LUIS CARLOS GALAN 1943-1989. EL GRAN AUSENTE

LUIS CARLOS GALAN 1943-1989. EL GRAN AUSENTE

LUIS CARLOS GALAN (1943 - 1989) Durante los primeros 38 años de su vida, Luis Carlos Galán Sarmiento se había llamado Jorge Galán. Ese era su nombre, de acuerdo con la inscripción en su registro civil de nacimiento, que solo mucho tiempo más tarde pudo ser corregido mediante un poder otorgado a su primo y uno de sus amigos más cercanos, Alfonso Valdivieso Sarmiento.

06 de junio 1999 , 12:00 a.m.

El primer acto político de Galán del que se tenga noticia fue en los desfiles estudiantiles de protesta contra el régimen de Rojas Pinilla. Tenía 13 años. Por cuenta de ello, fue detenido una noche en la plaza de toros. Pero en el episodio recibió una pedrada en la nariz, que le dejó el resto de su vida una cicatriz que habría de representar para él una especie de bautizo en la política rebelde, que fue su sello ante sus electores hasta el día de su muerte.

Ajeno a los ideologismos, Galán estaba realmente convencido de que la solución de los problemas del país era él, encarnando el símbolo de la renovación y de la limpieza, y en ello basó su proyecto político. Algunos acusaban por ello al movimiento de Galán de ser excesivamente caudillista y excluyente. Quizás por ello fue por lo que su movimiento no resistió la embestida brutal de su muerte, y su pronta disolución demostró que el Nuevo Liberalismo era básicamente Luis Carlos Galán, punto de partida y punto final de uno de los proyectos políticos más interesantes del siglo. Desde niño, Galán se había revelado como una personalidad extremadamente perfeccionista: era alérgico a la mediocridad. De ese perfeccionismo son testimonios varias cartas y ciertas anécdotas no muy conocidas. Por ejemplo, en algunas de esas cartas dirigidas a sus hermanos habló así de sus aspiraciones estudiantiles: Ante todo, ganar el año, con todo éxito. Convertirme en presidente de la academia Rafael Nuñez de la facultad. Ganar la maratón de Girardot. Leer todo lo que pueda. Obtener el cariño y la comprensión de una niña bien hermosa, sea quien sea, a la que yo quiera comprender y amar . En otra carta escribió: Me preocupa empezar a crear un prestigio y defenderlo .

Otra prueba de su perfeccionismo y disciplina estricta la constituye la oportunidad en la que, habiendo ingresado al movimiento scout, se propuso llegar a pie desde Bogotá a Bucaramanga. Pasó La Caro, Zipaquirá, Ubaté, Chiquinquirá, Oiba... y abordó un camión de panela, aunque otras versiones dicen que su padre fue a buscarlo y lo encontró rendido en la carretera. O la ocasión en la que decidió matricularse en clases de equitación, porque según él le hacía bien para la espalda, cuando la verdadera razón era que Galán quería que lo vieran entrar bien montado sobre el caballo a los pueblos a los que lo llevaran sus correrías políticas.

Orador y diagnosticador Si hubiera que reconocerle a Galán las cosas que hacía mejor en la vida habría que mencionar dos: era un excelente orador, y un insuperable diagnosticador. Su oratoria no solo hacía vibrar en la plaza pública, sino que fue consagratoria en su paso por el Congreso. El que más se recuerda fue un debate que en forma abrupta le planteó Alberto Santofimio en el senado. Santofimio acusaba a Galán de haberle hecho juego al conservatismo facilitando la elección de Belisario Betancur. De esta confrontación salió victorioso Galán, y así lo reconocieron los senadores asistentes. En cuanto a sus diagnósticos sobre los sucesos nacionales y los problemas del país, hay muchos que después de diez años de su muerte mantienen su extraordinaria vigencia a la luz de la postración del campo, de la corrupción, de la amenaza del narcotráfico y de la violencia guerrillera, y no habría que cambiarles una sola coma para concluir que en ellos está perfectamente explicado qué es todo lo que nos viene pasando a los colombianos. No así sus diagnósticos económicos, sobre todo los correspondientes a sus dos primeras campañas presidenciales, que para la época algunos consideraban anticuados y controvertibles.

Político y periodista Ambas cualidades, la del orador y la del diagnosticador, comenzó a cultivarlas desde muy joven, cuando la emulación entre su vocación de político y la de periodista, que siempre estuvieron entrecruzadas en su vida, lo impulsó a surgir públicamente en sus épocas de estudiante haciendo un poco de ambas cosas. Se apoderó del mimeógrafo del colegio Antonio Nariño y allí inició la publicación de sus primeros boletines políticos, que se convertirían más tarde, ya de estudiante javeriano, en la revista Vértice.

En estos primeros quehaceres combinados del periodismo y de la política estaría la respuesta aún no suficientemente clara de por qué Luis Carlos Galán no terminó, como su juventud y rebeldía lo hacían lógico, matriculado en las toldas del MRL, sino en las del llerismo. Testigos de aquellos primeros números de Vértice aseguran que Galán se sintió inmediatamente atraído a Lleras cuando este aceptó una invitación a colaborar en la revista.

A través de aquella Carta a la juventud liberal (que después se supo que era reencauchada para la revista) se supone que Carlos Lleras cautivó a Galán, pero otros testigos de la época se niegan a creer que la explicación de esta sociedad política hubiera sido tan sencilla, y le atribuyen al ex presidente Lleras cierta labor personal de convencimiento. El hecho es que el liberalismo de Galán se consolidó, y logró enganchar para el entonces candidato presidencial el apoyo de más de dos mil estudiantes universitarios. Recién egresado de derecho y economía en la Javeriana, el periodista y el político seguían compitiendo. Una llamada de Eduardo Santos lo vinculó a EL TIEMPO como editorialista económico, y muy pronto se convirtió en director de la sección y en asistente de la dirección del periódico.

Pero, además, Galán se probó exitosamente como reportero. Uno de sus mejores trabajos surgió de la experiencia vivida cuando viajaba en un avión que fue secuestrado y desviado a Cuba, en 1965. La crónica de esta aventura no solo es un emocionante recuento de los hechos, sino que tuvo un final inesperado cuando, de regreso a Bogotá, Galán se propuso encontrar a los familiares de los aún no identificados secuestradores con base en unas leves pistas e, increíblemente, lo logró.

Liberal radical En EL TIEMPO fue uno de los tres arcángeles , junto con Daniel Samper y Enrique Santos, estrellas periodísticas de su generación. Se hizo buen amigo de ambos. Al igual que Daniel, Galán tuvo tentaciones místicas. El pensamiento cristiano de Teilhard de Chardin, una de sus lecturas favoritas a los veinte años, ejerció una gran influencia en su formación intelectual, y con frecuencia mezclaba sus planteamientos políticos con consideraciones filosóficas, morales y espirituales. Pero a diferencia de Enrique, Galán jamás tuvo tentaciones izquierdistas.

Más aún, Galán no tuvo grandes brincos ideológicos en su vida. Su postura de liberal radical inculcada desde niño por las convicciones férreas de su padre fue siempre su sello político. Inspirado en ella, después de haber sido la oveja negra del oficialismo liberal, selló la unión de su partido, en uno de los momentos más lúcidos y maduros de su carrera política, como lo comprobaría la historia, no sin cierta ironía para todos sus admiradores que no concebían a Galán sino actuando por fuera del oficialismo liberal.

Durante cuatro años de reportería en EL TIEMPO resistió las tentaciones que le ponía permanentemente en su camino el entonces presidente Lleras con el ofrecimiento de atractivos cargos, salvo por la secretaría de la delegación para la Unctad, en Nueva Delhi. De esta misión existe una fotografía de Galán de chaqueta Nerú al frente del Taj Mahal.

La oportunidad de ser ministro se le presentó en pleno Frente Nacional. Como se sabe, una mañana fue a hacerle un reportaje al entonces presidente recién electo Misael Pastrana, reunión de la que salió nombrado Ministro de Educación, a los 27 años. Su aceptación vino adornada con una singular anécdota familiar. Por primera vez el nuevo Ministro pudo dormir solo en su cuarto, que hasta entonces compartía con tres de sus hermanos, y con frecuencia con algunos de sus 80 primos que iban y venían. Durante muchos años, su inmensa f amilia fue la única consejera en la que Galán confiaba, y en compañía de la cual diseñó y manejó el curso de su carrera. No suena exagerado afirmar que los únicos, distintos de su propia familia, que lograron descorrer el velo de su organización, fueron Rodrigo Lara y César Gaviria, este último cuando resultó escogido por Galán como director de su campaña, pocos meses antes de que cayera asesinado.

En su cargo como ministro hizo exactamente lo que el presidente Pastrana le había pedido: No quiero que usted reforme la educación en Colombia, sino simplemente que denuncie todas sus fallas . Con esa facilidad de Galán para diagnosticar los vicios del país, hizo eso durante casi dos años, pero los días especialmente convulsionados que se vivían entonces en el ambiente estudiantil le costaron muchos enfrentamientos, e incluso su Mercedes Benz gris fue quemado en los predios universitarios.

