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CASAS PRESIDENCIALES DE COLOMBIA

Muy pocos colombianos han tenido la oportunidad de visitar el Palacio de Nariño de Bogotá y, menos aún, la Hacienda de Hatogrande de Sopó o la Casa del Fuerte de San Juan de Manzanillo de Cartagena, también conocida como la Casa de Huéspedes Ilustres. Las tres son residencias del Presidente de la República y de su familia durante el cuatrienio constitucional; permanente, urbana, solemne y representativa de la majestad del cargo la primera; ocasionales, campestres y más dispuestas para el descanso y la informalidad las otras dos, los tres recintos domésticos, observados a través del prisma de la historia, de la arquitectura que las define y del patrimonio cultural y artístico que contienen, constituyen un privilegiado testimonio de su tiempo; las tres casas, unidas por el precioso hilo conductor del discurrir cotidiano, de las reuniones y las decisiones de familia o de estado que allí se han tomado, han hecho de sus muros, sus techos, su mobiliario, sus objetos y su entorno natural, tes

Una vez instalada con su familia como ama de la primera casa de la nación, doña Jacquin Strouss de Samper, esposa de nuestro actual Presidente, se propuso la diferida e importante tarea de investigar la historia de las casas presidenciales, preservar, recuperar y restaurar sus bienes muebles e inmuebles y, con la valiosa información acopiada, elaborar un catálogo en el cual quedarán registrados como patrimonio nacional todos los bienes culturales que ellas albergan.

Para el efecto, convocó un selecto grupo de investigadores, artistas, arquitectos, restauradores, museólogos y técnicos del Centro Nacional de Restauración, adscrito al Ministerio de Cultura, que por cerca de tres años realizaron una labor encomiable de inventario, catalogación, cuidado y restauración, cuando fue preciso, de más de 900 objetos y obras de arte. Ahora y para la posteridad, esa laboriosa tarea ha quedado plasmada en el libro Casas Presidenciales de Colombia que, con la refinada dirección editorial de Villegas Editores, el espléndido registro fotográfico de Antonio Castañeda y los amenos y documentados textos de Juan Gustavo Cobo Borda, HABITAR reseña como verdadera primicia, coincidente con la próxima fecha del 7 de agosto, día en que Ernesto Samper Pizano transmitirá el mando a Andrés Pastrana Arango.

Los tres recintos domésticos que aquí y en el libro se ilustran en su continente y contenido establecen - al decir de doña Jacquin en la presentación de la obra- una secuencia arquitectónica paralela a nuestra cronología como nación independiente. ( ... ) Reconocer la importancia de nuestro patrimonio y apreciar el significado, no sólo estético sino también simbólico de estos lugares, constituye un deber del Estado. Los pueblos sin historia son pueblos frágiles. ( ... ) Las tres casas presidenciales forman ya parte de nuestra historia. Compartirlas y convivir con ellas es hacer que el signo distintivo de la democracia nos haga más conscientes y más partícipes de nuestro propio destino.

PALACIO DE NARIÑO DE BOGOTA Cronología del Palacio y de los edificios circundantes .

1754. Según escritura de ese año, la casa de don Antonio Nariño era, como casi todas las de su época en el casco antiguo de Santafé, una casa alta y baja en la colación de La Catedral (perteneciente al barrio de ...) y la calle de la Carrera ( hoy cra. 7a.) lindando con otras que hacen esquina junto al puente de San Agustín ( hoy calle 7a.) ; alta y baja significaba de dos pisos; el piso bajo, hacia la calle, disponía locales y en el interior depósitos y vivienda del servicio; el piso noble o principal era el segundo, destinado a los salones y habitaciones de la familia.

1765, abril 9. Nace en la casa de la calle de la Carrera un niño, hijo de don Vicente Nariño y doña Catalina Alvarez, bautizado cinco días después por el fraile agustino Ignacio López con el nombre de Antonio Amador José.

1.785, 19 de enero. Antonio Nariño y Alvarez cuenta con 19 años. Doña Catalina, ya viuda, se ve obligada a vender la casa familiar. Felizmente, el testamento de don Vicente hace una detallada descripción de la casa y sus objetos.

1785, 27 de marzo. El joven Antonio Nariño contrae matrimonio con doña Magdalena Ortega y Mesa y la pareja ocupa una casa en la plazuela de La Hierba o San Francisco (hoy Parque de Santander).

1805. Costeado por el sabio José Celestino Mutis y con diseño de Fray Domingo de Petrés, se erige el Observatorio Astronómico, el primero de América del Sur, sobre la carera 8a., en el solar de la casa que sirve de sede a la Expedición Botánica, frente al templo de Santa Clara.

