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LETRICAS Y LETRONAS CUENTO Y CARNAVAL

Los cuentos con escenario del carnaval no son tantos como se piensa. La muerte escarlata de Edgar Allan Poe es uno de los que siempre viene a la memoria. El príncipe y su corte huyéndole a la peste se refugian en su castillo pero al celebrar una fiesta de disfraces ella también se hace presente con el disfraz de la muerte roja como la llamaban. (Recuerdo el horror con que todo el público en la batalla de flores, de hace una década, reaccionó al presentarse un disfrazado de Sida).

Hay una novela no tan conocida entre nosotros, El sueño de los héroes del argentino Adolfo Bioy Casares. En ésta el protagonista quiere reconstruir los días de un carnaval pasado que ha inexplicablemente borrado de su memoria. Al final encuentra que era la muerte que en aquella ocasión había fallado. Se podría mencionar otros textos clásicos como los bailes de dominó relatados en El cuarteto de Alejandría de Durrell. Allí uno de los personajes se enamora locamente de una mujer misteriosa a quien al quitarle el antifaz revela una espantosa deformación en el rostro. En una pretemporada de carnaval pasó por aquí Pedro Vargas, el cantante mejicano, El tenor de las Américas , que si mal no estoy así se le llamaba; éste recibió en el hotel donde se alojaba llamadas sugerentes de una voz de mujer. Al cumplir la cita, encontró que la encapuchada tenía una voz cascada y al caérsele un guante reveló una mano arrugada. El tenor lo reveló a unos periodistas, entre ellos a Germán Vargas que lo relató en una de sus columnas.

Y ahí vamos a un punto. La vejez y la muerte son elementos constantes en los cuentos de carnaval, que con mucha frecuencia no son alegres, carnalescos por decirlo así, sino en su mayoría son tragedia de folletín.

Es así como en Desolación , un cuento de Olga Salcedo de Medina, el desempleado que pide trabajo al patrón un lunes de carnaval al no lograrlo se suicida y su mujer queda en la indigencia total. En Domingo de carnaval , de Néstor Madrid Malo, un disfrazado de acuchillado representa su papel a la perfección, cuando es en realidad asesinado con un cuchillo el hecho pasa desapercibido.

Se puede agregar Algo tan feo en la vida de una señora de bien , de Marvel Moreno. El tema es la autocrítica que se formula una dama de alta sociedad, termina suicidándose.

De la misma autora está La noche feliz de Madame Ivonne , en el que en un baile en el Patio Andaluz la señora madura y quiromántica le revela a todos los asistentes sus problemas y como resolverlos desde el escenario y con el micrófono. Retirada por la Policía, borracha y feliz, madame tiene un pensamiento triste, vislumbra la muerte violenta del cantante de boleros.

De los pocos cuentos que no tienen ese matiz triste sino que es completamente carnavalesco es A lo oscuro metí la mano , de Quillermo Henriquez, donde el equivoco se resuelve entre risas.

Pocos, pero los hay. No sé si el carnaval de blancos y negros en Pasto, o los del diablo en Riosucio, o los del once de noviembre en Cartagena, hayan inspirados cuentos.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
28 de febrero de 1998
Autor
Ramón Illán Bacca Opinión

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