Siendo todavía Ministro escogió a una colega de EL TIEMPO, Gloria Pachón, como su esposa, con quien tuvo tres hijos. Todos ellos han dejado mostrar alguna inclinación para mantener viva la vocación política e intelectual de su padre. Y de la inmensa ternura de Galán hacia su familia existen varias cartas, con frases bien elocuentes. En una de ellas le escribe a su hijo Claudio Mario desde Oxford, donde estuvo un tiempo de profesor, alejado de Colombia por motivos de seguridad: Te he pensado muchísimo estos meses. Eres muy sensible, noble y tienes un mundo afectivo muy rico. Recibe todo el amor de tu padre .

El candidato En 1972 fue designado embajador en Roma, desde donde le escribió a su padre una de las cartas más reveladoras de su personalidad, ya convencido de que su destino estaba definitivamente en la política, y de que ya no era hora de dejarle nada al azar. Con una extensa y cuidadosa prosa Galán se caracterizaba por ser muy preciso en las palabras revela sus planes en los siguientes términos: Mi primera preocupación es saber a dónde quiero llegar y, según eso, cuál de los distintos caminos es el mejor. Mi meta debe ser un cargo o diversos cargos específicos o, en cambio, exponer determinadas ideas, de modo que ellas influyan en el país o por lo menos en Santander... Pero deseo que esas ideas sean de alcance nacional . Y más adelante asegura que buscará su fuerte electoral entre los abstencionistas y el voto femenino.

Nuevamente el periodista se atraviesa: recibe una tentadora oferta del ex presidente Lleras para regresar al país a dirigir su publicación, Nueva Frontera. No lo piensa demasiado, pero tampoco acepta de inmediato. La pulcritud de su talante político lo lleva primero a escribirle al ex presidente una carta en la que ya queda en evidencia la bronca creciente de Galán contra el oficialismo liberal de la época, advirtiéndose al final de ella a Lleras: Si usted, señor Presidente, considera que lo expuesto en esta carta no constituye impedimento para vincularme a la Nueva Frontera... . Y por lo visto no lo hubo, pues Galán regresó al país a hacer periodismo, pero también política, de acuerdo con esa especie de mapa que había diseñado desde Roma.

Es en esa época cuando Galán comienza a recorrer el país en compañía de quien sería uno de sus principales aliados políticos, su primo Alfonso Valdivieso, en unas sorprendentes maratones. Compraron un jeep y viajaban todos los viernes por la tarde a Santander. La meta que se había propuesto era un voto por cada kilómetro recorrido. Regresaban a la madrugada del lunes a Bogotá, y el político volvía a ponerse la camiseta del periodista. Fue así como, en 1978, salió elegido senador con 40 mil votos que obtuvo en Santander. Al año siguiente fundó el Nuevo Liberalismo, con un éxito tan rotundo que en las elecciones de 1982 el movimiento alcanzó seis curules en el Senado y nueve en la Cámara.

El congresista Como parlamentario promovió la modernización administrativa y fiscal de los municipios y sembró las semillas de la reforma constitucional que derivaría en la Constituyente de Gaviria y de la reforma electoral que implantó el tarjetón en Colombia y llevó al liberalismo a ensayar el método de la consulta popular para la escogencia del candidato.

Su debate más sonado fue el que le hizo al contrato minero del Cerrejón, con el que mantuvo prendida la atención pública durante muchos días. Hoy, sin embargo, Galán tendría que aceptar que el negocio del carbón resultó siendo menos bueno de lo que él pensaba, y que en la negociación, contrariamente a lo que había afirmado en el debate, salieron muy bien librados los intereses de la nación. También sobresalieron sus posturas verticales sobre el tema del narcotráfico, que comenzaba a infiltrar el Congreso. A pesar de su fogosidad política y su visión futurista, era un hombre demasiado crédulo e ingenuo, y por esa puerta se le colaron indeseables personajes a su movimiento. De no ser por la decisión inquebrantable de Galán para perseguirlos y denunciarlos, incluso a costa de su propia vida, otra más grave que la actual, si es posible, sería la situación del país.

El conciliador Sepulturero del liberalismo , lo llamaron después de la Campaña presidencial del 82, cuando un Partido Liberal dividido permitió el triunfo conservador de Betancur. Por eso cuatro años después, cuando volvió a presentar su nombre a las elecciones, y después de enfrentarse con gran valentía a Alvaro Gómez en los famosos debates televisados, retiró finalmente su candidatura, para que un liberalismo unido le diera el triunfo a Virgilio Barco.

