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LOS ERMITAÑOS DEL SIGLO XXI

Después de las 6 de la tarde, la vida de los ermitaños es la misma de hace 1.600 años: silencio y oración en la más completa soledad. Pero durante el día las cosas han cambiado un poco: ahora deben sacar un tiempo entre la contemplación y la siembra del huerto para navegar por el ciberespacio, hacer libros y producir programas para radio y televisión.

Hace cinco años, por cosas del destino, o quizás por los designios del Señor, el sacerdote belga, de raza flamenca y extrrrraña prrrronunciación , Antonio Lootens, llegó a una montaña de Piedecuesta, a una hora de Bucaramanga, para fundar la comunidad de Ermitaños Misioneros del Padre Celestial.

Hoy la comunidad cuenta con 60 religiosos y más de 2.000 feligreses que cada domingo viven su propio vía crucis para llegar a la ermita y compartir una misa interactiva , donde los religiosos y la comunidad abordan distintos temas a la luz de las Sagradas Escrituras.

Cuando empezamos aquí, solo había una vieja casa, sin luz ni nada. Hacíamos la misa bajo un toldo de plástico y llegaron cinco personas, luego 10, 20, 50... , narró el padre, de 65 años.

La comunidad creció, abrió una vía para llegar hasta el terreno y construyó la pequeña iglesia que ya no da abasto para recibir a los feligreses. Pero la misa es sólo un complemento a las labores de estos ermitaños que dejaron a un lado las esteras de junco que tejían desde el siglo 3, para convertirse en navegantes del ciberespacio y productores de medios de comunicación.

www.cielo.com De lunes a viernes, construyen o reparan las cabañas donde viven por separado; también se dedican a la carpintería, el huerto, a la costura y, sobre todo, a la oración en completo silencio.

No tenemos votos de silencio; lo que pasa es que somos silenciosos por vocación desde las épocas de San Antonio Abad. Durante el día se habla lo menos posible y a las 6 de la tarde, cada hermano se recluye en su cabaña y se guarda un profundo silencio hasta el siguiente día , explicó el padre Antonio.

Además, los Ermitaños del Padre Celestial cuentan con imprenta, página en Internet y un estudio de radio en el que graban su programa Vitaminas para el alma , que transmiten a la 1:30 de la tarde, de lunes a viernes, por Radio Primavera en Bucaramanga. Así mismo, producen seis programas semanales por onda corta que se retransmiten desde Birmingham, en Estados Unidos, por Eternal Word Televisión Network (EWTN).

También estamos preparando unos videos de media hora para enviar a Claravisión y Caracol, que los van a mirar y si les gustan, pues esperamos que los transmitan , contó el religioso.

Así mismo, los ermitaños envían y reciben mensajes por su página en la web: WWW.EMPC.NET.

Todos los equipos que tenemos son donaciones de los feligreses y de organismos internacionales; máquinas de segunda pero que funcionan bien y que utilizamos para llevar la palabra de Dios , explicó.

El sermón El silencio y la tranquilidad de la montaña se rompen cada domingo desde temprano cuando llegan los feligreses en busetas, camioncitos, vehículos particulares y a pie.

Los devotos, una vez en la ermita y tras un pequeño descanso, compran en el dispensario camisetas, rosarios, libros de oración y guía espiritual, grabaciones, veladoras, imágenes de santos, masato, amasijos y empanadas, recursos que los ermitaños complementan con las limosnas y las donaciones de la liturgia.

Muchos feligreses prefieren hacer fila para que el padre Antonio los escuche en confesión. Y a las 9 de la mañana, todos se dirigen al pequeño templo de tejas de zinc y sólo dos paredes: la primera, detrás del altar que curiosamente está ubicado en el lado ancho del templo y no en el fondo como en las iglesias tradicionales; a la izquierda del altar están los cuartos donde se guardan los objetos sagrados y el equipo de sonido.

Frente al altar se extienden las bancas que terminan con una gradería en cemento de seis escalones, ubicada en lugar de la pared.

Como preámbulo a la llegada del padre Antonio, los feligreses cantan al son de una guitarra tocada por una hermana de la comunidad. Luego del Yo, pecador y el Padre Nuestro , Lootens instala su silla frente al altar, lo más cerca de los feligreses, y comenta: voy a confesarles un pecado: hoy me levanté sin ganas de ir a misa, pero al final me dije, si los doctores curan cuerpos aun estando enfermos; los sacerdotes curamos almas, entonces debo ir a misa. Además, yo soy el que da la misa , dice mientras los feligreses ríen, para explicarles que dar misa no es cuestión de ganas sino de obediencia a Dios, tarea que cumple con alegría y vigor de quinceañero.

Luego empieza a contar y preguntar ustedes saben por qué hoy es el día de Pentecostés? , mientras mira a lado y lado de su templo. Porque bajó el Espíritu Santo , dice alguien al fondo, Porque Jesús llevaba 50 días de resucitado , dice otro.

Así transcurren sus tres horas y un poquito más de sermón, frente a unos feligreses que lo escuchan, rezan, preguntan, participan y se marchan con la fe resucitada y el deseo de volver el siguiente domingo como buenos parroquianos, pero con una visión más globalizada, gracias a estos ermitaños abiertos a las tendencias del nuevo milenio.

Los hijos de San Antonio Los ermitaños nacieron en el siglo 3 por la persecución de los romanos, que decretaron el exterminio de los cristianos. Mientras miles morían en los coliseos otros huían a las montañas o a Egipto donde se escondieron por muchos años.

La historia religiosa considera a San Antonio Abad (251-356) como el primer ermitaño de la iglesia. Otros hombres de Dios dedicaron algunos años a la vida contemplativa, entre los que figura San Agustín.

Lootens, de larga barba blanca y ojos azules, se hizo sacerdote hace 32 años y escogió la vida eremítica. Vivió en Sicilia, Honduras y Costa Rica, donde conoció a cuatro jóvenes que querían vivir como ermitaños, entre ellos una colombiana: la hermana Magdalena.

Allí comprendí que era voluntad de Dios fundar una comunidad y con la hermana Magdalena quisimos venir a Colombia. Mandamos 12 cartas a 12 obispos y decidimos que nos iríamos para donde el que primero contestara. Y fue el cardenal Darío Castrillón, obispo en esa época de Bucaramanga, el primero en hacerlo , recordó entre risas.

Entonces, Lootens y sus cuatro religiosos empacaron algunas cosas, vinieron a Bucaramanga y se instalaron en un pequeño terreno que luego cambiaron por la actual finca de 30 hectáreas en jurisdicción de Piedecuesta. FOTO: Durante el día se habla lo menos posible. A las 6 de la tarde, cada hermano se recluye en su cabaña y se guarda un profundo silencio hasta el siguiente día.

Foto Edgar Vargas

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
7 de junio de 1999
Autor
EDITSON CHACON Z. Enviado Especial de EL TIEMPO

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