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MURIÓ GERMÁN VARGAS CANTILLO

Germán, uno de los cuatro primeros y últimos amigos discutidores que tuvo Aureliano Buendía en toda su vida, falleció ayer en forma repentina. Dejó dolientes al periodismo y la literatura colombianos. Alvaro (Cepeda Samudio) fue el primero en irse, como estaba escrito premonitoriamente en Cien Años de Soledad. Le sobreviven Gabriel, laureado con el Nobel, y Alfonso (Fuenmayor), ahora retirado del periodismo activo.

Germán Vargas Cantillo murió en su casa, a los 62 años, 51 de los cuales los dedicó al mundo literario y cultural. Estaba casado con Susana Linares y era el padre de Mauricio, asesor de comunicaciones del presidente César Gaviria; Darío, director y realizador de dramatizados de televisión, y Eulalia, quien trabaja con una editorial.

Durante su prolífica existencia, Germán hizo muchas cosas en radio, porque tenía una excelente voz, en la literatura y en el Gobierno. Fue director general del Instituto Nacional de Radio y Televisión (Inravisión) en el gobierno de Julio César Turbay; subdirector de la Biblioteca Departamental del Atlántico; columnista diario de El Heraldo; miembro del Consejo Editorial de la revista del Banco de la República; colaborador de la revista Cromos y miembro de la Junta Seleccionadora de la Fundación Guberek.

Hace poco le contó al joven escritor barranquillero Laurian Puerta, con quien tenía proyectada la edición de una antología sobre el cuento costeño, algunos aspectos de su vida: empezó a trabajar en la Cruz Roja de Bucaramanga, de donde era su padre, y luego se vino para La Voz de Barranquilla, la primera emisora fundada en Colombia, como locutor y escritor de textos.

Fue corresponsal de El Liberal, dirigido por Alberto Lleras Camargo; periodista de planta de El Nacional, de Barranquilla, y con Carlos de la Espriella fundó el periódico El Mundo, que duró un año. Dictó las cátedras de Literatura e Historia de Colombia en el Colegio de Barranquilla para Varones.

Perteneció al llamado Grupo de Barranquilla, donde coincidieron escritores, pintores y otros artistas hoy de fama mundial como García Márquez y Alejandro Obregón.

Tenía fama de ser el colombiano que más rápido leía textos ajenos, aun cuando fueran unos ladrillos. Por eso fue invitado permanente a integrar jurados de concursos literarios de todo el país y el exterior. Por su oficina de El Heraldo pasaron casi todos los escritores, o aspirantes a serlo, de la Costa Atlántica en busca de reseña de sus creaciones, un consejo de la biblia, o un prólogo.

A nadie le negaba una voz de aliento. Germán era un hombre afable, positivo, enemigo de la controversia, con mucho humor y excelente olfato para identificar qué servía y qué no de los textos que leía , dijo ayer el promotor cultural Alfredo Gómez Zurek, con quien hablaba casi a diario.

Era hombre casero, más bien callado. Le publicaron en libro varias notas sobre literatura colombiana, textos, la antología La Violencia Diez Veces Contada e incontables prólogos, el más reciente para el libro El Poder y la Novela en Colombia, de Raymond Williams, de la Asociación de Colombianistas de Estados Unidos.

La cultura perdió un mecenas intelectual. Su sepelio está previsto para hoy.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
22 de mayo de 1991
Autor
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