CUÁL RECUPERACIÓN

CUÁL RECUPERACIÓN

Los efectos negativos que la desinformación puede tener son evidentes al considerar la manera en que EL TIEMPO ha tratado el tema de la recuperación de los humedales de Bogotá. El editorial Mientras muere el humedal (17 de abril) refleja la triste situación que ha resultado de ignorar las opiniones de biólogos y conservacionistas, quienes basados en un conocimiento profundo de estos sistemas, consideran que ellos representan un patrimonio único de los colombianos que debe preservarse y manejarse con sumo cuidado.

6 de mayo de 2003, 05:00 am

Los efectos negativos que la desinformación puede tener son evidentes al considerar la manera en que EL TIEMPO ha tratado el tema de la recuperación de los humedales de Bogotá. El editorial Mientras muere el humedal (17 de abril) refleja la triste situación que ha resultado de ignorar las opiniones de biólogos y conservacionistas, quienes basados en un conocimiento profundo de estos sistemas, consideran que ellos representan un patrimonio único de los colombianos que debe preservarse y manejarse con sumo cuidado.

Los casos de los humedales de Jaboque, Santa María del Lago y Juan Amarillo, que EL TIEMPO y el concejal Juan Carlos Flórez (quien escribió recientemente sobre el tema en este medio) consideran una "milagrosa resurrección", representan en realidad un desastre ambiental. Si bien es cierto que tras las obras de remoción de la vegetación acuática en estos humedales es posible ver espejos de agua y hasta varias aves desde las ciclovías y otras estructuras de concreto que se han construido, quienes han escrito en EL TIEMPO ignoran que las aves propias de estos humedales (varias de las cuales no se encuentran en ningún otro lugar del mundo y están en peligro de extinción) requieren de la vegetación acuática para alimentarse y reproducirse.

Las poblaciones remanentes de muchas aves son ahora muertos vivientes, pues sin ambientes de alimentación y anidación están condenadas a desaparecer. Más aún, las "tinguas" que el concejal Flórez ve desde la ciclovía en Santa María del Lago no corresponden a la especie "insignia" de los humedales como él dice, sino a una especie no amenazada, capaz de conseguir alimento en aguas abiertas. Por su parte, la tingua bogotana y el chirriador, especies que sólo se encuentran en el altiplano cundiboyacense y están amenazadas de extinción a nivel mundial, ya se extinguieron en este humedal debido a la ausencia de la vegetación que necesitan.

Este texto ha aparecido en EL TIEMPO al menos dos veces: "La preocupación de los ambientalistas es que al construir ciclorrutas y senderos se eliminan juncos, bosques y matorrales nativos, en donde habitan muchas especies, especialmente aves. Lo cierto es que hasta el momento no existe un estudio que compruebe el daño o la pérdida de especies". Desafortunadamente, lo que se ha llamado "lo cierto" es completamente falso. Sabemos que una especie (el zambullidor colombiano), una subespecie (el pato pico de oro) y probablemente otra más (el atrapamoscas barbado) se extinguieron por la alteración de la vegetación nativa de los humedales.

Además, el Libro rojo de aves amenazadas de Colombia del Instituto Humboldt dice claramente que varias especies (la tingua bogotana, el chirriador) y subespecies (la tingua de pico verde, la monjita y el avetorillo pantanero) que no se encuentran en ningún otro lugar del mundo, están en peligro por la misma causa. La verdad es que el estudio que EL TIEMPO declara inexistente se ha llevado a cabo a través de décadas de investigación científica.

La información también se ha manipulado para descalificar a los conservacionistas, tachando de ambientalistas radicales a quienes nos oponemos al proyecto de intervención de los humedales. La verdad es que nos oponemos a la forma en que este proyecto está planteado, no a que se haga una intervención. Creemos firmemente que recuperar estos ecosistemas es necesario, pero su recuperación debe basarse en lo que conocemos sobre ellos y su biota asociada, no sólo en el afán urbanístico. Tampoco nos oponemos a la apertura de los humedales para todos los bogotanos; nos oponemos a que sean convertidos en parques para recreación activa y soñamos con que sean santuarios de fauna y flora abiertos a la gente.

Las consecuencias de la desinformación reinante hasta ahora podrían ser nefastas. En honor a la verdad, lo que estamos viendo no es la "resurrección ecológica" de los humedales; estamos viendo su muerte como sitio de refugio de las especies que allí evolucionaron y su "reencarnación" en ambientes más propicios para patos domésticos. Las especies de los humedales no están en capacidad de resistir más manejos inadecuados y a no ser que ocurra un verdadero milagro, su extinción será irreversible una vez suceda.

* Candidato a Ph.D., Departamento de Biología, Universidad de Missouri-St. Louis.