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Esta de moda ser verde (pero, ¿qué tan verde somos?)

Por calopi el 25 de Mayo 2009 8:00 AM

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Por mucho tiempo he oído hablar de la naturaleza humana como algo innatural. Y viendo este juego semántico con cierta impaciencia, concluyo que en verdad queremos ser una especie innatural: concentrados en urbes gigantescas, la mayor parte de nosotros deambula por la vida conectados a mundos virtuales que sobrepasan todo onirismo; nuestro dinero, nuestras ideas, nuestros genes, y hasta nuestros lazos sentimentales se concentran hoy en unos cuantos chips, y de ellos dependemos para darles forma y proyección. Leemos sobre mundos antiguos y fantásticos en libros de texto, los más nostálgicos, o en google o ipod, los más "modernos", dando por hecho que cualquier fuente de conocimiento es indirecta. Adoramos la madurez temprana de nuestra raza: despreciamos lo viejo, lo recorrido, lo rugoso y sabido. Y desde el balcón de un centro comercial donde el consumo desenfrenado por adornos necesitados diluye esa eterna preocupación por una vida intangible, algo que sumía en el estupor existencial más profundo a muchos pensadores del pasado, hoy nos vemos inundados en ese libido tan insensato de sólo lo tangible, olvidamos lo que hay afuera de nuestra propia existencia, lo que alguna vez fue nuestro mundo.

 

Pero fuera de nuestros deseos de ser innaturales, retumba una pregunta más profunda: ¿Es ser humano innatural? No hay ley cósmica alguna que nos ayude a comprender el proceso evolutivo que creó la masa cerebral que llevamos sobre nosotros y con la cual regimos el mundo; no hay ley alguna que le dé sentido a nuestra capacidad de ver las cosas humanamente. Las religiones, es cierto, nos dan un posicionamiento especial en este planeta. Sin embargo, nuestro génesis, para muchas algo divino, sólo se justifica en la medida que nos preocupemos por lo que hay más allá de estas arrugas y estas canas y estos bosques y estos mares, y como hay que comportarse aquí para llegar a eso. Es como si, de una forma simplísima, nos dejaron aquí por capricho y nos las tenemos que arreglar a solas para llegar allá, a lo eterno, a lo inmutable.

 

La pregunta se podría comprender con otra: ¿por qué la naturaleza nos hizo lo que somos? Suficiente evidencia existe para saber que el hombre viene de la naturaleza y dependió, y depende, de ella hasta hoy. Pero esa evidencia no explica porque nos comportamos como nos comportamos ni como nos pensamos en relación a la naturaleza. Este profundo cuestionamiento adquiere más sentido si vemos hoy como ese ser humano, hijo o no de lo divino y lo perfecto, dios o naturaleza, no sabe ni siquiera limpiar la porquería de su vecindario. El juego fortuito de poner nuestras necesidades en contra de lo que es natural parece risible si alguna vez quisimos darle sentido a nuestra existencia en el planeta. ¿Será nuestro destino irrefutable destruirlo todo, y si así es, será tal proceso natural? ¿Y qué hay entonces de nuestro interés por lo natural? ¿Es acaso también innatural dado que viene del hombre?

 

Estas preguntas no están para responderse sino para instigar un sentido de lo profundo en la manera que pensamos nuestra posición con la naturaleza. Hoy en día somos testigos de cómo una incipiente consciencia ambiental ha penetrado los recodos más remotos e impensables de nuestra sociedad: desde los recicladores de papel en Bogotá, hasta el ejecutivo más alto de alguna empresa petrolera que luce bajo sus empañadas prendas corbatas con molinitos de viento. Sin embargo, esto me deja con más preguntas y, en cierta forma, con un sinsabor; me deja absorto en una maraña de pensamientos inoportunos ante el ilusorio positivismo de los tiempos modernos.


Me atrevo pues a decir que nuestra posición con lo natural se puede categorizar de la siguiente manera: 1. Un desinterés total y antagónico por lo natural (el anti-naturalismo); 2. Un interés oportunista por razones económicas, sociales o políticas; ó 3. Un interés verdadero por lo natural, fuera de toda consideración de lo que es beneficioso o no para la humanidad.

 

Quisiéramos, pues, que nuestro interés y nuestro destino fuese regido por el tercero. Pero el pensamiento ambiental, así de profundo como debe ser planteado, es aparentemente incómodo para el mundo moderno, pues es difícil pensar fuera de lo que es beneficioso o maligno para nuestra especie. Inclusive cuando pensamos en los animalitos o en la comida o en el arbolito o en la sequia, estamos pensando en ello porque nos favorecemos de ese pensamiento! Y si es así, en esa tautología abismal que le quita piso a toda teoría, como cuando leemos un libro de Kuhn, el destino verdadero de la naturaleza será siempre ignoto... claro, a menos que nos pensemos parte de él. Por eso se hace importante recuperar nuestro sentido de lo natural, recuperar ese interés original por la naturaleza y ser parte de una arquitectura universal más compleja y más constructiva. Y entonces, no es importante saber por qué lo hacemos, pues se podría decir que nos viene naturalmente ser naturales, sino cómo.


