Portadores de un hondo sentimiento de arraigo por la tierra, los opitas y tolimenses han creado una cultura gastronómica propia, de sabor marcadamente campesino. Sus tradiciones culinarias vienen de las antiguas haciendas ganaderas de la Compañía de Jesús y de los grupos de colonos que llegaron al Tolima Grande huyendo de la violencia política, procedentes principalmente de los Santanderes, Antioquia y Boyacá.
Hacendados, capataces, peones y labriegos difundieron una comida sencilla, con pocos aliños y generosas porciones de carne (sobre todo de cerdo). Las carnes cecinas, oreadas y salpresas son especialidades de los vaqueros trashumantes de la región, que con ingenio lograron conservar su sabor y calidad.
Entre los grandes aportes de la gastronomía huilense y tolimense al sabor nacional se cuentan el pan aliñado, los amasijos de harina de achira y otras increíbles delicias salidas del horno de barro, así como los envueltos de maíz tierno y los quesillos.
La belleza única de los paisajes de estas tierras, la amabilidad de sus gentes y su particular riqueza gastronómica, nos invitan a visitarlas y degustarlas, acompañados por sus inconfundibles acordes musicales.
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