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EL VERDADERO SALTO DE LA MUERTE

En 1925 se presentó en Cali un acróbata italiano, Renato Pucciarini, p ara realizar la espectacular prueba del Salto de la Muerte en el Hipódromo de Versalles. Pero cambió su pequeño Fiat por un pesado Buick y murió aplastado por el auto en el dramático intento.

Desde cuando hicieron su aparición los vehículos automotores, el hombre quiso mostrar sus capacidades y habilidades, iniciándose así una serie de demostraciones - espectáculos: carreras de velocidad y resistencia, rallyes de regularidad y distancia, viaj es de aventura por los más inhóspitos lugares y caminos y entre otros muchos más, saltar sobre rampas.

Sobre esta última modalidad, la ciudad Cali fue escenario de este curioso espectáculo, cuando hacia 1925 llegó a esa ciudad un italiano de nombre Renato Pucciarini, conduciendo un pequeño Fiat deportivo con motor de 4 cilindros, con el que se pretendía p resentar ante la ciudadanía caleña el denominado Salto de la muerte en automóvil .

Al poco tiempo de su arribo, la ciudad se encontró empapelada con carte les anunciando su hazaña que tendría lugar en las instalaciones del Hipódromo de Versalles. Tal protagonismo lo hizo muy popular y conocido en la capital vallecaucana y en una reunión social tuvo la oportunidad de conocer al entonces agente de la afamada marca norteamericana Buick, quien aparentemente le convenció de utilizar este poderoso auto de 6 cilindros en lugar del pequeño Fiat.

En el autódromo se acondicionaron dos rampas fabricadas de madera y colocadas opuestamente entre sí a una distancia un poco mayor a la del automóvil, que debería ascender por la primera para, luego del salto descender por la segunda.

El auto, un Buick Phaeton, fue preparado desprovisto del parabrisas, linternas, guardafangos y estribos con el fin de alivianar su peso.

Llegado el día del anunciado espectáculo, los caleños se movilizaron masivamente hacia el Hipódromo, ansiosos de presenciar la tan publicitada hazaña del ciudadano italiano. Pucciarini se hizo presente y desfiló ante el numeroso público en el flamante co nv ertible acompañado de dos bellas mujeres que portaban las banderas de Colombia e Italia.

Culminada la ceremonia de apertura, ubicó el automóvil a prudente distancia de las rampas e inició su acelerada marcha hacia la rampa que le haría volar por los aires. A una velocidad estimada cercana a los 100 km/h, ascendió por la rampa iniciando el sa lto a más velocidad y altura de la prevista, iniciando el Buick una voltereta hacia adelante que lo hizo caer de frente más allá de la rampa de descenso y volcarse con sus ruedas hacia arriba, quedando atrapado bajo él el infortunado italiano, mortalmente herido.

Algunos atribuyen el fatal accidente al cambio de vehículo: Pucciarini tenía experiencia con su pequeño Fiat, del cual conocía su tamaño, peso y velocidad. En éste ya había hecho otras demostraciones y todas las prácticas previas a sus exhibiciones, situ aciones que cambiaron completamente con el veloz Buick y pesado que apenas si conocía. Muy seguramente, el enorme motor del Buick colocado en la parte inclinó prematuramente la trompa hacia el piso y la voltereta fue inevitable por simples condiciones físicas.

Esta vez, El salto de la muerte se cumplió íntegramente, produciendo una gran consternación en la ciudadanía caleña, que había tomado gran simpatía por el señor Renato Pucciarini.

De ese episodio trágico quedaron memorias en todos los caleños pues fue el gran suceso de la ciudad por muchos días.

Y, obviamente, algunas gráficas hechas por el tradicional fotógrafo de la ciudad, Escarria, quien capt uró las partes más dramáticas del episodio. A falta de las cámaras motorizadas y de gran velocidad que hoy existen, Escarria también puso parte de su ingenio para completar la escena, ya que se aprecia claramente que en la foto en la cual el Buick inicia su picada simplemente usó la escenografía de la placa anterior y montó el auto en la posición del accidente, del cual el fotógrafo fue el testigo de excepción. Gracias a su memoria visual, el resultado del efecto es perfecto y con todo y maquillaje, las e scenas son fantásticas y apenas un prólogo del material que se ha comenzado a reunir para el Museo del Transporte de Cali.

Muchos años después, hacia 1953 los bogotanos tuvieron la oportunidad de ver un espectáculo similar, con un grupo de acróbatas del automóvil denominado los Dare Devils , que en automóviles Ford de esos años, se presentaron en el antiguo Hipódromo de Tech o, ejecutando saltos de rampa sobre otros carros, conducían en dos ruedas, circulaban por entre el fuego y muchas más extravagancia s con el timón.

En la década de los años setentas, también se presentó en el Autódromo Ricardo Mejía un grupo similar de acrobacia dirigido por el señor Joe Chitwood y el año pasado se vio al publicitado Motpaka en el autódromo de Tocancipá, quien combinaba pruebas de autos, motos y patines en su show.

Hoy en día, a través de los medios visuales de comunicación nos enteramos frecuentemente de nuevos intentos de batir marcas de saltos con automóviles, en que los que logran distancias nunca imaginadas y no siempre con éxito, lo cual nos muestra el constante desafío del hombre por superar las fuerzas de la naturaleza en busca de la gloria así sea a riesgo de su propia existencia.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Bogotá
Fecha de publicación
9 de septiembre de 1998
Autor
JORGE SALGADO URIBE. Especial para MOTOR

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