LA NACIÓN DE LAS RANAS

LA NACIÓN DE LAS RANAS

Aunque el título de esta historia suene como un eufemismo para referirse a esa extraña vocación nacional de meterse en lo que no importa, se trata en realidad de un muy documentado argumento: en ningún lugar del mundo hay tantas especies de sapos y ranas como en Colombia. (VER FOTOGRAFIAS)

1 de marzo de 1999, 05:00 am

Un estudio realizado hace unos veinte años por los investigadores D. M. Cochran y C. J. Goin estimaba que en Colombia había 212 especies. Hoy se dice que Colombia es el país más rico del mundo con 578 especies registradas, un dato que se conoce gracias a que ha aumentado el número de estudios sobre la fauna andina.

Y en el mundo de los estudios, las ranas y sapos no han sido la excepción: de esa percepción mitológica en la que estos animales aparecen como símbolo de la fertilidad en casi todas las culturas, han pasado a conocerse profundamente desde la perspectiva científica. Por ejemplo, se sabe que se encuentran en todos los continentes excepto en la Antártida, y en algunos lugares como las Antillas y las islas oceánicas.

Se conoce también que existen aproximadamente 4.300 especies en la Tierra, distribuidas en 27 familias, de las cuales América del Sur cuenta con cerca del 35 por ciento.

Más aun, los estudios han permitido conocer que, aparte de las ranas y sapos, de los otros dos grupos de animales que están clasificados como anfibios (salamandras y caecillas) también hay estadísticas relevantes en Colombia: hay 17 especies conocidas de salamandras en Colombia y de las caecillas, que son unos animales parecidos a las lombrices, se conocen 28 especies.

Pero especias de ranas, hay para dar y convidar. Hasta ahora, muy pocos lugares en el país presentan la posibilidad de no encontrar alguna especie. Uno de ellos son las elevaciones por encima de los 4.200 metros, que impiden que las ranas puedan sobrevivir debido a la rudeza de los vientos. Tampoco hay en los manglares, por los altos niveles de salinidad, ni en el islote de Malpelo, en pleno Océano Pacífico.

Las pocas que hay en las islas del caribe colombiano deben su presencia a que el hombre las ha llevado hasta allí.

Pero todo ese malabar estadístico de saber cuántas ranas hay no se debe a la tarea de unos científicos que se despiertan un día y dicen En qué matamos nuestro tiempo libre? .

La importancia de saber cuántas y qué tipo de ranas habitan Colombia tampoco sirve solo para tener el galardón que nos distingue como los primeros en el codiciado escalafón de los megadiversos, sino que los niveles de investigación pueden ser más profundos.

Hoy, el trabajo que hacen biólogos como John D. Lynch o Juan Manuel Rengifo, por nombrar solo estos dos ejemplos, adquiere suma relevancia en el campo científico internacional.

Ranas o sapos? Estas investigaciones han permitido conocer, entre otras cosas, que la mayoría de las ranas de Colombia son animales pequeños en los que pocas especies sobrepasan los 50 milímetros de longitud, y que son carnívoros en la etapa adulta.

Su alimentación consiste en insectos y otros artrópodos. Algunas especies comen peces, ratones, culebras, lagartijas y a veces pájaros. Incluso, hay algunas que se comen a otras ranas.

Pero si existe algo más curioso aún es que no prevalece todavía una explicación científica para diferenciar a ranas y sapos. Usualmente, dentro de los términos técnicos, los científicos escasamente han distinguido los sapos como miembros de la familia Bufonidae y las ranas como de la familia Ranidae, pero aún perciben que encasillar unas 20 familias dentro de esta clasificación es un ejercicio frustrantemente débil o incorrecto.

En Colombia hay 13 grupos de subfamilias de ranas. Algunas son muy difíciles de encontrar en otras partes del mundo, como las Ceratophrynae, Pipidae y Pseudidae. Estas, precisamente, son algunas de las más codiciadas por los traficantes de fauna exótica.

Ranas o sapos, en Colombia tenemos de sobra en especie y en número, pero ojalá los que más se noten sean aquellos de ojos saltones Curiosidades Algunas especies presentan curiosas formas de vivir, de adaptarse al medio. Por ejemplo, la Ceratophrys calcarata pasa más de la mitad del año enterrada esperando que llegue el invierno.

Otros, como los renacuajos de sapos del género Atelopus viven en quebradas andinas y poseen una ventosa que aparentemente surgió como una adaptación al entorno para superar la fuerza del agua.

Así mismo, las hembras del género Cryptobatrachus transportan sus huevos pegados al cuerpo y ahí se desarrollan sus crías. Esto les impide estar muy cerca de las cascadas.

Como una generalidad, durante la época de apareamiento, ranas y sapos emiten chillidos, gruñidos y hasta silbidos con el único fin de atraer a su pareja. Entre tanto, las ranas que habitan cerca de Medellín son casi todas distintas a las que se encuentran en la periferia de Santa Fe de Bogotá, o de la capital del Cauca, Popayán.

El asunto de la diversidad es tan asombroso que en Colombia las selvas ponen el 40 por ciento de las especies, y es posible encontrar entre 80 y 90 especies, según un estudio realizado por W. E. Duellman, publicado hace 20 años por la Universidad de Kansas.

Pero, sin duda, lo increíble es que los colombianos solo conocemos, o mejor, reconocemos una especie: el sapo común (Bufo marinus) porque es el que aparece en las zonas urbanas, más cerca de los pueblos que de los árboles.

En estas zonas no es posible establecer contacto natural con ranas venenosas, que generalmente están adornadas de vistosos y encendidos colores para intimidar a sus posibles predadores.

*Con la colaboración del biólogo John D. Lynch, profesor del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia