto han vivido. Hay hechos de infancia que nunca se van. Y que a veces, incluso, alcanzan a levantarse a su alrededor una trinchera. Un muro de contención a prueba de olvidos, del que sólo salen muy de cuando en vez, cuando necesitan aire o cuando quieren rosar la superficie craneana, para acariciar sus sueños, desgastados y escasos.<br /><br />De entre todos estos especímenes, aún hoy, con casi todo el contenido de su memoria revuelto y desconectado, por cuenta del mal cerebral padecido por quienes que ya no son capaces de acordarse de nada, hay alguien a quien admiro por sobre todos. Se llama doña Débora.<br /><br />Sin entrar en detalles acerca de las circunstancias que me llevaron a conocerla, hoy procuraré destacar un hecho excepcional y curioso de su vida, extraviada en imprecisiones, desconexiones y olvidos. Porque sólo hay una cosa de la que hoy doña Débora puede hablar, sin que sus ocasionales interlocutores nos percatemos de que su cabeza funciona a media máquina.<br /><br />En medio de sus delirios desmemoriados, y a cada tanto, doña Débora menciona a unos discos voladores. Pero no es que doña Débora esté loca. Es sólo que ella se encuentra tres rangos arriba en la pirámide asocial de las más olvidadizas.<br /><br />Más que palabras o cifras, los recuerdos son imágenes, sonidos y --sobre todo-- estímulos olfativos. Y las ideas --como las palabras y los hechos mismos-- son candidatas más firmes y seguras al olvido que los sonidos, las imágenes o los aromas.<br /><br />Doña Débora no es tan anciana. Sólo tiene 73. O, mejor aún, no lo es tanto como para que su senectud sea justificación amplia y suficiente al haberse deshecho de casi todo lo que una vez archivó. Pero la memoria, al igual que el tiempo. Al igual que la fortuna. Al igual que los años, y al igual que la enfermedad, es asimétrica, azarosa e injusta. Y castiga a sus súbditos con látigos desiguales.<br /><br />Esa tarde, cuando las turbas comenzaron a invadir el centro, y cuando las primeras explosiones dieron aviso del peligro inminente, doña Hercilia (su madre), que era maestra de escuela en la normal de doña Cecilia Luque de Duque, fue comisionada para llevarse, por entre el tumulto de energúmenos histéricos, al grupo de niñas estudiantes que vivían en las vecindades de San Diego.<br /><br />Una de ellas era la propia Débora, su hija, quien a la fecha tenía 12 años. Para protegerse de la chusma, doña Hercilia se fue caminando con sigilo por toda la carrera Quinta, la que a su parecer tendría que ser menos riesgosa que la Séptima.<br /><br />Hasta la calle 22 no hubo contratiempos. Pero una cuadra más al norte --ya por la 23-- la profesora doblada de heroína fue detenida por unos guaches que afilaban sus machetes contra los zócalos de las puertas de las casas del barrio.<br /><br />Sin consideración por la escasa edad de las paseantes, los revoltosos enchichados le hicieron señas a doña Hercilia para que se detuviera. Querían confirmar la temprana filiación política de sus protegidas. Ese día no hubo inmunidad infantil.<br /><br /><img style="MARGIN: 0px 20px 20px 0px; FLOAT: left" class="mt-image-left" alt="calle23c.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/calle23c.jpg" width="381" height="345" />--¿Y estas niñas qué son: azules o rojas?<br />--Pues verán ustedes, señores --atinó a responderles, mientras trazaba una línea invisible, justo en medio de las pequeñitas, señalándolas compasivamente con su índice derecho en el eje x--: De la mitad para allá son de Millonarios. Y de la mitad para acá son del Santa Fe--.<br /><br />La broma pareció gustarles a los furiosos amoladores de machetes. La hilera de menores pudo seguir su curso, y cada una llegó a su respectivo domicilio con vida. <br /><br />Pero de eso doña Débora no se acuerda. Porque estaba muy asustada. Y porque de todas maneras, aunque no lo hubiera estado, tampoco lo recordaría.<br /><br />Hoy doña Débora, con sus 73, luce normal al primer vistazo. Y quizá lo sea. Pues lo único irregular en ella son sus recuerdos, transformados en una especie de gran rompecabezas: completo, pero muy desordenado. Revolcado al azar en una urna sellada cuya clave se perdió y a la que nadie jamás podrá volver a entrar. Tal vez tampoco sea muy corriente su incapacidad para convertirlos en palabras entendibles. Y su mirada, un poco perdida dentro de sí misma. Como intentando volverse hacia adentro para organizar toda esa farfulla incomprensible que hoy son sus pensamientos.<br /><br />Lo único de lo que doña Débora se acuerda. Lo único que puede describirles a los demás sin que éstos tengan que hacer un esfuerzo excesivo para que ella no se percate de la angustia ajena por estar oyendo una historia imposible de terminar, es la combinación de una imagen clara de primera adolescencia, con sus sonidos y aromas intactos. <br /><br />Es el ruido y el aspecto distintivo de unos discos de 78 revoluciones por minuto, cayendo desde el tercer piso de su casa de la 24 con cuarta, en medio del olor a humo, a lluvia, a fuego y a carne tostada, de aquel 9 de abril de 1948. <br /><br /></form>
<form class="mt-enclosure mt-enclosure-image" mt:asset-id="4988">Ya con Débora y doña Hercilia a salvo y en casa, por la acera de enfrente venía subiendo un vendedor de cierta reconocida tienda de música, llamada Discos Daro. Su nombre era Eustaquio, y su apellido Briñez. El almacén era harto conocido por la familia, pues era allí en donde habían comprado su primer y único gramófono, del que Martín, hijo del matrimonio entre don Urías y doña Hercilia, era el más entusiasta usuario.<br /><br />Despavorido, Eustaquio Briñez huía de la turbamulta y de la chusma enardecida que se abastecía por la fuerza de costosos abrigos de piel y de hectolitros de finos licores a los que apuraban con presteza. <br /><br />A cuestas, por encargo de su jefe, don Simón Daro Dawidowicz, Briñez llevaba un lote de discos de acetato, de los de 78 revoluciones por minuto. De aquellos para los que una sola caída al suelo, dada la frágil rigidez del material, era mortal. Si él no hacía algo para protegerlos, era muy posible que la chusma, interesada en probar la aristocrática disciplina urbana del lanzamiento de disco, esta vez con el estímulo adicional de descalabrar a unos cuantos, iba a tomárselos para sí.<br /><br /><img style="MARGIN: 0px 20px 20px 0px; FLOAT: left" class="mt-image-left" alt="calle23d.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/calle23d.jpg" width="410" height="320" />Pesaban mucho, y aunque pensó en llevárselos, para mantenerlos protegidos en su residencia de San Fasón, al suroccidente, Briñez concluyó a medio camino que semejante esfuerzo no se justificaba, teniendo en cuenta el exiguo salario asignado por el ahorrativo de don Simón a cambio de sus servicios. <br /><br />Entonces comenzó a pensar en lo desequilibradas que eran las cosas. El simple costo una caja de agujas, que sólo alcanzaban para reproducir dos canciones completas desde uno de esos discos, bastaría para alimentarlo a él y a sus vecinos de inquilinato por dos o tres meses completos.<br /><br />Martín lo vio ascender desde el balcón, penosamente, por la 24. Pensó que darle algún dinero a un hombre como él a cambio de la sonora mercancía, era una forma decente de hacerse a una buena colección de música, y de cooperar con el noble propósito de calmar el hambre del proletariado bogotano. <br /><br />Pero además, aquella podría ser la mejor manera de comenzar a hacer una colección. Una colección con historia. Porque lo que diferenciaba una verdadera colección de una ordinaria, eran los datos precisos en cuanto a fechas y procedencias. Y porque aquellas colecciones en las que no había ninguna de las dos, eran propias de los nuevos ricos. Y porque él ya intuía la diferencia sustancial que existía entre los millonarios de viejo y nuevo cuño.<br /><br />Sin que Briñez se lo estuviera insinuando, desde la lejanía de la ventana, el joven Martín le hizo señas para que le entregara los discos. Eustaquio se detuvo a la puerta. Martín bajó. Eustaquio se los dio. Martín sacó un peso de su bolsillo y lo extendió hasta sus manos. Eustaquio enderezó sus espaldas y se alegró de poder caminar tranquilo y libre por entre los despojos.<br /><br />Ahí, convertidos en una gran línea de rueditas negras sin desempacar, cada una envuelta en un papel delgado y rústico y estampado en serigrafía con el logotipo de Sonolux, o de la RCA Víctor, o de Odeón, estaban consignados algunos de los sonidos más memorables de la primera mitad del siglo XX para la comunidad hispanohablante. Muy orgulloso de su adquisición, Martín fue subiendo las escaleras de madera de su casa hasta e<img style="MARGIN: 0px 20px 20px 0px; FLOAT: left" class="mt-image-left" alt="calle23b.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/calle23b.jpg" width="356" height="397" />l balcón, para reproducirlos en su Victor Talking Machine. <br /></form>
<form class="mt-enclosure mt-enclosure-image" mt:asset-id="4990">El alegre joven ascendió cada escalón, muy satisfecho. A medida que avanzaba, iba desenvolviendo cada unidad, para examinar, los títulos impresos en los sellos. 'Mis flores negras', de Efraín Orozco. 'Alma mía', de María Grever. 'Cuidado nos ven', de Eduardo Armani. 'Esta noche me voy de parranda', de Tito Cortés. La 'Fantasía colombiana' de Jorge Camargo Spolidore. Orgulloso, el joven Martín llegó hasta donde padres y hermana para exhibirles su reciente trofeo de guerra.<br /><br />A don Urías no le complació la perspectiva de tener a un comprador de objetos robados por hijo. Por eso, al sospechar de la sucia procedencia de la mercancía lo miró a él con gesto descalificador. Luego contempló a la colección de discos con el debido repudio y la trasladó consigo, pateándola hasta el balcón. Se asomó, para contemplar el paisaje lúgubre de final de tarde. Luego volvió la vista hacia su mujer y descendientes.<br /><br />--¡Yo no traje hijos al mundo para convertirlos en criminales, ni en auspiciadores de la vagabundería, el latrocinio, ni de ningún otro tipo de forma consentida o no consentida de apropiación de lo ajeno. Dios no me perdonaría el haber procreado a una estirpe entera de truhanes! <br /><br />Luego su voz tomó un furor convencido y fervoroso. Casi solemne. Y continuó:<br /><br />--Mal haría un padre en alentar los deseos de su primogénito al auspiciar los arrebatos delincuenciales de los malhechores que hoy, ebrios de latas de sardinas robadas y ahítos de caviar, ostras, y galletería fina, han renunciado a la decencia, combinando sus puercas alpargatas con costosos sobretodos y saqueando y vendiendo cuanto objeto ajeno se les atraviesa por delante. ¡Parecen nuevos ricos!<br /><br /><img style="MARGIN: 0px 20px 20px 0px; FLOAT: left" class="mt-image-left" alt="calle23e.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/calle23e.jpg" width="430" height="357" />Entonces tomó&nbsp;el fonograma que más a su mano estaba. El correspondiente a 'La hiedra', de Pepe Quintero y su conjunto. Lo contempló desdeñoso y lo arrojó al vacío, ante el triste gesto de Martín, testigo impotente del injusto ajuiciamiento de semejante joya, que ahora perecía contra la calle, perfumada por las emanaciones vaporosas de los cuerpos en descomposición, por la munición quemada y por el polvo que se levantaba.<br /><br />Irónico espectáculo ese el de ver reventarse contra el planeta, y por turnos, a un objeto capaz de producir tanta música. Y de saber que su último quejido no habría de ser un canto de cisne, sino el sonido seco y lamentable de su material, rodeado por algún sello circular de la RCA Víctor; o de Fuentes, o de Sello Vergara, o de Discos Daro, reventándose contra el planeta, para convertirse en miles de partículas que nunca volverían a estar juntas.<br />Don Urías siguió lanzando los 99 discos restantes, uno a uno, en caída libre, desde la ventana, sometidos ante la ley inquebrantable de la gravedad. Los curiosos contemplaron el melodicidio desde afuera.<br /><br />A medida que las pastas se acercaban al suelo iban tomando mayor velocidad, como si quisieran apresurar el dolor de irse y de saberse enmudecidas, de ahí hasta siempre. Trazando una trayectoria semiparabólica, en un intento por apresurar su inmediato y triste fin, reventados contra el pavimento.<br /><br />Mientras los iba lanzando, investido por cierta dignidad patriarcal al cumplir a cabalidad con el sagrado compromiso de hacer de sus vástagos unos ciudadanos de bien, don Urías continuó con su discurso aleccionador.<br /><br />--Por más lustrosos y sonoros sean, su superficie estará para siempre manchada con la huella indecorosa del hurto. Y el sagrado claustro de nuestro hogar no será jamás almacigo de contaminados botines de guerra. Ese deshonor habremos de reservárselos a las garras apestosas y afiladas de la guacherna y de la chusma. Que sean ellos quienes nutran los inventarios de las compraventas y las prenderías. Pero en lo que a nosotros respecta, nuestra casa seguirá limpia de tanta porquería".<br /><br /></form>
<form class="mt-enclosure mt-enclosure-image" mt:asset-id="4992"><img style="MARGIN: 0px 20px 20px 0px; FLOAT: left" class="mt-image-left" alt="calle23f.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/calle23f.jpg" width="429" height="360" /></form>Y así el sermón paterno se fue agotando, a medida que los discos por eliminar eran cada vez menos.<br />Ya con la lluvia a su favor, y satisfecho por la lección impartida, don Urías señaló hacia el sur, condenando el humo que salía de las edificaciones quemadas. <br /></p>
