La abominable arrogancia del conductor colombiano del promedio
Por andresospina el 22 de Diciembre 2009 2:10 PM
Por lo general, cada vez que un colombiano del promedio acumula algún dinero o alcanza a gozar del suficiente poder de endeudamiento como para sentirse capaz de hacerlo, su primera gran decisión es la de adquirir un automóvil.
Lo anterior con la notable excepción de quienes lo reciben de mano de sus pudientes (o quizá también endeudados) padres el día de la entrega oficial de su cédula de ciudadanía, o en el marco de las celebraciones subyacentes a su fiesta de 15, o a su grado escolar o universitario.
El caso es que la posesión de un vehículo automotriz parece ser el símbolo de entrada en la vida productiva o adulta para nuestros ciudadanos medios. La gran forma de mostrarle al vecindario, a la ciudad, al país, y al mundo entero que incluso 'nosotros también pudimos'.
Eso explicaría el porqué, en el imaginario del colombiano X, el automóvil suele ser la ambición número 1, destronando incluso a la posesión de vivienda propia (cada vez más distante e imposible) o a la consecución de una pareja adecuada. Son pocos los que se resisten a deber la mitad de su suelo mensual a cambio de algún vehículo nuevo, de gama media o baja.
Lo grave, al margen del derecho que cada ciudadano tiene de hacer con su poco o mucho o ningún dinero cuanto se le venga en gana, es que en muchos de los anteriores casos el colombiano dueño de un automóvil cree que la posesión de éste y el porte de una tarjeta de propiedad plastificada en su maloliente billetera de cuerina, le confieren también el derecho a mirar y a tratar a sus congéneres peatones con cierta suficiencia arrogante y odiosa.
De posesionarse de su propio papel de maquinista inteligente y exitoso, y de insultar a cuanto peatón se interponga entre su visión omnisciente del horizonte, a través del panorámico de su automóvil (cuanto más voluminoso y de modelo más reciente, y con mejor radio extraíble de mp3 y 'bluetooth', mejor).
El conductor colombiano del promedio deriva cierto gusto indescriptible al injuriar a todos los que tengan la desgracia de aparecérseles, o, lo que es aún peor, a quienes no gocen, según su indiscutible criterio, de las misma pericia que él en el control de la máquina.
Y de hacer sentir el peso de su poderío indiscutible y tiránico transformado en gemidos de bocina, que resuellan por todas las calles circundantes, y que mortifican por igual a quienes han sido castigados por el destino con la frecuente desgracia de ir caminando en las vecindades por las que éstos transitan.
A veces, no contentos con arremeter contra la humanidad de los infelices ciudadanos que caminan nuestras calles, los conductores colombianos del promedio terminan por asestarles toda suerte de injurias aun cuando sean los conductores mismos los verdaderos culpables en los eventuales conatos de atropellos.
Para ilustrarlo acudiré a dos ejemplos recientes.
En cierta ocasión, hará cosa de un año, me desplazaba en compañía de un entrañable amigo por las inmediaciones de la carrera Séptima, en horario de contraflujo, cuando una distraída y menuda dama caminante de no más de 30 años decidió atravesar la estrecha avenida (a la que tal nombre parece quedarle grande) con la pésima fortuna de colisionar con un apresurado mensajero al mando de alguna motocicleta AKT de escaso cilindraje, que se le apareció de golpe.
Vi su cuerpo caer al piso. Luego fui testigo de su sorprendente y veloz apeamiento, y de su recuperación admirable y casi instantánea.
Noté como palpaba, uno por uno, los miembros de su cuerpo, para corroborar que aún después de semejante infortunio éstos seguían en su sitio.
Le pregunté si se encontraba bien. A simple vista lo único qué lamentar era la ruptura de su pantalón, aunque además, en la mitad de sus piernas, justo en cercanías de la región rotular, se asomaban algunas pigmentaciones espesas y sanguinolentas, que alcanzaron a preocuparme.
Me dijo que --al margen del dolor y la angustia recientes-- agradecía estar viva. Luego volteó su mirada hacia el hasta ahora silencioso motociclista, cuyas horrendas facciones aún se mantenían ocultas dentro del esa especie de escafandra metropolitana, que es el casco, desde donde la miraba, colérico.
Ella le consultó, en un gesto de nobleza mal recompensada que nunca olvidaré, si él -que al final era el gran artífice de la desgracia de ambos-,se encontraba en buenas condiciones de salud, después de todo lo ocurrido.
Él gañán motorizado, correspondiendo a la deferencia ciudadana de su víctima con una imbecilidad sin par, y desconociendo el dolor que por su causa la afligía, comenzó a insultarla y a culparla de todo el infortunio, excusándose, quizá, en el temor a ser castigado por la policía.
Luego aceleró, y partió hacia el norte, a continuar con su mezquina vida de ordinario cretino, mientras la seguía maldiciendo.
Tanto ella como mi amigo y yo, hicimos perfecto trío para insultarlo al unísono, en voz de soprano, barítono y tenor.
Continúo con el subsiguiente ejemplo.
En días recientes, una miserable conductora con inequívoco aspecto de mando medio en alguna entidad financiera de bajo perfil iba sosteniendo una airada conferencia vía celular con su mancebo de turno, a la vez que intentaba su imprudente avanzada por alguna de las calles chapinerunas, bajo el costado occidental de la misma carrera Séptima, en horas, también, de contraflujo.
Puesto que a su paso había un cruce de cebra y un semáforo indicando que era yo quien había sido facultado por las sagradas leyes de este Distrito Capital para atravesar la correspondiente calle sin problema, seguí mi instinto y continué, en perfecto acatamiento a la normatividad vigente, en línea recta, hacia el andén opuesto.
Pero la miserable e irracional arpía, de seguro cegada por su furor de hembra desdeñada por su macho, no sólo persistió en acelerar arremetiendo contra mí, sino que se enojó ante mi cortés y justo reclamo, al señalarle que era y no ella, quien llevaba la vía.
Con el dedo corazón de su mano izquierda izado (en clásico ademán de 'fuck you'), porque la derecha seguía ocupada defendiendose con escandalosos anatemas de su adversario telefónico, la maldita víbora aprovechaba las pausas en la charla para hacer sus insultos un tanto más expresos con la ayuda de sus labios.
Por un momento pensé en asestar un golpe mortal de ariete contra alguno de los vidrios laterales de su automóvil, y de arrancarle a la fuerza unos cuantos mechones de su pelo tinturado, para así señalarle lo desaguisado e incivil de su proceder.
Pero la estoica y jesucristiana sangre de mis ancestros clamó desde la tierra para indicarme que incluso en mi calidad de víctima de tamaño atropello, yo debía mantenerme calmo. Ello sumado por supuesto al temor a que en cierta retaliación, la macábra gárgola al mando del volante, decidiera hincar una de sus largas uñas en mi humanidad para rasguñarme, provocándome alguna suerte de maleficio o de mortífera infección.
Además, existía la no tan lejana posibilidad de que la ley se pusiera en su favor, y de que, en consecuencia, algún uniformado representante de ésta decidiera apresarme por agredir a una inocente ciudadana.
Por ello, y al margen de que mi propia incapacidad para hacerlo sea una de las razones para mantenerme firme en tal convicción, seguiré terco en mi decisión ecologista y arcaica de no conducir automóviles. Pero a la vez haré un llamado sensato a quienes han optado por lo contrario, para hacerles entender que, al fin de cuentas, quien va caminando siempre trae consigo un respetable estado de indefensión, con el que cualquier ser sensato y sensible debería congraciarse.
