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BARRER Y TRAPEAR TIENEN SU CIENCIA

Conseguir una empleada doméstica que sea honrada, educada, aseada, que sepa cocinar, limpiar y arreglar bien la ropa... y que no haga daños, definitivamente es muy difícil, dicen las señoras.

Es probable que este incesante reproche de la mayoría de las amas de casa de Medellín cuando buscan una muchacha termine con la entrada en funcionamiento de la Escuela de Servicio Doméstico, creada por la Fundación Golondrinas en el barrio Llanaditas, sector centro oriental de la ciudad.

Con esta obra, la fundación busca cualificar este oficio, al que muchas mujeres acuden como una alternativa laboral.

Barrer y trapear tienen su ciencia. No es tan fácil como creen algunos , dice Lina Duque, trabajadora social y coordinadora del programa.

En el curso, que dura tres meses, con clases de lunes a viernes entre las 8 y las 12 del día, las mujeres reciben capacitación en aseo, presentación personal, lavado de ropas, pisos, vajillas, plásticos, muebles y demás enseres del hogar.

Además, aprenden conocimientos básicos para cocinar mejor, diferenciar y preparar las carnes, las formas de servir la mesa y el recetario de comidas comunes, especiales y rápidas.

También hay espacio para hablar de las normas de seguridad, el cuidado de los niños y la legislación laboral, para que la empleada sepa cuáles son sus derechos y deberes.

Al final del curso, cuyo costo es de mil pesos semanales, las asistentes reciben una cartilla que resume lo enseñado y que les sirve para repasar.

Las instructoras son voluntarias de la misma Fundación, que en ocasiones llevan a sus propias empleadas para que compartan sus experiencias con las alumnas.

Una de las mayores dificultades de la escuela, es la motivación en las mujeres del barrio, para quienes el oficio de doméstica no deja de ser degradante.

En cada clase se dedica una hora para hablar de la dignidad y el respeto que las partes se deben. La complicada situación económica empuja a buscar formas dignas de trabajo y el servicio doméstico lo es , dice Duque.

La Fundación también presta ayuda a las graduadas para ubicarlas laboralmente. De la primera promoción, que iniciaron 30, terminaron 8. Dos de ellas aprobaron y actualmente están trabajando.

La segunda promoción está integrada por 17 nuevas muchachas , cuyas edades oscilan entre los 16 y 45 años de edad.

El éxito del programa ha sido tal que varias amas de casa de otros sectores de la ciudad ya expresaron su interés en la capacitación de sus empleadas domésticas. Por eso, las directivas de la Fundación decidieron abrir un curso de 12 clases, con un costo de 100.000 pesos.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
16 de octubre de 1998
Autor
JORGE IVAN GARCIA J. Corresponsal de EL TIEMPO

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