<p>--Espero que el día de hoy se les quede en la cabeza hasta el que el Santo Padre se los lleve al cielo. Las cosas robadas se deben ir por donde vinieron. <br /><br />Luego, con la angustia profética que produce el saberse vaticinador de malas cosas por venir,&nbsp;gesto al que&nbsp;los pequeños&nbsp;entonces no alcanzaron a entender, miró hacia el sur, y continuó:<br /><br />--Y oíganme bien:&nbsp;¡aunque&nbsp;lloviera seguido de aquí hasta la eternidad este fuego va a tardar mucho en apagarse!.<br /><br />Durante&nbsp;la semana siguiente ni Martín ni Débora no pudieron comer Polares o salir al Parque de la Independencia. El mensaje de don Urías, al menos en lo referente a los objetos robados, les quedó más que claro. Pero no sus augurios.<br /><br />Quince días después, el mismísimo Simón Daro Dawidowicz tocó a las puertas de don Urías, justo cuando el ejemplar cabeza de familia había regresado del trabajo. Sorprendido por la venturosa visita, y después de ofrendarle los saludos veniales del caso, el bueno de don Urías, que estaba solo, le preguntó a su lejano conocido el motivo del inesperado, aunque honroso advenimiento.<br />&nbsp;<br />"Aunque poco le conozco, yo sé que usted es hombre de bien, un buen vecino, y un amante de la música. Por eso el 9 decidí enviarle, como obsequio, algunas de las más recientes novedades disponibles en mi tienda. Así de pronto usted se podría animar a volver por el almacén y comprarme otras. Lamentablemente el empleado al que encargué de traérselas no ha aparecido desde ese día. Yo no sé en dónde vive ni quiénes sean sus parientes. Pero me temo que haya muerto ahogado por las chusmas, o sorprendido durante el toque de queda. Por eso vengo a preguntarle, primero, si usted recibió mi regalo de ese día, y segundo, dado el caso, si sabe algo del paradero del hombre. Se llama. ¿O se llamaba? Eustaquio Briñez. Aunque no sé en dónde podrá estar, yo confío en su honradez. Si usted supiera el buen trabajo que hizo en mi vitrina cuando salió el disco aquel del 'Gallo tuerto'. Él solo diseñó dos maniquís. Uno de un gallo con bastó y ojo apagado, y otro de su esposa, la gallina, llorando su muerte frente a un ataúd. El disco se vendió como ningún otro. Un tipo así de ingenioso no se pondría a robar discos. Y en cambio sí sería una gran pérdida para mi tienda. Si algún día lo llega a ver...".<br /></p>
<p>
<form class="mt-enclosure mt-enclosure-image" mt:asset-id="4994">
<p><img style="MARGIN: 0px 20px 20px 0px; FLOAT: left" class="mt-image-left" alt="calle23g.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/calle23g.jpg" width="427" height="374" />Al final los discos, aquellos por los que había castigado a sus pequeños, sí eran suyos, Briñez no era un ladrón y todo parecía haber sido un malentendido,&nbsp;ocasionado por su el miedo natural de todo buen padre a no serlo. </p>
<p>Arrepentido, don Urías se guardó la vergüenza para sí hasta el día en que murió, y ni Débora, ni Martín, ni doña Hercilia lo supieron jamás.<br /><br />De eso ya hace 62 años. La olvidadiza de doña Débora sigue ahí, con media memoria borrada. </p>
<p>Con nombres, fechas y rostros confundidos. Ya no se acuerda del nombre de Martín, ni del de sus padres, ni del señor Daro, ni del infeliz empleado que desapareció esa tarde y al que el difunto Urías tomó por ladrón. Y ya ninguno de ellos, ni siquiera los discos voladores, están ahí para recordárselo.<br /><br />Pero aún en medio de su sopor de experiencias extraviadas, doña Débora --hundida en su eterno adormecimiento sin memoria-- le vuelve a dar la razón a quien ese día quiso enseñarle que las cosas robadas no son para nadie. Y tampoco olvida que los discos --incluso los que perecen tirados contra el pavimento desde un piso tres-- viven y mueren haciendo ruido; o que, de hecho, el fuego de ese día en que los vio volar, no se ha apagado del todo. </p></form>
<p></p>
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            <pubDate>Mon, 01 Feb 2010 13:05:15 -0500</pubDate>
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        <item>
            <title>Las desgracias de don Deogracias</title>
            <description><![CDATA[<font size="2">
<p>
<form class="mt-enclosure mt-enclosure-image" mt:asset-id="5038"><img style="MARGIN: 0px 20px 20px 0px; FLOAT: left" class="mt-image-left" alt="deogracias.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/deogracias.jpg" width="384" height="311" /></form>A las 2:37 P.M. del viernes don Deogracias atravesó las puertas de la Biblioteca Luis Ángel Arango con el fin de renovar su membresía. <br /><br />Se acercó al departamento de Atención al Afiliado y preguntó al burócrata de turno cuáles eran los requisitos para llevar a cabo el trámite. </p>
<p>El&nbsp;odioso empleado le explicó que debía cancelar 32.000 pesos y diligenciar un formulario de actualización de datos. Lo extendió mecánica e indiferentemente hasta sus manos y le indicó que&nbsp;para tal efecto le sería preciso hacer&nbsp;uso de la mesa central contigua a la oficina, pues había muchos otros socios esperando detrás de él. </p>
<p>Don Deogracias revisó sus bolsillos en busca de su estilógrafo Pelikan Micropunta. Invadido por la prisa, don Deogracias comprobó que en un acto de torpeza y descuido lo había dejado en la mesa del teléfono, a la salida de su hogar. Y que por tal razón no tenía a la mano ningún instrumento de escritura para liberarlo del apuro. Don Deogracias miró en derredor, tratando de ubicar a un ser amable, en disposición de prestarle, por uno o dos minutos, su propio bolígrafo. Preguntó, sin que alguien le respondiera, si había entre todos los presentes algún buen ciudadano capaz de ayudarlo. </p>
<p>Ante sus ojos saltó entonces un trío de lapiceros de distintos colores, enganchados del bolsillo izquierdo de la camisa de mangas cortas del mismo cretino con el que había intercambiado algunas palabras segundos atrás. </p>
<p>Con voz y ademanes muy corteses, don Deogracias inquirió acerca de si sería posible, quizá, que él, en su calidad de empleado de la entidad, le prestara alguno de los tres que tenía, para aligerar&nbsp;el diligenciamiento de la forma. El miserable empleado, por supuesto, se negó. </p>
<p>Secreta y dignamente indignado don Deogracias no le contestó. Caminó la larga distancia que lo separaba de la salida del claustro. Se dirigió, ya transpirando por la agitación, hasta la tienda de Conchita, compró uno nuevo, y volvió a subir por la empinada calle 12.&nbsp;La entrada y la salida de la Biblioteca estaban en extremos opuestos del edificio. </p>
<p>Sin decirle nada, entregó el documento al badulaque, dio por terminado el trámite, ya sin ánimos de consultar texto alguno, y se fue, preguntándose cómo era posible que un ser tan despreciable anduviera así, impune, egoísta&nbsp;y cruel por el planeta.</p>
<p>Al salir, don Deogracias se dirigió hacia la sede de la Universidad Jorge Tadeo Lozano para solicitar un certificado de estudios de su hijo menor, Jonathan, quien pese a sus muchos sacrificios por ofrecerle una digna educación seguía considerándolo un mal padre y además imbécil. </p>
<p>Don Deogracias lo necesitaba para recibir un importante descuento en los pagos mensuales de la entidad promotora de salud en la que su vástago estaba afiliado. A pesar de haberle implorado ir por sus propios medios por él, Jonathan, se rehusó, argumentando que le era más grato quedarse durmiendo y disfrutando de su periodo vacacional de mitad de año. &nbsp;&nbsp;</p>
<p>Don Deogracias quiso ingresar al aterrador campus de la&nbsp; institución, pero un vigilante hostil lo detuvo para inquirirle acerca del motivo de su visita y para solicitarle un documento "que no fuera la cédula". Después de mirarlo con desconfianza, el&nbsp;guardián&nbsp;le tomó una fotografía digital. Luego --tras haber avanzado unos 10 metros--, le gritó para pedirle que regresara, pues el archivo en formato *.jpg correspondiente a la&nbsp;imagen se había estropeado. Una vez repetida la operación don Deogracias se fue hasta la oficina de matrículas. </p>
<p>
<form class="mt-enclosure mt-enclosure-image" mt:asset-id="5042"><img style="MARGIN: 0px 20px 20px 0px; FLOAT: left" class="mt-image-left" alt="deogracias02.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/deogracias02.jpg" width="384" height="311" /></form></p>
<p>Esperó unos 23 minutos para ser atendido. Comentó a la señorita a cargo de la ventanilla acerca de sus requerimientos. Le dijo que tenía urgencia de llevar a&nbsp;cabo la engorrosa gestión.&nbsp;</p>
<p>Ella le respondió que&nbsp;el&nbsp;trámite requerido&nbsp;para tales documentos tomaba por lo menos tres días hábiles y que para efectos de solicitud debía respaldar el pedido con una autorización firmada por su hijo, y por una fotocopia autenticada de su cédula de ciudadanía. </p>
<p>Don Deogracias llamó a Jonathan, quien a la sazón seguía dormido, sin recibir respuesta. Entonces preguntó a la empleada si tal vez sería posible que ella, con el nombre y apellidos de Jonathan pudiera comenzar a adelantar el trámite, con el compromiso de que Don Deogracias mismo, a la vuelta del lapso acordado, se presentara con cédula y autorización en mano. Ella le dijo que hasta tanto los documentos no estuvieran en sus manos no podría prestarle tal servicio y lo instó a retirarse, pues había muchos más tras de él que requerían de atención inmediata. Sin nada más por hacer, y con una decena de seres humanos más acosándolo por la retaguardia, don Deogracias abandonó el claustro, algo triste.</p>
<p>Don Deogracias tenía hambre, un billete de 50.000 pesos y una moneda de 500 en su cartera. Casi al llegar a la carrera Séptima, a la altura de la calle 22, encontró un aviso en el que se ofrecían empanadas, justo por ese bajo precio. Se detuvo. Solicitó una al dependiente. Sin mirarlo, sin hablarle y de pésima gana, éste se la entregó. Don Deogracias le asestó un mordisco frustrado. </p>
<p>El contenido de la empanada estaba rancio y avinagrado. Pero al saborearlos, arroz, papa, cilantro y pollo ya habían sido denigrados a la categoría uniforme de bolo alimenticio. Para no perturbar a sus comensales sus involuntarias malas maneras, fruto de la desesperada situación, don Deogracias se dirigió al excretorio, para esputar los resquicios del remedo de empanada. </p>
<p>Antes de poder abrir la puerta el dependiente mudo recuperó su voz para notificarle que el servicio de baño era de uso privativo de quienes efectuaban compras superiores a 1.000 pesos oro, rubro que duplicaba el del rancio comestible del que esperaba deshacerse. Don Deogracias pidió una servilleta. Escupió dentro de ella y arrojó el contenido al bote más cercano.</p>
<p>Entonces don Deogracias recordó que aún era tiempo de dirigirse hasta el Banco Popular para cobrar los 450.000 pesos de su pensión. Llegar sin dinero a su casa no estaría bien visto por su tríada de hijos odiosos y su esposa incompasiva. Era preciso evitar cualquier riesgo de hacer aún más amargo el fin de semana de lo que ya inevitablemente iba a ser. </p>
<p>Don Deogracias se dirigió hacia la oficina de banco más cercana. Por un momento olvidó que las entidades financieras cerraban a las 3 exactas, y que la intransigencia de los vigilantes a cargo era más inflexible que la inflexibilidad. El reloj marcaba las 2:58, y el vigilante ya estaba empuñando las llaves para cerrar las puertas de vidrio del banco, para suspender la atención del público hasta las 9 AM del próximo lunes. </p>
<p>Justo antes de que él pudiera entrar, el guarda decidió que era hora de hacer sentir su minúsculo poder. Le puso la puerta de vidrio grueso&nbsp;en la frente y fingió que no podía oírlo. </p>
<p>
<form class="mt-enclosure mt-enclosure-image" mt:asset-id="5040"><img style="MARGIN: 0px 20px 20px 0px; FLOAT: left" class="mt-image-left" alt="deogracias03.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/deogracias03.jpg" width="222" height="318" /></form>Ya ese mismo viernes, cuando había anochecido, don Deogracias destruyó la vitrina de una tienda de ropa. Despedazó a los maniquíes y arremetió con sevicia y alevosía contra los empleados. Nadie entendió por qué lo hizo. Aunque una de las víctimas llegó a afirmar que tan inexplicable acto pudo deberse a su negativa a mostrarle un par de prendas que éste le solicitó, para comprobar su calidad, después de haber presumido que su intención no era la de comprar nada. </p>
<p>Los trabajadores del almacén se comunicaron con la inspección de policía. Los agentes remitieron el caso a un centro psiquiátrico. </p>
<p>Después de ser capturado y sometido a exámenes, don Deogracias fue internado en un sanatorio mental. Se determinó que el paciente Deogracias Heredia Bahamón no gozaba de la solvencia mental como para vivir en comunidad, pues le era imposible comprender a sus semejantes y convivir con ellos sin hacerles daño. Tendía a impacientarse con anormal facilidad. </p>
<p>A veces, con muy poco ánimo, su esposa y uno o dos de sus hijos vienen a visitarlo, tan sólo para recriminarlo y&nbsp;preguntarle en qué demonios estaba pensando cuando hizo semejante estupidez. Hasta el momento Jonathan no lo ha hecho,&nbsp;ni lo tiene entre sus planes,&nbsp;pues prefiere el calor de las frazadas al frío de&nbsp;una casa de orates como esta.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p></font>
