LA CLASE DESPUÉS DE CLASES

LA CLASE DESPUÉS DE CLASES

Fito Páez le cantó al amor después del amor, pero ni él ni nadie le han cantado a la clase después de la clase, a las tardes, las noches y a los fines de semana en los que el escenario típico del colegio se traslada a la sala de la casa, pero con una diferencia: el profesor, que en el colegio se comparte con 20, 30 ó 40 chicos más, ahora es sólo para uno. Nadie con quien hablar, de quien copiarse o con quien burlarse del maestro.

25 de julio de 1999, 05:00 am

El tema cobra relieve por estos días porque los alumnos de calendario B están en vacaciones y necesitan recuperar los logros que quedaron pendientes y los de calendario A apenas inician clases y aún tienen cuatro o cinco meses por delante para nivelar aquellas asignaturas en las que todavía no le entienden mayor cosa al profesor.

Pero, como en la canción de Fito, no siempre las clases particulares tienen el perfume que deja el dolor, sino que pueden ser un rayo de luz para detectar cosas que no andan bien.

A seis mil por hora Nelson Murillo llegó hace un año de Cúcuta, donde dictó clases en la universidad Francisco de Paula Santander, buscando trabajo en el campo de la ingeniería, pero la crisis económica lo dejó a la deriva en Bogotá.

Entonces, aprovechando sus conocimientos y lo que sabe de matemáticas, cálculo y física decidió poner un anuncio en el periódico y convertirse en profesor particular.

Por cada hora de clase cobra seis mil pesos el valor promedio en el mercado. Entre semana dicta un par de horas cada día y los fines de semana alcanza a dictar cuatro.

Como él, son muchos profesionales de áreas distintas a la pedagogía los que se anuncian en los periódicos. Hablando legalmente, las clases particulares son consideradas educación informal, por lo que no se necesita ningún requisito para dictarlas ni hay un control por parte de las autoridades.

Sandra Gómez, Felipe Salcedo y Wilson Castro son tres ingenieros químicos de la Universidad Nacional que desde antes de la actual crisis le huyeron al desempleo dictando las clases coco de la universidad como estática, termodinámica o balance de materia y energía.

Hace un año se unieron y abrieron un local en Chapinero. La mejor época de trabajo para ellos es durante los parciales de las universidades.

Una vez se nos vino todo un salón de la Militar porque tenían parcial de cónicas y no tenían ni idea , cuenta Sandra. Con una clase de tres horas tuvieron para presentar su prueba.

Vocación de particular Pero no todos los que dictan clases particulares lo hacen porque la vida los fue llevando a eso o por rebusque sino por pura vocación.

Patricia Ramírez, licenciada en preescolar y con maestría en la universidad de La Sabana, se dedicaría de lleno a las clases particulares, si no fuera un campo de trabajo tan inestable.

Por eso, todos los días hábiles después de salir del colegio a las dos de la tarde trabaja un par de horas como maestra particular, sobre todo en primaria. Es que muchos niños necesitan una guía , afirma.

Para ella, el problema menor es el de los contenidos, pues en algunas ocasiones se encuentra con que la raíz del lío está en problemas emocionales o físicos que no han sido detectados, como el astigmatismo, por ejemplo En estos casos remite al niño a un especialista.

En otras ocasiones encuentra que el niño tiene problemas con asuntos como la direccionalidad o la ubicación en el espacio, habilidades básicas sin las cuales entender los problemas de geografía, solo por poner un ejemplo, sin casi imposibles de resolver.

Para ella, el principal obstáculo para que un niño desarrolle esas competencias básicas es que muchos colegios y padres de familias se preocupan por llenar cuadernos y cumplir con los programas a como dé lugar.

Eso no garantiza que el niño realmente haya desarrollado sus habilidades , afirma Patricia, a quien sus clientes no le objetan los 20 mil pesos que, máximo, cobra por hora.

Pero los maestros particulares son solo el primer escalón de las ayudas extra académicas pues también hay líneas telefónicas para hacer consultas escolares y existen instituciones especializadas en ayudar a hacer las tareas, en fortalecer los hábitos de estudio, en lectura rápida, etc.

Wilner Gómez, subdirector académico del instituto Ipler, una de las primeras instituciones que se dedicó en el país a la ayuda extra curricular, opina que el profesor particular es una buena opción solo si se trata de que el niño no entiende un tema en especial, para lo demás, los especialistas son los indicados.

Lo importante para él, como para Ramírez, es apuntarle al desarrollo de las habilidades básicas de pensamiento.

Hay chicos que hacen sus tareas y son relativamente buenos en el colegio, pero que solo aprenden mecánicamente y a corto plazo , afirma Gómez, para quien el nuevo examen del Icfes es otro argumento poderoso para trabajar con ese enfoque. Y agrega: Cómo le puede dar inglés a un niño si tiene dislexia o enseñarle matemática sin un buen nivel de pensamiento lógico .

Cuándo son necesarios Reglas exactas no hay, pero si algunas señales que los padres de familia deben tener en cuenta para decidir si acuden a una ayuda por fuera del colegio.

- Problemas con contenidos. Al niño o joven no se le facilita entender un tema en particular o en el colegio van mucho más rápido de lo que él puede andar en alguna asignatura. En este caso los maestros particulares son una buena opción.

- No sabe cómo estudiar. En ocasiones los pequeños no son organizados ni con el tiempo ni con sus cosas y que ante cuatro tareas escolares por hacer se bloquean o, simplemente, no tienen un esquema mental de qué hacer primero y qué después. Las instituciones especializadas los ayudan a mejorar sus hábitos de estudios y algunos maestros particulares también están en capacidad de colaborar.

- Problemas físicos o de aprendizaje. Por increíble que parezca, no son pocos los niños que pasaron por el preescolar y los primeros grados de primaria y a los que no se les detectaron problemas de visión o auditivos, entre otros, que son la traba principal para el aprendizaje. En otros casos, por andar cumpliendo programas a la carrera, no se detectó si el niño tenía problemas de aprendizaje, atención dispersa, dislexias u otros trastornos. En estos casos, un buen maestro particular puede detectarlos, pero no corregirlos, pues ese es asunto de fonoaudiólogos, sicólogos, sicopedagogos y otros profesionales. Si esta es la situación siempre debe actuarse en coordinación con el colegio.

- Problemas emocionales. Separaciones, conflictos intrafamiliares o secuestro de familiares, son situaciones que también pueden bloquear a un niño en sus estudios. En estas circunstancias el trabajo duro le corresponde a los padres de familia, apoyados por algún sicólogo (en los colegios pueden ayudar al respecto) que los oriente y, si es necesario, tenga en su consulta al niño, a los padres de familia, o a ambos.