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CAJA, GUACHARACA Y ACORDEÓN

Todo en el mundo tiene su evolución y la música vallenata también consigna en las páginas de su historia esa serie de transformaciones y cambios que el maravilloso avance de la tecnología imprime.

Los tres instrumentos que en la actualidad identifican al folclor vallenato, como son caja, guacharaca y acordeón, tuvieron su tránsito en la región para apoderarse del lugar que antes ocupaban otros elementos.

En aquellas grandes extensiones de tierra con predominio de la agricultura y ganadería, los indios Chimilas de la vieja provincia del Valle de Upar, se reunían para parrandear. Y lo hacían a su mejor estilo: con dos carrizos (flautas), un tambor y una guacharaca.

Recuerda el abogado e investigador Tomás Darío Gutiérrez Hinojosa que por mucho tiempo se manejó el indicio de que la trifonía era prehispánica. Trifonía es el sonido de tres instrumentos distintos.

Cuando los españoles llegaron a América existía el conjunto o la organología de la música vallenata. Los Chimilas fueron los habitantes de todo el Valle de Upar e interpretaban, en un conjunto musical, la guacharaca, el tambor y dos flautas o carrizos, hembra y macho. La primera de cinco orificios para dar la melodía y la segunda, de dos orificios para resaltar el ritmo.

Si se toma uno por uno a estos instrumentos, comenta Gutiérrez Hinojosa, la guacharaca, dicen los folclorólogos, son los ideófonos, los instrumentos más antiguos y valiosos por su propia rusticidad. Para nuestro caso la guacharaca es de ideófono de fricción y los Chimilas la tenían. Era a veces profano y también ritual...

Llega el acordeón Se puede constatar con precisión y amplitud que a la llegada del acordeón, inventado en Europa por Kirl Demian hacia 1820, tardó más de medio siglo en llegar hasta América.

Es de suponer que los contrabandistas trajeron el acordeón a territorio americano hacia 1890, siendo incorporado al folclor de muchos pueblos. Pero, sin duda, la mayor acogida se registró en Colombia, a donde ingresó por La Guajira, simple y llanamente porque la única vía era el Cabo de la Vela, Dibulla y Riohacha, que contaban con caminos de herradura hacia el mar.

El acordeón fue inicialmente un instrumentos solista. Por influencia europea se interpretaron valses, mazurcas y dicen quienes tocaron esos aires, que el legendario Francisco El Hombre, era quien mejor tocaba los valses.

Al principio no tuvo acompañamiento pero después se asoció con un redoblante y un bombo, amenizando el baile que llamaron la Colita, desde Fonseca (Guajira) hasta La Jagua de Ibiríco, en los más importantes salones.

Afirma el abogado que en un caso aislado, José León Carrillo, quien fue a Europa para realizar un seminario de formación religiosa, se vino del viejo Continente trayendo consigo un acordeón que llevó hasta su pueblo natal, Atánquez, enclavado en la estribaciones de la Sierra Nevada y habitado por la etnia indígena de los Kankuamos, al norte de Valledupar.

Carrillo tuvo un acordeón antes de 1890. Ni siquiera lo conoció Adán Marcelino Lúquez García, quien murió de 104 de edad hace tres años. Marcelino me contaba a sus 92 años, que conoció el acordeón, la sotana y los libros de José León Carrillo, que los guardaba su hermano Chepa y con el cual cantaba las versos de la canción del Amor Amor.

Cuando el acordeón llegó a las masas del pueblo se descubrió que ese instrumento era la berraquera para tocar. A partir de ese momento comenzó la fiebre.

Gutiérrez sostiene que a partir de entonces se generó un viraje, siendo usado para acompañar a los intérpretes de los aires folclóricos. Por lo menos unos veinte acordeones merodeando con sus melodías al antiguo Magdalena Grande.

Aquí comienza el reemplazo de las gaitas, que aún conservan en su tradición los kankuamos de Atánquez, que se identifican con su danza del Chicote. Tocan con sus dos gaitas, el tambor de doble fondo y las maracas, que reemplazaron a la guacharaca ante la escasez para la época del árbol de donde se extraía.

Emiliano Zuleta Baquero, padre de la dinastía de los Zuleta Díaz, cuenta que antes de tocar acordeón interpretaba la flauta. Nadie nos enseñó a tocar acordeón. Todo el mundo lo cogió, fue aprendiendo y lo fue inventando , sostiene.

Muchos era músicos de gaita. Cayetano Atencio, de Villanueva, pasó de la gaita al acordeón. Igualmente Juan Bautista Durán Pretel, padre de Alejando Durán, quien también experimentó ese cambio.