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<p></p>
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            <pubDate>Sat, 30 Jan 2010 12:00:26 -0500</pubDate>
        </item>
        
        <item>
            <title>La Pola: Una absurda historia de teatro en la Bogotá republicana</title>
            <description><![CDATA[<span lang="ES-CO"> 
<p align="right"><em><img style="MARGIN: 0px 20px 20px 0px; FLOAT: left" class="mt-image-left" alt="pola01.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/pola01.jpg" width="284" height="467" />"Ríase usted cuanto quiera, mi amiga,<br />pero el hecho es histórico, y en los <br />anales del teatro no se hallará cosa más<br />bella, más sublime, más soberanamente<br />graciosa, que este cómico desenlace".</em></p>
<p align="right">José Caicedo Rojas<br />Papel Periódico Ilustrado<br />15 de marzo de 1887</p>
<p>
<form class="mt-enclosure mt-enclosure-image" mt:asset-id="4968">&nbsp;</form>Tan sólo unos años después del fusilamiento de la gran Policarpa Salavarrieta, con los cadáveres de los primeros próceres todavía frescos, recién enterrados y regados por el novedoso suelo patrio, don José María Domínguez Roche, un abogado, pintor y dibujante criollo de respetable inteligencia y aspiraciones nobles, recibió un honroso y comprometedor encargo.</p>
<p>El mismísimo Francisco de Paula Santander, entonces vicepresidente de la República, lo comisionó para ingeniarse un homenaje --algo precipitado-- a los héroes muertos de nuestra naciente historia republicana. </p>
<p>Domínguez y Santander se habían conocido durante una visita de este último a la población de Funza, antigua capital de los Zipas, de quienes ahora el primero era algo así como un sucesor venido a menos. Es decir... un alcalde. O mejor aún... el jefe político y militar del cantón correspondiente.</p>
<p>Muy halagado con la misión, Domínguez se dio a la escritura de un drama en cinco actos en el que se pretendía reconstruir la vida, obra, muerte y milagros de Policarpa Salavarrieta.</p>
<p>Por aquel entonces Telemundo Internacional y las alianzas entre Telecolombia y Fox no existían, por lo que darse el lujo de contratar a una compañía de profesionales extranjeros era harto imposible. </p>
<p>Los riesgos resultaban insalvables (entre ellos la dificultad de transportar a los pobres comicastros desde el Viejo Continente hasta estos aterradores andurriales, en donde serpientes y tigres hambrientos estaban al permanente acecho de carnes humanas importadas).</p>
<p>
<form class="mt-enclosure mt-enclosure-image" mt:asset-id="4970"><img style="MARGIN: 0px 20px 20px 0px; FLOAT: left" class="mt-image-left" alt="pola02.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/pola02.jpg" width="384" height="305" /></form>Santafé no era más que una villa insignificante, con una población aproximada de 19.405 habitantes, según consta en la Guía de forasteros del Nuevo Reino de Granada de 1794, y adolecía, por tanto, de toda suerte de diversiones, espectáculos públicos o lugares de saludable y necesario 'esparcimiento cultural'.</p>
<p>Ante la carencia de actores calificados, el bueno de Domínguez Roche se vio en la poco profesional obligación de echar mano de los recursos que más a la mano estaban. </p>
<p>Puesto que el oficio de 'cómico' (forma peyorativa con la que entonces se conocía a quienes aspiraban a dedicarse al noble y desagradecido apostolado de las artes dramáticas) era considerado de baja estopa --y ni los caballeros más linajudos eran inmunes a ser tildados de tal forma-- las actrices escaseaban. </p>
<p>Por ello, en muchos casos era necesario disfrazar a los más osados caballeros de representantes del bello sexo. Tal osadía le costó a más de uno un eterno cuestionamiento público a su hombría y virilidad.</p>
<p>Domínguez se dio a la difícil tarea de encontrar, entre los habitantes de la Santafé de entonces, algún criollo con características físicas semejantes a la de los personajes. Fue, sin duda alguna, el primer 'casting' llevado a cabo en el ya libre territorio ex neogranadino.</p>
<p>Téngase en cuenta que todo esto ocurrió tan sólo tres años después de la muerte de la verdadera Pola, por lo que de seguro el recuerdo de su rostro y su voz aún debía estar fresco entre algunos ciudadanos emotivos y memoriosos. </p>
<p>Con una fe incorruptible el director persuadió a una 'guaricha de buen ver' para que desempeñara el papel protagónico; a agraciado mozalbete para que hiciera las veces de Alejo Sabaraín, su novio; y a un individuo contrahecho y desemejado, al que para más señas le faltaban un ojo y un número lamentable de piezas dentales, para que encarnara al siniestro virrey Sámano. </p>
<p>
<form class="mt-enclosure mt-enclosure-image" mt:asset-id="4972"><img style="MARGIN: 0px 20px 20px 0px; FLOAT: left" class="mt-image-left" alt="pola06.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/pola06.jpg" width="257" height="431" /></form>Así, con cierta medida de discreta gloria, Domínguez bautizó a su obra con el amigable título de 'La pola'.</p>
<p>Este hecho, cuya risibilidad roza los límites de la ficción, se constituyó en el acto inaugural de la dramaturgia en la historia republicana de Colombia, o cuanto menos en el primer montaje teatral del que se tiene registro. </p>
<p>Después de tres o cuatro ensayos y sin muchos fondos que los respaldaran, don José María y su contingente de 'actores naturales' montaron un paupérrimo tablado en el Coliseo Ramírez, ubicado justo en donde hoy está el Teatro Colón. </p>
<p>Muy entusiasmados, encargaron a un grupo de jayanes voluntarios para que se apostaran en cada esquina, cerrando todo acceso al lugar, y para ocuparse de cobrar el real indicado como tarifa de ingreso.</p>
<p>Aquellos santafereños que se preciaban de encontrarse entre los más cultos, sumados a un buen número de quienes no pretendían serlo, (pues al fin de cuentas todos eran iguales) se hicieron presentes. </p>
<p>Los más imaginativos bien podrán figurarse lo difícil que era dar a entender a una caterva de individuos aislados del desarrollo mundial --cautivos en una meseta marginal a la que los pianos, tapices y otros lujos de la civilización moderna llegaban a lomo de mula, y con por lo menos con una década de diferencia-- que el teatro no era más que eso: teatro. </p>
<p>Puesto que era preciso que la fecha del estreno coincidiera con la del sexto aniversario de la independencia nacional, y la decisión de incluir el montaje en medio de las fiestas de la celebración patria se había tomado a una semana de la solemne conmemoración, las cosas de resolvieron en la más colombiana de las formas. </p>
<p>A última hora, algunos voluntarios consiguieron alfombras, sillas de pata de cabra, taburetes, mesas, y una buena cantidad de cosas prestadas, cuyo tamaño desmesurado hizo pensar a algunos que habían salido de la nada, pues sin duda en toda Santafé no debía haber lugar para almacenarlos.</p>
<p>
<form class="mt-enclosure mt-enclosure-image" mt:asset-id="4974"><img style="MARGIN: 0px 20px 20px 0px; FLOAT: left" class="mt-image-left" alt="pola03.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/pola03.jpg" width="173" height="305" /></form>Para el vestuario se hizo uso de ciertas prendas raídas, prestadas por miembros el ejército libertador, o abandonadas a su suerte por algún oidor o virrey, o por sus esposas, quienes de seguro --despavoridos en su huida del territorio americano, debieron haber olvidado incluirlas en su equipaje de escape--. </p>
<p>Entre las muchas versiones existentes, muchos autores&nbsp;coinciden en que hubo, por lo menos, tres&nbsp;representaciones de la obra. Una en Funza, la otra en la antigua Gallera, y la otra en el Coliseo Ramírez.. </p>
<p>El primer escenario construido para fines estrictamente teatrales en Bogotá fue, precisamente, este último, bautizado así en honor al comerciante español don Tomás Ramírez, generoso benefactor de cuyas arcas provinieron los fondos destinados a su construcción. </p>
<p>El en ese entonces adinerado señor Ramírez dilapidó su cuantiosa fortuna sumergido en su adicción por el juego y en sus proyectos desaguisados.</p>
<p>A pesar de la oposición del Arzobispo, quien veía --como cierto es-- que el teatro acarrearía el peligro potencial de enloquecer a quienes se apasionaran por él, Ramírez prosiguió en su empeño de pionero.</p>
<p>La muy local costumbre de estrenar las cosas sin que estuvieran listas condujo a los gestores de tan humanitaria iniciativa a llevar a cabo la ceremonia inaugural mucho antes de que los trabajos fueran realmente culminados, por lo que los trazados originales de la obra nunca fueron llevados a cabo. </p>
<p>De esta manera, el 7 de enero de 1793, varias décadas atrás, había comenzado a funcionar el inconcluso Coliseo Ramírez, que al parecer aún durante la década de los 20 del siglo XIX seguía a medio acabar.</p>
<p>Puesto que no había techo alguno, se montó uno provisional, con la salvedad, escrita a las puertas del recinto, de que su funcionalidad sería transitoria. </p>
<p>Bajo éste había un cielorraso en lienzo, atado mediante unas cuerdas radiales a los palcos de los gallineros, con un gran cilindro de madera en el centro, del que a su vez colgaba una lámpara de araña, fabricada por las manos maestras de don Francisco Jiménez, el mejor hojalatero de Santafé. </p>
<p>Entre ese techo rudimentario y el cielorraso edificó su bello nido una familia extensa de ratas, atraídas de seguro por el buen sabor de las velas de cebo y de los desechos grasosos provenientes de las sobras de empanadas, tamales y condumios varios dejadas por los voraces espectadores viandantes. </p>
<p>Al inicio de cada función, y mediante un rústico sistema mecánico, la lámpara descendía para ser abastecida con decenas de cirios, a cuyo ascenso comenzaba a caer una lluvia ácida de esperma derretida por sobre las cabezas de quienes tenían la desdicha de estar ubicados en las cercanías de su rango de influencia.</p>
<p>Tres palcos, debidamente jerarquizados, se repartían --de adelante hacia atrás-- el privilegio de alojar a las clases medias, altas y bajas.</p>
<p>
<form class="mt-enclosure mt-enclosure-image" mt:asset-id="4976"><img style="MARGIN: 0px 20px 20px 0px; FLOAT: left" class="mt-image-left" alt="pola13.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/pola13.jpg" width="367" height="328" /></form>Las criadas contaban con un espacio específicamente destinado a ellas, que no era nada más que una placa de granito --demasiado al frente de los actores-- desde donde podían contemplar las funciones. No había camerinos ni vestieres, y por tanto los sacrificados comediantes tenían que cambiarse entre bastidores, muchas veces expuestos al pudor, a las mofas o al morbo de los asistentes.</p>
<p>El telón subía y bajaba gracias a los duros oficios de un par de gañanes, que al inicio de cada función se colgaban de dos poleas. Cuando éste caía, sendos costales golpeaban el piso con impertinente escándalo, dejando una apreciable estela de polvo que --además de asfixiar a los ocupantes de las primeras filas-- a veces apagaba los velones dispuestos junto a los faroles que proporcionaban su lumbre lamentable a los personajes. </p>
<p>Cuando esto sucedía, se desprendía de los pábilos un pestilente aroma a gordana carbonizada, que hacía insufrible la permanencia en ese recinto... que de recinto nada tenía, pues como se ha visto había sido techado con una lona precaria. </p>
<p>El nocivo e incivil acto de consumir tabaco mientras se aguardaba por el inicio de las funciones, que aunque anunciado para las 8 en la noche siempre tenía lugar una hora después, hacía aún más irrespirable el aire, y enrarecía el ambiente con una nube espesa y gris que dificultaba la visibilidad y convertía en incomprensibles algunos de los más memorables pasajes de las obras.</p>
<p>Durante&nbsp;el indicio de la&nbsp;presentación de 'La pola' en el Coliseo Ramírez, la muchedumbre conmocionada siguió con entusiasmo las andanzas de su protagonista, hasta el momento en que el cadáver de Sabaraín entró al lugar en donde la ésta habría de ser sacrificada. </p>
<p>Dados los pocos años que separaban a la obra del acontecimiento real, es en efecto muy posible que una buena parte de los presentes hubiera conocido de hecho a la verdadera Policarpa. </p>
<p>El público bogotano de entonces era decididamente 'participativo', y guardar respetuoso silencio no era costumbre de la que hiciera derroche. Por el contrario, los espectadores solían apoyar los repiques de la orquesta golpeando al piso con sus chagualos, gritando y vociferando. </p>
<p>Al menor asomo de insatisfacción con la labor de alguno de los actores, sus fallas eran comentadas en voz alta y en tiempo real. Si tenían algo qué sugerir con respecto a las vestiduras de los personajes, se los decían en medio de la escena. </p>
<p>Peor aún, si había algún villano o figura a la que consideraran odiosa, no se contenían a la hora de apedrearlo o de sepultarlo con cuantos objetos tuviesen a la mano.</p>
<p>Puesto que la inmolación de la infeliz de Policarpa seguía despertando recelo en el pueblo, aún resentido, el pobre tuerto al que habían escogido para el papel del virrey Sámano resultó vilmente atacado por un trozo petrificado de panela que le cayó desde los bancos de la orquesta, al momento de anunciar su condena de muerte.. </p>