Y así, estableciendo esta necesidad, mis preguntas van cambiando, y tal vez la pregunta más relevante a esta clase de preocupación, y al movimiento ambiental en general, es: ¿Cómo generar un sistema de pensamiento que me ayude a verme a mí mismo como parte de un proceso natural y constructivo? Y, de mayor interés logístico: ¿Cómo propagar a más personas el pensamiento ambiental profundo?

 

Es importante darle sentido a estas preguntas dividiendo sus partes. Primero, el sistema de pensamiento a establecer no es para hacerlo en un ámbito mayor al personal. Es decir, no es una tarea política, ni socio-cultural, ni de grupo de personas interesadas, o de una sola disciplina; es un cuestionamiento más individual y, a la vez, superiores a todo ámbito de interacción humana. No confiemos pues en los sistemas de pensamiento preponderantes en nuestra sociedad: los religiosos, los económicos, los políticos, pues estos no han sabido lidiar con el tema ambiental. Para el catolicismo como para el budismo lo importante no es la naturaleza, sino el desarrollo espiritual, tomando la naturaleza como instrumento de manipulación. La economía de mercado toma la naturaleza como una piscina de recursos a explotar para generar riqueza. Los sistemas sociopolíticos sólo le dan importancia a la naturaleza en la medida en que es valorada por un grupo considerable de personas, de quienes el voto depende, o porque marca o define rasgos humanos y culturales, cosa que es explotada en todos los estrados, positiva y negativamente, para el "progreso" de la sociedad. Este criterio también aplicaría para no caer en el error de crear un sistema de pensamiento a partir de estadísticas, vaguedades sin mayor impacto, no más que un ejercicio informativo y retórico. Tampoco con misticismos, pues caeríamos en la necesidad de recrear puntos convergentes con otra religiones o inclusive crear una propia metafísica "verde" con ningún punto en común con las necesidades reales.

 

El sistema de pensamiento verde es pues importante para la ciencia, para la cultura, para la sociedad y hasta para hacer política, pero va mucho más allá de cualquier disciplina. Por eso, es importante aclarar que cuando hablamos de sistema de pensamiento ambiental profundo hablamos de hecho de la creación de una propia filosofía de vida forjada por el pensamiento ambiental. Y digo profundo porque se ha vuelto casi trendy, o de moda, salir con que somos vegetarianos por razones ambientales, o hasta con frases de cajón en la mesa de la comida y decir "ah, es que este país es muy lindo carajo". Y esta ligereza de pensamiento es lo que me hace promover la difusión de un pensamiento ambiental profundo, pues no es extraño al pensamiento ambiental la inconsistencia entre el discurso y los actos, producto de una tendencia universal a la falta de compromisos valederos y positivos en torno a ideas valiosas. Muchos adhieren lo "verde" a sus propias disciplinas, adecuan la soflama a su propio ámbito: el político se vuelve verde porque ve que puede obtener votos, el científico se vuelve verde porque ve en el campo nuevas líneas de investigación y dinero para financiar proyectos, el artista porque hay nuevo material de crítica y cuestionamiento para hacer arte. Y así sucesivamente, lo ambiental se va adaptando a las dinámicas retóricas de la vida moderna sin mayor impacto que lo que llamamos "green wash", o "pintar de verde", todo aquello que es cotidiano y conocido. El pensamiento de estos falsos ambientalistas no llega lo suficientemente profundo para generar cambios trascendentales en su existencia.

 

Escapemos pues de estos sistemas de pensamiento y creemos un nuevo sistema de pensamiento independiente, sin necesidad de acarear religiones, compromisos políticos, misticismos ni facetas culturales que confundan un tratado filosófico profundo de uno silogismo facilista y superficial. El ambientalismo debe superar todos los ámbitos de conocimiento humano para luego esparcirse, como una mantequilla cremosa, sobre todos. En este sentido, es importante que el pensamiento ambiental profundo no debe ser una "opción", un camino a seguir, sino un criterio, una perspectiva.

 

Esta introducción a la necesidad de un pensamiento holístico sobre el hombre y al naturaleza abre la puerta a una serie de escritos sobre el pensamiento ambiental profundo que espero disfruten.

 

(Read Ambientalesco in English HERE)


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Comentarios

1. Por: riplabo - 23 de Mayo 2009 a las 07:26 AM

El ser Humano como creación de la naturaleza, tiene un propósito bien definido y claro, con su extraordinario sistema nervioso, sirve de conexión entre dos realidades, la mundana y la divina, su papel en la naturaleza es la de administrador de la naturaleza, para logra llevar a cabo su función el debe estar conectado, en su interior con lo divino, cuando esta conexión se ha perdido, el ser humano esta perdido, junto con la naturaleza, que esta bajo su responsabilidad. La naturaleza en su perfecta seidad, tiene un mecanismo automático de protección, para esta situación, el ser humano comienza ha darse cuenta que algo esta mal, he inicia una búsqueda de la solución. Volver a conectarse.

