El día en que llovieron discos
Por andresospina el 1 de Febrero 2010 1:05 PM
Aquellas a donde ni siquiera las cerdas gruesas y burdas de los cepillos espinosos que lavan los cerebros de los olvidadizos alcanzan a llegar.
Por eso a los seniles les es más fácil acordarse del nombre de sus abuelos que del de sus bisnietos. O del sabor de los Polares que vendía don Joaquín en su carrito de rodachines oxidados, a cinco centavos, que del de los Popsy en presentación litro, servidos como postre en la visita de hace tres días.
Los recuerdos remotos son los que mejor saben encontrar refugio en los túneles menos accesibles y vulnerables de la mente, sometida --como todo lo que está hecho de materia viva, inanimada o muerta-- a los rigores del desgaste, al exceso de maltratos y a la sobreabundancia de cosas prácticas en qué pensar. Además, nadie, por memorioso que sea, es inmune a un alzheimer.
Ya con la lluvia a su favor, y satisfecho por la lección impartida, don Urías señaló hacia el sur, condenando el humo que salía de las edificaciones quemadas.
--Espero que el día de hoy se les quede en la cabeza hasta el que el Santo Padre se los lleve al cielo. Las cosas robadas se deben ir por donde vinieron.
Luego, con la angustia profética que produce el saberse vaticinador de malas cosas por venir, gesto al que los pequeños entonces no alcanzaron a entender, miró hacia el sur, y continuó:
--Y oíganme bien: ¡aunque lloviera seguido de aquí hasta la eternidad este fuego va a tardar mucho en apagarse!.
Durante la semana siguiente ni Martín ni Débora no pudieron comer Polares o salir al Parque de la Independencia. El mensaje de don Urías, al menos en lo referente a los objetos robados, les quedó más que claro. Pero no sus augurios.
Quince días después, el mismísimo Simón Daro Dawidowicz tocó a las puertas de don Urías, justo cuando el ejemplar cabeza de familia había regresado del trabajo. Sorprendido por la venturosa visita, y después de ofrendarle los saludos veniales del caso, el bueno de don Urías, que estaba solo, le preguntó a su lejano conocido el motivo del inesperado, aunque honroso advenimiento.
"Aunque poco le conozco, yo sé que usted es hombre de bien, un buen vecino, y un amante de la música. Por eso el 9 decidí enviarle, como obsequio, algunas de las más recientes novedades disponibles en mi tienda. Así de pronto usted se podría animar a volver por el almacén y comprarme otras. Lamentablemente el empleado al que encargué de traérselas no ha aparecido desde ese día. Yo no sé en dónde vive ni quiénes sean sus parientes. Pero me temo que haya muerto ahogado por las chusmas, o sorprendido durante el toque de queda. Por eso vengo a preguntarle, primero, si usted recibió mi regalo de ese día, y segundo, dado el caso, si sabe algo del paradero del hombre. Se llama. ¿O se llamaba? Eustaquio Briñez. Aunque no sé en dónde podrá estar, yo confío en su honradez. Si usted supiera el buen trabajo que hizo en mi vitrina cuando salió el disco aquel del 'Gallo tuerto'. Él solo diseñó dos maniquís. Uno de un gallo con bastó y ojo apagado, y otro de su esposa, la gallina, llorando su muerte frente a un ataúd. El disco se vendió como ningún otro. Un tipo así de ingenioso no se pondría a robar discos. Y en cambio sí sería una gran pérdida para mi tienda. Si algún día lo llega a ver...".
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Perfil
Por andresospina
Andrés Ospina nace en 1976. Durante 1980 cursa preescolar en las guarderías La Frasadita y Juan Salvador Gaviota. Recibe su grado de kínder en el Jardín Infantil Piloto Federico Froebel. Desde 1982 hace parte del Gimnasio del Norte, entidad de la que cancelan su matricula en 1991. En 1992 ingresa al Gimnasio Los Robles, de donde se titula en 1994, tras repetir Décimo Grado. Trata de aprender Música y Literatura en la Universidad de Los Andes. Durante 1998 y 2000 co-redacta y funda el desaparecido sitio El Utensilio. Desde 2002 ha sido colaborador con revistas como Cambio, Rolling Stone o CARAS; realizador 99.1, hoy Radiónica (emisora en la que trabaja para los espacios 'La Silla Eléctrica' y 'Rockuerdos'), y libretista e investigador para el magazín de televisión Culturama. Entre los proyectos en los que comparte las culpas están www.museovintage.com y www.elblogotazo.com. De momento prepara una novela sobre un psiquiatra forense demente, y la exposición Bogotá Retroactiva.
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Hablar con compulsión sobre Bogotá, convertirla en eterna modelo de fotografías bien y mal-intencionadas, contar historias inútiles que a muchos y pocos interesan, robar el anonimato a quienes deberían ser contados y descontados. De eso se trata. ¿No?
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Comentarios
1. Por: scorpiona - 1 de Febrero 2010 a las 09:47 PM
una historia muy bonita. gracias!
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2. Por: effer - 2 de Febrero 2010 a las 06:39 AM
extraordinario cuento !!!!!! sea por la "materia" en cuestion , los discos, sea por la ambientacion y los personajes,, y claro la descripcion del momento historico........ me gustò mucho !
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3. Por: jurgenmueller - 3 de Febrero 2010 a las 11:10 PM
excelente historia, muy bogotana, me agradan su estilo y forma de escribir. Lo felicito por este "blog"tan interesante. Que ha pasado con los otros "podcasts" de la "silla electrica"?
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