<p>Cuatro hombres fornidos fueron aún más lejos, caminando enfurecidos por entre la chusma hasta el proscenio, para ajusticiar a los verdugos como era debido. Angustiado, el pobre aprendiz de cómico se guareció, atrincherándose tras el cúmulo de candilejas encendidas que tenía en frente. </p>
<p>El empresario --preocupado por la integridad física de sus actores-- subió hasta el patíbulo falso para explicar a la desairada concurrencia que nada de lo que estaba sucediendo ahí era real, que sus lágrimas eran a destiempo, y que todo lo que ellos creían que estaba aconteciendo, había tenido lugar hacía más de seis años.</p>
<p>
<form class="mt-enclosure mt-enclosure-image" mt:asset-id="4978"><img style="MARGIN: 0px 20px 20px 0px; FLOAT: left" class="mt-image-left" alt="pola14.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/pola14.jpg" width="251" height="375" /></form>No obstante, en contra de lo que habría querido, la muchedumbre se mostró todavía más descontenta, por lo que algunos otros miembros del honorable público imitaron el gesto, espetando sobre el ya desagradable rostro del remedo de actor docenas de huevos y tomates al pormayor.</p>
<p>Así las cosas, el patrocinador se vio abocado a tomar una medida de emergencia. Tomó la palabra y anunció a la muchedumbre de damas plañidoras y de caballeros sollozantes que su majestad, Fernando VII --en una muestra de sus intenciones de paz para con el pueblo neogranadino-- había decidido conmutar la pena de muerte a la honorable Policarpa Salavarrieta Ríos. </p>
<p>Y que además, para quienes aún tuvieran dudas de su irrecusable bondad y de la anuencia divina en lo tocante a la invasión española, Sabaraín había regresado desde el país de los muertos hasta ese preciso lugar, por lo que en breves instantes habría de oficializarse, con la venia de la Santa Madre Iglesia, la ceremonia de matrimonio entre los dos mártires.</p>
<p>Los desconcertados vestuaristas consiguieron un improvisado hábito sacerdotal, con el que vistieron al otrora verdugo, a quien la inexplicable magia del teatro transformó en clérigo.</p>
<p>La gleba, alborozada, estalló en un fervoroso llanto de celebración. Todos aplaudieron la resurrección del mancebo y la bondad desplegada por la no tan tiránica corona española. </p>
<p>Y para celebrar el indulto, la alborozada concurrencia en pleno alzó en hombros a la revitalizada Pola y la paseó por toda la Plaza Mayor, antes de que fuera&nbsp;de Bolívar.&nbsp;</p>
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<p></p>
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            <pubDate>Fri, 29 Jan 2010 14:00:09 -0500</pubDate>
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        <item>
            <title>Promesa para fin de década</title>
            <description><![CDATA[<font size="2">
<p>
<form class="mt-enclosure mt-enclosure-image" mt:asset-id="4622"><img class="mt-image-left" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 20px 20px 0px" height="285" alt="31diciembre.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/31diciembre.jpg" width="440" /></form>Tengo la honesta, sobria y razonable sensación de que&nbsp;la década y el año&nbsp;por venir serán mejores que los que hoy se extinguen.<br /><br />Creo que podremos resucitar de entre las cenizas de los errores cometidos, y de las mentiras pronunciadas. </p>
<p>Que alguna tormenta cósmica nos hará cambiar, de súbito, y terminar por fin con todo lo que nos ha hecho&nbsp;mal. Que por una vez lograremos pensar y creer en cosas sensatas y verdaderas. O que habremos de inventarnos un mundo real fundamentado en la ensoñación. Sin mezquindad.</p>
<p>Quiero que las cosas sean diferentes. No porque Gregorio XIII lo haya decidido por mí, ni porque los mantras de Pastor López o de Duque Linares hayan obrado algún&nbsp;tipo de hipnósis persuasiva&nbsp;sobre mi alma pesimista. No porque hoy haya noche buena, ni porque esté seguro de que esta noche, precisamente,&nbsp;sea buena o mala. No porque aquel hippie millonario amigo mío de 'imagine no posesions' me convenza del todo.</p>
<p>No he&nbsp;comprado billetes de lotería. No soy agorero, ni creo que la suerte&nbsp;sea más benévola con los que la invocan.&nbsp;No obstante hoy, aunque no quise salir, tuve que hacerlo. Y pese a que me gusta la lluvia&nbsp;vi que hacía sol de&nbsp;mediodía. </p>
<p>Quiera el destino que una vez nuestro planeta le dé la vuelta al sol en ciclo inevitable&nbsp;(después de otros 3.650 días más), pueda yo regresar aquí para decir que no me equivoqué. Doy así mi voto de confianza por el año y la década, esperando a que no me defrauden.&nbsp;Por todo el año. Por toda la década.&nbsp;No por el primero de enero con sabor a tedio, a resaca y a promesas por incumplir. Ni por los 12 juegos de los que hablaban Los Prisioneros. Y le apuesto a eso.</p>
<p>A que por una sola y definitiva vez entenderemos que en el mundo no hay buenos ni malos, y que aunque perecederos, nuestro espíritu nos sobrevivirá en nuestra obra. Vengo hoy con mi optimismo nuevo, aún sin usar, y sin haberlo sometido a pruebas traumáticas. Aún sin ser desgastado por estos muchos años parecidos, que me han dejado medio vacío. </p>
<p>No sé ustedes, pero mañana quiero despertar y dormir con una sonrisa, y no ser el único. Tener la buena certeza de que el tiempo, de aquí hasta el incierto final, nos ha reservado una dádiva especial a los pacientes. &nbsp;</p>
<p>A nosotros. A quienes vinimos para experimentar esa transición que es el mundo hoy, y que esperamos dejar un universo diferente en manos de quienes hayan de venir para sucedernos. </p>
<p>Quiero creer que la historia está empeñada en cambiarse a sí misma, y que nuestra trayectoria errática y egoísta está por desviarse, por cansancio o por error, para bien. </p>
<p>Quiero, desde mañana, y siempre que haya siempre, seguir creyendo que en la vida no hay restas, y que aquello que hasta hoy hemos sumado nos habrá de servir para olvidarnos del dolor de habernos equivocado, y nos ofrendará la fortaleza necesaria para seguir siendo algo más que lo que hasta hoy hemos sido. Suena cursi. Lo sé. Pero hoy quiero ser así.&nbsp;</p>
<p>Quiero que no haya propiedades, y que dejemos de pensar que la tierra, y los animales y todo cuanto vive en ella, incluidos los humanos mismos, son nuestra propiedad.&nbsp;Y que,&nbsp;de estar equivocado en mi nuevo proceder,&nbsp;me daré cuenta de eso antes de que se haya hecho tarde. Quiero pensar que&nbsp;el actuar en modo contrario a lo que se ha sido siempre puede generar consecuencias opuestas. Que puedo jugar a ser otro. Ley de causalidades, supongo.&nbsp;</p>
<p>Quiero pensar que no se ha hecho tarde, y que nuestra vida será más que ese inmediato y perecedero lapso biológico al que estamos sometidos por las leyes de la especie. Que nuestros sueños y nuestras ideas nos sobrevivirán, transformados en cientos de miles de cosas que habrán de quedar consignados en algún indeterminado lugar. </p>
<p>Que mis antepasados viven en mí, y que mis pensamientos van a seguir dando testimonio de que existí, cuando llegue el día en que la voz, la pluma, la memoria, la respiración y los signos vitales me fallen más que hoy.</p>
<p>Que nuestros recuerdos habrán de servirnos para seguir sonriendo aun cuando nada parezca amable ni gracioso. Que de alguna forma nuestras palabras atravesarán los muros, y los siglos y el espacio aéreo en busca de un solo 'alguien' dispuesto a oírnos. </p>
<p>Tengo por única ambición el deseo&nbsp;de estar tan viejo como para ser un poco sabio, y tan joven como para conservar esta eterna disposición a la sana perplejidad, la única herramienta útil como para ser capaz de admitirme propenso al error. </p>
<p>Quiero creer que los años anteriores no fueron más que unos ensayos y una función con poco público, y que ahora estaré listo para mi debut, que sin duda ocurrirá a partir de mañana. Que los pobres podremos ser menos pobres, y que las cosas habrán de repartirse y de negarse a todos de manera similar. Que el silencio será una decisión y no una imposición, y que el dolor y la frustración se disiparán de un tajo. </p>
<p>Que las líneas fronterizas entre una y otra nación serán derribadas por las ideas, sin duda más grandes que quienes las emiten. Que las visas y los títulos de propiedad, y las tarjetas de crédito (mentiras plásticas al servicio de las tiránicas entidades financieras) habrán de ser incinerados en una gran hoguera festiva. Que Bogotá se arrepentirá de derribar casas y que el país entrará en razón, y dejará de defender a los ricos.</p>
<p>Que se acabarán los gobernantes y el desgobierno, y que todos habremos de ser capaces de vivir sin la odiosa tutela y la veeduría de corruptos y represivos organismos de control. Que ni agua, ni alimentos, ni oxígeno habrán de ser bienes permutables, que se vendan, se compren, se alquilen, se clonen, se&nbsp;corten o se sancionen.&nbsp;</p>
<p>Que dejaremos de hacer hamburguesas, y de acabar con reses, peces, cerdos, corderos, y con cualquier otra especie animal, tan afecta y tan merecedora de vivir como nosotros mismos. </p>
<p>No sé ustedes, pero hoy quiero creer en eso. Y sin el pudor de quien teme a ser ingenuo, también espero que no se me acabe la fe para seguir convencido de que hay quienes sienten como yo, para ir en pos de ellos. </p>
<p>Un buen año para todos. Incluso para aquellos enemigos que a diario trato de decidirme, a título unilateral, por no tener. Espero que esta no sea otra promesa de final de año, ni de principio de década.</p></font>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 10pt; tab-stops: 63.0pt">"And the sadness will be lifted from my eyes,<br />when I'm old and wise".<br /><br />The Alan Parsons Project, Old and Wise</p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 10pt; tab-stops: 63.0pt"><a href="http://www.facebook.com/home.php?#/group.php?gid=79786599227">Únase al grupo&nbsp;en Facebook de El Blogotazo, aquí</a>&nbsp;</p>
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<p></p>
<p>El Blogotazo<br /><a href="http://www.elblogotazo.com/">www.elblogotazo.com</a><br /><a href="mailto:andres@elblogotazo.com">andres@elblogotazo.com</a>&nbsp;</p>]]></description>
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            <pubDate>Thu, 31 Dec 2009 14:35:34 -0500</pubDate>
        </item>
        
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            <title>Diciembre hacinado en Bogotá</title>
            <description><![CDATA[<font size="2">
<p>
<form class="mt-enclosure mt-enclosure-image" mt:asset-id="4594"><img class="mt-image-left" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 20px 20px 0px" height="350" alt="taxinoche.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/taxinoche.jpg" width="378" /></form>Contrario a lo que ocurre con la mayor parte de seres humanos, cuyas almas parecen verse invadidas de cierto ánimo filantrópico y conciliador durante estas fechas, resulta ser que en mi caso, diciembre y sus consabidos hacinamientos&nbsp;de temporada&nbsp;terminan por arrancar desde lo más hondo y mezquino de mis entresijos a esa especie inconfesable de misántropo vergonzante que vive en mí. </p>
<p>Suponemos que, para quienes han sido desde tierna infancia cobijados por las doctrinas judeo-cristiano-católico romanas, esta debería ser la época de mayor generosidad, y de menor inclinación a aquellos típicos arrebatos coléricos que durante el resto del año se despiertan para&nbsp;con los de nuestra propia especie. </p>
<p>Pero, por desgracia, es justamente en estos días cuando las evidentes molestias provocadas por la superpoblación terrestre arrecian con toda su odiosa miserableza y se hacen más evidentes que en cualquier otro período del calendario anual. </p>
<p>Me referiré en concreto a la absurda y casi imposible empresa en la que por estos días se constituye la consecución de un taxi vacío durante las festividades navideñas. Por alguna razón que no comprendo del todo, la&nbsp;mayoría de quienes&nbsp;a lo largo&nbsp;del tiempo restante del año prefieren moverse en autobús, en automóvil particular o en cualesquier otra medio de transporte distinto al taxi, se deciden durante estas fechas a sobreocupar la exigua oferta de vehículos amarillos de transporte público que hay en la ciudad. </p>
<p>Entonces, encontrar un taxi disponible en Bogotá&nbsp;durante los tiempos decembrinos termina por convertirse en un propósito aún más difícil que la consecución en Jerusalén de una edición hebrea de 'Mein kampf', obra cumbre del Führer, en cuyas páginas el célebre homicida germano expuso las ventajas de su prédica fascista y eugenésica.</p>
<p></p>
<p>Ir por la iluminada Séptima buscando taxi se parece a una carrera nocturna de ratas. Llamar al 4 11111 se convierte&nbsp;también en una tarea frustrante y aburrida, pues las líneas del automático&nbsp;Tax Express, están inusualmente congestionadas, y porque, incluso cuando la comunicación se logra, hay que soportar durante demasiado tiempo los consejos humanistas del discípulo de Duque Linares, con sus refranes de "Oportunidad es una mujer vestida de luna" o de "Si tan sólo diéramos una oportunidad todo sería mejor". Todo esto para terminar con un 'lamentamos informarle que no hay taxis disponibles en su área'.</p>
<p>Por otro lado, creo que hay pocos momentos en los que nuestro egoísmo y nuestra capacidad de odiar pueda desplegarse con mayor facilidad que cuando alguien que está detrás o delante de nosotros nos gana por segundos en la búsqueda de un taxi. </p>
