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KOPP, MILAGROS DE BRONCE

La señora del vestido a cuadros se abraza a la estatua de bronce, estrecha su mejilla contra la oreja de la imagen y le susurra algo. Luego le pasa varias veces la mano derecha por la cabeza, acariciándola. La mira fijamente con ternura, se le enlagunan los ojos y se cubre la cara para ocultar el llanto.

Después de unos segundos de sollozos, se santigua y se va caminando hacia atrás, sin darle la espalda al enorme hombre de bronce que permanece agachado con el mentón apoyando en su mano derecha, en posición de pensador. A lo mejor, medita sobre lo que le acaban de decir al oído. Al menos es lo que prefiere pensar Clarita, la señora del vestido a cuadros, quien desde hace ocho meses lo visita, todos los lunes, para contarle sus penas y para pedirle ayuda.

Cuando se va, la siguiente en la fila de quince personas es Orfa Aristizábal, quien llegó para ver si el Hermano Leo le hace el milagro de recuperarle una platica que le deben desde hace rato, como cuenta. Ella también se abraza a la imagen de bronce, empinándose un poquito, a causa de su escasa estatura.

Mientras Orfa le cuenta también al oído el motivo de su preocupación, por detrás aparece la mano estirada de Gilberto Ariza quien se esfuerza por tocar la imagen de bronce, a lo mejor para evitarse la fila. Al fin pone su mano sobre la espalda rosada y brillante, cierra los ojos y con fervor recita la oración (que venden a la entrada del Cementerio Central) por el alma de Leo Sigifredo Kopp, fundador de Bavaria, fallecido en 1927 y venerado por miles de bogotanos como santo patrono, sin canonizar, de los desempleados.

...Oh, siervo, escucha nuestros ruegos en su oído y se los comunique a Dios todopoderoso y lleguen a la mansión celestial, Dios mío , tres padres nuestros, una avemaría y una salve. Gilberto abre los ojos roza de nuevo la espalda de la estatua con la punta de los dedos y con las mismas se hecha la bendición de inmediato.

Como Orfa sigue sumida en su oración el próximo en la fila le hace el reclamo de que le apure, porque el también tiene que hablarle al Hermano Leo y porque, además, ya está empezando a llover. Orfa le dice que mejor siga él, que tiene más afán, porque ella esperará otra vez, para contarle sus desdichas completas a la imagen, y sin apuros.

Y cualquiera diría que tiene sus razones, porque según ella, gracias al Hermano Leo se ganó un chance hace varios meses y no le ha faltado el trabajo. Por eso, desde hace dos años no falta ni un solo lunes a la rutina de orarle al oído.

Rito semanal Lo mismo dice Gilberto, solo que él lleva ya tres años en el mismo rito semanal, a lo largo de los cuales no ha faltado la comida en su casa. Además a un cuñado suyo también le concedió el favor de ganarse un chance de 900 mil pesos, o por lo menos, él se lo atribuye a Kopp.

Gilberto se va, y se va también Orfa y el señor del paraguas que la acosó, pero llega mucha más gente a engrosar la fila de devotos. A veces es tanto el número de gente que va a visitar los lunes la imagen que la administración del Cementerio Central tiene que supervisar permanentemente el lugar para prevenir cualquier cosa.

Incluso se prohibió el uso de veladoras, que llegaron a ennegrecer la imagen, que, además, ahora se encarga de mantener brillante una de sus adeptas, según cuentan.

Aunque a la estatua de bronce del llamado Hermano Kopp se le confieren poderes para encontrar empleo, también llegan a su oído todo tipo de problemas. Escuchó que la hija de Emperatriz está en cinta y que el papá de la criatura no se quiere hacer responsable o que a Marcos Zapata lo atracaron y le dieron una puñalada y está que se muere en el hospital.

Incluso, alguna vez llegó a escuchar, voz en cuello, el grito de un travesti exigiéndole: Mandaste a la Nidia al Canadá, ahora mándame a mí! . Es lo que recuerda Manuel Hernández, escritor bogotano y autor del libro Ese último paseo, en el que habla en uno de sus apartes sobre el fenómeno de devoción por la imagen del fundador de Bavaria en el Cementerio Central, que lleva ya muchos años de arraigo en la cultura popular.

Nadie sabe cuándo comenzó su veneración. Yo creo que lo que sucede es un cruce entre la necesidad y la expectativa por conseguir empleo, y la magia que se le concede desde comienzos de siglo por ser un inmigrante y empresario que ayudó a las clases menos favorecidas. Algo así como el gran empleador , comenta.

Ahora, en tiempos de desempleo y crisis, pareciera que los devotos de Kopp aumentan, pues las filas cada vez son más largas.

Claro que otra es la conclusión de la misma gente. Una anciana, Mariana, viendo la enorme fila para orarle al oído a Kopp, afirma: Es que somos como borregos. Alguna vez a alguien se le dio por subirse a hablarle a la estatua. Como uno hace fila, pues los demás lo siguen. Eso es idolatría .

Para el historiador y periodista, Alfredo Iriarte, la explicación de la veneración de Kopp podría obedecer al hecho de que cuando fundó Bavaria, también ayudó a construir el barrio La Perseverancia a dos cuadras de la fábrica, para que sus empleados no tuvieran que gastar en transporte para ir al trabajo. Además de que les vendió las casas del barrio con magníficos créditos.

Por eso quedaron eternamente agradecidos con él. Y esto se reprodujo de generación en generación. Al punto de que se deformó en esta manera de veneración , comenta Iriarte.

Por su parte, el también historiador Juan Carlos Flórez, afirma que Leo Sigfrid Kopp, de origen alemán, fue uno de los primeros generadores de empleo fabril en Bogotá. Especialmente para las clase bajas de la ciudad que a comienzos de siglo estaban en un gran deterioro. Kopp llegó en el siglo XIX con la mentalidad europea de preocuparse por las necesidades de sus trabajadores. Mi hipótesis es que en adelante el rito se fue alimentando por sí solo , asegura.

La fundación de Bavaria, se remonta al 4 de abril de 1889 por la sociedad familiar Cervecería Alemana Bavaria de Kopp , Doop s Deutsche Brauerei Bavaria.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Bogotá
Fecha de publicación
8 de septiembre de 1999
Autor
JIMMY ARIAS Redactor de EL TIEMPO

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