Pero fue también en el 82 cuando Galán, aliado con Ernesto Samper y Julio César Sánchez, cometió el error más costoso de su vida política, el llamado Grupo Sagasa . Con esa alianza quiso atravesársele, apadrinando el nombre de Carlos Ossa, a la candidatura liberal oficialista para la alcaldía de Bogotá de Juan Martín Caicedo, comandada por Hernando Durán Dussan, fórmula esta última que además contaba con el beneplácito de Carlos Lleras. Por cuenta de ello llegó a hablarse de un distanciamiento de Galán con su mentor político, pues habían quedado en orillas distintas. El resultado fue una aplastante victoria conservadora de Andrés Pastrana. Durán, incluso, demostró tener más votos que Galán y Samper juntos, y el tamaño de esta derrota obligó al jefe del Nuevo Liberalismo a replantear seriamente su futuro político.

La decisión no podía ser sino una. Su movimiento cada día reducía más su caudal electoral, pero su prestigio y credibilidad iban en aumento ante la opinión. Por eso, si Galán quería ganar las presidenciales del 90 tenía que hacerlo con el liberalismo unido. Demostrando un talante político muy maduro, negoció la Union de su partido con Durán Dussan. Aceptó entrar al gobierno de Barco (con quien encontró una gran identidad en su programa de lucha contra el narcotráfico), y participó en la Convención Liberal de 1988 en Cartagena, donde fue ovacionado, después de una elocuente y emocionada intervención. Pero todavía faltaba el paso final: entenderse con el jefe único del liberalismo, Julio César Turbay, después de haberlo increpado hasta la saciedad en 1982. Ambos provenimos de la clase media, pero en distintas épocas , fue una de las frases que pronunció para ambientar el que pudo haber sido el paso más incómodo de su carrera.

El final Faltaba apenas un año para que las encuestas demostraran lo que ya sugerían: que Galán era el próximo Presidente. Arrancando 1989 dijo, en su primera declaración: Este año estará sometido a explosivas presiones . Era premonitorio: lo asesinaron el 18 de agosto en Soacha. Pero semanas antes de su muerte, había entrado en un profundo estado de melancolía, fruto de un intento previo para acabar con su vida, que casi lo logra en Medellín. Consciente de que lo iban a matar, a Galán lo invadió una gran tristeza. Solo mitigada brevemente durante un viaje a Venezuela, donde fue recibido como si ya hubiera sido elegido Presidente. Queda sin respuesta el interrogante de cómo hubiera manejado Galán los toros que le tocó lidiar a César Gaviria. Cómo habría sido el enfrentamiento con Escobar? Qué tratamiento le habría dado a la crisis energética? Se habría opuesto a la privatización y a la apertura? Habría combatido el neoliberalismo? Habría logrado conseguir el acuerdo político que logró Gaviria para hacer la Constituyente? Son preguntas sin respuesta. Lo que sí sabemos a ciencia cierta es qué perdió Colombia con la muerte de Luis Carlos Galán: perdió a un líder político, pero antes que nada, perdió a un educador político.

Nuevo liberalismo LUIS CARLOS GALAN SARMIENTO nació en Bucaramanga el 29 de septiembre de 1943 y murió en Soacha, en un atentado, el 19 de agosto de 1989. Hijo de Mario Galán Gómez y Cecilia Sarmiento Suárez en cuyo hogar nacieron doce hijos; terminó bachillerato en 1960 en el Colegio Antonio Nariño de Bogotá e ingresó a la Universidad Javeriana a estudiar Derecho y Economía, que terminó en 1965, cuando se vinculó a EL TIEMPO, donde fue periodista, editorialista, asistente del director, columnista y miembro de la junta directiva. En 1970 fue nombrado ministro de Educación, cargo en el que afrontó la crisis universitaria de 1971 y del que se retiró en 1972, como embajador el Italia y, en 1974, representante ante la FAO. En 1976 regresó como codirector de Nueva Frontera . En 1978 fue elegido senador y en 1979 fundó el Nuevo Liberalismo.

En 1982 encabezó una candidatura disidente con la que obtuvo el 10% de la votación; se mantuvo al margen del liberalismo oficialista hasta meses antes de su muerte. En 1982 inició un enfrentamiento contra el narcotráfico y expulsó a Pablo Escobar de su movimiento; en 1971, Galán contrajó matrimonio con Gloria Pachón Castro y tuvo tres hijos: Juan Manuel, Claudio Mario y Carlos Fernando.

-Galán dejó muchas inquietudes sin resolver.

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