<p>Creo que en&nbsp;reducidas oportunidades he odiado tanto a un desconocido como aquellas en las que lo veo subirse con facilidad a un taxi, labor para la que, en tales casos, suelo desperdiciar alrededor de 120 minutos de mi vida, tan sólo para ver cómo otros cretinos advenedizos logran en un segundo lo que yo no he podido hacer en dos horas. </p>
<p>Además,&nbsp;muchos de los taxistas que durante todo el año muestran buen ánimo para recogernos y llevarnos a nuestro destino sin cuestionar distancias, rutas e itinerarios, durante diciembre suelen verse invadidos de una arrogancia que no les es usual. </p>
<p>Entonces van por las calles ajenos al más mínimo ningún pudor o al menor reato de compasión, sin siquiera determinar a los infelices pasajeros que extienden su desalentada mano en busca de una pequeña medida de conmiseración y de samaritanismo de su parte, para luego burlarse de su insatisfecha ansiedad. Hacen un malintencionado amago de detenerse, y luego nos dejan esperando, como si nada.&nbsp;</p>
<p>Por ello el triste cuadro de ver a un ser humano solitario caminando por nuestras calles cargado de paquetes de supermercado o de pesados regalos que nadie agradecerá, padeciendo los rigores de la escoliosis se hace más común que nunca durante la conmemoración a destiempo del nacimiento de un Cristo que como está comprobado, no vino a la tierra en diciembre, o durante los días agonizantes de cada año que termina.</p>
<p>En estos casos pienso en la importancia del control de natalidad y en&nbsp;las&nbsp;notables ventajas de tratar de mantener al mundo despoblado de tanta gente, pues los humanos en exceso terminan comportándose cual pestilente nido de roedores, y como depredadores infames delos recursos. </p>
<p>Hay más gente sedienta y hambrienta, los recursos escasean más, todos los bienes y servicios deben ser tasados en mayor medida, y las posibilidades de abordar un taxi en una noche decembrina de tormenta se hacen nulas.</p>
<p>Todo porque un buen número de representantes de la guacherna, 'quinceniada' y financiada por las primas de fin de año, brota desde los más intrincados contornos de nuestra geografía urbana, y decide que 'coger taxi' es lo mejor que pueden hacer. </p>
<p>Dice el saber popular que Bogotá en diciembre es un paraíso. Pero El Blogotazo, por su parte, cree disponer de los suficientes argumentos como para contradecir esta incomprensible y&nbsp;del todo falsa&nbsp;aseveración.</p>
<p>Hemos dicho.</p></font>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 10pt; tab-stops: 63.0pt">&nbsp;<a href="http://www.facebook.com/home.php?#/group.php?gid=79786599227">Únase al grupo&nbsp;en Facebook de El Blogotazo, aquí</a>&nbsp;</p>
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<p></p>
<p>El Blogotazo<br /><a href="http://www.elblogotazo.com/">www.elblogotazo.com</a><br /><a href="mailto:andres@elblogotazo.com">andres@elblogotazo.com</a>&nbsp;</p>]]></description>
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            <pubDate>Wed, 30 Dec 2009 11:00:10 -0500</pubDate>
        </item>
        
        <item>
            <title>Demolieron la casa del cangrejo</title>
            <description><![CDATA[<span lang="ES" style="mso-ansi-language: ES"><font size="3"><font color="#000000"><font face="Calibri">
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 10pt; tab-stops: 63.0pt">
<form class="mt-enclosure mt-enclosure-image" mt:asset-id="4500"></font></font></font></span></form>
<form class="mt-enclosure mt-enclosure-image" mt:asset-id="4500"><img class="mt-image-left" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 20px 20px 0px" height="285" alt="crabs01.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/crabs01.jpg" width="447" /></form>
<form class="mt-enclosure mt-enclosure-image" mt:asset-id="4500">La casa en donde por ocho años encontraron refugio mis lamentos, mis sueños y mis planes demenciales. </form></p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 10pt; tab-stops: 63.0pt">Adonde en 1999 me llevó el bueno del maestro Luis Villa (al que conozco hace 25, y quien, pese a ser unos 15 años mayor que yo, fue y es uno de mis amigos de infancia y de siempre). El lugar en donde lo vi pintar el mural de la&nbsp;izquierda, mucho antes de que éste abriera sus puertas por&nbsp;la primera vez.<br />&nbsp;<br />El lugar en&nbsp;el que&nbsp;hice cuanto quise , y en donde empeñé parte de mi nulo patrimonio espiritual a cambio de varios hectolitros de cervezas, por los que nunca pagué. Los salones pintados de rojo encendido, desde los que me miraban Frank Zappa, y Ringo, y George y John y Paul. Y desde donde tenía también que verle la cara a Jim, a quien aborrezco. </p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 10pt; tab-stops: 63.0pt">Los mesones en los que las manos veloces y pacientes de meseros y bar tenders se movían, ágiles y generosas, para elaborar y servir los más medicinales brebajes etílicos. La casa en la que volví a creer que el rock en Bogotá era algo más que un capricho de minorías, y que había algo que aún podía hacerse por él.<br /><br />
<form class="mt-enclosure mt-enclosure-image" mt:asset-id="4502"><img class="mt-image-left" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 20px 20px 0px" height="253" alt="crabs02.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/crabs02.jpg" width="390" /></form>El establecimiento que por años patrocinó parte de mis andanzas radiales y en el que encontré amigos que nunca dejarán de serlo. La sede para los que, como yo, o como cualquier otro de los cangrejos que habitan el universo, pudo esconderse para reírse o para llorar sin ser visto. La casa en cuyos baños estampé algunos de mis más célebres y sinceros pensamientos, con mi plumígrafo Pelikan Micropunta.</p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 10pt; tab-stops: 63.0pt">La casona en la que se me ocurrieron algunos buenos y malos poemas, y algunas historias que aún no me he aventurado a escribir. En donde en ocasiones hice las veces de disc jockey invitado, y en donde soporté, como todos los que ejercen ese difícil oficio lo ha hecho, los insultos, intimidaciones, malos tratos y acosos excesivos de los clientes, ansiosos de oír un millón de veces una misma canción, o de pedir imposibles.</p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 10pt; tab-stops: 63.0pt">
<form class="mt-enclosure mt-enclosure-image" mt:asset-id="4504"><img class="mt-image-left" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 20px 20px 0px" height="243" alt="crabs03.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/crabs03.jpg" width="400" /></form>El inmenso auditorio en el que también pude sentir el entusiasmo de 400 almas cantando 'Eight days a week' porque alguna sobrecarga eléctrica nos había dejado sin fluido. La casa que fue de dos de mis grandes amigos, pero que a la vez fue mía y de la ciudad entera. El bar a cuya desaparición debo mi primer intento en el oficio de escribir obituarios, en el que ya, a fuerza de ver a tantos morir cerca de mí, se me ha convertido en frecuente.&nbsp; Lo hice para Rolling Stone, a un mes de su muerte transitoria.</p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 10pt; tab-stops: 63.0pt">La tina en la que me quedé dormido. El techo de la barra, decorado con cangrejos de porcelana, de hule y peluche. El sitio en el que pude conseguir cervezas en fechas prohibidas y en cuyas oficinas oí confesiones e hice planes en los que sigo creyendo. El establecimiento al que, en el afán de demostrar que era más que un expendio de alcohol con música ruidosa, lo bautizamos con la sigla, un poco más inofensiva de Centro de Rock Arte y Blues.</p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 10pt; tab-stops: 63.0pt">El sitio que, por la fuerza de los hechos, tuvo que hacer de Santa Marta su ciudad y al que aún debo cumplir la promesa de visitar, en ese mismo peregrinaje que un día me llevó al CBGB's, a las ruinas de La Caverna en Liverpool, a La Perla del 11 en Buenos Aires, y a Abbey Road.&nbsp; <br />La casa que un día se duplicó para convertirse en un imperio al que creímos inmortal. El lugar de Óscar, de Carolina, del también esfumado Marlon, de Paola, de Sara, de Alejandro Amaro, de Juancho, de Leo, de la primera dama del Rock, y de Adriana, de Pamela, de George, de André, hoy ya no está. </p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 10pt; tab-stops: 63.0pt">
<form class="mt-enclosure mt-enclosure-image" mt:asset-id="4506"><img class="mt-image-left" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 20px 20px 0px" height="267" alt="crabs04.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/crabs04.jpg" width="440" /></form>Si hubiera alguna organización con amplia potestad como para declarar a ciertas edificaciones patrimonios internacionales del rock, en la misma forma en que hay patrimonios internacionales de la humanidad, entonces yo candidatizaría a ese par de casas de la calle 73, convertidas, por la mente brillante de quien se atrevió a creer que el rock era rentable aún en Bogotá, para encabezar la lista de esta clase de lugares en mi ciudad, seguida por la también desaparecida calle 60 de los 60, o por los muchos establecimientos de su tipo, cuyo fin invariable y casis siempre igual, ha sido el de sucumbir ante las oscuras fuerzas de un destino al que no parece gustarle que haya rock en mi ciudad. </p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 10pt; tab-stops: 63.0pt">Esta misma semana, sin que nadie me lo hubiera advertido, pude ver el lugar. El mismo que en los 40 debió ser casa de alguna familia adinerada de entonces, y cuyo registro de propiedad guardo en alguna parte. Era verdad. La casa en la que alguna vez dejé parte de mi hígado, de mi corazón y de mi alma, se vino al suelo envuelta en una nube de recuerdos, de fantasmas amigables y de polvo cósmico. En su lugar habrá, de seguro, un horrendo edificio, como cualquier otro. ¡Larga vida a Crabs en donde quiera que siga estando!</p>
<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 10pt; tab-stops: 63.0pt">&nbsp;</p>
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<p><br /><a href="http://www.facebook.com/home.php?#/group.php?gid=79786599227"><img class="mt-image-left" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 20px 20px 0px" height="60" alt="iconofacebook.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/iconofacebook.jpg" width="160" /></a></p>
<p></p>
<p>El Blogotazo<br /><a href="http://www.elblogotazo.com/">www.elblogotazo.com</a><br /><a href="mailto:andres@elblogotazo.com">andres@elblogotazo.com</a>&nbsp;</p>]]></description>
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            <pubDate>Wed, 23 Dec 2009 14:30:23 -0500</pubDate>
        </item>
        
        <item>
            <title>La abominable arrogancia del conductor colombiano del promedio</title>
            <description><![CDATA[<font size="2">
<p>
<form class="mt-enclosure mt-enclosure-image" mt:asset-id="4432"><img class="mt-image-left" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 20px 20px 0px" height="258" alt="conductor02.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/conductor02.jpg" width="350" /></form>Por lo general, cada vez que un colombiano del promedio acumula algún dinero o alcanza a gozar del suficiente poder de endeudamiento como para sentirse capaz de hacerlo, su primera gran decisión es la de adquirir un automóvil. </p>
<p>Lo anterior con la notable excepción de quienes lo reciben de mano de sus pudientes (o quizá también endeudados) padres el día de la entrega oficial de su cédula de ciudadanía, o en el marco de las celebraciones subyacentes a su fiesta de 15, o a su grado escolar o universitario. </p>
<p>El caso es que la posesión de un vehículo automotriz parece ser el símbolo de entrada en la vida productiva o adulta para nuestros ciudadanos medios. La gran forma de mostrarle al vecindario, a la ciudad, al país, y al mundo entero que incluso 'nosotros también pudimos'.</p>
<p>Eso explicaría el porqué, en el imaginario del colombiano X, el automóvil suele ser la ambición número 1, destronando incluso a la posesión de vivienda propia (cada vez más distante e imposible) o a la consecución de una pareja adecuada. Son pocos los que se resisten a deber la mitad de su suelo mensual a cambio de algún vehículo nuevo, de gama media o baja.</p>
<p>Lo grave, al margen del derecho que cada ciudadano tiene de hacer con su poco o mucho o ningún dinero cuanto se le venga en gana, es que en muchos de los anteriores casos el&nbsp;colombiano dueño de un&nbsp;automóvil cree que la posesión de éste y el porte de una tarjeta de propiedad plastificada en su maloliente billetera de cuerina,&nbsp;le confieren también el derecho a mirar y a tratar a sus congéneres peatones con cierta suficiencia arrogante y odiosa. </p>
<p>De posesionarse de su propio papel de maquinista inteligente y exitoso, y de insultar a cuanto peatón se interponga entre su visión omnisciente del horizonte, a través del panorámico de su automóvil (cuanto más voluminoso y de modelo más reciente, y con mejor radio extraíble de mp3 y 'bluetooth', mejor). </p>
<p>El conductor colombiano del promedio deriva cierto gusto indescriptible al injuriar a todos los que tengan la desgracia de aparecérseles, o, lo que es aún peor, a quienes no gocen, según su indiscutible criterio, de las misma pericia que él en el control de la máquina. </p>