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Perfil
Por andresospina
Andrés Ospina nace en 1976. Durante 1980 cursa preescolar en las guarderías La Frasadita y Juan Salvador Gaviota. Recibe su grado de kínder en el Jardín Infantil Piloto Federico Froebel. Desde 1982 hace parte del Gimnasio del Norte, entidad de la que cancelan su matricula en 1991. En 1992 ingresa al Gimnasio Los Robles, de donde se titula en 1994, tras repetir Décimo Grado. Trata de aprender Música y Literatura en la Universidad de Los Andes. Durante 1998 y 2000 co-redacta y funda el desaparecido sitio El Utensilio. Desde 2002 ha sido colaborador con revistas como Cambio, Rolling Stone o CARAS; realizador 99.1, hoy Radiónica (emisora en la que trabaja para los espacios 'La Silla Eléctrica' y 'Rockuerdos'), y libretista e investigador para el magazín de televisión Culturama. Entre los proyectos en los que comparte las culpas están www.museovintage.com y www.elblogotazo.com. De momento prepara una novela sobre un psiquiatra forense demente, y la exposición Bogotá Retroactiva.
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Hablar con compulsión sobre Bogotá, convertirla en eterna modelo de fotografías bien y mal-intencionadas, contar historias inútiles que a muchos y pocos interesan, robar el anonimato a quienes deberían ser contados y descontados. De eso se trata. ¿No?
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Comentarios
1. Por: leonardoq - 22 de Diciembre 2009 a las 03:42 PM
Tiene toda la razón. Pero yo si no me he aguantado, ya dos veces le he sumido la lata a dos taxis con sendas patadas, por tirarme el carro con semaforo en verde para el peatón. Típico de iguazos alzados que porque tienen carro creen que los peatones somos menos. Ni serán de ellos. Yo tampoco he comprado carro aunque tengo los medios, ya que acá es muy estresante el tema de manejar, pero ya compré mi apartamento.
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2. Por: Dary29 - 22 de Diciembre 2009 a las 04:10 PM
Es claro que muchos conductores son diferentes antes de subirse al volante, pero también, que no todos los reyes de los andenes y eminentes peatones son blancas palomas de luz y paz, pues además de creer que resisten las enbestidas de un vehículo con su fuerte armadura de carne y huesos y no dudan en crusarse de manera irresponsable las calles de laciudad, responden con un lenguaje vulgar y grocero los justos reclamos de los pocos conductores decentes que seguro usted no conoce.
Me parece que el echo de que su doctrina sea la de no conducir y no poseer un vehículo, no lo autoriza a ridiculizar a las personas que ven un logro en poder obtener uno.
Hay de todo y en todas partes, y si para ustede la mayoria son arrogantes colombianos promedio, creería que usted pertenece a la minoría de colombianos envidiosos e intolerantes que quisieramos no existieran.
Y por cierto yo tengo casa, carro y me encanta manejar, con o sin trancon.
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3. Por: feralm - 22 de Diciembre 2009 a las 04:14 PM
muy bien dicho.¡¡¡¡
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4. Por: feralm - 22 de Diciembre 2009 a las 04:14 PM
muy bien dicho.¡¡¡¡¡¡¡
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5. Por: feralm - 22 de Diciembre 2009 a las 04:21 PM
muy bien dicho.¡¡¡¡¡¡¡
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6. Por: Colombianoenlamanigua - 22 de Diciembre 2009 a las 05:27 PM
Cuando por cosas de mi trabajo debo volver a la civilización (?) y enfrentarme al tráfico... he notado, primero, la posibilidad de que un peatón sea arrollado es directamente proporcional al tamaño del rin del carro agresor; segundo, muchos peatones tienen lo que he llamado el "síndrome Giovanni Hernández", consistente en que si van a pasar una calle no miran los carros que vienen (que además es una buena ayuda para uno de conductor para poder anticipar) sino que miran para el otro lado o el celular o hacia atrás o hacia el cielo o hacia el alumbrado...