1846. El Presidente Mosquera ordena la construcción del Capitolio, con planos del arquitecto danés Thomas Reed. Un año después se coloca la primera piedra. Luego de sucesivos cambios de arquitecto y consecuentes modificaciones al diseño original a cargo de Pietro Cantini (1880) Mariano Santamaría y Gaston Lelarge (1908) y Arturo Jaramillo (1911) la obra la termina Alberto Manrique Martín en 1926.

1900. Don Gabriel Echeverri encarga al arquitecto francés Gaston Lelarge la construcción de un conjunto de casas para el y sus hijos en la esquina de la carrera 8a. con calle 8a., al lado de la iglesia de Santa Clara y frente al Observatorio. Restaurado y conocido como el Palacio Echeverri, el conjunto sirve hoy de sede al Ministerio del Interior.

1904. Con planos del arquitecto Mariano Santamaría, se inicia la construcción del segundo teatro de Bogotá, el Municipal, sobre la carrera 8a., colindante con el Observatorio.

1906, abril 9. El Presidente, General Rafael Reyes, encarga al señor Remigio Díaz, sobre la antigua casa de Nariño, un nuevo Palacio Presidencial. Después de pasar por varios dueños, la casa había sido adquirida por el Gobierno Nacional en 1888 y había servido de sede a la Corte Suprema de Justicia. Poco después, el ingeniero Antonio Clopatofsky la acondiciona como casa para el Despacho Presidencial. Luego se contratan planos con Gaston Lelarge y la obra se encarga a Julián Lombana quien modifica los planos de Lelarge. El lote, muy estrecho de frente hacia la carrera 7a., es tan profundo que llega hasta la carrera 8a. y está cerrado hacia el norte por otras edificaciones.

1918. En el mes de julio se inaugura el nuevo Palacio de Nariño (o de la Carrera). Allí residen los Presidentes hasta abril de 1948 cuando, luego de algunas obras de recuperación de los daños sufridos por los incendios del 9 de abril, el Palacio de San Carlos, en la calle 10a., frente al Teatro Colón se habilita como casa presidencial. Hoy San Carlos es sede de la Cancillería.

1921. El arquitecto Pablo de la Cruz propone despejar el espacio entre el Palacio y el Patio Núñez del Capitolio para crear un eje institucional entre los dos edificios.

1939. Un año después de las celebraciones del IV Centenario de la fundación de Bogotá, se demuele el convento de San Agustín, sobre la calle 7a. y se reemplaza por el Palacio de los Ministerios, hoy sede del Ministerio de Hacienda.

1974. Medio siglo después de haber sido formulada por Pablo de la Cruz, la propuesta de crear un plaza ceremonial entre el Palacio y el Capitolio se lleva a cabo durante la administración López Michelsen cuando se remodela y amplía el Palacio y se le diseña un pórtico y una escalinata que lo orientan hacia el Capitolio. Injustamente demolido años atrás el Teatro Municipal, la única construcción que sobrevive en esa manzana es el Observatorio Astronómico, que se integra al nuevo conjunto monumental tal como se aprecia en la actualidad.

1994. Durante el gobierno del Presidente Samper, su esposa lleva a cabo la clasificación, preservación y restauración de los bienes culturales del Palacio de Nariño y de las otras dos casas presidenciales, Hatogrande de Sopó y la Casa del Fuerte de Manzanillo de Cartagena.

HACIENDA HATOGRANDE, Sopó, Cundinamarca.

Si el Palacio de Nariño parece más bien la obra de un azar acumulativo, sin una impronta que lo caracterice, Hatogrande, por el contrario, ... parece recoger y preservar mejor los sencillos fundamentos de quienes crearon la república y su afán por transformar la gesta guerrera en convivencia civil. Quizás Hatogrande se presta, mejor que ninguna otra residencia presidencial, para escuchar el silencio elocuente de la historia y pensar en la discreta grandeza de quienes formaron parte de ella. Juan Gustavo Cobo Borda.

Cronología.

1550. Un licenciado de apellido Sanguino, abogado de la Real Audiencia de Santafé, logra que le adjudiquen unos baldíos de antiguos encomenderos en Chía y Sopó. Las tierras toman el nombre de Los Potreros de Sanguino .

1670. Muerto sin sucesión Sanguino, sus tierras las adquiere el encomendero de Sopó y Neusa Juan Rodríguez Galeano, quien las agrega a sus terrenos del Valle de Sopó; con su hijo, instalan un hato y abren el negocio de mantequilla y quesos, de donde viene el nombre de Hato Grande.

