APRENDER, QUÉ TAREA TAN DURA

APRENDER, QUÉ TAREA TAN DURA

Frustrante, desesperante. Ni ella ni nosotros entendíamos por qué ni su inteligencia ni su capacidad para hacer amigos ni su facilidad para componer historias le alcanzaban para aprender a leer .

9 de febrero de 2003, 05:00 am

Frustrante, desesperante. Ni ella ni nosotros entendíamos por qué ni su inteligencia ni su capacidad para hacer amigos ni su facilidad para componer historias le alcanzaban para aprender a leer .

Así describe Lucía la experiencia con su hija Rosana, de 9 años, cuando ella entró en la escuela. Leer y escribir, un proceso vital para cualquier persona, se convirtió en una tarea dura de su vida: Después de mil diagnósticos los sicólogos concluyeron que tenía rasgos de dislexia, que la profesora tampoco supo captar aunque la niña invertía letras o se las comía, entendía las cifras al revés y tenía una dificultad enorme para leer .

La autoestima de la niña se vino al piso. Era blanco de duros comentarios de los compañeros y la profesora, se ensimismó y le cogió fastidio a la escuela. Lo ha ido superando a punta de terapias a las que va tres veces por semana, a la ayuda en casa y a que en el nuevo colegio los profesores entienden de problemas de aprendizaje .

Dependiendo de su gravedad, estos problemas (que afectan la comprensión y el uso del lenguaje) entorpecen el proceso de formación de los alumnos, su capacidad para desenvolverse socialmente y hasta la tranquilidad familiar.

Pueden manifestarse en la dificultad para leer, escribir, deletrear, hacer cálculos y hasta pensar: Una persona que no tiene buen manejo del lenguaje ni desarrolla competencias en esta área, difícilmente puede aprender otras materias, porque no cuenta con la capacidad de entender la información de un texto o en lo que dice el maestro , explica Wílner Gómez, subdirector del Instituto Ipler.

Ni vagos ni lentos.

Expertos en el tema están sorprendidos por la frecuencia con la que se están presentando estos problemas, que son una causa del fracaso escolar, aun cuando los niños que los padecen tienen un nivel de inteligencia normal e incluso superior al promedio.

Pascal Affolter, director de la Fundación Aluna de Cartagena, afirma que a estos alumnos les cuesta aprender al ritmo de los demás: A pesar de sus esfuerzos tienen dificultad para seguir las instrucciones de una tarea, portarse bien y concentrarse. Eso ocurre en uno de cada diez niños en edad escolar .

En países como Estados Unidos esta situación se ha vuelto preocupante. Un estudio del Departamento de Educación, del año 2001, estima que casi tres millones de estudiantes (de 6 a 21 años) tienen algún problema de aprendizaje y reciben educación especial, cosa que en Colombia no ocurre -dice Affolter-. De hecho en las aulas a estos niños se los tilda de vagos, malos e insoportables, cuando en realidad tienen una condición que no pueden controlar. Es común que sean marginados de la escuela .

María Helena López, sicóloga y educadora familiar, sostiene que en medio del desencanto por el bajo desempeño de su hijo, muchos papás acaban culpándolo por su falta de compromiso o preguntándose en qué fallaron .

Se cree que sus causas están asociadas a un funcionamiento diferente del cerebro y, por lo tanto, a la forma en que procesa la información. También a la ocurrencia de eventos traumáticos en la vida del niño, como la pérdida de un familiar o la separación de sus papás, que ellos exteriorizan en forma inmediata.

Mery Velandia, directora de la Fundación Los Alamos de Medellín, explica que los primeros signos aparecen cuando entran al colegio y se enfrentan a esquemas de enseñanza, códigos de disciplina y, por supuesto, a retos intelectuales y tareas que exigen desempeños más complicados.

Los sicólogos aconsejan a los papás tomar las cosas con cautela, dado el origen multicausal de estos problemas.

Antes de desesperarse hay que descartar condiciones físicas y emocionales pasajeras en los pequeños: Suele ocurrir, por ejemplo, que no rinden en el colegio porque no ven ni oyen bien, pero no lo dicen y nadie lo detecta. Igual puede tratarse de situaciones derivadas de su desarrollo o adaptación a cambios en su vida (como el ingreso a la escuela) , explica López.

Si esta no es la causa, y la situación persiste, es necesario acudir a un neurosicólogo para descartar lesiones cerebrales, y a un sicólogo, si hay indicios de que son problemas de conducta o escolares.

No se desepere.

La mayoría de las veces los desórdenes resultan leves y manejables con una terapia dirigida y apropiada para cada caso, el apoyo de los padres en la casa y los maestros en el aula, quienes deben dedicar un poco más de su esfuerzo y atención a estos pequeños.

Las cosas se complican cuando el diagnóstico revela trastornos graves como la dislexia (lectura), disgrafia (escritura), disfasia (lenguaje oral), discalculia (matemáticas) y dispraxia (movimiento).

Estos desórdenes pueden presentar los mismos signos que los problemas de aprendizaje leves o moderados, mezclando problemas de atención e incluso de conducta. A su vez estos últimos pueden presentarse por separado.

A estos hay que sumar el déficit de atención, en pequeños que no se concentran, distraen a los otros y difícilmente terminan una tarea asignada.

Cuando se mezcla con hiperactividad el niño se vuelve inmanejable, porque sumado a lo anterior, no puede quedarse quieto.

López sostiene que todos los casos requieren el esfuerzo de padres, maestros y terapistas para superarlos, cuando se trata de trastornos graves, es necesario recurrir al uso de drogas para regular su comportamiento (testimonio).

CONSEJOS PARA LOS PADRES.

- Aprenda sobre problemas del aprendizaje. Mientras más sepa, más podrá ayudarse a sí mismos y a sus niños.

- Elogie a su hijo cuando le vaya bien. Los niños con problema del aprendizaje rinden en varios aspectos. Averiguen qué le gusta a su niño y cultive sus fortalezas y talentos.

- Indague cómo aprende mejor él, si por medio de experiencias prácticas, escuchando o viendo.

- Haga que las tareas escolares sean una prioridad.

- Establezcan una relación de trabajo positiva con el maestro. Por medio de la comunicación regular pueden intercambiar información sobre el progreso de su niño.

* Fuente: Centro Nacional de Información para la Niñez y la Juventud con Discapacidades, Estados Unidos.

FOTO/Rafael Espinosa EL TIEMPO.

Las dificultades de aprendizaje también llegan a afectar la motricidad gruesa y fina en los niños.