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7. Por: jimmy56cali - 22 de Diciembre 2009 a las 08:27 PM
¡ muy bueno el artículo ! el autómovil en nuestro subdesarrollado pais es sinónimo de poder;
y pareciese que aquellos desadaptados que conducen desdeñando e insultando a los peatones,
vivieran en el habitáculo del vehículo y que nunca en su vida son peatones; y ni que hablar de
los motociclistas; definitivamente en un país donde la incultura es el pan de cada día, tienen que
pasar estas cosas; esto sumado a la total ausencia de autoridad convierte a nuestras ciudades
en selvas de ferroconcreto y cemento; con razón un amigo que desde hace muchos años vive en
USA me comenta que el colombiano sufre mucho cúando llega allá por el tema de la indisciplina
y el folklorismo con que nos pasamos por la galleta la normatividad; siempre nos las damos de
avispados; esto ya hizo carrera en el país; ¡ ah y otra ! no respetamos la ley y menos a sus
representantes; lo que nos convierte en un país en donde se desconoce el derecho del vecino y alli está el caldo de cultivo para que los cementerios sigan expandiéndose.
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8. Por: Anichka - 22 de Diciembre 2009 a las 08:39 PM
Los más guaches son los que andan en camioneta, se estacionan al lado de rampas para que los discapacitados y bebés no puedan pasar y pisan charcos a propósito para lanzarle agua sucia a los transeúntes.
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9. Por: firefrey - 22 de Diciembre 2009 a las 09:01 PM
De acuerdo, o este especimen es un vaciado resentido o simplemente nacio por una vagina de oro y no se quiere untar de pueblo ( pueblo en el que nacio jejeje) ademas para demostrar cordialidad y educacion no es necesario destripar la gramatica en busca de sinonimos, antonimos y demas expresiones para espetarlas a los demas....
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10. Por: baguirrelo - 22 de Diciembre 2009 a las 09:10 PM
Esa es una pandemia nacional: la de advenedizos motorizados que violan todas las normas de tránsito y que se creen o Dios, o irresistiblemente sexis en su autos, o infalibles conductores, cuando lo que realmente son es delincuentes en potencia,con licencia para atropellar física o verbalmente a los peatones indefensos. Y se da en todas partes del país: en la zona en donde resido a pesar de ser eminentemente residencial, no faltan a diario los personajillos (nenas de pelo de color empanada manejando grandes utilitarios, de sus "movios", por supuesto, o gorditos tusos con cara de "malosos", todos ellos hablando por su "celphone, mijo", mientras conducen, demostrando su grande pericia, entre otros especímenes). No me los imagino viviendo y conduciendo en otros países en donde no hay tanta complacencia, en donde no les alcanzaría el dinero para pagar multas y abogados para salirse de los problemas derivados de su conducta manierista.
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11. Por: baguirrelo - 22 de Diciembre 2009 a las 09:13 PM
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12. Por: Jsinmiedo - 22 de Diciembre 2009 a las 09:46 PM
No veo problema en conducir, el problema radica en que la inmensa mayoría de los colombianos no sabe conducir, simple y sencillamente porque jamás tienen que hacer un curso de manejo, simplemente pagan por la licencia y listo a matar incautos. Los policías de transito tampoco sirven pues lo único que hacen es parar violadores del pico y placa pero jamás detienen al infractor. Yo les digo a los policías siempre, que si ellos quisieran cada uno tendría una patrulla si multaran a todos los infractores que manejan en colombia; sería la policía más rica del mundo. Viviendo en un país desarrollado un día no me di cuenta y la llanta de mi auto quedó pisando la linea blanca donde comienza la cebra, eso solo bastó para que un policía viniera y me colocara una multa de 80 dolares, no valió que yo me excusara, me toco pagar y hacer un curso para que no me pusieran puntos en la licencia, eso es primer mundo.
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13. Por: Jsinmiedo - 22 de Diciembre 2009 a las 09:46 PM
No veo problema en conducir, el problema radica en que la inmensa mayoría de los colombianos no sabe conducir, simple y sencillamente porque jamás tienen que hacer un curso de manejo, simplemente pagan por la licencia y listo a matar incautos. Los policías de transito tampoco sirven pues lo único que hacen es parar violadores del pico y placa pero jamás detienen al infractor. Yo les digo a los policías siempre, que si ellos quisieran cada uno tendría una patrulla si multaran a todos los infractores que manejan en colombia; sería la policía más rica del mundo. Viviendo en un país desarrollado un día no me di cuenta y la llanta de mi auto quedó pisando la linea blanca donde comienza la cebra, eso solo bastó para que un policía viniera y me colocara una multa de 80 dolares, no valió que yo me excusara, me toco pagar y hacer un curso para que no me pusieran puntos en la licencia, eso es primer mundo.
