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LAS TASAS DE INTERÉS

El sector financiero no ha descartado un incremento de las tasas de interés de créditos a raíz de las medidas transitorias recientes adoptadas por la Junta Directiva del Banco de la República. Esta reacción ha revivido el polémico tema de la intervención en las tasas de interés, sobre el cual vale la pena plantear algunas reflexiones. En Colombia no se ha discutido suficientemente acerca del efecto de las tasas de interés reales sobre la inversión, pues desde la década de los años cincuenta, la política de crédito de fomento se apoyaba en que las inversiones de largo plazo eran posibles con tasas de interés subsidiadas, posición revaluada en la década del sesenta, en donde el consenso de los economistas se centraba en que las tasas de interés negativas en términos reales generaban distorsiones en la asignación de recursos y podían desestimular el ahorro, lo que originó el replanteamiento del crédito de fomento con tasas altamente subsidiadas. Esta concepción que pretendía corregir d

La medida reciente de colocar límite de crecimiento de la cartera y otras operaciones activas de los establecimientos de crédito se efectuó como una situación excepcional y fue de carácter transitorio, pues según la ley 31 de 1992 no puede exceder de 120 días durante el año. Se esperaría que por su vocación no modifique sustancialmente las tasas, pues de presentar un aumento en las tasas activas, la autoridad monetaria podría transitoriamente estipular tasas máximas de interés, que no induzcan a tasas reales negativas.

Existen múltiples causas que inducen a altas de interés en Colombia, en primer lugar la política monetaria como principal instrumento de estabilización, además, los altos márgenes de intermediación, las inversiones forzosas y los elevados encajes, y por supuesto, la falta de competencia del sector financiero, incluyendo la restricción del crédito externo. Ante tal escenario adquiere vigencia la pregunta sobre la conveniencia o no de intervenir la tasa de interés activa cuando está muy alta y acentúa la brecha con la tasa pasiva. En el mismo plan del Gobierno Gaviria considera que tratar de reducir artificialmente a tasa de interés tiene muchos más efectos negativos que positivos. Vale la pena entonces reflexionar sobre algunas desventajas que podría tener un eventual control sobre la tasa de interés que los establecimientos de crédito pueden cobrar a su clientela por operaciones activas.

1.- No es claro que el control pueda ser efectivo. Se podría cumplir la norma sobre tasa máxima sin disminuir el costo del crédito, ya que los establecimientos de crédito podrían pedir por ejemplo comisiones; lo que implicaría que la tasa nominal puede bajar, pero el costo financiero para el usuario no necesariamente.

2.- Si el control es efectivo, puede existir una desviación de crédito hacia empresas con mejor garantía y de mayor tamaño, y hacia crédito de consumo por ser más rentable, lo que sería indeseable para el control de la inflación.

3.- El control administrativo a las tasas fomenta el endeudamiento bancario de las grandes empresas que cuentan con garantía, evitando que éstas acudan al mercado de valores a obtener financiamiento más barato que el bancario.

4.- Cuando las tasas de interés pasivas están cayendo, el fijar un tope a la tasa activa puede generar aumentos en las utilidades, y 5.- Al fijar una tasa máxima, los establecimientos de crédito querrán prestarle a todos sus clientes a dicha tasa, originando una asignación ineficiente de los recursos de crédito, evitando que se refleje en las tasas el destino, los plazos, la seguridad y la rentabilidad, de los proyectos de inversión.

Esta enumeración, de efectos negativos que por supuesto no es exhaustiva, conduce a pensar que es importante analizar con la mayor rigurosidad las consecuencias de un control administrativo de la tasa de interés activa, pues además de ir en contravía de la liberación económica y financiera, podría acarrear más costos que beneficios. Tal vez la mejor opción sería que el mercado fije tasas de equilibrio que estimulen las bajas tasas de ahorro, pero que en términos reales no desestimulen la inversión productiva. Por último, no hay que olvidar que en una económica cerrada, la elasticidad de la inversión a la tasa de interés es baja, pues el empresario puede trasladar altas tasas de interés a mayores precios al consumidor, pero cuando se abre la economía, dicha situación no es posible.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
4 de abril de 1994
Autor
Rodrigo Castillo Sarmiento

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