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El sicariato moral: una nueva forma criminal, sin ley y sin conciencia, usando las redes sociales

Por Jorge Yarce el 13 de Junio 2012 9:18 PM

Los sicarios comunes andan ametralladora en mano  sorteando entre ellos a ver a quien matan. Hay otros cuya arma se llama Twitter, Facebook o Youtube, que son cada vez más una muchedumbre tenebrosa. Esos inventos tecnológicos maravillosos, que han demostrado bondades y efectos positivos en las relaciones interpersonales y en la participación política, corren el riego de ser instrumentos perversos en las manos "criminales" de los sicarios morales que andan como Pedro por su casa sin ley ni conciencia.

El "muro de la infamia" en Berlín es cuestión del pasado. El nuevo muro de la infamia ahora es Facebook y compañía. Allí están registradas las peores historias y las infamias más atroces. Nadie se les escapa a ellos. Gandhi puede ser un degenerado sexual que sufría de una convulsión pacifista, Juan Pablo II un ególatra que quería ser Dios, y Messi un loco fanático del dinero. Lo que allí pasa, supera toda imaginación. Se vuelven un vehículo de mentiras y odios. Como no tienen que responderle a nadie por lo que dicen, la carrera es por ver quien es más agresivo, más corrosivo, más calumniador. No importa no querer llevar una vida escandalosa, no importa tener derecho a la fama o a la privacidad; lo que cuenta es lo que dice cierta gente convertida  en plaga de serpientes venenosas que van devastando todo a su paso.

Los expertos en analizar el contenido de las redes sociales afirman que lo que allí ocurre no tiene precedentes porque es un verdadero tsunami en el terreno de la comunicación humana. Como si se hubieran abierto todas las alcantarillas del mundo y cierta gente empezara a caminar por ahí habitualmente. Si el ser humano es capaz de acostumbrarse a todo, es posible que no se dé cuenta de que está siendo parte de una especie de mierdero virtual. El frenesí de los twiteros, por ejemplo, aumenta exponencialmente, pero una parte de lo que ahí se dice es pura basura, fruto de mentes alucinadas con la posibilidad de seguir a otros o de que los sigan a ellos, no importando dónde van, dónde vienen, ni si lo que dicen es verdad o no. Da la impresión que a esa ola gigantesca de confusión no la puede parar nadie, es decir, estamos metidos en la grande porque el instrumento pensado para hacer bien puede tornarse en un arma letal.

Los estudiosos de las redes afirman que es notable el incremento del nivel de agresividad y de violencia en el lenguaje, de la capacidad de insulto y de ofensa. Tal vez por la historia que cargamos marcada profundamente por las huellas de la violencia. La vulgaridad y el lenguaje procaz son frecuentes en los usuarios de este país. Los políticos se insultan entre sí sin límites y sus seguidores hacen lo mismo; llama la atención que los que utilizan estos medios fácilmente se enervan y empiezan a emplear términos y expresiones salidas de madre, fruto de estados emocionales no de razonamientos serenos. Para expresar los desacuerdos se pasa a la vulgaridad y a la procacidad; en segundos el otro es simplemente  un hijo de perra; no se esgrimen argumentos sino insultos, como si con ellos se pudiera establecer un diálogo. 

Los creadores de esas redes confiesan que con esas prácticas se está desdibujando su finalidad, y se asombran con un fenómeno que va mucho más allá de sus previsiones. Mientras los siquiatras encuentran nuevas patologías, los ciudadanos del común nos preguntamos hasta dónde llegará la creciente amenaza de lo que ciertamente puede denominarse como un nuevo sistema de violencia e impunidad, un verdadero y poderoso sicariato moral. 

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Perfil

Por Jorge Yarce

Soy filósofo de formación, fui profesor universitario y me dediqué al periodismo una larga época, primero en proyectos de educación, y luego en medios, sobre todo en prensa: fundé y dirigí una agencia de noticias, dirigí una revista cultural y fui productor y director de programas de televisión. Ahora dirijo una empresa de consultoría en liderazgo y me dedicó a escribir libros y a dar conferencias sobre los temas en los que he trabajado.

Descripción

Opinabilia significa “las cosas opinables”, o sea comentarios breves para la reflexión crítica sobre temas de interés para el lector. Hablo sobre “Sócrates y la corrupción”, “el sicariato moral”, “la universidad amurallada”, o “el analfabetismo de los jóvenes”, “las heridas mentales” o “para qué educamos hoy”. Quiero ser fiel al nombre del blog: ofrecer elementos para que el lector se forme sus propias opiniones, critique las mías y aporte al discernimiento y al diálogo en torno a ellas. La idea es que nos veamos habitualmente los jueves, o, si la ocasión lo amerita, algún otro día.

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