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BACHILLERATO: LAS VÍAS ALTERNAS

Ah, yo me meto a validar! , es la frase que más escuchan muchos padres de familia cuando los jóvenes que están buscando colegio empiezan a ver cómo se cierran las puertas de las instituciones y se acerca el inicio de clases. También la dicen jóvenes que han estudiado cada grado en un colegio distinto y que se cansaron de la institución escolar o aquellos que ya andan encarretados con asuntos como el estudio formal de algún instrumento musical y para quienes aprobar el bachillerato es solo un requisito que hay que cumplir.

Además, está la publicidad. Cada día se escuchan en la radio anuncios que invitan a validar el bachillerato o a hacer dos grados en un año. Y las vallas en la calle refuerzan el mensaje. En Bogotá, por ejemplo, en la Avenida Caracas por el sector de Chapinero, hay una verdadera avalancha de avisos ofreciendo resolver el problema.

Pero, de qué se tratan estas opciones? A quiénes les sirven? Qué calidad tiene las instituciones que anuncian servicios de este tipo? Lo primero que deben tener claro el padre de familia y los adolescentes es que validar el bachillerato y estudiar en un programa flexible son dos asuntos diferentes (ver detalles en el recuadro).

Lo segundo es que, según las leyes colombianas, se debe buscar hasta el máximo grado posible que los niños y jóvenes estudien su educación básica y media en instituciones de carácter formal, es decir, las escuelas y colegios tradicionales. Cualquier otra opción debe analizarse con cuidado porque se trata de mundos distintos.

No todos pasan La validación de grados y de todo el bachillerato en un solo examen nacieron en 1971 como un servicio para mayores de 23 años que no habían terminado sus estudios básicos y hasta finales de la década pasada el número de asistentes no era muy grande (unos 6,700 para validación general en 1988).

Sin embargo, a partir de ese año comenzó a crecer a un ritmo vertiginoso el número de inscripciones aprobadas, que saltó, en 1989, a 13,673 personas para el examen general. En 1992 se eliminó la edad mínima con lo que, en teoría, hasta un niño puede validar sus estudios básicos. Así, el número de inscritos llegó a más de 6O mil personas en 1995 y 1996, la mayoría de ellas jóvenes.

De hecho, en el examen de noviembre pasado el 34 por ciento de las 22 mil personas que presentaron prueba de validación tenían entre 17 y 20 años y el 10 por ciento entre 13 y 16 años. Quizás el dato más sorprendente es que 21 de los inscritos manifestaron tener menos de doce años en el momento de inscribirse.

Entre esos jóvenes se cuentan algunos que estudiaron fuera del país y les es más fácil acudir a la validación que hacer los engorrosos trámites de equivalencias de estudios. Pero, según un jefe de admisiones de una universidad, hay algunos vivos que, estando en décimo grado en un colegio formal presentaron ese examen de validación .

A propósito de esto, EL TIEMPO consultó los departamentos de admisiones de tres prestigiosas universidades de Bogotá. En todas afirmaron que no había ningún tipo de restricción para aceptar bachilleres por la vía de la validación, aunque, como los demás aspirantes, debían llenar los requisitos exigidos, entre los cuales casi siempre hay un examen de la misma universidad.

Un nuevo modelo Sin embargo, el año pasado se presentó una notable caída en las inscripciones aceptadas para validar, que pasaron de casi 54 mil en 1997 a algo más de 40 mil.

La razón parece cifrarse en el hecho de que a partir de diciembre de 1997 una nueva modalidad de estudios hizo su aparición y le mordió terreno a la validación: el bachillerato flexible para adultos.

Esta nueva modalidad, según el investigador pedagógico Adelmo Ardila, quien trabaja en programas alternativos, ha hecho que la gente sienta que está estudiando , y no solo solo preparándose para un examen que no saben si van a pasar.

Hay mucho entusiasmo porque ya no es un implante del colegio diurno al nocturno sino que hay una identidad propia y proyectos en los que no solo se trabajan contenidos, sino asuntos como la productividad y la inteligencia , explica Ardila.

En esa identidad del nuevo modelo están de acuerdo todos: se trata de una alternativa diseñada para adultos y, eventualmente, para jóvenes que por necesidad deben ingresar muy temprano a la fuerza laboral, pero a los que no se les puede negar la posibilidad de continuar estudiando.