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2. Por: riplabo - 23 de Mayo 2009 a las 07:27 AM

El ser Humano como creación de la naturaleza, tiene un propósito bien definido y claro, con su extraordinario sistema nervioso, sirve de conexión entre dos realidades, la mundana y la divina, su papel en la naturaleza es la de administrador de la naturaleza, para logra llevar a cabo su función el debe estar conectado, en su interior con lo divino, cuando esta conexión se ha perdido, el ser humano esta perdido, junto con la naturaleza, que esta bajo su responsabilidad. La naturaleza en su perfecta seidad, tiene un mecanismo automático de protección, para esta situación, el ser humano comienza ha darse cuenta que algo esta mal, he inicia una búsqueda de la solución. Volver a conectarse.

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3. Por: hoteleria - 25 de Mayo 2009 a las 07:43 AM

No, no es una moda es una necesidad o un sentimiento responsable por la vida!

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4. Por: hoteleria - 25 de Mayo 2009 a las 07:44 AM

No, no es una moda es una necesidad o un sentimiento responsable por la vida!

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5. Por: hoteleria - 25 de Mayo 2009 a las 07:44 AM

No, no es una moda es una necesidad o un sentimiento responsable por la vida!

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6. Por: garzonmoros - 25 de Mayo 2009 a las 10:54 AM

Interesante comentario, es necesario filosofar. Ciertamente la filosofia es la vida misma y todos deberíamos profundizar en ella hasta donde podamos. Problema No.1: tenemos un inmenso vacío entre Dios creador y el si mIsmo ecológico. No.2: No deberíamos olvidar que Dios fue creado a imagen y semejanza nuestra para bien o para mal. No. 3: Existen dos escuelas de pensamiento ecológico a) La de ecología superficial dentro de la cual caen todos aquellos personajes mencionados en el artículo de calopi y b) La escuela de la ecología profunda fundada por el sueco Arne naes, en donde el ser humano es ecocéntrico y lo desplazan de la cúspide del iceberg o mejor témpano de hielo. El ser humano es naturaleza pura, y cuando cree que no forma parte de ella, ensucia. Recomiendo 1. La trama de de la vida (Fritjof Capra, Anagrama). 2. Microcosmos (Lynn margulis y Dorion Sagan, Tusquets). Una nueva ciencia de la vida (Rupert Sheldrake, Kairós). El retorno de la naturaleza (R. Sheldrake, Kairós) y otros.

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7. Por: Amparina - 11 de Junio 2009 a las 05:24 PM

Algunos seres humanos han perdido el valor de valorar y conservar la naturaleza, algunos no entienden que sin ella, la vida no puede ser, todo lo que es verde, nos da la existencia, todos los pensamientos verdes que tenemos, vemos y vivimos todos los días cortos de la existencia de cada ser, es la madre naturaleza, de ella salimos y a ella volvemos ¿Qué será de la vida de los demás seres que están por nacer? ¿dejará el mundo en que estamos viviendo, conocer el verde a las nuevas generaciones?

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8. Por: dhanhox - 12 de Junio 2009 a las 04:57 PM

La inercia de la cultura, lo innatural, lo cotidiano, el torrente urbano, la comodidad...
Agobian, encegecen...
Los juicios de valor, las palabras, la libre expresión, la emancipación del discurso...
No resuelven nada...

Todo esto me recuerda a mi jefe: No me traiga problemas, tráigame soluciones!!!

De todas formas Calopi tiene mi felicitación por su capacidad de análisis y expresión.

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9. Por: samirgomezca - 21 de Junio 2009 a las 12:43 PM

En la prensa local (Bucaramanga) han salido grandes anuncios de un carro ecologico que se produciría en nuestra ciudad marca SALAMANDRA. He buscado información en diferentes medios y no he encontrado nada. Será que alguien sabe algo y me puede informar? samirgomezca@gmail.com

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10. Por: samirgomezca - 21 de Junio 2009 a las 12:44 PM

En la prensa local (Bucaramanga) han salido grandes anuncios de un carro ecologico que se produciría en nuestra ciudad marca SALAMANDRA. He buscado información en diferentes medios y no he encontrado nada. Será que alguien sabe algo y me puede informar? samirgomezca@gmail.com

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Por calopi

Camilo Ordóñez es el autor de este blog. Nace en Cali en 1982. Viajero, eterno aprendiz, observador, y, sobre todo, ecósofo y admirador de la riqueza natural. Estoy en esto desde hace 2 anos y me gusta ser arítifice de estos y muchos otros gritos al cambio hacia la sostenibilidad y el ambientalismo sincero. No soy radical, creo en el cambio paulatino, en el definitivo. No creo en la soluciòn tecnòcrata. Creo en el cambio social, de pensamiento, de conexiòn humano-naturaleza. En la vida pràctica curso mi estudios de doctorado en el àrea de cambio climático local. Contacto: calopi@hotmail.com

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El blog: comentarios, críticas, posturas y demás cavilaciones verdes sobre el movimiento ambiental, sostenibilidad y desarrollo, Colombia y global. Otros proyectos: http:\\ambientalesco.blogspot.com http:\\musicalesco.blogspot.com

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