LEYENDA NEGRA DE MARQUETALIA

LEYENDA NEGRA DE MARQUETALIA

La herencia política de Lenin es rica en pensamientos cargados de cinismo, adoptados con ventaja por nuestros revolucionarios criollos. Una de ellas, la mentira cien veces repetida se hace verdad , sirvió de base a la leyenda de Marquetalia que repiten y magnifican periodistas sin tiempo o sin deseos de investigar lo que narran historiadores proclives con la guerrilla. Y no solo ellos. Personas de formación académica y política como Rudolf Hommes terminan aceptándolo (...) esposible que la visión del comandante guerrillero sea la más próxima a la verdad (...) es comprensible la queja de un patriarca campesino como es Tirofijo de que le hayan destrozado su hogar y sus sementeras (...) y que venga una fuerza armada a acabar con la comida o a llevarse el ganado (...) .

15 de enero de 1999, 05:00 am

El hirsuto relato de Tirofijo , leído por alias Joaquín Gómez en San Vicente del Caguán, es la crónica falaz en torno a los 48 pacíficos campesinos y a su patriarca, llamado Tirofijo . Lo cierto es que el 29 de diciembre de 1963, mientras imperaba en la región la amnistía decretada por el Frente Nacional, descendieron ellos del baluarte montañoso de Marquetalia y emboscaron una columna de abastecimientos en la vía PlanadasGaitania, asesinando a cinco soldados y robando los mulares y cargas.

El 2 de marzo de 1964, los mismos pacíficos campesinos a órdenes de quien acabara considerándose su agrónomo de cabecera, secuestraron a los pilotos de una avioneta de Aerotaxi filial de Avianca derribada en cercanía de Planadas, obteniendo 300 mil pesos de entonces por su rescate y asesinaron a los pilotos de un helicóptero de la FAC que acudió en ayuda de los pasajeros de la aeronave civil. El sonado debate en el que Alvaro Gómez Hurtado entonces en la oposición laureanista contra el gobierno de Alberto Lleras Camargo se refirió a los baluartes comunistas de Riochiquito, Marquetalia, Pato y Guayabero como repúblicas independientes, tuvo lugar en 1961, dos años antes de estos sucesos, de modo que en nada influyó en las decisiones de Estado sobre las mismas.

Los tenientes que contemplamos impotentes el deslizamiento del país hacia el abismo, ahora comandantes de batallón, dábamos al conflicto las soluciones comprensivas que habíamos reclamado sin éxito, humanizando el tratamiento del fenómeno en curación. La tesis respecto a los citados enclaves comunistas estableció que la pacificación en marcha terminaría por involucrarlos sin combate en un país resurgido de sus cenizas físicas y morales.

El Plan Lazo, contra el cual arremete la izquierda beligerante, se diseñó por el comando del Ejército a órdenes del general Ruiz Novoa dentro de tales criterios. No fue inspirado por el Pentágono ni se dirigió contra el pueblo colombiano sino a su favor. No se entregaron los 500 millones de pesos de que habla el patriarca de Hommes. No se arremetió contra Marquetalia con los 16 mil hombres de la leyenda negra. Se emplearon tres batallones (1.500 hombres) que ocuparon las zonas circunvecinas para sustraerlas al influjo del patriarca, mientras una fracción de infantería avanzó por el cañón del río Atá, atrayendo a Tirofijo al inexpugnable sitio de Juntas, en tanto el teniente coronel Joaquín Matallana descendía en audaz asalto desde helicópteros en vuelo para apoderarse del caserío sin un tiro.

Me correspondió como oficial de operaciones (E-3) del Ejército proyectar el Plan Meteoro. Puedo afirmar, por lo tanto, que no se produjeron ni los atroces bombardeos, ni la política de tierra arrasada, ni el saqueo agropecuario de que habló Marulanda en San Vicente del Caguán. Mucho menos bombas bacteriológicas lanzadas por pilotos gringos, que jamás han actuado en operaciones militares en Colombia.

Tampoco fue la Iglesia Católica la que quiso mediar. Lo hicieron, a título personal, monseñor Germán Guzmán y Camilo Torres Restrepo. Este, entonces mi amigo, me presentó la propuesta. La llevé al general Rebeiz Pizarro, Comandante General, quien la aceptó, ofreciendo transporte militar hasta el sitio que se eligiera, pero el Cardenal Concha Córdoba no lo autorizó por los riesgos que envolvía.

Al ocupar Marquetalia, se rescató de la casa de Líster Comisario Político de la guerrilla el archivo completo de los 48 humildes campesinos. Allí aparecieron las cartas cruzadas entre su mayordomo Tirofijo y Ciro Trujillo, jefe de Riochiquito, acordando mi secuestro cuando intentaba sacar la colectividad agraria de este segundo bastión comunista del conflicto inminente. El episodio completo lo narro en mi libro Testimonio de una época, donde los Hommes y los periodistas pueden hallar, si les interesa, la verdad y no las fábulas y mentiras cien veces repetidas.