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Muerte del capitán Orlando Natalio Mazo en Las Delicias, acto de supremo heroismo

Por coronel Luis Alberto Villamarin Pulido el 1 de Febrero 2010 3:41 PM

       Estos son algunos apartes del libro Drama, Pesadilla y Espectáculo de mi autoría, que describe el asalto a la base militar de Las Delicias, ocurrido el 30 de agosto de 1996, cuando 415 terroristas del Bloque Sur de las Farc atacaron por sorpresa y después de 17 horas de fieros combates, secuestraron a 60 militares, 28 perdieron la vida, otros quedaron heridos de gravedad.El improvisado cuartel era un sencillo conjunto de kioscos, construido al estilo maloca indígena, y habitado sin los criterios tácticos y técnicos inherentes a una fortificación militar.
        Su precaria protección era una línea perimétrica de rudimentarias trincheras de madera y tierra. Esto refleja el olvido de los sucesivos gobiernos colombianos, por el bienestar y dotación bélica de los de héroes inéditos, que defienden hasta con sus vidas, la soberanía, la integridad y la institucionalidad del país. Y, que además son la única representación estatal, donde los demás ministerios brillan por su ausencia.
         El único oficial disponible en La Tagua para ir a Las Delicias era el capitán Orlando Mazo, quien no se encontraba en condiciones anímicas, pues iba a ser retirado de la institución, además estaba enamorado de una joven, con quien planeaba contraer matrimonio y su pensamiento se concentraba más en la futura esposa, que en el servicio.
          El capitán Mazo ya había sido comandante de la base militar de Las Delicias, lugar al que por inadecuada concepción de la autoridad y jerarquía castrenses, desde la época en que fue comandante de esa unidad táctica, el teniente coronel Álvaro Plata Pinilla, a menudo eran enviados a trabajar, todos los oficiales, suboficiales y soldados, que cometieran actos de indisciplina en La Tagua.
         El saludo de los capitanes Mazo y Zambrano fue efusivo. Hablaron de asuntos personales:
      --¿Arregló el problema de la sanción  que le impuso mi coronel Luis Acosta?-- indagó Zambrano
       --No, eso quedó así. Seguro que como él le contó todo el historial a mi coronel Bastidas, es que el hombre me tiene "pintado"(Entre ojos, en ojeriza)-- contestó Mazo.
         El 28 de agosto en la mañana, el capitán Mazo, comentó a toda la compañía:
       --No observo ningún cambio sustancial en esta base. Hasta el croquis con la ubicación de los centinelas y el plan de contra-ataque, es Made in Mazo--
       Luego explicó en términos generales la maniobra de la reacción y ordenó:
     --Antes que cualquier otra actividad, de manera descentralizada cada pelotón ensaya un esquema tentativo de Plan de Reacción y Contra-ataque en el área de responsabilidad, para que cada escuadra ubique su sector y cada soldado sus ángulos de tiro. Debe quedar una escuadra de reserva al mando del sargento Pérez cerca del kiosco de comunicaciones--
       --Después del ensayo del plan de reacción, el teniente Rodríguez verifica cuáles puestos de centinela deben ser reforzados en horas nocturnas,  dispone lo pertinente para que se cumpla a partir de esta noche y actualiza esa información en el gráfico--
       El 29 y 30 de agosto, transcurrieron en actividades administrativas como lavado de ropa, aseo general de las instalaciones, arreglo de las áreas de dormitorios, conocimiento de la base y la necesaria adecuación al terreno, condición que demanda tiempo y paciencia. 
      30 de agosto de 1996, 07:00 P.M. No había luna, la noche era oscura y el ambiente era amenazado por la inminente lluvia. A 200 metros de las trincheras perimétricas, cientos de terroristas de las Farc esperaban para lanzar el demoledor ataque a las 10:30 P.M. cuando ya los soldados estuvieran dormidos, pero una situación inesperada abortó los planes de los asaltantes.