Los niños y jóvenes deben estar en la escuela , afirma Jesús Naspirán, de la oficina de Poblaciones Especiales del Ministerio de Educación Nacional, que está a cargo de mirar el desarrollo de este modalidad.

No sólo el cartón Para Naspirán, mucha gente se engaña buscando solo el cartón, pero sin atender a la calidad de la formación. Eso debe cambiar , afirma y explica que puede que en algunas ofertas radiales se malinterprete el sentido de esta modalidad y por eso todos debemos hacer seguimiento y veeduría de esas ofertas .

Sin embargo, para el funcionario, ya existen buenas alternativas para esta modalidad de estudio, entre las que los conocedores destacan algunas cajas de compensación como Confama, en Medellín, que trabaja con jóvenes de unos 18 años, que han salido por diversas razones de la escuela tradicional.

También existen en todo el país más de 50 entidades privadas que han recibido la autorización de las respectivas secretarías de educación, a donde pueden acudir los padres de familia para averiguar por la legalidad de un instituto.

Jorge Ramírez, director académico nacional de Ased Ltda., opina que con el decreto 3011 del 97, que inició el bachillerato flexible para adultos, le dio estructura a una posibilidad que antes no existía.

Claro que es una opción válida afirma el directivo de Ased, que ha concentrado su mercado en la población joven trabajadora. A Ramírez le gusta la alta exigencia de las Secretarías de Educación y afirma que se han visto no pocos casos en que se les negado la licencia a instituciones sin un proyecto pedagógico claro.

Para Naspirán es muy pronto para hablar de resultados o de la calidad de esta opción. Insiste en que no se debe esperar lo mismo que en una escuela tradicional (asignaturas rígidas y tres veces más horas de clase, por ejemplo) y que el papel de las secretarías de educación resulta fundamental para garantizar la calidad del llamado bachillerato flexible.

Validación de Bachillerato Se trata de un examen, muy similar en su forma al que presentan los estudiantes de grado 11 y que también administra el Servicio Nacional de Pruebas del Icfes.

Así, el examen revisa cinco áreas: ciencias, lenguaje, matemáticas, sociales y una prueba electiva. Lo máximo que se puede sacar en cada área es 80 puntos. La validación del bachillerato en un sólo examen se pasa con 250 puntos, no importa cómo se logre acumular ese puntaje en las pruebas (por ejemplo 80 puntos en matemáticas y lenguaje y 30 en las demás áreas).

Otra modalidad, que parece entrar en desuso, es validar grado por grado. Pero, en ese esquema el porcentaje de aprobación del grado once, por ejemplo, llega apenas al 12 por ciento.

Para validar no hay ninguna restricción de edad y cualquier persona puede inscribirse directamente ante el Icfes. Sin embargo, existe una multitud de institutos que ofrecen preparación para esos exámenes. Esas instituciones están inscritas en la llamada Educación No Formal y no pueden expedir ningún título ni grado a nombre propio, solo pueden ofrecer orientación académica.

Bachillerato flexible Esta modalidad es relativamente nueva, pues se reglamentó en el decreto 3011 del Ministerio de Educación que entró a regir de diciembre de 1997.

Oficialmente se trata de educación de adultos y tiene restricciones en la edad. Para ingresar a la educación básica (hasta noveno grado) se deben tener 13 años y para educación media (décimo y once), 15 años.

En ambos casos se debe haber abandonado la educación formal por lo menos dos años atrás y someterse a un examen de nivelación para que el comité de evaluación de la institución que lo reciba lo ubique en el grado que debe cursar.

Dentro de esta modalidad las instituciones sí están facultadas para otorgar la aprobación por grados, incluyendo el once. Quienes se gradúan por esta vía tienen que presentar el mismo Icfes que los bachilleres regulares.

Validar: cada vez más difícil (Ver recuadro) Las estadísticas del Icfes revelan que cada vez se presentan menos personas a validar el bachillerato por grados. La validación tuvo una explosión entre 1994 y 1997 pero, el año pasado se notó una fuerte disminución en el número de personas que lo presentaron, lo que coincide con el nacimiento del llamado bachillerato flexible. Además, según las cifras, cada vez es más difícil aprobar ese examen.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Educación
Fecha de publicación
17 de enero de 1999
Autor
José Luis Novoa S.

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