Más de Cali y sus 21 Megaproyectos
Por calopi el 13 de Marzo 2009 8:00 AM
Hoy me vuelvo a preocupar por algo sobre lo que ya opiné pero me parece importantísimo tocar más a fondo, y eso son los 21 megaproyectos de infraestructura que se planean construir en Cali, en su mayoría viales, incluyendo construcción de puentes, extensión de la avenida circunvalar, ampliación de avenidas, reparación de baches y pasos peatonales, y contienen a su vez la construcción de una ciclo ruta en la vía a Pance (para hace cómodos aquellos paseos domingueros a la cuenca del río) y la construcción (o adecuación) de 2 parques (uno de los cuales ya fue terminado, el parque de El Templete, de un cuarto de manzana). En particular, me preocupa lo que es el proyecto más importante de esta tanda de ideas de infraestructura, y eso es la Avenida Bicentenario, que atravesaría la ciudad de norte a sur en su totalidad (ver figura).
Cali necesita
proyectos de renovación urbana, de eso no hay duda. Cualquier ciudad de
Colombia los necesita, sobre todo para cubrir las necesidades más básicas como
agua (el 13% del país está sin servicio apropiado, y eso es mucha gente!),
electricidad (cada vez que llueve nos la quitan), vivienda, movilidad, zonas de
recreo, en ese orden de importancia. Pero como llevarla a cabo sigue siendo razón
de mucho debate. La actual administración de Cali, como todas las de los
últimos 15 años, no se ha aislado de tal debate, pero parece no llevarlo bien.
El alcalde Ospina y su grupo de trabajo no se destacan por ser proactivos,
originales y creativos, sino que responde a presiones dirigidas desde grupos de
interés externos, poderosos, aves que sobrevuelan la planicie vallecaucana
atacando las presas entre los cañaduzales. Pero antes de meterme en esos
asuntos, veamos un poco más sobre la Sultana del Valle:
Cali es probablemente
la ciudad con más crecimiento demográfico desbordado de Colombia, y eso lo digo
considerando que Bogotá ha sufrido también de ello, pero con la razón de saber
que las cifras en Cali están muy desestimadas. La ciudad ha crecido incontrolablemente:
de unos pocos millón algo de habitantes a principios de los años 90 a más de 3
millones de habitantes. Todo el desplazamiento del suroccidente por conflicto
y, una gran parte, por narcotráfico, acaba en Cali. El déficit habitacional
impresionante ha empujado los límites de la ciudad, desde la punta de los
cerros hasta las costas del Río Cauca; asentamientos ilegales que dan muchos
votos y reciben poca electricidad y agua. Para conectar estas zonas cada vez
más alejadas de lo que era el Cali viejo, las vías de asfalto se han
resquebrajando como queriendo llenar el espacio dejado por aquellos habitantes
furtivos y andenes improvisados sin más ayuda que las fuerzas naturales que
potencian el descuido. Más del 70% de la ciudad se extiende al este, lejos de
los barrios tradicionales, de El Peñón, de Granada, de San Fernando, de
Tequendama, escondrijos ignotos para los estratos 4 y 5, y es desconocida para
la mayoría de los visitantes. Alternativas de transporte como el MIO se han
demorado más tiempo que en cualquier otra ciudad de Colombia, que Pereira, o
Bucaramanga, y entre alabo y orgullo retrogrado, hay cierto escepticismo sobre
la calidad de su servicio, pero también esperanza que estos pocos pasos de bebé
al fin den luz a un futuro más ameno para los que habitan esta ciudad. Pero aún
el transporte público estalla en un sinfín de compañías coloridas de nombres
cada vez más aburridos, si bien dejando atrás los exóticos Papagayo, los Gris
Roja, están los Ermita y los Recreativos, que, igual que sus contrapartes de
antaño, atropellan, se escullen entre asfixiantes huecos del tráfico a
velocidades cuánticas, no sin antes invadir el pasaje peatonal, y negrear con
el hollín las imponentes ceibas, los samanes de antaño, y los pulmones de cuan
transeúnte despistado.


Hay que tener mucha
madurez cultural para darse cuenta que ninguna ciudad colombiana llegará a ser
lo que es Miami o esas ciudades reconstruidas de plástico y estuco de la Europa
continental. Jamás tendrán un aire a pueblo grande y lujoso como Oslo, o a
fábrica bullosa como Londres, y es tiempo que nos demos cuenta de ello. Pero
parece que no nos damos cuenta de ello: las ciudades colombianas quieren
recrear para sí una realidad imitada, ni siquiera alternativa, ni respondiendo
a los que somos, resistiendo a nuestra más profunda naturaleza. Cada vez son
más los proyectos de renovación que involucran grandes hoteles, avenidas,
puentes, parques sin árboles sino con asfalto y fuentes. Prioridades como el
agua (qué más importante que el agua!), el alcantarillado, la electricidad se
dejan atrás. Esto es muy curioso, pues una de las prioridades del gobierno es
cumplir con las Metas de Desarrollo del Milenio (los MDMs, o MDGs en inglés)
que firmó en el 2002, entre ellas los servicios básicos para la reducción de la
pobreza. Esto lo llevó a reestructurar el Ministerio de Ambiente y a dar
prioridades de construcción de infraestructura en vez de conservación y gestión
a la gente del mismo, sacrificando mucho presupuesto y mucha capacidad para
hacer lo que hacemos mejor. La falta de gestión de los parques naturales es una
de las razones por las cuales hoy, como en ningún momento de la historia, estos
se ven mayormente afectados por la tala ilegal y el cultivo ilícito.