      El refuerzo nocturno del puesto No. 6 no dio espera, sino que sin protegerse detrás de la empalizada, disparó su fusil hacia el lugar de donde provenían los ruidos, con lo cual dejó al descubierto el plan de ataque enemigo.
      --Con excepción de mi capitán y mi sargento, los demás integrantes de la base no teníamos experiencia en combate. Los únicos disparos que habíamos escuchado eran los de los ejercicios de tiro en los polígonos. Desconocíamos la ansiedad y la presión psicológica del combate. Los granaderos no sabían utilizar las granadas de mano, e inclusive uno de ellos lanzó una sin quitarle el seguro. Mejor dicho se la regaló a los bandidos para que nos atacaran con la misma-- recuerda el cabo Bernal Toloza.
     Con otras palabras, el teniente Torres describe la dramática situación:
     --Jamás podré olvidar la desesperada gesticulación de ese soldado moribundo, con media cadera destruida. Suplicante repetía:
      --Mi teniente, no me deje morir. No quiero dejar sola a mi mamá--
   --Contuve las lágrimas, porque no podía hacer nada. Le apreté la mano derecha, aparenté más fortaleza de la que puede simular cualquier mortal y le dije:
      --Tranquilícese soldado. Le vamos a ayudar. No demora en llegar el apoyo aéreo--
      --Continué combatiendo. De vez en cuando miraba hacia donde estaba el soldado. Sus signos vitales se apagaron en forma paulatina. Murió esperanzado en que alguien hiciera algo por salvar su vida--
       A las cinco y media de la mañana, cuando todavía la penumbra le ganaba al sol y no cesaba la lluvia, casi la mitad de la base estaba en poder de los atacantes. En razón a que el cabo Sandoval no tenía radio, corrió de una zanja a la otra para pedir instrucciones al capitán Mazo, porque su posición estaba a punto de expugnada.           Pero cayó abatido durante el recorrido.
       El dragoniante Ulises Ospina corrió como una gacela hasta el improvisado puesto de mando del capitán Mazo y le comunicó la noticia de la muerte de Sandoval. El oficial golpeó con rabia la palma de su mano derecha contra la trinchera y exclamó una maldición.
       En un acto de suprema valentía se trepó sobre el refugio y con desprecio total por su integridad disparó contra cinco terroristas que se aproximaban sigilosos hacia la posición. Los soldados que observaron la heroica acción se sintieron estimulados para continuar el combate. Estaban comandados por un líder sin par.
       --Al amanecer del 31 de agosto-- complementa Ángulo-- no teníamos idea de cuantos y heridos iban, pero veíamos en medio de las últimas sombras de la noche que eran varios. Dos soldados que llenaron dos ollas con agua lluvia y las escondieron debajo de una saliente de la trinchera donde quedaron protegidas hasta de las explosiones, se arrastraban como serpientes y regresaban con sendos jarrados, que bebimos desaforados--
        --Luego llevaban los fusiles embarrados los lavaban y los traían listos para disparar. Que verracos. Fueron dos héroes sin par. Y a ellos se suma la bizarría del soldado Roosevelt Sapui Romero. Pese a estar herido, no cesaba de combatir. No se doblegaba--
        --En razón a que manaba abundante sangre de su cabeza, le acondicioné un retazo de plástico a manera de burdo torniquete. No obstante, Sapui insistía:
       --Combatamos muchachos, que estos manes no pueden con nosotros--
        --Lo vi combatir hasta el último minuto-- complementa el sargento Pérez-- Sapuy era un caballero a carta cabal. Un héroe que envidiarían los héroes de otras guerras. Digno de hacerle una película. Pese a que varias heridas lo desangraron poco a poco, no se vencía. Doblegado por la fiebre dijo:
       --Mi sargento, voy a recostarme a ver si duermo un rato,me debilitan las esquirlas que tengo en la cabeza--
       --Pero no se acostó. Su heroísmo marcaba la línea entre la vida y la muerte. Combatió hasta el final.Cuando lo ví por última vez estaba pálido, se arrastraba con debilidad física pero con mucha fortaleza espiritual--
