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LA HISTORIA DE LA CÉDULA

Todo tiempo pasado fue mejor, dicen muchas abuelas. Sin embargo esta máxima no se aplica para la cédula de ciudadanía, pues para portar este documento al comienzo de siglo era necesario tener en alguna parte del vestido un bolsillo de casi medio metro cuadrado en dónde guardarlo.

Aunque desde mediados del siglo pasado se viene hablando de la importancia de la cédula, sólo hasta la segunda década del presente se normalizó su expedición, pero solo para los hombres. Las mujeres no eran tenidas en cuenta para votar y se identificaban con la tarjeta de identidad, al igual que los hombres menores de 21 años o quienes hubiesen perdido los derechos civiles.

La primera ley que reguló la cédula data del 16 de junio de 1853, sancionada por el general José María Obando, presidente de la república.

Sin embargo se expedía tres días antes de las elecciones y era retenida al momento de la votación para verificar, mediante el cruce de información con los sufragios. Dos meses después, el alcalde del municipio, acompañado de dos testigos y en presencia del presidente del jurado electoral procedían a quemar todas las cédulas expedidas.

De todas maneras como el país vivía casi en un estado de permanente guerra o de alzamientos populares, los comicios no eran frecuentes.

En esas épocas, para expedir el documento era suficiente jurar que la persona tenía el nombre suministrado, que era mayor de 21 años, que sabía leer y escribir, que hacía por lo menos 10 días vivía en el domicilio enunciado y que los vecinos lo conocían de tiempo atrás.

Pero desde esos tiempos, gracias a la facilidad de obtener el documento, ya se presentaba la compra y venta de votos.

Los tiempos cambian Tuvieron que pasar muchas décadas antes de que tanto el gobierno y el Congreso de pusieran de acuerdo en la adopción de iniciativas para perfeccionar el mecanismo para identificar a los ciudadanos y permitirles votar en las elecciones.

En 1929 se realizó la primera reforma electoral de importancia que incluía la expedición de cédula. Como dato anecdótico, la ley estipulaba que en caso de pérdida, el ciudadano debería pagar 20 centavos para su reexpedición.

Con la Ley 89 de 1948, que creó la Organización electoral se dio origen una reestructuración del documento de identidad. En esa oportunidad se contrató una misión canadiense que fijó unas recomendaciones para la expedición de la nueva cédula, proceso que comenzó en 1952. Cuatro años más tarde se expidieron las primeras cédulas para las mujeres.

Posteriormente, en 1975 se disminuyó la mayoría de edad que quedó en 18 años.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
10 de febrero de 1999
Autor
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