Pero no sólo es de
prioridades de gobierno o de las secretarias urbanas. También es un problema de
paradigmas culturales. En estos días comenzó a funcionar el MIO en Cali y la
gente sigue insistiendo: "hace falta cultura ciudadana". ¿Qué es cultura
ciudadana? ¿Cultura occidental para vivir en una ciudad occidental, que como
maquinitas nos movamos a la par de horarios preestablecidos para alcanzar el
máximo nivel de eficiencia, que respetemos las reglas porque hemos hecho parte
de un proceso de racionalización interna en donde todo tiene sentido? Aquí en
Colombia nos apersonamos mucho de un sentimiento patrio profundísimo que
decimos es distinto y nos hace lo que somos. En muchos casos específicos estoy
seguro que "eso" que nos hace "colombianos" a veces choca y va en contra de ese
tal "progreso" western-style que nos quieren imponer, pero no porque queramos
ser pobres, sino porque somos diferentes, y podríamos tener patrones de
comportamiento, sistemas de producción, dinámicas urbanas, que sean más acordes
a o que somos.
El argumento de
"mejorar la producción para mejorar la calidad de vida" es uno que viene desde
allá arriba, y para mí, ya está mandado a recoger en estos tiempos de cambio.
Mucho tiene que ver con nuestra definición de calidad de vida, hoy reducida a
estándares materiales, y con el hecho que otras prioridades de pensamiento, de
idealizaciones, de consensos, hacen parte hoy de nuestra realidad. ¿Cómo un
nuevo edificio mejora mi calidad de vida? ¿Cómo un nuevo carro mejora mi calidad
de vida? ¿Cómo un río sucio desmejora mi calidad de vida? Son preguntas
pertinentes y frecuentes para los que vamos más allá de los paradigmas
tradicionales, los que están de cara en el mundo moderno y se dan cuenta de la
importancia del medioambiente, de nuestro mundo, como bienestar irreemplazable,
y cómo la falta de agua, de árboles, los cambios climáticos, la desaparición de
especies, la pobreza, la urbanización mal hecha, van subiendo cada día a ese
ápice en el que acaban nuestros sueños más íntimos, superando su calidad de
cliché, de respuesta de reina de belleza sobre la paz mundial y las ballenas, y
hasta sus extremismos más irreconciliables. ¿Cómo pretender entonces, que la
sociedad mundial más socioeconómicamente diferenciada, la Latinoamericana, espere
tanto de este paradigma de la riqueza que genera calidad de vida? Sobre todo,
¿cómo podemos confiar que el empresario de turno pase el dinero para que todos tengamos agua potable, aire limpio,
osos de anteojos? Aunque en muchos sentidos estas son preguntas que cada uno de
ustedes, acorde con sus propias ilusiones de lo que es el mundo, puede
responder a su debido tiempo, es importante empujar esta decisión hacia
adelante con discusiones como esta. Es necesario saber lo que somos, a qué nos
dedicamos, de dónde podemos sacar la capacidad, el talento, la técnica para
"mejorar nuestra calidad de vida", que no sea del mismo lugar que hizo el resto
del mundo sacrificando la naturaleza y el medio en el que viven.
Declaro mi
desaprobación y he decidido armar un movimiento de oposición a (la mayoría) de los
21 Megaproyectos que adelanta la alcaldía de Cali a empezar en 2010.
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Perfil
Por calopi
Camilo Ordóñez es el autor de este blog. Nace en Cali en 1982. Viajero, eterno aprendiz, observador, y, sobre todo, ecósofo y admirador de la riqueza natural. Estoy en esto desde hace 2 anos y me gusta ser arítifice de estos y muchos otros gritos al cambio hacia la sostenibilidad y el ambientalismo sincero. No soy radical, creo en el cambio paulatino, en el definitivo. No creo en la soluciòn tecnòcrata. Creo en el cambio social, de pensamiento, de conexiòn humano-naturaleza. En la vida pràctica curso mi estudios de doctorado en el àrea de cambio climático local. Contacto: calopi@hotmail.com
Descripción
El blog: comentarios, críticas, posturas y demás cavilaciones verdes sobre el movimiento ambiental, sostenibilidad y desarrollo, Colombia y global. Otros proyectos: http:\\ambientalesco.blogspot.com http:\\musicalesco.blogspot.com
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Comentarios
1. Por: pensadorberkeliano - 13 de Marzo 2009 a las 11:47 AM
Escribe mucho, pero no dices nada en profundidad. Tienes muchas ideas revueltas y no basas tu ensayo en el proposito de tu tesis.. tu conclusion despues de muchos sentimientos encontrados no es congruente con lo que planteas. Ademas de falta anexar la bibliografia que usaste porque estoy seguro que hay datos que no son reales y los alineaste a tus sentimientos. En fin trata de mejorar esto para que logres un buen ensayo la proxima vez.
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