Muchas marcas de acordeones recorrieron la Costa Caribe, pero a partir de 1950 llegaron los acordeones Honner que lograron la mayor posición y son los que actualmente se mantienen a la vanguardia en los conjuntos vallenatos.

La caja y guacharaca Un tambor con doble parche y una guacharaca que medía más de un metro, acompañaron siempre a los carrizos en la trilogía instrumental dentro de la evolución del vallenato.

Ambos elementos, aunque no fueron reemplazados, sufrieron transformaciones en su estructura. El tambor que tuvo dos parches era bimembranófono y se tocaba con dos palitos o baquetas, como en la percusión americana.

Llegó así casi hasta nuestros días porque según la versión de Colacho Mendoza, el primer tambor del que se hizo acompañar era de doble, similar al que utiliza actualmente Víctor Camarillo, en la Danza de los Diablos o en la procesión de la Virgen del Rosario, en la representación de la Leyenda del Milagro.

Ese tambor es la reminiscencia del pasado y no tiene discusión. Sobre ese tambor de doble parche de carácter indígena entra a vaciarse el mestizaje; en él influye el negro de manera directa haciéndole perder un parche. Para sustituir el parche se cierra esa boca del tambor, que deja de ser cilíndrico adquiriendo la forma de cono. Igualmente pierde las baqueticas y se comienza a tocar con manos, recibiendo la sapiencia percusiva del negro, que, definitivamente, es la mejor del mundo. Casi habla la percusión afroamericana con las manos , explica Gutiérrez.

Posteriormente ese tambor, cuyo cuero era templado con tacos de madera que estiraban las manilas, fue reemplazado por la caja, cuyo aro es metálico y tiene perdigones que ajustan con tuercas el cuero o plástico que le ponen. La caja conservó su forma cónica pero sus elementos alrededor cambiaron.

La guacharaca, que se ponía desde el pie izquierdo hasta la mano del mismo costado, se tocaba friccionándola con una costilla de venado, después con la de una vaca, hasta que se inventaron el trinche: un fragmento de madera con cinco o siete varillas incrustadas para raspar la guacharaca.

Con el paso del tiempo fue recortada y en la actualidad mide entre 30 y 45 centímetros. Para el Festival es indispensable utilizar en los concursos caja de cuero y guacharaca de madera. En el ámbito comercial, los conjuntos utilizan la guacharaca metálica.

Los ritmos del vallenato Cronológicamente los aires del folclor vallenato son: puya, merengue, son y paseo, según relata el compositor y presidente de la seccional de Sayco, Alberto Murgas.

La Puya Es el primer aire que se tocó en acordeón desde Francisco El Hombre, quien hizo muy famoso el tema de La puerca mona . Casi todos los temas se referían a animales, como pájaros, toros, vacas, etc.

Precisa Murgas que su letra es satírica. Definitivamente fue el primer aire que se dio en esta región. Se comenta que antes de que llegara el acordeón los carriceros la interpretaban tratando de hacer las imitaciones de los diferentes pájaros que existían. En la región de Atánquez, imitaban al pájaro Cuíbaro.

Merengue Es primo hermano de la puya. La diferencia es que el merengue es narrativo, costumbrista y es más lento. Su estructura musical es la misma y es un aire emotivo.

La segunda generación, por 1940, se disputó el título del rey del merengue. Fueron sus grandes intérpretes Eusebio Ayala (quien murió de 97 años, hace tres años); Octavio Mendoza (tío de Alejando Durán); Chico Sarmiento (de La Junta (Guajira), popular por tocar La Culebra Toche).

Son Es nostálgico. Siempre se cantan los lamentos, inclusive se dice que con el son, el negro se lamentaba expresando su suerte de esclavitud, después se ser traído a esta región.

Representativos sones del folclor son los temas Alicia Adorada, de la autoría de Juancho Polo Valencia, que al regresó de una parranda encontró muerta a su mujer en la población de en Flores de María . Su letra dice: se murió mi compañera qué tristeza... se murió mi compañera qué dolor... .

Otro ejemplo, compuesto por el primer rey vallenato Alejando Durán, Altos del Rosario: lloraban los muchachos... lloraban los muchachos...

Paseo Es multitemático. Sus mensajes pueden ser románticos, narrativos, descriptivos, picarescos, etc.

Según Tomás Darío Gutiérrez, desde Tobías Enrique Pumarejo y Rafael Escalona, para acá, se habla del paseo vallenato.

Hubo influencia del español en el paseo por su forma narrativa - descriptiva y en la construcción de su estrofa. Su diversificación tiene mucha esencia española.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
17 de abril de 1999
Autor
PAUL BOLAÑO SAURITH Corresponsal de EL TIEMPO CARIBE

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