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A PUNTA DE CAÑA

Todo aquí huele y sabe a panela. Las 25 fanegadas (161,6 hectáreas) de El Totumo, la finca de Héctor Mejía y su familia, están impregnadas del rico sabor de caña panelera.

No en vano se encuentra ubicada en una de las regiones productoras de panela más importantes del país, Villeta (Cundinamarca).

Por las características geográficas donde está ubicada la finca un terreno bastante húmedo, los cultivos de caña no son abonados. Algo ya tradicional en esta zona.

Esta tierra es muy buena para caña panelera, que se va resembrando a medida que se va cortando. Por eso nunca se ha hecho un cambio total de los cultivos. Ahora estamos con la idea de renovar esta caña que ya está muy vieja (más de 50 años), pero con semillas nuevas , asegura don Héctor.

En pocos días iniciará un experimento para mejorar la calidad de la panela, que consiste en echar potasio al cultivo de caña (el potasio se obtiene de la ceniza que deja la quema del bagazo) para aumentar la concentración del azúcar en la caña.

El Totumo se encuentra ubicada en la vereda Mave, a 1.100 metros sobre el nivel del mar, muy cerca de la carrilera del tren. Su temperatura promedio está entre 18 y 25 grados centígrados.

Pero además del cultivo de caña, El Totumo ha comprobado las ventajas de una hornilla ecológica diseñada por Corpoica para aumentar la productividad y la calidad de la panela.

Se trata de un nuevo desarrollo tecnológico que permite el máximo aprovechamiento del calor y del jugo de la caña y un mayor rendimiento del tiempo de molienda. Además utiliza el propio bagazo de la caña como combustible, con el consecuente beneficio ecológico (antes, la hornilla se alimentaba con caucho y leña de monte).

Aquí nada se desperdicia! Melote para todos De una paila especial que llama Melotero , don Héctor obtiene el melote, un residuo del bagazo de caña (cachaza) que él utiliza para alimentar los cerdos, los novillos, los pollos y hasta los conejos.

Por cada 100 kilos de panela (una carga) saca 10 kilos de melote, que bien guardado dura entre seis meses y un año Tiene seis novillos que pesan 16 arrobas cada uno y cerca de 200 pollos que cría su esposa Inés durante 42 días.

El melote que se utiliza para los pollos se cocina más, con el fin de evaporar más agua y de que dure más. Y aunque les echa todos los días revuelto con concentrado, solo lo hace después de la cuarta semana de nacidos, pues antes resulta un alimento muy pesado.

El sabor de los pollos es muy bueno, como si se criaran con solo maíz , asegura doña Inés.

A los novillos, en cambio, se les da melote cada tercer día se les combina con pasto Brachiaria y su cría dura más o menos dos años. El margen de ganancia aquí es del 30 por ciento.

Otro negocio redondo de don Héctor es el de los cerdos. Los compra de un mes de nacidos y los vende a los 120 días, después de alimentarlos con melote. Estos cerdos no sufren de enfermedades y no producen casi estiércol.

Además la calidad del tocino es excelente y con muy poca grasa. Los ocho cerdos que tiene de gran demanda entre los villetanos le dejan al dueño de El Totumo el 50 por ciento de ganancia. Cada uno sale pesando seis arrobas y lo vende en 240.000 pesos.

El precio de un kilo de melote equivale al de un kilo de concentrado, algo así como 600 pesos.

Las chorolas un exótico pájaro de la región son las únicas que no comen melote en esta finca , afirma con gracia doña Inés.

Herencia dulce Y, aunque tiene algunas matas de café, bore, naranjas, guayaba y limón para el consumo de la casa, la idea de don Héctor es dedicar más tiempo y recursos a la cría de cerdos y pollos, como una alternativa adicional a la caña.

La casa dispone de los servicios básicos de acueducto y energía para su sostenimiento y cerca de la finca hay una laguna, de donde saca el agua para llevar a los cultivos de caña a través de sangrías.

A sus 52 años él es un campesino convencido de las ventajas del campo, donde ha vivido toda su vida. Sus tres hijos (dos de ellos ya estudian en la universidad), como él mismo lo dice, se han hecho a punta de caña .

Por eso no descuida su cuaderno, en donde anota los gastos que demandan los obreros y lo que le queda de la venta de la panela, pero no se concentra en los detalles. De pronto un lote de caña da pérdidas y otro da ganancias, ahí se cuadra todo , asegura.

La caña y su producto, la panela, son la vida de este campesino villetano, alrededor de la cual ha construido toda una tradición, que hoy sus hijos pretenden mantener (aunque sea en las vacaciones de la universidad). La vida sigue siendo bien dulce para ellos.

Si usted considera que su finca es modelo de producción en cualquier área, escríbanos a la Av. Eldorado # 59-70 - Sección Tierras y Ganados o al FAX:; 4104930. La suya puede ser la próxima Finca del Mes .

ESTA VASTA EXTENSION de caña es el orgullo de don Héctor y la razón de su felicidad. La calidad de su panela no tiene discusión en toda la región.

CON LO QUE obtiene de la venta de los cerdos, que se alimentan con melote, don Héctor sostiene la educación de sus dos hijos universitarios.

LOS POLLOS están al cuidado de doña Inés y, por supuesto, también están alimentados con melote. Su sabor es incomparable.

PURA MOLIENDA Uno de los primeros beneficios de la hornilla ecológica que tiene don Héctor en su trapiche de motor y movimiento de jugos por gravedad es la hora de inicio de la molienda.

Antes los obreros debían madrugar a las dos de la mañana para comenzar su jornada de trabajo. Desde hace un año lo hacen a las cinco o seis de la mañana y trabajan hasta las seis de la tarde. Esto gracias al rendimiento y eficiencia de la nueva hornilla.

El corte de una fanegada de caña le proporciona a don Héctor entre 40 y 50 cargas de panela, que saca en dos días de molienda. Cada 15 ó 20 días muele caña en su trapiche.

Saca la panela en mula hasta la carretera y la vende en la plaza de mercado de Villeta. En la actualidad vende la carga de panela en 55.000 pesos en promedio. Cada carga equivale a cuatro cajas de 10 panelas de kilo cada una.

Sería mucho más rentable si uno lograra producirla y venderla personalmente en la ciudad. O tener aunque sea un empaque adecuado. Eso cambiaría las cosas. Uno produce una buena calidad de panela, sin químicos, que luego llega al mercado y ahí puede pasar cualquier cosa , asegura don Héctor.

Y agrega que los campesinos de la región no realizan la comercialización directa de su panela en Bogotá, por falta de organización y de recursos.

GRACIAS a la alimentación con melote (cada tercer día) y pasto Brachiaria, estos novillos se crían en año y medio.

DE UNA JORNADA de molienda, don Héctor saca más de 20 cargas de panela de la mejor calidad, que vende a un buen precio en Villeta.

Fotos: Julio Ricardo Castaño EL TIEMPO

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
25 de abril de 1998
Autor
MAURICIO VELOZA P. Enviado Especial de EL TIEMPO

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