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Demolieron la casa del cangrejo

Por andresospina el 23 de Diciembre 2009 2:30 PM

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La casa en donde por ocho años encontraron refugio mis lamentos, mis sueños y mis planes demenciales.

Adonde en 1999 me llevó el bueno del maestro Luis Villa (al que conozco hace 25, y quien, pese a ser unos 15 años mayor que yo, fue y es uno de mis amigos de infancia y de siempre). El lugar en donde lo vi pintar el mural de la izquierda, mucho antes de que éste abriera sus puertas por la primera vez.
 
El lugar en el que hice cuanto quise , y en donde empeñé parte de mi nulo patrimonio espiritual a cambio de varios hectolitros de cervezas, por los que nunca pagué. Los salones pintados de rojo encendido, desde los que me miraban Frank Zappa, y Ringo, y George y John y Paul. Y desde donde tenía también que verle la cara a Jim, a quien aborrezco.

Los mesones en los que las manos veloces y pacientes de meseros y bar tenders se movían, ágiles y generosas, para elaborar y servir los más medicinales brebajes etílicos. La casa en la que volví a creer que el rock en Bogotá era algo más que un capricho de minorías, y que había algo que aún podía hacerse por él.

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El establecimiento que por años patrocinó parte de mis andanzas radiales y en el que encontré amigos que nunca dejarán de serlo. La sede para los que, como yo, o como cualquier otro de los cangrejos que habitan el universo, pudo esconderse para reírse o para llorar sin ser visto. La casa en cuyos baños estampé algunos de mis más célebres y sinceros pensamientos, con mi plumígrafo Pelikan Micropunta.

La casona en la que se me ocurrieron algunos buenos y malos poemas, y algunas historias que aún no me he aventurado a escribir. En donde en ocasiones hice las veces de disc jockey invitado, y en donde soporté, como todos los que ejercen ese difícil oficio lo ha hecho, los insultos, intimidaciones, malos tratos y acosos excesivos de los clientes, ansiosos de oír un millón de veces una misma canción, o de pedir imposibles.

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El inmenso auditorio en el que también pude sentir el entusiasmo de 400 almas cantando 'Eight days a week' porque alguna sobrecarga eléctrica nos había dejado sin fluido. La casa que fue de dos de mis grandes amigos, pero que a la vez fue mía y de la ciudad entera. El bar a cuya desaparición debo mi primer intento en el oficio de escribir obituarios, en el que ya, a fuerza de ver a tantos morir cerca de mí, se me ha convertido en frecuente.  Lo hice para Rolling Stone, a un mes de su muerte transitoria.

La tina en la que me quedé dormido. El techo de la barra, decorado con cangrejos de porcelana, de hule y peluche. El sitio en el que pude conseguir cervezas en fechas prohibidas y en cuyas oficinas oí confesiones e hice planes en los que sigo creyendo. El establecimiento al que, en el afán de demostrar que era más que un expendio de alcohol con música ruidosa, lo bautizamos con la sigla, un poco más inofensiva de Centro de Rock Arte y Blues.

El sitio que, por la fuerza de los hechos, tuvo que hacer de Santa Marta su ciudad y al que aún debo cumplir la promesa de visitar, en ese mismo peregrinaje que un día me llevó al CBGB's, a las ruinas de La Caverna en Liverpool, a La Perla del 11 en Buenos Aires, y a Abbey Road. 
La casa que un día se duplicó para convertirse en un imperio al que creímos inmortal. El lugar de Óscar, de Carolina, del también esfumado Marlon, de Paola, de Sara, de Alejandro Amaro, de Juancho, de Leo, de la primera dama del Rock, y de Adriana, de Pamela, de George, de André, hoy ya no está.

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Si hubiera alguna organización con amplia potestad como para declarar a ciertas edificaciones patrimonios internacionales del rock, en la misma forma en que hay patrimonios internacionales de la humanidad, entonces yo candidatizaría a ese par de casas de la calle 73, convertidas, por la mente brillante de quien se atrevió a creer que el rock era rentable aún en Bogotá, para encabezar la lista de esta clase de lugares en mi ciudad, seguida por la también desaparecida calle 60 de los 60, o por los muchos establecimientos de su tipo, cuyo fin invariable y casis siempre igual, ha sido el de sucumbir ante las oscuras fuerzas de un destino al que no parece gustarle que haya rock en mi ciudad.

Esta misma semana, sin que nadie me lo hubiera advertido, pude ver el lugar. El mismo que en los 40 debió ser casa de alguna familia adinerada de entonces, y cuyo registro de propiedad guardo en alguna parte. Era verdad. La casa en la que alguna vez dejé parte de mi hígado, de mi corazón y de mi alma, se vino al suelo envuelta en una nube de recuerdos, de fantasmas amigables y de polvo cósmico. En su lugar habrá, de seguro, un horrendo edificio, como cualquier otro. ¡Larga vida a Crabs en donde quiera que siga estando!

