EL RETORNO DEL NARCOTERRORISMO

EL RETORNO DEL NARCOTERRORISMO

En el escenario del atentado, las caras son largas. Adustas. Hay patrullas y motos policiales, camiones bandeja del Instituto de Medicina Legal y carros de antiexplosivos.

12 de noviembre de 1999, 05:00 am

La Policía cerca el sitio, los legistas se ocupan de los seis cadáveres y los técnicos antiterroristas cazan rastros. El cráter que dejó la detonación de los 80 kilos de explosivo tiene un metro de radio. Latas incineradas y ventanales huecos, son el vestigio fáctico de la destrucción. Parece una escena de 1989 o de 1993.

La realidad es otra. Va más allá. El carro bomba explotó en el ánimo de la Nación. Hace 72 horas el país reclama una tregua. Lo exige a los frentes de Tirofijo , a los reductos de Gabino y a los paras de Carlos Castaño.

Es la última Navidad del milenio , aduce la Iglesia, que respalda al Presidente. Es el eco de los diez millones de votos del Mandato por la Paz, de las marchas en el Valle contra el plagio masivo de La María, de la Nación que desfiló ante el cadáver de Jaime Garzón y de los millones que caminaron el domingo 24 de octubre diciendo No Más! .

La guerrilla no ha respondido. En cambio, en menos de 48 horas, Bogotá ha registrado dos atentados terroristas. No parece existir relación entre el primero y el segundo, pero en particular el último ha sembrado el desconcierto.

Ahora la mafia...?! Parece obvio, aun cuando no sea así. Sin descartarlo, politólogos y oficiales evalúan otras hipótesis: la guerra entre carteles, la cacería de las Farc a los ganaderos y a los frigoríficos, las avanzadas de extrema derecha e izquierda por desestabilizar el incipiente proceso de paz...

Los narcos? Hace 48 horas, la Corte Suprema de Justicia conceptuó favorablemente a la extradición del colombiano Jaime Orlando Lara Nausa, requerido por tráfico de heroína. Luego siguió el caso de Fernando José Flores Garmendia, El Gordo .

El presidente Andrés Pastrana y sus ministros tienen en cada caso la última palabra, pero es claro que se ha reanudado la extradición. Ayer se firmó la primera. Jaime Orlando Lara Nausa estará en breve en Estados Unidos. El paréntesis de nueve años ha culminado. Y la última lista preparada por Janet Reno y las cortes federales estadounidenses incluye de entrada a 30 nacionales.

Hoy no existe Pablo Escobar, ni el cartel de Medellín, pero oficiales de la Policía y analistas no albergan dudas sobre la ampolla que el instrumento jurídico de la extradición genera entre narcotraficantes. Si han sido ellos, explican, el mensaje es claro: la aplicación de la ley implicará el regreso del narcoterrorismo y sus secuelas de macabra intimidación.

El miedo arroja dividendos y la mafia lo sabe. La política de sometimiento a la justicia y la caída de la extradición en 1991, tienen algo de ese tinte amargo.

El modus operandi, con un carro bomba cargado de explosivos, el sistema de detonación a distancia y otras características, apuntan a la mafia, coincidieron en junta de generales quienes integran la cúpula de la Policía.

No obstante, no abandonan otras posibilidades. Si ha sido solo un sector de la mafia, los narcotraficantes ajenos a esas prácticas tendrán que hacerlo explícito e incluso que entregar a los terroristas. La cacería de Los Pepes a Escobar no fue otra cosa. De otro modo, sin excepción, estarán en la colada a la que el Presidente sentenció hace unas semanas desde España: Si hay terrorismo, los extradito a todos... .

Desestabilización? En Colombia la pesca en río revuelto ha sido una práctica sobretodo de extremas y, en particular, respecto de los procesos de paz. Quienes exploran la hipótesis de que la mafia sea ajena al atentado, lo atribuyen a los mismos extremistas tras los crímenes de Jaime Garzón y Jesús Antonio Bejarano.

La zozobra frente a una escalada con carros bomba en las ciudades obliga al Gobierno y al país a desplazar su atención. El proceso de paz con las guerrillas perdería su protagonismo y saltaría a un segundo plano en las prioridades. En cualquier instante, la veeduría de la opinión se extingue y la guerra vuelve a su statu quo.

En mitad de los secuestros, los dividendos del narcocultivo y la extorsión a extranjeros, paramilitares, guerrilleros y tropas del Estado retornan a la dinámica del conflicto, mientras la opinión concentra su atención en la inseguridad de las ciudades.

Las Farc? El carro bomba estalló frente a la sede de la Federación Nacional de Fondos Ganaderos. En el análisis de un oficial de Policía, es posible que el carro bomba sea otra embestida de la guerrilla contra ese gremio.

Volaron el frigorífico construido en Cúcuta por Fedegán, en octubre de este año. Y la razón es que las Farc responsabilizan a ganaderos y a grandes agricultores del financiamiento de los paramilitares y de su crecimiento acelerado.

Sería, no obstante, la primera vez que las Farc trasladan a la capital su guerra contra los ganaderos y además por vía del terrorismo. Sus milicias han atacado los CAI, hostigado cuarteles de Policía y secuestrado. Pero hasta ahora no habían explotado carros bomba en la ciudad, buscando víctimas inocentes. Este proceder tiene el sello del narcoterrorismo.

Una vendetta? Una última hipótesis de las autoridades tiene que ver con la vendetta que deja 70 muertos entre carteles y que ha arrasado, particularmente, con los antiguos enlaces del ex tinto Hélmer Pacho Herrera.

En el sector, aseguran algunos residentes, el hoy extraditado Pastor Perafán tuvo varias inversiones. Confiscadas más tarde por la Policía, fueron asignadas y puestas bajo custodias de organismos de seguridad.

Sin embargo, núcleos del narcotráfico han continuado operando en la zona. La guerra entre los carteles de Medellín y Cali se desató tras el carro bomba en El Poblado contra Escobar y por eso, en criterio de analistas, ese no es un escenario nuevo. La mafia ha acudido en sinnúmero de ocasiones al terrorismo para autoaniquilarse.

Cuál de las hipótesis tiene razón? Las investigaciones habrán de dilucidar el dilema. Por ahora lo único cierto es que la generación de colombianos que vivió el atentado al avión de Avianca, la sede del DAS, el centro de la 93 y el barrio Quirigua, a más de asesinatos de un ministro, un procurador, decenas de jueces y cientos de policías, aún no olvida ese capítulo.

Quizá por eso las caras largas y los rostros adustos. El terrorismo de carros bomba ha sido sinónimo de dolor y zozobra. Centros comerciales, parqueaderos, aeropuertos, y oficinas públicas, estuvieron amenazadas en el pasado, pero nadie, absolutamente nadie, en un país plagado de crímenes y masacres, creía posible que hasta la paz de la última Nochebuena del milenio estaría amenazada.