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EL TESTAMENTO DE DON FACUNDO

Fisgón: Tengo curiosidad, Profe, por saber cómo satisfizo el caballero culto, elegante y buen mozo, la exigencia de puntuar la décima publicada la semana pasada. Profe: Satisfaré su curiosidad, fisgador amigo. Espero que nuestros lectores hayan resuelto la tarea que les dejamos planteada. He aquí la solución:

1. Tres bellas, que bellas son, 2. Me han exigido las tres, 3.Que diga de ellas cuál es, 4.La que ama mi corazón.

5.Si obedecer es razón, 6.Digo que amo a Soledad? 7.No. A Julia, cuya bondad 8.Persona humana no tiene? 9.No. Aspira mi amor a Irene? 10. Que no! Es poca su beldad.

Fisgón: Qué ladino y resbaloso resultó el sujeto de marras! Tan zorro como Mandrake o El Fantasma, a quienes no los casaban ni amarrados.

Profe: En relación con el uso de los signos de puntuación, vale la pena mencionar algunos comentarios que, sobre este importante aspecto, hace Daniel Cassany en la obra La cocina de la escritura: Cerca del 80 por ciento de los signos utilizados son comas y puntos, en la mayoría de los autores. A lo largo de tres siglos, se incrementa el uso del punto en detrimento del de la coma. También desciende el uso del punto y coma, mientras que los dos puntos se mantienen. Estos cuatro datos parecen apuntar una tendencia moderna a abreviar o cortar las oraciones.

Fisgón: Le cuento, Profe, que, al husmear en mi biblioteca encontré un texto antiguo de ortografía que, en su momento, fue muy nombrado: Ortografía pedagógica y moderna, de Nicolás Gaviria. Editado por Bedout en 1967. En él aparecen unos versos de Lope de Vega, para resaltar la importancia de la puntuación: Yo vi un toro bramar sobre un nublado, Vi salir fuego de una cantimplora, vi dar agua de nieve en un arado, vi dos bueyes hablar a una señora, vi dos mancebos muertos por un gallo, vi dos pollos mandar la Sacra Rota, al Papa vi tragarse dos navíos, vi a la alta mar de miel y leche llena, vi una botija simular desvío, vi una dama comiendo sólo heno, vi dos vacas cantar con melodía, vi un artista...

Profe: Con esa puntuación se llega al límite de lo absurdo. Para terminar, le propongo que citemos lo anunciado en el título de hoy: el testamento de don Facundo.

Personajes: El Juez, el sastre, el mendigo, el sobrino.

Decoración: Una sala. Los personajes de pie, frente al Juez. En un tablero, colocado delante del público, aparece escrito el testamento, sin ningún signo de puntuación.

El Juez: Supongo que ya ustedes traerán el caso resuelto, según cada uno lo interprete. (Todos asienten).

Muy bien. Entonces, con el fin de hacerlo de acuerdo con la Ley, y para que todos puedan apreciar por igual las diversas interpretaciones del testamento que motiva el pleito, vamos a leer el texto escrito en este tablero, sin alterar la forma en que lo redactó el difunto. Pongan ustedes mucha atención. Yo mismo leeré el testamento del señor Fonseca, en voz alta y muy clara.

Dice así: Dejo mis bienes a mi sobrino no a mi suegra tampoco jamás se pagará la cuenta del sastre nunca de ningún modo para los mendigos todo lo dicho es mi deseo yo Facundo Fonseca.

Fisgón: Ahí les dejamos esta otra tarea, para que le asignen los diferentes signos de puntuación, según el caso. Hasta luego, chao.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Educación
Fecha de publicación
31 de agosto de 1998
Autor
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