<p>Y de hacer sentir el peso de su poderío indiscutible y tiránico transformado en gemidos de bocina, que resuellan por todas las calles circundantes, y que mortifican por igual a quienes han sido castigados por el destino con la frecuente desgracia de ir caminando en las vecindades por las que éstos transitan. </p>
<p>A veces, no contentos con arremeter contra la humanidad de los infelices ciudadanos que caminan nuestras calles, los conductores colombianos del promedio terminan por asestarles toda suerte de injurias aun cuando sean los conductores mismos los verdaderos culpables en los eventuales conatos de atropellos.</p>
<p>
<form class="mt-enclosure mt-enclosure-image" mt:asset-id="4434"><img class="mt-image-left" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 20px 20px 0px" height="337" alt="conductor03.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/conductor03.jpg" width="337" /></form>Para ilustrarlo acudiré a dos ejemplos recientes. </p>
<p>En cierta ocasión, hará cosa de un año, me desplazaba en compañía de un entrañable amigo por las inmediaciones de la carrera Séptima, en horario de contraflujo, cuando una distraída y menuda dama caminante de no más de 30 años decidió atravesar la estrecha avenida (a la que tal nombre parece quedarle grande) con la pésima fortuna de colisionar con un apresurado mensajero al mando de alguna motocicleta AKT de escaso cilindraje, que se le apareció de golpe. </p>
<p>Vi su cuerpo caer al piso. Luego fui testigo de su sorprendente y veloz apeamiento, y de su recuperación admirable y casi instantánea. </p>
<p>Noté como palpaba, uno por uno, los miembros de su cuerpo, para corroborar que aún después de semejante infortunio éstos seguían en su sitio. </p>
<p>Le pregunté si se encontraba bien. A simple vista lo único qué lamentar era la ruptura de su pantalón, aunque además, en la mitad de sus piernas, justo&nbsp;en cercanías de&nbsp;la región rotular, se asomaban algunas pigmentaciones espesas y sanguinolentas, que alcanzaron a preocuparme. </p>
<p>Me dijo que --al margen del dolor y la angustia recientes-- agradecía estar viva. Luego volteó su mirada hacia el hasta ahora silencioso motociclista, cuyas horrendas facciones aún se mantenían ocultas dentro del esa especie de escafandra metropolitana, que es el casco, desde donde la miraba, colérico.&nbsp;</p>
<p>Ella le consultó, en un gesto de nobleza mal recompensada que nunca olvidaré, si él -que al final era el gran artífice de la desgracia de ambos-,se encontraba en buenas condiciones de salud, después de todo lo ocurrido. </p>
<p>Él gañán motorizado, correspondiendo a la deferencia ciudadana de su víctima con una imbecilidad sin par, y desconociendo el dolor que por su causa la afligía, comenzó a insultarla y a culparla de todo el infortunio, excusándose, quizá, en el temor a ser castigado por la policía.</p>
<p>
<form class="mt-enclosure mt-enclosure-image" mt:asset-id="4436"><img class="mt-image-left" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 20px 20px 0px" height="337" alt="posesion.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/posesion.jpg" width="337" /></form>Luego aceleró, y partió hacia el norte, a continuar con su mezquina vida de ordinario cretino, mientras la seguía maldiciendo. </p>
<p>Tanto ella como mi amigo y yo, hicimos perfecto trío para insultarlo al unísono, en voz de soprano, barítono y tenor.</p>
<p>Continúo con el subsiguiente ejemplo. </p>
<p>En días recientes, una miserable conductora con inequívoco aspecto de mando medio en alguna entidad financiera de bajo&nbsp;perfil&nbsp;iba sosteniendo una airada conferencia vía celular con su mancebo de turno, a la vez que intentaba su imprudente avanzada por alguna de las calles chapinerunas, bajo el costado occidental de la misma carrera Séptima, en horas, también, de contraflujo. </p>
<p>Puesto que a su paso había un cruce de cebra y un semáforo indicando que era yo quien había sido facultado por las sagradas leyes de este Distrito Capital para atravesar la correspondiente calle sin problema, seguí mi instinto y continué, en perfecto acatamiento a la normatividad vigente, en línea recta, hacia el andén opuesto. </p>
<p>Pero la miserable e irracional arpía, de seguro cegada por su furor de hembra desdeñada por su macho, no sólo persistió en acelerar arremetiendo contra mí, sino que se enojó ante mi cortés y justo reclamo, al señalarle que era y no ella, quien llevaba la vía. </p>
<p>Con el dedo corazón de su mano izquierda izado (en clásico ademán de 'fuck you'), porque la derecha seguía ocupada defendiendose con escandalosos anatemas&nbsp;de su adversario telefónico, la maldita víbora aprovechaba las pausas en la charla para hacer sus insultos un tanto más expresos con la ayuda de sus labios.</p>
<p>Por un momento pensé en asestar un golpe mortal de ariete contra alguno de los vidrios laterales de su automóvil, y de arrancarle a la fuerza unos cuantos mechones de su pelo tinturado, para así señalarle lo desaguisado e incivil de su proceder. </p>
<p>Pero la estoica y jesucristiana sangre de mis ancestros clamó desde la tierra para indicarme que incluso en mi calidad de víctima de tamaño atropello, yo debía mantenerme calmo. Ello sumado por supuesto al temor a que en cierta retaliación, la macábra gárgola al mando del volante, decidiera hincar una de sus largas uñas en mi humanidad para rasguñarme, provocándome alguna suerte de maleficio o de mortífera infección. </p>
<p>Además, existía la no tan lejana posibilidad de que la ley se pusiera en su favor, y de que, en consecuencia, algún uniformado representante de ésta decidiera apresarme por agredir a una inocente ciudadana. </p>
<p>Por ello, y al margen de que mi propia incapacidad para hacerlo&nbsp;sea una de las razones para mantenerme firme en tal convicción, seguiré terco en mi decisión ecologista y arcaica de no conducir automóviles. Pero a la vez haré un llamado sensato a quienes han optado por lo contrario, para&nbsp;hacerles entender que, al fin&nbsp;de cuentas, quien va caminando siempre trae&nbsp;consigo un respetable&nbsp;estado de indefensión, con el que cualquier ser sensato y sensible debería congraciarse.</p></font>
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<p></p>
<p>El Blogotazo<br /><a href="http://www.elblogotazo.com/">www.elblogotazo.com</a><br /><a href="mailto:andres@elblogotazo.com">andres@elblogotazo.com</a>&nbsp;</p>]]></description>
            <link>http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/2009/12/la-abominable-arrogancia-del-c.php</link>
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            <pubDate>Tue, 22 Dec 2009 14:10:33 -0500</pubDate>
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        <item>
            <title>Una conspiración de modales</title>
            <description><![CDATA[<span lang="ES-CO">
<p>
<form class="mt-enclosure mt-enclosure-image" mt:asset-id="4370"><img class="mt-image-left" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 20px 20px 0px" height="389" alt="carregno.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/carregno.jpg" width="288" /></form></p>
<p>Algunos me critican por ser demasiado cortés. Dicen que me excedo en ceremonias y protocolos innecesarios en medio de ciertas rutinas simples de vida, y que mi actitud es, incluso, rayana en la lambonería y la lisonja gratuitas, ambas igualmente caricaturescas y despreciables. </p>
<p>Que bien podría ahorrarme tiempo y ahorrárselos a los demás si obrara de una forma, digamos, más práctica y directa.</p>
<p>Pero por principio, investido de cierto ímpetu convencido de subversión amigable, suelo proceder de manera contraria. Si llegó a una cafetería y necesito del tranquilizante alivio de un agua aromática, difícilmente me conformo con la petición simple y escueta que la generalidad de la especie humana habría de esperar de sus semejantes. </p>
<p>En lugar de entrar sin saludar y pedir una escueta&nbsp;'aromática' --que sería lo que la mayoría de los tenderos y ciudadanos supondría que debo hacer-- antes de cruzar la puerta de entrada al establecimiento en donde me dispongo a consumirla me detengo, doy a mis movimientos cierta lentitud teatral, contemplo el entorno y trato de descifrarlo por unos segundos. </p>
<p>Luego busco con afable solicitud lo mirada del dependiente o la dependienta. Le sonrío y trato de arrancarle un gesto recíproco. Le pregunto si está bien o mal. Si la suerte le ha sido generosa en lo que ha transcurrido del día.Trato de inquirir un tanto más acrca de su vida, y una vez he culminado con el extenso e incomprendido rito protocolario, que es mi pequeña forma de protesta (disfrazada de puesta en escena), para con la deshumanización abrasiva de la que el hombre es víctima a manos del hombre mismo, le 'solicito' una 'infusión de hierbas' o una 'tisana aromatizada'. </p>
<p>Después de explicarle unas tres o cuatro veces qué fue en verdad lo que quise decirle (por que lo natural es que no me haya entendido)&nbsp;entonces recibo la taza de la hirviente bebida, y comienzo a saborearla a sorbos cortos y lentos, en procura de dar continuidad a la conversación.</p>
<p>Lo más usual es que el&nbsp;al proceder&nbsp;en tal sentido, el interlocutor&nbsp;se 'resetee'. </p>
<p>Permítaseme por favor el acuñar este anglicista neologismo (resetear), pues éste habrá de constituirse en la base de mi argumentación a favor de los conspiradores de modales. </p>
<p>Por ello lo explico: Los computadores y los mecanismos basados el inteligencias artificiales, al verse saturados por información&nbsp;distinta a los limitados alcances de su entendimiento autómata,&nbsp;o al recibir una descarga inesperada de voltaje,&nbsp;terminan por reiniciarse. Y ahora el género humano&nbsp;parece haberse&nbsp;contagiado de esta manía, que, vale decirlo, despliega ciertos ribetes de ridículez.</p>
<p>
<form class="mt-enclosure mt-enclosure-image" mt:asset-id="4372"><img class="mt-image-left" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 20px 20px 0px" height="336" alt="tendero.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/tendero.jpg" width="454" /></form>En otras palabras, hemos ido renunciando a nuestra condición&nbsp;de seres pensantes y sentimentales.&nbsp;Y en este inconsciente afán, al igual que máquinas,&nbsp;terminamos por confundirnos cuando se nos invita a escaparnos de nuestra&nbsp;simple condicion de&nbsp;operarios del temible engranaje productivo universal.</p>
<p>Para comprobarlo basta con preguntarle a la cajera o al cajero de Supertiendas Olímpica, de Colsubsidio o del Star Mart, al momento de pagarle la cuenta,&nbsp;cualquier cosa ajena a su propia cotidianidad de tarifas, tarjetas de súperpuntos, descuentos de temporada y lectores de códigos de barras. Con hablarle sobre su familia, sobre el color de su pelo o uniforme, o sobre el género musical de su predilección. Nada de esto parece fácil de ser asimilado en principio por su alma adocenada de operarios aburridos con su trabajo. Te&nbsp;miran&nbsp;con estupefacto desdén y terminan por espetarte&nbsp;la desagradable e invariable pregunta de"¡¿Qué!?"&nbsp;</p>
<p>Pero eso poco me importa. Porque al obrar así me parece estar confiriéndole cierto sentido épico e histriónico a la vida, hecho que nos aleja unos&nbsp;cuantos&nbsp;centímetros del latente e inminente riesgo de convertirnos en autómatas. Ser decente y amigable, por estos días, eso todo un acto transgresor.</p>
<p>Sé que en muchos casos la gente tiene demasiada prisa, y que&nbsp;explayarse en epítetos, florituras, preguntas y sinónimos tiende a impacientarla. </p>
<p>Ayer, justamente, tuve que ir a un centro de telecomunicaciones (de esos a los que llaman locutorios en Argentina y España, y a los que, antes de la privatización llamábamos 'Telecoms') para hacer una llamada. </p>
<p>Delante de mí entró un caballero de unos 60 años. Se acercó a la ventanilla. Ni siquiera aguardó a que la señorita le ofreciera, con atenta amigabilidad, su&nbsp;colaboración voluntaria,&nbsp;al preguntarle qué demonios se le ofrecía. "¡A Comcel!", le dijo. Ella le entendió --acostumbrada como debe estar a tal tipo de desconsideraciones, y sin cuestionárselo--. Reacciónó con automática y eficaz prisa, y le indicó con una seña muda cual era la cabina idónea para tales efectos.</p>
<p>Sé que al final --desde el punto de vista de la comunicación y de los códigos de conducta tácitos entre los seres humanos-- ambos cumplieron a la perfección con su tarea. </p>
<p>Pero yo, que con cuidado examiné y desaprobé la actitud inhumana y descortés de ambos, me sostuve en la idea de que en lo posible, no disfrutaría de ser del bando del escueto caballero o de la eficiente dama.</p>
<p>Al final, con todo y la descortesía vulgar y deshumanizante, el cliente antipático consiguió hacer la llamada a la vez que ella pudo venderle sus servicios. Era, en el fondo, lo que a ambos debía interesarles. </p>
<p>Pero, de haber estado en el lugar del cliente, yo le habría preguntado alguna idiotez a la señorita. La hubiera interrogado acerca de las minucias de su oficio o de su opinión con respecto a cualquier otra cosa (incluso acerca del manoseado pretexto de las estado del clima), todo con tal de escaparme a la obviedad de la escueta y fugaz relación cliente-comerciante, que entre nosotros se supone debería existir.</p>