1750. Las grandes haciendas de los Rodríguez Galeano, Aposentos de Sopó, Hato Grande y Tibitó, pasan en sucesión a los hermanos Nicolás y Rosalía Sanz de Santamaría y se inicia su fragmentación.

1790. Por matrimonio con las nietas de don Nicolás, Aposentos, Hato Grande y Tibitó pasan a ser propiedad del doctor Francisco González Manrique, Luis Caycedo y Flórez, Regidor de Santafé, y de don Luis del Castillo y Guevara, Marqués de Surba.

1810. Reducida a menos de la quinta parte y después de haber pasado por varias manos, Hato Grande es adquirida por el presbítero español Pedro Martínez de Bujanda, cura de Cajicá. En 1815, acusado de realista, Bolívar hace comparecer ante sí a Bujanda, ordena su destierro a Honda y le secuestra la hacienda que pronto recupera tras la reconquista de Pablo Morillo.

1819, 10 de agosto. Bolívar entra triunfante a Santafé. Dos días después, ordena la detención del cura Bujanda y su destierro definitivo. Se confisca de nuevo la hacienda y se entrega en arriendo a los hermanos Ambrosio y Vicente Almeida, celebres guerrilleros de Cúcuta, fieles adictos a la causa patriota.

1820. Mientras prepara la campaña de Carabobo, Bolívar recibe una carta del General Santander en la cual le pregunta si aún tiene autorización para adjudicar bienes y le expresa el deseo de tener una casa en Santafé. Bolívar le responde que una casa es poco, que piense en una finca. Así, Santander recibe la casa y, en ruinas, la hacienda de Hato Grande, Reconstruye la casa, a la vera del camino de Tunja, y en el portal de piedra coloca una placa que reza: Esta casa es del General Santander y de sus amigos.

1820-1828. Como residencia campestre de la Vicepresidencia de la República, Hato Grande acoge una intensa vida social, política y diplomática. Bolívar, sus ministros, congresistas y generales la frecuentan a menudo. De esa época es la anécdota en la que, al ganar una mano de tresillo, el Libertador comenta: Al fin me tocó parte del empréstito ; frase que hiere a Santander y ahonda las diferencias entre los dos personajes.

1840. Fallecido Santander, Hato Grande es puesta en venta y adquirida por los hermanos Asunción y Antonio María Silva, el primero, abuelo del poeta, quienes construyeron la actual casa de la hacienda. Muerto don Antonio María y abierta su sucesión, Hato Grande viene a ser propiedad de los Suárez Fortoul, emparentados con el General Santander.

Siglo XX. A principios de este siglo, la hacienda es adquirida por don Pepe Sierra. A su muerte, la hereda su hija, doña Mercedes Sierra, quien lega parte de Hato Grande al municipio de Sopó y expresa su voluntad de que la casa se dedique a honrar la memoria del Hombre de las Leyes.

1958. El Concejo Municipal de Sopó autoriza al personero, don Rafael Iregui Cuellar para que, ante la carencia de fondos del municipio para mantener la casa, la ofrezca en venta a la nación a través de su Ministro de Obras Públicas, doctor Virgilio Barco. Barco persuade al presidente Alberto Lleras Camargo de la bondad de la adquisición y lo autoriza, en compañía de Abel Naranjo Villegas, Ministro de Educación, para suscribir la escritura de cesión el 25 de agosto de 1959. Años más tarde se restaura, es declarada Monumento Nacional y pasa a ser residencia presidencial campestre.

CASA DEL FUERTE DE SAN JUAN DE MANZANILLO CARTAGENA DE INDIAS. Premio Nacional de Arquitectura 1985.

Obra maestra de la arquitectura contemporánea en Colombia, la Casa del Fuerte de San Juan de Manzanillo, también conocida como Casa de Huéspedes Ilustres , inicia su corta pero brillante y galardonada historia cuando, al comienzo de su cuatrienio 1978-1982, el Presidente Julio César Turbay Ayala llama al arquitecto Rogelio Salmona y le plantea la idea de una casa que aloje a ilustres invitados de la presidencia en Cartagena de Indias, una ciudad que, con La Habana, fue la clave de la colonización española en América y, como ella, ha sido declarada por la Unesco Patrimonio Cultural y Arquitectónico de la Humanidad. Para entenderla la casa y apreciarla en sus valores arquitectónicos y ambientales, vale la pena describir el privilegiado lugar en que se asienta.