       --Después de darnos una lección de arrojo, valentía y humildad, llevaba una sonrisa en los labios. El Dios de la guerra lo debe tener en la eternidad entre las huestes de sus guerreros selectos--
       Detrás de las trincheras el capitán Mazo continuó empeñado en la labor de motivar a los soldados
      --Combatamos hasta el final. No nos rindamos. Apunten hacia las posiciones perdidas y disparen. Todo el que esté allí es guerrillero--
       Mazo, estaba esperanzado en que llegaría el avión a ametrallar y los helicópteros con tropas para reforzarlo. De un momento a otro se desencadenó otra balacera fenomenal. Llovían bombas, granadas y disparos de fusil y de ametralladora.
      --Era tal la verraquera de mi capitán-- rememora el cabo Bueno-- que estoy seguro que el fue  el que dio de baja a Ricardo y otro de los cabecillas de las Farc. Gracias a su ejemplo, les causamos la mayor cantidad de bajas sumados los muertos y heridos, entre las seis de la mañana y las doce del día, hora en que se nos acabó la munición--
       --Mi capitán estaba en todas partes. Revisaba los fusiles, daba una palmadita de ánimo en la espalda, nos motivaba, irradiaba alegría y ganas de combatir. Parecía un león agredido--
        --Vi cuando tomó el fusil del soldado José Hernán Pérez Hortúa y le entregó la pistola calibre 9 mm. Mi capitán no bajó la guardia un solo minuto. Incansable dio el mejor ejemplo todo el tiempo que duró el combate--
         --En una de esas maniobras, ubiqué a tres terroristas y ellos a mí. Entre ellos estaba el paisa, a quien por unos instantes perdí de vista, porque se parapetó detrás de un árbol y yo le quedé colocado de blanco. Aunque mi capitán estaba empeñado en responder el fuego a otro grupo, vio al terrorista y gritó:
         --¡Cuidado Bueno!...!lo van a matar!--
          --Di dos volteretas defensivas en el piso. Una ráfaga de fusil levantó tierra y astillas . Mi capitán, suspendió por un momento el fuego contra los que lo asediaban, apuntó su fusil y sacó al paisa de esa posición desventajosa para todos nosotros. Me salvó la vida. Lo reconozco y se lo agradeceré eternamente--
         --Sigiloso oteé el horizonte por encima de la trinchera-- rememora Nausil-- Vi a siete terroristas en silenciosa aproximación táctica. Coordiné con el soldado apodado vaca marina para que me dijera cuando ya estuvieran a cinco o diez metros--
        --Agarré las dos últimas granadas de mano que nos quedaban. Lancé la primera granada. El atronador estallido fue seguido por un lamento que incrementó el drama del angustioso momento.
        --Nos dieron estos h.p chulos. Retrocedamos--
       Luego se escuchó un quejido desgarrador.
       --Asomé la cabeza. Vi dos cadáveres en el piso, mientras otros dos terroristas arrastraban un herido. Uno de los dos muertos, fue Roberto, el agente de inteligencia enviado por Isaías Perdomo a trabajar a la finca del miliciano Esteban. No se para donde corrió el otro--
      --En retaliación, los asaltantes nos ubicaron y desencadenaron dos furiosas arremetidas con granadas artesanales denominadas che 60, granadas de fusil, mortero, bombas de fabricación casera y nutrido fuego de fusil. Primero cayó una granada que no explotó y nosotros se la devolvimos y tampoco detonó; pero enseguida estalló otra que fue la que nos causó más daño. Murieron tres soldados--
      --Ante la imposibilidad de ir hasta la caneca del agua para limpiar el fusil, me jugué el todo por el todo. Entré a la carrera al único kiosco que todavía quedaba bueno--
     --Desgarré una cobija térmica en varios jirones y con ellos limpié el fusil. Seguí hacia el refugio de mi teniente Rodríguez y le planteé que fuéramos a combatir al lado de mi capitán porque esa trinchera estaba en peligro de colapsar. En veloz carrera pasamos al otro lado por encima de la cancha de fútbol y tomamos nuevas posiciones para el combate--
     --Superado el susto-- anota Bueno-- ocupé una de las pocas trincheras que tenían ventanilla. Desde afuera       los bandidos me miraban, levantaban la mano por encima de la empalizada y sin apuntar el fusil me disparaban. Yo veía sus ojos que brillaban al otro lado de la trinchera.
     --En uno de esos movimientos-- relata el cabo Bernal Toloza-- casi me hieren. En arrastre bajo por entre los charcos, avanzaba con varios soldados entre ellos Arbey Torres. Un disparo hirió a Torres, rozó mi cabeza e impactó a otro soldado. Un segundo disparo impactó en el abdomen de Torres, quien gritó desconsolado:--Ay mamá, ay mamá. Mi cabo ayúdeme--
     --Levanté la camisa del herido y vi que tenía un pequeño orificio de entrada, y que la parte trasera de la ojiva estaba a ras con la piel del abdomen. Así con las manos sucias de barro y  pólvora, extraje el proyectil y por suerte el soldado permaneció estable--
     --Un soldado grandulón, que sufrió una leve herida en un brazo como consecuencia del estallido de una granada, repetía insistente:
     --Deberíamos rendirnos mi capitán--
      --No sea cobarde. Si quiere, entréguese usted. Vaya solo, pero no desmotive a los demás... Soldados: ¡disparen contra quien intente traicionarnos!. ¡Lo único que merece un traidor es la muerte!--
       --En  uno de los ajustes del dispositivo, el grandulón se entregó a los bandidos. De remate, otro soldado informó que acababa de evacuar de la zanja de arrastre a un soldado herido de gravedad.  Tantas pérdidas humanas nos ponían al borde del fracaso total, pero el ejemplo de mi capitán inducía a combatir sin rendición--
      Continuó la inclemente tormenta de fuego, explosiones, humo, llamas, ambiente de tragedia y olor a muerte. Una hora y 15 minutos más tarde, el capitán Mazo agrupó a los sobrevivientes que lo rodeaban. Con voz entrecortada, la serenidad perturbada, y, nervioso, dijo:
     --Señores esto se perdió. Destruyamos los radios. No dejemos nada bueno a los bandidos. Ninguno de nosotros es cobarde. No podemos permitir que estos miserables nos agarren vivos, ni que se queden con los radios. Vamos a arrastrarnos hasta puesto 1 y de allí nos tiramos al río. Es una decisión suicida, pero alguien quedará vivo para contar lo que sucedió-- 
     --Cuando mi capitán ordenó que bregáramos a salir por el río--relata el cabo Bueno-- veíamos nubes de bandidos que avanzaban por fuego y movimiento. Estábamos envueltos en una marejada infernal de disparos, explosiones, gritos de júbilo de los asaltantes, lamentos de los heridos, y el olor de los cadáveres en franco estado de descomposición----¿Qué hacemos mi capitán?-- preguntaban los soldados.
     --¡Salgan!, ¡salgan!. ¡Entreguen a sus comandantes!-- respondían los guerrilleros, que alcanzaban a escuchar las preocupaciones de los militares.
     --No salgan porque los matan-- gritaba el sargento Pérez, en cuya mente bullía con lacerante incertidumbre la obvia preocupación:
    --Ojalá que entre los asaltantes no haya ningún habitante del caserío, porque si descubren que soy suboficial, seré hombre muerto--
      Acto seguido, el capitán destruyó un radio, el cabo Bueno otro y el cabo Suárez el último. El sargento Pérez y un soldado desarmaron varios fusiles y enterraron las piezas entre el fango.
     --Estaba ocupado en esa tarea-- comenta el sargento-- cuando vi  que a  un soldado se le trabó el fusil. El atacante desenvainó el machete, que para ellos es el arma de reserva y agredió al soldado. Luego lo remató a tiros. Es inexplicable que mientras todos los integrantes de las  Farc cargan un machete, y lo utilizan a menudo en el patrullaje, las contraguerrillas solo tengan dos  o tres machetes por pelotón--
     Ante la incertidumbre de los subalternos que estaban cerca de su posición, el capitán Mazo exclamó:
     --Síganme quienes estén resueltos a morir o a vivir sin entregarse. La meta es tirarnos al río y salir de este infierno, para ir a buscar refuerzos y regresar a combatir. No podemos morir aquí como ovejitas--
De inmediato se arrojó a la zanja e inició el presuroso recorrido. Gruesas partículas de la hedionda amalgama de arcilla y deshechos humanos rodaban por su rostro.
