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EL PRÓXIMO GOBIERNO

Escribo esta columna antes del día de elecciones. Porque cualquiera sea el candidato elegido tendrá que afrontar los mismos graves problemas. Y hayamos votado por uno u otro o en blanco, tenemos que darle un chance por el bien de Colombia.

Pocas veces un gobernante había recibido un panorama tan difícil. La violencia, la alteración del orden público y la violación de derechos humanos han alcanzado un nivel nunca visto en el hemisferio. La gravedad de la situación abre, sin embargo, una ventana de esperanza. Todos los lados envueltos en el conflicto están padeciendo tanto y en el medio la sociedad civil inerme y sacrificada que quizás por primera vez todos tienen mucho que ganar con la paz y estén dispuestos a hacer compromisos audaces. Un símil apropiado es el de la hiperinflación: paradójicamente es más fácil bajar la inflación de 1.000 por ciento a cero que de 20 por ciento a cero.

La situación económica es también difícil porque, además de que tenemos desequilibrios macroeconómicos no resueltos, se ha producido una grave pérdida de confianza de inversionistas domésticos y extranjeros. Si resultó elegido Serpa, tendrá que esforzarse en recuperar la confianza anunciando de inmediato su equipo económico y tan pronto como pueda, sus propuestas concretas para conseguir el equilibrio fiscal. Si ganó Pastrana, habrá un cambio favorable de expectativa que, aunque bueno en el corto plazo, puede llevar al nuevo Presidente a desestimar la necesidad de hacer el ajuste fiscal. Esta posibilidad es tanto más preocupante en razón del corte claramente populista de sus compromisos electorales en materia económica. Sea quien sea el nuevo Presidente, si su gobierno no procede a hacer un ajuste serio, la economía se sumirá en una verdadera crisis probablemente antes de un año.

El otro problema grave es el tono moral del país. Serpa es un hombre íntegro cuya reputación ha sufrido por haber defendido causas indefensables. Si ganó, tendrá que hacer gestos dramáticos para convencer al país de que no tolerará las prácticas corruptas que se han entronizado en el manejo de los asuntos públicos. El, como hombre que cree en la importancia de las acciones del Estado, más que nadie está obligado a recuperar la transparencia y la eficacia en todas las actuaciones del Estado. Si ganó Pastrana, ojalá ponga en práctica la promesa de escoger a los gerentes de institutos descentralizados y empresas públicas a través de firmas especializadas en la búsqueda de ejecutivos para el sector privado (head hunters).

Y, por supuesto, están los problemas sociales, que siguen sin ser resueltos. El más grave, a mi juicio, el de la patética mala calidad de la educación que brindamos a los niños que provienen de hogares con bajos recursos económicos.

Haya ganado quien haya ganado tiene ante sí una tarea formidable. Y la obligación de todos nosotros, especialmente de quienes participamos en los dos últimos gobiernos que no podemos eludir responsabilidades, por acción u omisión, con respecto al deterioro de la situación del país es la de ayudar o, al menos, la de no obstaculizar la tarea del próximo gobierno.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
24 de junio de 1998
Autor
GUILLERMO PERRY

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