La península de Manzanillo emerge desde el fondo de la bahía de Cartagena y con su extremo, en dirección noreste, señala apunta a la ciudad. Desde allí, la vista traza un gran arco de paisaje que hacia la izquierda se inicia con las fortificaciones de Bocachica, recorre la erizada silueta de rascacielos de Bocagrande, se recrea en las torres de San Pedro Claver y la Catedral, sobrepasa la majestad del Castillo de San Felipe de Barajas para terminar al noroeste en la cima del cerro de La Popa. De gran valor estratégico para la defensa de la ciudad, a finales del siglo XVI se construye allí un fuerte que el Barón De Pointis destruye en su retirada después de un frustrado asalto a la ciudad en 1697. Quedan allí las ruinas hasta 1978 cuando la Fundación para el Patrimonio del Banco de la República recibe el encargo presidencial de escoger el sitio para la Casa de Huéspedes.

Conocedor de Cartagena y sus valores, Salmona colabora en la escogencia de un sitio que encuentra maravilloso por su localización, sus vistas, el paisaje y vegetación natural que hay que recuperar y la presencia de las ruinas fortificadas susceptibles de restaurar, los cuales se confían al experto arquitecto Germán Téllez. Entre ambos establecen las relaciones espaciales y volumétricas entre la nueva casa y el antiguo fuerte, manteniendo la altura de la primera por debajo de la del segundo, lo cual da origen a una planta horizontal y extendida, condición que no le resta presencia ni prestancia al elevarla levemente sobre una plataforma perimetral de taludes de grama.

Adopta para la mampostería la piedra coralina, presente en la arquitectura de la ciudad amurallada, cuyo color y textura la evocan y contribuyen al carácter y atmósfera que Salmona quiere imprimirle a la casa. Asume la bóveda rebajada de ladrillo como forma estructural y constructiva para las cubiertas interiores y emplea, como elementos absorbentes de sus esfuerzos tensores combinados de metal y madera.

La disposición de las dependencias denota con claridad la compleja función de una casa atípica. La privacidad de sus eventuales moradores debe conciliarse con la posibilidad del encuentro y los recintos para el descanso, la recreación o el simple paseo, con ámbitos para la ceremonia, la deliberación el trabajo o la asamblea; todo concebido y resuelto de forma tal que no haga olvidar a sus huéspedes el lugar y la ciudad que los acoge.

Siete patios, dos a manera de claustro y los cinco restantes como espacios confinados de transición entre el interior y el exterior, estructuran la planta de la casa. El de llegada se desprende de la Plaza de Armas, marcada la dirección diagonal hacia el portal de acceso por hileras escalonadas de naranjos y buganviles. De allí se pasa al Patio del Caucho que acoge en dos de sus costados trece habitaciones dispuestas en forma lineal hacia los corredores abovedados los cuales se integran visualmente al patio por una rítmica secuencia de aberturas en el muro que lo limita. En las cuatro esquinas el muro se interrumpe para mirar el soberbio ficus plantado en la mitad y gozar de los hilos de agua que lo recorren, alimentados por fuentes adosadas a los muros. Entre esta patio y el del Roble Morado toma lugar el despacho presidencial resuelto en dos pisos y con acceso desde el gran vestíbulo de doble altura situado al final del corredor del primer patio.

El ala occidental, aislada de los dos primeros patios por la terraza escalonada que prolonga el portal de llegada, alberga los servicios y la cocina. Superado este sector, la zona social se despliega de frente a una terraza apergolada, con la vista próxima de la piscina y la pequeña playa aledaña. Hacia el norte aparecen dos nuevos patios; el de La Fuente alegra el apartamento presidencial y el del Roble señala por uno de sus vértices la vista lejana de la ciudad. Todo el recinto doméstico se mimetiza tras la exhuberante vegetación tropical pensada, como la casa, para realzar los valores de un privilegiado lugar de nuestra entrañable ciudad caribeña.

Casas Presidenciales de Colombia.

Fotografía: ANTONIO CASTAÑEDA BURAGLIA Dirección, diseño y edición BENJAMIN VILLEGAS Textos JUAN GUSTAVO COBO BORDA Fotografía ANTONIO CASTAÑEDA BURAGLIA Presentación JACQUIN STROUSS DE SAMPER Diagramación MERCEDES CEDEÑO Impreso en Colombia por PRINTER COLOMBIANA S.A.

Preprensa ZETTA COMUNICADORES VILLEGAS EDITORES 1998 Av. 82 No. 11-50 Int. 3, tel. 616 17 88 e-mail: villegas

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
11 de julio de 1998
Autor
FERNANDO CORREA MUÑOZ

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