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14. Por: Jsinmiedo - 22 de Diciembre 2009 a las 09:47 PM
No veo problema en conducir, el problema radica en que la inmensa mayoría de los colombianos no sabe conducir, simple y sencillamente porque jamás tienen que hacer un curso de manejo, simplemente pagan por la licencia y listo a matar incautos. Los policías de transito tampoco sirven pues lo único que hacen es parar violadores del pico y placa pero jamás detienen al infractor. Yo les digo a los policías siempre, que si ellos quisieran cada uno tendría una patrulla si multaran a todos los infractores que manejan en colombia; sería la policía más rica del mundo. Viviendo en un país desarrollado un día no me di cuenta y la llanta de mi auto quedó pisando la linea blanca donde comienza la cebra, eso solo bastó para que un policía viniera y me colocara una multa de 80 dolares, no valió que yo me excusara, me toco pagar y hacer un curso para que no me pusieran puntos en la licencia, eso es primer mundo.
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15. Por: Noide - 22 de Diciembre 2009 a las 10:45 PM
Estoy de acuerdo con Andrés y no le critico que no critique a los peatones (pues porque este es SU blog y él con SU blog puede hacer lo que le venga en gana, tal vez esté cocinando una crítica a los peatones para una próxima ocasión) pero sí quisiera comentar acerca de una variedad de peatón idiota que me exaspera cada vez más: aquellas personas (generalmente mujeres, para desgracia de mi género) que se atraviesan carreras como la séptima o la caracas en mitad de la cuadra y con el semáforo para carros en amarillo con visos de verde o en verde total; el problema no sería tan grande si estas mujeres se tiraran solas, pero siempre lo hacen escudándose con un niño de brazos, algún anciano e incluso niños especiales ¿qué le pasa a esa gente? Más multas para conductores, sí, pero mucho ojo también a peatones descuidados y asesinos.
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16. Por: Eresunsol - 26 de Diciembre 2009 a las 08:44 AM
Si ....en esta casa le damos toda la razon.
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17. Por: elmejortomate - 27 de Diciembre 2009 a las 06:24 AM
estamos de acuerdo con algunos comentarios pero hay que tener en cuenta muchas circustancias no creo que un peaton le interese hacerce atropellar ni mucho menos hay que tener en cuenta que en los tiempos que corren el que no tiene una preocupacion tiene otra que si problemas economicos que con sus hijos que con su trabajo e.t.c e.t.c y eso efectivamente nos lleva a ir despistados para concientisarnos y educarnos hay dos sistemas muy facilitos de aplicar el primero seria siempre yo como conductor llevar en mi cabeza siempre que los peatones son mis seres a quien mas quiero y la otra seria lo que siempre he pensado aplicar las leyes con rigor que le afecten el bolsillo a el conductor para ver como asi si que aprenderian ej´. hablar por el celular mientras conduce 300 E mas 3 puntos del carnet de conducir , conduccion temeraria 300 E mas 3 puntos del carnet pasarse un semaforo en rojo lo mismo no respetar un stop 400 E mass cuatro puntos del carnet son unos pocos ejemplos
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18. Por: jurgenmueller - 3 de Febrero 2010 a las 10:41 PM
ese tipo de conductas son muy normales en muchos conductores colombianos, ademas vivimos en un pais en donde alguien que se compre un carro (por mas caja de zapatos que sea) se cree el amo y senhor de la cuadra,barrio,conjunto,etc. he visto casos muy pateticos en los que personas que compran su carro por primera vez se van visitando a todos y cada uno de sus amigos y familiares para mostarles "cuan exitosos' han sido en la vida o peor aun suben las fotos a facebook.
en bogota hay una guerra de todos contra todos, peatones, ciclistas, motociclistas, "conductores" y los "educadismos" choferes del serivcio publico.
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