     --Deduzco-- concluye el cabo Bueno-- que los terroristas se percataron del escape por el río y emplazaron una ametralladora M-60, que concentró el fuego sobre la única ruta que teníamos para escapar--
     El capitán avanzó 15 metros, pero fue detenido por el incesante fuego de la ametralladora. Con total arrojo saltó y apuntó contra la posición enemiga, pero José un francotirador que se había posicionado en la retaguardia del grupo de soldados que intentaba escapar, le propinó un certero disparo por la espalda.
     El disparo le perforó el pulmón derecho. Aunque su alma se negaba a  aceptar la rendición, Mazo inclinó su cuerpo, tomó asiento sobre una saliente de la trinchera, colocó el fusil sobre las rodillas y balbuceante exclamó:
   --Adelante Rodríguez, siga usted con el mando. Me hirieron de gravedad--
       Luego, el capitán Mazo cayó de rodillas, levantó los dos brazos, exhaló un grito de dolor y cayó al piso.
    --Mataron a mi capitán-- gritó un soldado.
    Presa del desconcierto el teniente José Gonzalo Rodríguez, obró como un autómata, se puso de pies y en lugar de moverse hacia algún lado, quedó estático. A escasos tres metros de distancia un terrorista disparó una ráfaga de subametralladora contra la espalda del oficial. Uno de los disparos hizo blanco en el occipital de Rodríguez, quien cayó sin vida entre el charco de inmundicia.
     Por instinto reflejo el teniente Torres miró hacia la izquierda. Vio que por encima de la trinchera, el brazo derecho del mismo terrorista disparaba una subametralladora contra los soldados que intentaban escapar. Apuntó y disparó su fusil, e hirió al asaltante.
      Desconcertados, en absoluto desorden los soldados se replegaron hacia la trinchera. Ya no estaban con ellos los dos leones que los guiaron durante 17 horas. Embarrado de pies a cabeza, malherido y recostado de medio lado el capitán Mazo ordenaba con voz cada vez más débil e incomprensible:
     --¡Escapen muchachos! ¡Escapen!!! Alguien quedará vivo para contar--
Había perdido mucha sangre. Nadie le pudo prestar ayuda debido al incesante fuego enemigo, en especial la ametralladora M-60 de Leidy. Lo que sucediera de allí en adelante dependería del coraje del teniente Torres.
    --¡Entréguense!. ¡No sean bobos, entréguense que no los queremos matar!... ¡Salgan de ahí!-- gritaba triunfalista Oscar el caleño.
    --Mientras tanto-- narra Yúlder González--revisamos general de la base y recogimos todo el armamento. Cada guerrillero cogió de a tres fusiles, luego distribuimos esas armas con los demás. Ante los insistentes ruegos de los militares, les permitimos trasladar los heridos a la sala de televisión Enseguida recibimos la orden de retirarnos--
     --Amarramos a los soldados retenidos con el nudo guerrillero en la garganta, formamos una larga fila integrada por 120 guerrilleros y 60 soldados y se inició la marcha hacia el río Sencella. En la base se quedó el mocho César acompañado por el grupo de retoque entre quienes estábamos Euclides Bermúdez del Frente 49, Alexander, Marlon y yo--
    El capitán Mazo estaba muy malherido, pero aún balbuceaba:
--Una cobija, una cobija, tengo mucho frío--
--El mocho César, ordenó a Marlon:
--Consígale una para que le pase rápido el frío-- y guiñó el ojo para que lo matara
Marlon se acercó al capitán y le dijo:
--¿Tiene frío?--
--Si, mucho...mucho--
--Si, mucho...mucho--
--¿Quiere una cobija?--
--Si gracias--
       --Pero no le dio frío, ni necesitó cobija cuando nos mató a nueve comandantes y estuvo a punto de evitar el copamiento?... ¿Sabe qué llavecita?.... ¡De malas!, le figuró calavera...--
    --En la guerra, los errores se pagan con sangre o con la vida-- susurró el moribundo capitán.
Sin ninguna consideración, Marlon disparó una ráfaga que terminó con la vida del valeroso oficial, cuyo cuerpo se estremeció con fuerza después cada disparo recibido. Igual suerte corrió el cabo Libardo Rodríguez Charry, a manos de Euclides quien lo localizó entre los heridos