<p>El mismo estudio etnográfico de caso puede aplicarse con taxistas, vendedores de teléfonos celulares, fruteros, ejecutivos bancarios, secretarias, ejecutivos de alta, media y baja estopa, profesores de física, y con cualesquier otro trabajador.</p>
<p>
<form class="mt-enclosure mt-enclosure-image" mt:asset-id="4374">Sin duda el mío debe ser un proceder poco práctico. Algo que, en palabras de los obsesionados con la efectividad, la productividad y la reingeniería, debe entorpecer los procesos. </form></p>
<p>Pero para mí eso es demasiado poco. Haber hecho lo contrario sería, más bien, una manera de escapar a la vulgaridad y de generar una pacífica forma de rebelión contra la deshumanización de las actividades cotidianas. </p>
<p><img class="mt-image-left" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 20px 20px 0px" height="259" alt="vulgaridad.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/vulgaridad.jpg" width="350" />Una forma inofensiva de combatir la miserableza del mundo y de hacer más amable nuestro tránsito, casi siempre penoso y despojado de gracia, por la tierra. </p>
<p>Por lo general, cuando obro en contravía de los procederes del pragmático hombre del ejemplo me veo confrontado con las siguientes reacciones: </p>
<p>O bien me miran preguntándose si padezco algún tipo de demencia social, o de alguna anomalía intelectual; o creen estarse burlando de mí sin que yo me dé cuenta; o, en el peor de los casos, suponen que soy yo quien me estoy burlando de ellos; o me hacen saber, un poco groseramente, que llevan algo de prisa y que no les interesa para nada lo que yo pueda o no decirles; o bien --un tanto menos frecuente--&nbsp;agradecen el buen trato recibido de labios de alguno de sus clientes; o bien --que es lo que más disfruto-- me responden de manera contraria a la simpleza que de ellos, metido también en mis prejuicios, habría esperado. A veces, también, suponen que soy un timador, en busca de entramparlos. </p>
<p>Con todo y las contrariedades sigo creyendo que la anterior es una ingenua forma de querer hacer una revolución. Y por eso, con dolo y absoluta conciencia, me obstino. Y me sostengo en mi cruzada por contrarrestar la vulgaridad. Por oponerme al adocenamiento propio de quienes habitamos el planeta por estos días. </p>
<p>Por ejercer mi pequeña forma de revolución, tal vez insignificante e inofensiva. Pero revolucionaria, al fin y al cabo. Cortés y amigable. Algo así como una conspiración de modales.</p></span>
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<p></p>
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            <pubDate>Fri, 18 Dec 2009 11:13:45 -0500</pubDate>
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            <title>Se acabó la década... y nadie dice nada</title>
            <description><![CDATA[<p>
<form class="mt-enclosure mt-enclosure-image" mt:asset-id="4366"><img class="mt-image-left" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 20px 20px 0px" height="291" alt="decada02.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/decada02.jpg" width="448" /></form></p>
<p>Que yo sepa --aunque tal vez ello se deba a mi condición de confeso desinformado-- muy pocos medios o individuos se han ocupado de reparar en&nbsp;ello. </p>
<p>Así es. Tal vez&nbsp;por omisión deliberada o consciente, o porque en definitiva&nbsp;el hecho terminó por parecernos falto de importancia a todos --esclavizados por el ritmo afanoso del aplastante tren subterráneo, veloz y sin ventanas de los&nbsp;tiempos que corren-- el&nbsp;que la primera década de este siglo esté terminándose se&nbsp;volvió irrelevante.<br /><br />¡Pero esta década se está acabando! Aunque a nadie le interese. <br /><br />Los primeros 10 años del principio de este siglo; La era opaca; El decenio sin nombre está viviendo los últimos días de su extensa agonía. Y lo llamo así porque si bien es fácil hablar&nbsp;con facilidad de los 80, de los 20, de los 50 ó de los 90, no lo es tanto el hacerlo de los 00. ¿O sí?<br /><br />Aunque mi memoria guarda algunos recuerdos remotos del final de los 70 (con los escasos tres años que mi haber tenía para el término de esa lejana década), tales como la emisión de programas en blanco y negro o el terremoto de Pereira, o de Radio Fantasía en los 1.550 kilohertz del AM (cuando Caracol Stereo y la Radiodifusora Nacional eran dos golondrinas tratando de hacer verano en el espectro del hoy sobresaturado FM) estaría mintiendo si dijera que mis memorias son claras en cuanto a la relevancia que en aquel lejano 1979 se dio a la culminación del decenio post Beatle.<br /><br />Pero hay algo de lo que sí puedo hablar con convencida propiedad. De todos los decenios de los que mi ya treintañera existencia ha sido testigo, aquel en el que recuerdo mayores despliegues, efemérides, recuentos, memorias, testimonios y memorabilias relacionadas, sin duda éste fue el de los 80. </p>
<p>Paradójico aquello de que el fin de década más celebrado, o por lo menos más sonado, fuera precisamente el de aquella a la que todos adjetivaron en su momento&nbsp;como 'perdida'.<br /><br />Con el patrocinio de Pepsi (la supuesta decisión de una nueva generación, que hoy ya tiene poco de nueva, pues sus más jóvenes miembros estamos por la mitad de los 30) Súper Stereo 88.9 (a su vez la hegemónica estación de radio entre los jóvenes que habitábamos la Bogotá de entonces), realizó un extenso especial, destacable desde el punto de vista periodístico bajo el sugerente nombre: '88.9 y Pepsi: Testigos de los 80'.&nbsp;<br /><br />Era un excepcional documento testimonial en capítulos de una hora, con el que se iba recorriendo (apoyados en el uso de grabaciones, de archivos de audio y de las voces de Andrés Nieto, Diego FM, Hernando Romero Barliza, Jorge Marín, Carlota Mayo Larrotta y Fulgencio Cabeza Manotas) cada uno de los años que conformaron esa era (hoy manoseada por los aburridos conceptos de 'nuestra generación' y por los bares nostálgicos del tipo Full 80's. Me gustaría tener tales grabaciones en mi colección. Pero incluso yo mismo las borré, suponiendo que algún día sería fácil recuperarlas.<br /><br />Y hubo más. En los 80 los noticieros De las&nbsp;7, Cinevisión, 24&nbsp;Horas y demás realizaron sus respectivos balances.&nbsp;Radioactiva (sin k)&nbsp;y su 'dream teams' de Villalobos, Titos López, Gabrieles de las Casas y otros más recabaron&nbsp;en su propia historia,&nbsp;e incluso el bueno de Daniel Casas C hizo su respectivo especial de temporada en&nbsp;Todelar Stereo, bajo el título, un poco obvio de 'Resumen de los 80'.&nbsp;Los periódicos El Siglo, La Prensa, El Tiempo y El Espectador publicaron también sus efémerides decembrinas&nbsp;fascimilares año a año.&nbsp;</p>
<p>El final de los 90, por su parte, fue sin duda opacado por el hecho mucho más trascendental y cabalístico de asistir no sólo al fin de una década, sino al de una centuria entera, por lo que los reflectores fueron enfocados por completo en el tema de la culminación del siglo XX. </p>
<p>Los periódicos y estaciones de radio despacharon las cápsulas, suplementos y fascículos&nbsp;de rigor, y llamaron a Manolo Bellón para hablar de música, a José Clopatofsky para&nbsp;hacer sus acotaciones sobre&nbsp;mecánica automotriz, a Bernardo Hoyos para&nbsp;enseñarnos cultura, y a Diana Uribe para&nbsp;contarnos todos los demás. Porque al parecer, los cuatro anteriores, sumados a unos más, son para la inconsciente conciencia colectiva nacional las únicas voces autorizadas para opinar sobre cualquier cosa en el país.<br /><br />Ahora, cuando un solo presidente acaparó el 70% del tiempo durante los 10 pasados años. Cuando Colombia parece haber retrocedido en la vasta mayoría de los distintos conceptos que podrían servirnos como patrón de análisis a la hora de saber en dónde y cómo estamos.<br /><br />Cuando dos generaciones y media ya perdieron el hábito de ver a nuestro seleccionado nacional corriendo tras un balón en las sacras canchas de un campeonato mundial de fútbol. Cuando el imperio de lo efímero y la banalización de nuestro pensamiento parecen ser el discurso hegemónico. </p>
<p>Cuando la shakirización, la derechización, la juanestebanaristizabalización, la furibización y otra buena cantidad de neologismos han llegado para entristecer el repertorio de términos por lamentar en nuestra historia, nadie se detiene en resúmenes, compendios, bitácoras y recapitulaciones.<br /><br />Tal vez ya la vida y el cronograma vertiginoso de nuestros días angustiados no nos den tiempo a reflexionar ni a preguntarnos qué demonios hacemos con&nbsp;los años&nbsp;y hacia dónde nos ha llevado ese destino caprichoso que es la historia, también a expensas del tiempo, capaz de borrarnos a todos nosotros y a nuestros recuerdos con sus dedos prodigiosos e implacables.<br /><br />Y así se nos fue una década, sin que nadie diga nada. Con este sabor triste a eterno retorno del que alguna vez habló De Espronceda. Con esa misma lamentable vocación de olvido se nos&nbsp;fugarán&nbsp;otras más. Llegando, huyéndo y desvaneciéndose.&nbsp;Como ésta,&nbsp;a la que vimos marchar sin&nbsp;homenajes, quizá porque no se&nbsp;los merece. En remolino eterno, como nosotros mismos.&nbsp;<br /><br /><a href="http://twitter.com/elblogotazo">El Blogotazo en Twitter</a></p>
<p></p>
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<p></p>
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            <pubDate>Mon, 14 Dec 2009 13:05:34 -0500</pubDate>
        </item>
        
        <item>
            <title>Un niño en el desván</title>
            <description><![CDATA[<p>
<form class="mt-enclosure mt-enclosure-image" mt:asset-id="4312"><img class="mt-image-left" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 20px 20px 0px" height="321" alt="refugio.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/refugio.jpg" width="428" /></form>Yo acostumbraba a procurarme el refugio silente y cómplice de los lugares más oscuros. Desconocidos. Impenetrables. <br /><br />Esconderme solo en un armario o en un cuarto de trebejos me producía una seguridad no comparable con ninguna otra cosa&nbsp;de las que había a&nbsp;mi limitado alcance. </p>
<p>Mi pequeño cuerpo&nbsp;era flexible y les venía bien a los espacios estrechos, no muy ventilados y sin iluminación. </p>
<p>Los baúles y los cajones de madera en los que&nbsp;mi tamaño encajaba&nbsp;sin problema me parecían mejores que el mejor de los palacios. La luz taladrando&nbsp;las pequeñas hendijas&nbsp;inevitables entre las puertas y el piso, o entre marcos y ventanas, se me parecía a una vecina impertinente y maleducada. </p>
<p>Tan impertinente y tan maleducada como aquel adulto que entraba sin ser invitado, tan sólo porque ser adulto le hacía creer a quien lo era, y que tal condición le otorgaba una&nbsp; especie de entrada VIP a todos los&nbsp;predios de los que los menores queríamos ser únicos dueños. </p>
<p>Por eso trataba de obstruir su acceso y el de la luz con sacos, candados, fallebas, pestillos, toallas y cobijas. Blindando mi territorialidad de cualquier atisbo luminoso y humano. La luz no es buena amiga de quienes tienen natural vocación por ocultarse. </p>
<p>Mi tamaño infantil favorecía mi entrada subrepticia a buhardillas, desvanes, depósitos y cuartos de vejestorios. Lugares cuya lealtad era, sin duda,&nbsp;noble e inquebrantable. </p>
<p>Equipados por mí ingenio con libros, velas, revistas de tiras cómicas, abastecimientos de agua y bebidas, comidas simples, objetos curiosos para observar, lápices de colores, máquina de escribir, objetos de colección y papeles para dibujar. También con un tablero de ajedrez destinado tan solo a jugar conmigo mismo, para no perder jamás. Y un laboratorio de revelado fotográfico. Y un espejo, además.<br /><br /><img class="mt-image-left" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 20px 20px 0px" height="288" alt="desvan.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/desvan.jpg" width="389" />Nunca soñé con casas en árboles, pero sí con túneles secretos..<br /><br />Cuando venía alguien de visita, anhelaba que a nadie se le fuera a ocurrir presentármelo.&nbsp;Que no entraran a la habitación. Ni al salon. Ni a la guarida. </p>
<p>Para poderme quedar a solas con mis imaginerías. Para hablar conmigo mismo. O para hablar solo, según otros dirían. A veces invitaba a mis más privilegiados e íntimos conocidos para guarecerse conmigo por unas horas. Pero luego, en secreto,&nbsp;ansiaba que se despidieran.</p>
<p>Envolverme entre las cortinas abiertas, que siempre olían a polvo, me tranquilizaba, aunque eso me llevara al amargo descubrimiento de los efectos que ello puede acarrear para con la integridad de los rieles. ser sometido.<br /><br />Ubicarme debajo del comedor de 12 puestos, vestido con mantel, y hacer de él mi limitada trinchera, me convertía en dueño instantáneo de mis propios ocho metros cuadrados, hasta que&nbsp;algún mayor&nbsp;se decidía a desterrarme, preocupado por mi anormal conducta. Tomar posesión de una casa abandonada era el mayor de mis sueños, pero nunca fui valiente para atreverme a colonizar tan atemorizantes predios.<br /><br /><img class="mt-image-left" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 20px 20px 0px" height="288" alt="luztaladrando.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/luztaladrando.jpg" width="389" />Como consuelo por la invasión&nbsp;me encerraba en el baño, con los tubos apagados, por lapsos demasiado sospechosos, tan solo para conversarle a Roberto, el amigo del espejo.&nbsp;O para mirarme a mí mismo, impostando ademanes y gestos de músico en escena, o imaginándome cómo sería mi cara si fuera más delgada. </p>