 

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Comentarios

1. Por: leunamcrowley - 23 de Diciembre 2009 a las 03:24 PM

Está en vacaciones, don Andrés? se nota, ha escrito mucho durante estos días.
Y si que piedra Crabs, realmente me dolió que lo cerraran y que luego se convirtiera en uno más de tantos negocios con nombres snobs genéricos: La chorizeria, la hamburguesería, etc etc, que jarto, todos iguales. Ojalá algún día vuelva CRABS. Por que ya Abbot no aguanta para nada, bueno, nunca aguantó pero ahora menos.

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2. Por: juglardelzipa - 23 de Diciembre 2009 a las 04:09 PM

van a hacer un parqueadero.

algunas fotos de cuando comenzó la demolición: http://www.flickr.com/photos/juglardelzipa/sets/72157607453884495/

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3. Por: provinciano84 - 23 de Diciembre 2009 a las 05:09 PM

Que mal, primero cierran uno de los pocos lugares que valian y la pena y luego en el lugar que ocupaba en vez de declararlo patrimonio lo vuelven en un sitio baldio

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4. Por: leofloydian - 23 de Diciembre 2009 a las 10:43 PM

Que tristeza, el mejor de rock al que fui en mi vida, que noches inolvidables las que se pasaron en ese lugar, como olvidar esas noches beatle, o la noche queen, el homenaje a Sid Barret...una verdadera lastima.... "seguimos en el tren de la muerte, viendo como el progreso ababa con la gente"...que falta va hacer esa hermosa casa roja...

viviras siempre en nuestro corazon cangrejo!!

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5. Por: effer - 24 de Diciembre 2009 a las 04:38 AM

que casualidad!! la fecha del recibo es 13 de julio de 1942, dos antes de mi nacimiento!! jah!

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6. Por: Feloarias - 24 de Diciembre 2009 a las 03:28 PM

Me consta el comentario # 4. En Crabs la pasábamos muy bueno ¿Cierto leofloydian?

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7. Por: pfredy1 - 25 de Diciembre 2009 a las 03:31 PM

Muy buena música se escuchó en ese recinto. Las noches Beatle fueron apoteósicas en Crab´s. Excelentes recuerdos!
Fue muy triste verlo cerrar y ahora verlo demolido por sus decepcionantes dueños. Otro espacio que se perdió para el buen rock y una estructura arquitectónica que tenía varias décadas y ahora cae para dar espacio a alguna otra monstruosidad que colabore con el desorden urbanístico de nuestra querida ciudad.

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8. Por: Nvargos - 26 de Diciembre 2009 a las 11:52 AM

Es una gran perdida, desde el momento en que se fue Crab's de Bogotá. Guardo varios de mi buenos momentos y sentimientos en este sitio. La música penetreba al corazón de una mejor forma. Tomar Soul Sacrifice o cualquiera de los cocteles, el regalo de cumpleaños un tequila flameado. Celebrar el cumpleaños número 64 de Paul. Los conciertos con homenaje a algún grupo como Kiss, Quenn o Led Zeppelin. Los miércoles eran días increíbles porque había noche de Blues en Bogotá. Lo mejor es que la primera cita con mi novia y amiga fue en este mágico lugar y el día de comprometerme en matrimonio también estuve en Crab's. La noche que mencionas en la que se fue la luz y todos cantando a oscuras fue otro momento especial. Cada visita a Cráb's era una buena ocasión para recordar. Ese espíritu no se ha acabado, la ventaja era que ahí se reunía todas las noches.

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Perfil

Por andresospina

Andrés Ospina nace en 1976. Durante 1980 cursa preescolar en las guarderías La Frasadita y Juan Salvador Gaviota. Recibe su grado de kínder en el Jardín Infantil Piloto Federico Froebel. Desde 1982 hace parte del Gimnasio del Norte, entidad de la que cancelan su matricula en 1991. En 1992 ingresa al Gimnasio Los Robles, de donde se titula en 1994, tras repetir Décimo Grado. Trata de aprender Música y Literatura en la Universidad de Los Andes. Durante 1998 y 2000 co-redacta y funda el desaparecido sitio El Utensilio. Desde 2002 ha sido colaborador con revistas como Cambio, Rolling Stone o CARAS; realizador 99.1, hoy Radiónica (emisora en la que trabaja para los espacios 'La Silla Eléctrica' y 'Rockuerdos'), y libretista e investigador para el magazín de televisión Culturama. Entre los proyectos en los que comparte las culpas están www.museovintage.com y www.elblogotazo.com. De momento prepara una novela sobre un psiquiatra forense demente, y la exposición Bogotá Retroactiva.

Descripción

Hablar con compulsión sobre Bogotá, convertirla en eterna modelo de fotografías bien y mal-intencionadas, contar historias inútiles que a muchos y pocos interesan, robar el anonimato a quienes deberían ser contados y descontados. De eso se trata. ¿No?

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