NO SE DEJE TRAUMATIZAR

NO SE DEJE TRAUMATIZAR

Colombia es considerado uno de los países más violentos del mundo y esto genera consecuencias sobre la salud mental y emocional de los ciudadanos directa o indirectamente afectados.

25 de abril de 1999, 05:00 am

Muchas veces, la violencia y la agresividad se originan desde el propio hogar y se expande por todas partes como una epidemia con la ayuda de la televisión, el cine o los juegos por computador, principalmente. Esto puede generar traumatismos psicológicos como depresión, ansiedad, desesperanza, frustración, pérdida de seguridad en sí mismo y de la autoestima.

A eso se le agrega que en nuestro país prima el síndrome del no futuro, con gente resentida y maltratada, deprimida. Personas que viven en una profunda desesperanza porque ven que las posibilidades de éxito son muy escasas, lo que puede dar como resultado a un individuo frustrado y violento, dice Daniel Gutiérrez Cuervo, médico psiquiatra de la Universidad Javeriana.

Con el bombardeo de noticias negativas se puede presentar una enfermedad llamada distimia, que se caracteriza por síntomas de depresión, infelicidad, aburrimiento y apatía. Por lo general, la persona se torna irritable, cansada, sin alegría y malgeniada. O la depresión, que hoy aparece como uno de los desequilibrios psicológicos más comunes.

Niños, los más afectados De todo este bombardeo de imágenes de violencia y descomposición, los niños son los más afectados porque van creciendo con una conciencia de violencia permanente, ya que para ellos lo normal es que haya guerrilleros, minas antipersonales, secuestros y combates.

No es coincidencia que durante los últimos años que se ha vivido la guerra del Golfo Pérsico y actualmente el conflicto en Kosovo, se haya incrementado el uso de maquinitas y juegos bélicos por computador. Para muchos niños, el patrón cotidiano es la guerra y sus imágenes de barbarie le Jorge Liévano, psiquiatra colombiano residente en Estados Unidos y que estuvo en el seminario Violencia y Trauma, realizado en la Universidad del Bosque en Bogotá, advierte que por diversos factores (genético, por ejemplo), existen personas más vulnerables que otras y debido a los impactos repetidos de violencia, se originan conflictos de depresión, ansiedad y problemas psiquiátricos, muchos de los cuales se pueden evitar.

El asunto es que cuando se deja pasar mucho tiempo, algunos de estos problemas se vuelven crónicos y difíciles de tratar.

Liévano considera que la información de los medios de comunicación, principalmente de la prensa amarillista, no se maneja con mesura lo que genera más conflictos que soluciones y va a fomentar una serie de respuestas afectivas, como por ejemplo el pánico o aumentar el temor y la desesperanza.

Paras y guerrilleros al psiquiatra El psiquiatra Daniel Gutiérrez señala que hay un nuevo motivo de consulta psicológica que se está presentando por parte de los desplazados de la violencia y se manifiesta como un síndrome de perplejidad. Es decir, son personas que están tan traumatizadas que es como si estuvieran ausentes de sí mismos.

El otro tipo de pacientes por la violencia son el paramilitar y el guerrillero que no tienen ideales de paz y armonía porque le han matado familiares, o los hacendados que luego de meterle el hombro a su parcela, ahora están boleteados por la guerrilla y el paramilitarismo o tienen que abandonar su finca porque no pueden pagar. Eso los convierte también en desesperanzados y resentidos .

Rodrigo Muñoz Barragán, psiquiatra colombiano graduado en la Universidad de Washington y actual presidente de la Asociación Americana de Psiquiatría en Estados Unidos, afirma que la actitud de los medios a veces es muy amarillista y que muchas de las noticias violentas van generando negativismo inconsciente, pérdida de seguridad y de autoestima. No obstante, la violencia tiene un efecto que trasciende a aquellos que realmente la han sufrido en forma directa.

Por eso necesitamos crear atmósferas positivas y de optimismo, principalmente entre nuestros niños y jóvenes.

Tolerancia al ambiente violento Gutiérrez considera que no se trata simplemente de abstenerse de ver televisión o de no escuchar radio o no leer periódicos, porque no podemos negar el entorno violento que nos rodea.

Hay que aprender a lidiar con las escenas de violencia, de modo que no afecten nuestra lucidez mental o nuestra estabilidad emocional. Es importante que los padres participen en la educación de sus hijos a través del diálogo y la confianza, principalmente cuando se trata de discutir sobre los programas de televisión, de acuerdo con la edad de los menores.

En algunas películas aparentemente inofensivas, como por ejemplo el rey león, hay violencia en la selva. Por eso no hay que evitar que los niños vean la TV pero sí hay que seleccionarles de acuerdo con su edad, que programas pueden ver y los padres deben estar atentos para discutir con ellos, para que puedan discernir lo bueno de lo malo y que puedan entender que es la realidad y la fantasía.

Otra de las alternativas es que en lugar de quedarse viendo televisión todo el día, hay que salir a los parques y practicar regularmente algún deporte. Si se quiere estar informado, con un solo noticiero basta pues hay quienes miran hasta tres noticieros diarios, lo que se constituye en una dosis de masoquismo.

El trabajo y las ocupaciones que ayuden a despertar la creatividad, son algunas de las opciones más importantes para evitar caer en estados depresivos o de desesperanza.

No hay que descuidar la parte espiritual ya que esta debe ir de la mano de un compromiso de lucha, para superar las adversidades y salir adelante.