<p>A veces hacía carpas con cobijas y cuerdas, y me encerraba bajo el resguardo de tan elementales trincheras.</p>
<p>Aún hoy, aquí, sin alguien... en este apartamento poco visitado y casis siempre oscuro, prefiero dormir bajo llave.. Aunque nunca haya nadie. </p>
<p>Como si de alguna forma&nbsp;me persiguiera&nbsp;la&nbsp;idea inconsciente&nbsp;de un permanente observador tras de mí. Como si se me hubiera quedado de entonces aquel concepto confesional de la Urbanidad de Carreño en donde 'siempre tendremos a Dios por testigo de nuestros actos'.<br /><br />Aún tengo un pudor innecesario por no ser visto. Por no ser oído más allá de lo conveniente. Aún celebro el quedarme solo aquí. Celebro el no dejar que el sol se pose sobre mi entorno durante más tiempo del que creo tolerable. Por más que mi color se vaya haciendo pálido y desprovisto de gracia.&nbsp;&nbsp;&nbsp; <br /><br />Aún hoy busco sitios para encerrarme. Para que al astro del día no&nbsp;se&nbsp;le ocurra&nbsp;quemarme. Para imaginarme qué es lo que hay detrás de los cerros de oriente, antes de esperar a que sean ellos quienes, amangualados con el s<img class="mt-image-left" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 20px 20px 0px" height="370" alt="casaabandonada.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/casaabandonada.jpg" width="257" />ol, terminen por confesármelo.&nbsp;Tranquilo en este&nbsp;rincón desconocido, hecho para diluirme,&nbsp;como una sombra, indefinible y vaga. Medio gris. Medio transparente<br /><br />Estoy convencido de que algunos tienen por&nbsp;vocación existir solos, aunque el decirlo ya se constituya en una especie de insulto en la cara de quienes suponen que la vida sin interlocutores y sin una jauría a la qué pertenecer, tiene más rasgos de tortura que de vida. </p>
<p>Aún gusto de suponerme protegido a mi alrededor por figuras fantásticas que no existen. Por apariciones de pared, similares, supongo, a las que ven los beatos. Pareidolia, según me dijeron, es como eso se llama. </p>
<p>Ensayando en silencio y a solas para el día en que sea el protagonista de un desfile fúnebre. Adivinando formas que no existen en las nubes algodonadas. Viendo revelaciones y milagros asomarse desde las grietas, humedades y cornisas, que son sin duda los espacios en donde los sueños los pánicos, las esperanzas y los temores se reproducen por igual, con mayor facilidad, incluso en la adversidad o en el cautiverio.. </p>
<p>Aún hoy disfruto de vivir encerrado. De la misma forma en que a veces padezco al sentirme acompañado Y de la misma en que a veces tomo el teléfono con desesperación en busca de una voz que me hable. </p>
<p>Por eso, en su defensa, me abstengo de condenar o de mirar con lástima a quienes, viven y vivirán, como un buen amigo mío dijo ayer &nbsp;'solitarios como ellos solos'. Siempre será conveniente tener un armario en donde esconderse.&nbsp;&nbsp;<br /><br /><a href="http://twitter.com/elblogotazo">El Blogotazo en Twitter</a></p>
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<p></p>
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            <pubDate>Sat, 05 Dec 2009 15:25:55 -0500</pubDate>
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            <title>¡Merry Christmas!: Del desgraciado día en que trineos, renos y navinieves nos invadieron</title>
            <description><![CDATA[<font size="2">
<p>
<form class="mt-enclosure mt-enclosure-image" mt:asset-id="4296"><img class="mt-image-left" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 20px 20px 0px" height="334" alt="arbolandino.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/arbolandino.jpg" width="413" /></form>Con la mira puesta en la salvaguarda de nuestra debilitada cultura local, la Unidad Confidencial Anticolonialismo, organismo secreto en pro de la dignidad nacional y en oposición&nbsp;a cualquier atentado extranjerizante, ha sancionado una severa legislación persecutoria. </p>
<p>Dicha medida contemplará agresivas formas&nbsp;de castigo dirigidas a quien ose atropellar el castellano y la cultura local&nbsp;con cualesquier clase de barbarismo aleve o de costumbre extranjera, so pretexto de alentar el falso espíritu navideño que por estas fechas nos embarga. </p>
<p>La más reciente encíclica de la&nbsp;cofradía clandestina, con sede en los bajos del edificio&nbsp;La Calle del Sol, en&nbsp;La Candelaria, y promulgada con motivo de las festividades decembrinas, en asociación con la fundación El Blogotazo, en su permanente lucha contra el ridículo internacional, ha sido clara al anterior respecto, lanzando una fuerte ofensiva enristrada en contra de los silenciosos enemigos de las auténticas festividades navideñas.</p>
<p>Patrullas nocturnas recorrerán la ciudad para velar por el seguro acatamiento de la nueva normatividad vigente, dando especial énfasis al circuito de la calle 53, en donde los principios de la&nbsp;logia han sido descaradamente violados.</p>
<p>El propósito fundamental será el cortar de raíz, taxativa y velozmente, con la infiltración de norteamericanismos impertinentes, durante las presentes fechas del año en curso.</p>
<p>Así las cosas, quien&nbsp;sea sorprendido desplegando pendones, fijando vallas, amarrando pasacalles, o clavando en los pórticos de sus domicilios y/o oficinas avisos angloparlantes de 'merry christmas', 'jingle bells' y demás estolideces del mismo tenor; o quien intente a la fuerza castellanizar versiones del 'Rudolph the red nose reindeer' se hará acreedor a una severa amonestación pedagógica, lo que lo obligará a tomar un curso e ineludible&nbsp;intensivo de castellano en alguna institución académica de mediano perfil. </p>
<p>
<form class="mt-enclosure mt-enclosure-image" mt:asset-id="4298">De la misma manera, el porte, fabricación o cualesquier forma de tráfico o comercio en&nbsp;donde estén involucrados signos icónicos foráneos, con especies no nativas,&nbsp;tales como renos, antílopes, alces, muñecos de nieve o afines (bien sea en el Caribe, en el&nbsp;Llano o en la altiplanicie&nbsp;cundiboyacense)&nbsp;serán&nbsp;motivo amplio y suficiente&nbsp;para drásticas reprimendas.</form></p><font size="2">
<p><img class="mt-image-left" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 20px 20px 0px" height="334" alt="navinieve.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/navinieve.jpg" width="413" />Las vitrinas cuya manufacturación ornamental haya echado mano de navinieves, granos volátiles&nbsp;</font>de ícopor, y símbolos semejantes, fundamentados en patrones de identificación climatológica trasnacional, queda desde ya suspendida y vedada, sin la más mínima posibilidad de atenuante. </p>
<p>Quien intente propulsar mediante cualquier tipo de chiflón o de ventosidad mecánica una lluvia falsa de diminutas bolitas de icopor atrapadas en alguna especie de pecera transparente y&nbsp;esferoide en poliestireno, será procesado por atentado a la moral pública. Cualquier uso dado a este siniestro material, bien sea en alusiones disneyanas de temporada o en falsas tormentas decembrinas, recibirá su merecido.</p>
<p>Los aerosoles destinados a la simulación de copos de nieve también serán confiscados. Cualquier fotografía tomada con Papá Noel será objeto de decomiso inmediato, sin posibilidad alguna de devolución o indemnización. La sola presencia de un trineo en los escaparates será causal de encarcelamiento, sin posibilidad de fianza.</p>
<p>Por ello, quien sea&nbsp;sorprendido alentando a su hijo a&nbsp;hacer registros videográficos o fotográficos&nbsp;tipo Polaroid o digitales, en cualquier centro comercial junto al pretendido remedo de San Nicolás, será sancionadomediante&nbsp;&nbsp;una multa cuantiosa y ejemplarizante.</p>
<p>Quedan igualmente vetadas la exhibición de viviendas y paisajes alpinos, circundados por muñecos de porcelana, de aspecto anglosajón y de mejillas sonrosadas; el uso preferente de papás noéles o de reyes magos de fenotipo europeo y/o ario será sancionado por el comité pro-minorías étnicas;&nbsp;y el empleo de gorros frigios (con la única excepción de los del Sorteo Extraordinario de Navidad) una de las muchas rifas de temporada organizadas por el Sorteo Extraordinario de Colombia (la lotería colombianísima). Los calcetines en la chimenea con los remoquetes de cada uno de los miembros del núcleo familiar serán debidamente confiscados e incinerados. </p>
<p>
<form class="mt-enclosure mt-enclosure-image" mt:asset-id="4300"><img class="mt-image-left" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 20px 20px 0px" height="334" alt="mamanoeles.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/mamanoeles.jpg" width="301" /></form></p>
<p>El expendio de aderezos, jaleas, mermeladas y condimentos advenedizos, al estilo 'cranberry sauce' (cuyo nombre correcto en lengua cervantina sería el de 'jalea de arándano)' han sido también declarados ilegales. </p>
<p>El dar uso preferencial a éstos por encima de los buñuelos con miel, de natilla con uvas pasas, y de anchetas con vino Z y Galletas Macarenas será considerado un atentado sin atenuantes a la patria.</p>
<p>La medida cobijará por igual a los Papás Noeles ortodoxos, pero también a sus distintas variables encubiertas (léase libidonosas mamás noeles de cabaret o impulsadoras de temporada, así como también a los padres Noel de Comcel vestidos de azul, en acatamiento al correspondiente manual de imagen corporativa de la firma, en donde está claro que el único color admisible en sus atavíos es el escarlata). </p>
<p>Resulta importante&nbsp;enfatizar la&nbsp;necesidad de desterrar&nbsp;los atavíos de mamás noeles de los 'sex shops' y tiendas eróticas, en tanto&nbsp;éstos resultan estimulantes&nbsp;para la&nbsp;lujuria y la lobería latentes en los corazones falócratas de desvergonzados viejos barrigones y verdes, desentendidos de su compromiso como padres de familia responsables. No habrá tampoco lugar a ningún tipo de risa del tipo 'jojojojo' o cualquier otra onomatopeya similar. </p>
<p>Las tunas, estudiantinas, tríos, mariachis, y demás ensambles musicales en cuyo repertorio se haya infiltrado algún tipo de "Christmas Carol" o de "fa la la la ala la la la la" serán vetadas por Sayco-Acinpro y demás agremiaciones en favor del derecho de autor e intérprete, y su aparición en las páginas amarillas de Publicar SA, o de cualquier otra organización emergente en el mundo de los directorios telefónicos quedará prohibida ab eternum. Cualquier músico sorprendido en flagrancia, interpretando temas del repertorio anglosajón, será condenado al exilio preventivo. </p>
<p>Después de haber visto emerger de la nada una buena cantidad de huevos y conejos de pascua en cierto centro comercial del norte bogotano los alérgenos anti-extranjeristas se han puesto en alerta. </p>
<p>Ya es suficiente con contemplar a nuestra ciudad invadida por festivales de verano, por días de San Patricio y por algunos otros ceremoniales carnavalescos foráneos, traídos a la fuerza por los ingeniosos cerebros del mundo mercantil. </p>
<p>
<form class="mt-enclosure mt-enclosure-image" mt:asset-id="4302"><img class="mt-image-left" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 20px 20px 0px" height="334" alt="icopor.jpg" src="http://www.eltiempo.com/blogs/el_blogotazo/icopor.jpg" width="413" /></form></p>
<p>El uso del inglés, sumado a la presencia de errores ortográficos en&nbsp;los mensajes institucionales navideños&nbsp;duplicarán el monto de las multas, cuyo tarifario será publicado en próximos días. </p>
<p>Las recaudaciones servirán para la institución de una caja de compensación a manera de primas para&nbsp;la comunidad de damnificados por&nbsp;las fiestas decembrinas. Aquellos a quienes la navidad no complace en modo alguno, hastiados de la gran fiesta de los hogares colombianos y de los abrazos mentirosos propinados por&nbsp;los borrachos hipócritas en las noches del 24 y el 31, y de decir que 'se acabó el año y no hicimos nada'.</p>
<p>En el mismo sentido, la mención del nombre 'Santa Claus' en lugar del menos molesto 'Papá Noel' será un agravante a considerar a la hora de iniciar un proceso penal.</p>
<p>Para terminar, en su comunicado, la organización plantea la pregunta acerca de las actividades tradicionales ejercidas por los chibhas en estas fechas del año. Y la certeza de que&nbsp;no existe en&nbsp;las crónicas de Fray Pedro Simón ni de Juan Rodríguez Freyle testimonio alguno acerca del uso de navinieves, 'merry christmas', muñecos de nieve, trineos, ni de ninguna otra importación mercantilista de reciente cuño.</p>
<p>El Blogotazo agradecerá a quien sorprenda a los habitantes de 'la muy noble y muy leal' el cumplir con su ciudadano y sagrado deber de la delación.</p>
<p>Buen fin de semana, y "happy holidays".</p></font>
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<p></p>
<p>El Blogotazo<br /><a href="http://www.elblogotazo.com/">www.elblogotazo.com</a><br /><a href="mailto:andres@elblogotazo.com">andres@elblogotazo.com</a>&nbsp;</p>]]></description>
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            <pubDate>Fri, 04 Dec 2009 15:45:25 -0500</pubDate>
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