CAMILO DAZA, PIONERODE LA AVIACIÓN

CAMILO DAZA, PIONERODE LA AVIACIÓN

Más que una vida entregada al trabajo cotidiano de aviador, Camilo Daza era un permanente desafío a la muerte. Así lo pregonan 34 accidentes aéreos, unos leves y otros tan graves como aquel del 24 de septiembre de 1929 en Guadalajara (España) cuando perdió la dentadura superior, le destrozó la lengua, le deformó la nariz y le dejó la cara como un mapa. Su padre, el hidalgo y acaudalado pamplonés Antonio Daza Camargo, ya lo intuía en tajante respuesta cuando alguien le propuso la fundación de la Compañía Nortesantandereana de Aviación: Cómo se les ocurre que me meta en un negocio en el que el muerto lo pongo yo . Sin embargo, tan funesta predicción jamás tuvo realidad porque en vísperas de su muerte natural, Camilo se golpeó contra el mullido colchón y exclamó: Ahora sí me maté...!

27 de junio de 1998, 05:00 am

Camilo Daza Alvarez nació en Pamplona el 25 de junio de 1898 y desde niño vivía con una desesperante obsesión: volar. Desde una colina, desde un segundo piso, o desde donde fuera, pero volar, así se golpeara y quedara inconsciente, como algunas veces ocurrió. Escasez humanística le dejó su educación bartolina con los jesuitas y mucha riqueza técnica en la Escuela Industrial de Tarraza (Barcelona), donde pasó cinco años aprendiendo artes mecánicas, y otros dos en la escuela Curtiss de Aviación de Miami, ejerciendo el entonces difícil aprendizaje de la aviación. Con los títulos de mecánico, piloto e instructor, se enfrentó a un incierto futuro.

Cuatro opciones tenía Daza al terminar sus estudios y graduarse de aviador: quedarse en Estados Unidos trabajando cómodamente y sin aulagas económicas; establecerse en España y dedicarse a la novedosa y peligrosa profesión; o bien entregarse de lleno a la docencia en una actividad que estaba en pañales; o mejor aún, regresar a su patria con un gran propósito: fundar su propia empresa de aviación. Enseñar teoría, y para ello escribió el manual Rumbo y distancia, o formar a los jóvenes compatriotas en la conquista de su espacio aéreo: he ahí el reto. Lo comprobó en la guerra colombo-peruana de 1932.

Como aviador civil estuvo vinculado a las empresas Cosada, Viarco, Lansa y Scadta, y como aviador militar se hizo oficial de la FAC hasta obtener el generalato. Como dato curioso debe anotarse que el 16 de marzo de 1923, para honrar a su terruño nativo, decidió partir de Cúcuta y aterrizar en Pamplona, con tan mala suerte que el campo de aterrizaje se hallaba totalmente lleno de gente. Camilo, para evitar una tragedia, le dio un viraje al aparato y lo estrelló contra un cerezo. No hubo víctimas, él quedó inconsciente y el avión hecho pedazos. Después lo compuso y continuó sus vuelos por la arriscada topografía santandereana.

Casado con la distinguida dama bumanguesa Genoveva Mújica, formó un hogar ejemplar en el que los aviadores perpetuaron sus glorias, aunque a veces con rachas trágicas. Ya en la plenitud septuagenaria, porque jamás envejeció, soportó una dolencia que quebró aquel roble. Su cuñada, la notable escritora Elisa Mújica, dijo de él al morir: Un hombre que vivió en el aire y del aire, muere exactamente por falta de aire . Era el amanecer del 18 de marzo de 1975 en el Hospital Militar Central de la capital de la república.