Coronel Luis.Alberto Villamarin Pulido
Analista de asuntos estratégicos
www.luisvillamarin.com


 

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Comentarios

1. Por: JuanRey56 - 1 de Febrero 2010 a las 05:13 PM

Los Colombianos de bien debemos conocer gracias a estos artículos el valor de los héroes anónimos y/o olvidados del Glorioso Ejercito Nacional.

Gracias al entrenamiento y al profesionalismo que cada uno de los integrantes del Ejercito han demostrado en estos últimos años, han replegado a los bandidos tanto de las ciudades como del campo y actualmente los obligan a llevar una vida como la de las ratas o en el mejor de los casos, resguardados en los países vecinos por gobiernos comunistas.

Que la amnesia no sea la enfermedad que favorezca a la izquierda en las próximas elecciones y si no queremos que episodios como el narrado, así como las permanentes tomas y destrucción de poblaciones con cilindros bombas vuelva a ser el pan de cada día, debemos escoger con inteligencia a nuestro próximo presidente y senadores, pues terroristas como Teodora y Colombianos por las farc, nunca jamás podrán continuar beneficiándose de su posición mientras agazapadamente ayudan a los bandidos y solo lloran por el ojo izquierdo.

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2. Por: uri60 - 1 de Febrero 2010 a las 05:41 PM

gloria a ese bravo soldado tuve la oportunidad de compartir una parte de su existencia en el sinai siendo el subteniente que dios lo tenga en la gloria.

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3. Por: guillevan - 1 de Febrero 2010 a las 07:03 PM

A todo hombre en la vida le acontecen malas experiencias en su existencia. Pero no todo hombre ha tenido la ocasion de asistir a un combate y menos aun a este de pelear por una causa e ideales de trascendental importancia para la patria como es la lucha actual entre el comunismo y la democracia de la patria.El pasar los dias en espera un proyectil , traicionero,que clavado en el corazon impidiera el retorno al hogar de donde salio a prestar el servicio a la patria, con la idea de vivir una experiencia que le serviria para fortelecer su espiritu, para ser en el futuro un buen hombre cabeza de un hogar con el orgullo de ser un buen colombiano. pero muchos compañeros durmieron el sueño de su gloria en sus tumbas, otros dejan sus miembros disgregados en aquel campo de batalla y llevanran en sus mutilados cuerpos el recuerdo de agonias y victorias, otros el mal recuerdo de un cautiverio salvaje, lleno de amarguras. En tanto otros militares de escritorio, estan pendientes de los cursos al exterior, buenas guarniciones y listos a servir a sus superiores, pero siempre arrodillados!

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4. Por: patriota1 - 2 de Febrero 2010 a las 07:29 AM

Una cosa sí es muy cierta: los que viven defendiendo a las Farc y sus brazos políticos como el PDA, PDI, PCCC y los Colombianos por la "Paz" es porque sobre sus casas no caen los cilindros bomba no los asaltos a mansarda de estos miserables psicópatas que se autodenominan ejército del pueblo. Quizás lo sean del pueblo cubano, no del colombiano, eso sí. Animo valerosos soldados de la Patria, que aunque entre ustedes haya quienes cometan errores, serán juzgados por sus errores, pero el heroísmo con que defienden al país jamás será olvidado. Magistrados y políticos vienen y van, la Institución que son las Fuerzas Armadas quedan.

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5. Por: guillevan - 2 de Febrero 2010 a las 12:58 PM

El coronel villamarin en el libro de su autoria "drama, pesadilla,y espectaculo" denuncio como se creo una base en un area de combate,sin criterios tacticos, sin un plan de defensa, es decir a la "bartola" Esta situacion no debe presentarse en un "ejercito profesional" que pasa con las jerarquias castrenses que autorizaron un puesto en el abandono? Se supone que la aviacion debe estar batiendo al enemigo en un plazo no mayor de 3 horas por que no actuaron FAC, Aviacion militar y de policia? en auxilio de estos hombres. Este asalto y otros posteriores no deben presentarse mas, en un ejercito que lleva 50 años de expariencia perdida? señores generales con las pilas puestas, ya estan en la cuspide de la carrera mejor salir por la puerta grande, no como un mediocre inoperante!

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6. Por: DINOSAURIO75 - 6 de Agosto 2011 a las 07:53 PM

QUE DIOS TENGA EN SU GLORIA AL SEÑOR TENIENTE JOSE GONZALO RODRIGUEZ RODRIGUEZ Y AL SEÑOR CAPITAN MAZO; ASI COMO A LOS SEÑORES SUBOFICIALES Y SOLDADOS QUE OFRENDARON VALEROSAMENTE SU VIDA EN ESA MALDITA BASE. ESO JAMAS DEVIO HABER SUCEDIDO. AMEN.

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