Cerrar

Publicidad

Últimas Noticias de Colombia y el Mundo - ELTIEMPO.COM

Últimas Noticias

Ver más últimas noticias

Patrocinado por:

MATRIMONIO CATÓLICO, DIVORCIO O DISOLUCIÓN

He leído con sumo interés y gran satisfacción el artículo de la doctora Rosa Carmen Mosquera R., Magistrada de la Sala de Familia del Tribunal Superior de esta ciudad, aparecido recientemente en EL TIEMPO-CALI, sobre el divorcio del matrimonio católico que se presume consagrado según el tenor del Artículo 42 de la nueva Constitución Política. Encuentro que el de la Honorable Magistrada tiene algunos puntos de coincidencian con el escrito que en los días próximos a la promulgación de nuestra Carta Magna envié EL Espectador, pero que no fue publicado, talvez porque se lo consideró impertinente o quizás porque adolecía de no pocas imperfecciones de redacción e incoherencia de contenido, que me apresuro reconocer.

Palabras más, palabras menos, en aquella oportunidad escribí los siguiente: ante titulares de prensa según los cuales la Nueva Constitución consagrará el divorcio o disolución del matrimonio católico, uno no puede menos que extrañar informaciones como estas que antes que orientar, confunden a la opinión pública. Haciendo abstracción de que se trate de un sacramento - materia de la Teología - el matrimonio católico es una institución de la Iglesia para sus fieles, con todas las connotaciones que ella le atribuye, de la misma manera que el matrimonio civil es una institución del Estado para sus subordinados, con todos los efectos que de él se derivan. El primero mira las creencias, a las cuestiones atañederas al fuero interno de los contrayentes; el segundo, en cambio, regula lo tocante a las relaciones puramente civiles de los cónyuges. Ambas instituciones tienen identidad propia y distinta; tánto, que al matrimonio civil se lo considera un mero contrato; por su origen, por su ámbito de eficacia, y por los entes con capacidad para fenecerlos, son instituciones de existencia completamente autónoma, la de una respecto de la otra, y respecto de la potestad diferente a la que le da vida a cada una de ellas. Por eso, decir que el Estado consagrará en su Constitución el divorcio o disolución del matrimonio católico, pues es esa la acepción y el alcance jurídico de este vocablo, que constituye, cuando menos, una protuberante inexactitud conceptual. Afirmar eso es tan impropio como aseverar que la Iglesia optará por consagrar entre los cánones de su legislación la indisolubilidad o no divorcio del matrimonio civil. Pues soy de la opinión, de que ni la Iglesia ni el Estado pueden estatuir motupropio, un precepto semejante, por cuanto implicaría: de una parte, una arrogante extralimitación de poder y, de la otra, una inaceptable usurpación no solo de jurisdicción sino de competencia, al desbordar en forma arbitraria el estadio de sus propios fueros. Cosa muy diferente es que el Estado decida suprimir del matrimonio católico los efectos civiles que concordatariamente le tiene conferido, lo cual suponelógicamente que esa supresión únicamente puede producirse como consecuencia de la correspondiente reforma de aquel Tratado Internacional, lo que en manera alguna extrañaría divorcio o disolución del matrimonio católico, que seguiría incólume para quienes lo contraigan en el futuro o lo hayan contraído en el pretérito, mientras los Tribunales Eclesiásticos no lo encuentren nulo, o decreten su nulidad. Es que los efectos civiles no son elementos consustanciales de él, sino prerrogativas extrañas a su naturaleza otorgadas por el Estado mediante un convenio, luego la sustracción de ello no incide en lo más mínimo sobre su vigencia. Siendo así, una vez perfeccionada la reforma del Concordato - en ese sentido por la nuencia de las dos Potestades, reforma que además contemple no solo la dispensa que libere a los contrayentes de cualquier impedimento por parte de la Iglesia, sino que defina lo relativo a la retroactividad de sus efectos- es cuando las parejas casadas por el rito canónico y las que lleguen a unirse por el mismo rito podrán separarse y contraer nuevas nupcias civilmente sin problema alguno, de orden religioso ni judicial. Es mi criterio sobre esta materia. OPINIONES José Fidelio Posada Contador público Mucha gente oye hablar de divorcio y de entrada no lo acepta, no porque no sea partidario, sino por que todavía hay la idea de mantener una falsa imagen ante la sociedad de que constituyen el hogar perfecto. Si la gente dejara esos prejuicios, estoy seguro que ante los tribunales se cursarían miles de demandas, pues las parejas que no se comprenden deberían recurrir a él y no mantener peleando, que lo único que hace es desvirtuar la idea que el uno tiene del otro, ocasionar problemas y crear enemistades. Si por desgracia la pareja tiene hijos, estos serán los que van a sufrir las consecuencias de una relación de pareja inestable, que por no afrontar la realidad ante las crisis, están causando un mal mayor en los que le rodean. En cuanto a la parte religiosa, la iglesia nunca va aceptar el divorcio entre los de ruana, por considerarlo un lazo indisoluble por el hombre, pero sí lo permite entre las personas de las altas esferas, caso Turbay, Balcázar y Botero, por que la iglesia es en esencia, elitista. En la parte civil hay mucho enredo para hacerlo. Mejor dicho, en ambos, pues yo aún no entiendo bien eso de que en uno es nulidad y en el otro disolución. Por cosas como esas, es que a mis 47 continúo soltero. Alicia Castaño Comerciante Yo sería partidaria del divorcio si en la pareja no hubiera comprensión y que por mantenerse juntos tuvieran que estar enfrentados continuamente. Por eso, aunque las parejas sean lo suficientemente maduras y se hayan conocido por mucho tiempo, deben considerar el hecho como algo benéfico para ambos. Existen parejas que uno no se explica cómo viven, pues todo el tiempo se están insultando. Un día alegan, al otro se dan y después salen abrazados, como que cogen impulso para una próxima trifulca. La iglesia debería aceptar el divorcio para todos los que se quieran separar, no forzarlos a vivir en ondiciones conflictivas. El clero debería pensar más en la familia que en sus estatutos.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
10 de abril de 1992
Autor
Oswaldo F. Angulo C.

Publicidad

Paute aqu