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NABUSÍMAKE, UN PARAÍSO TERRENAL

Nabusímake es un hermoso paraíso natural del país, enclavado en el corazón de la vertiente suroriental de la Sierra Nevada de Santa Marta, donde se respira aire puro y solo se siente el correr de las aguas y el viento que golpea las hojas de los árboles.

A tres horas de viaje de Valledupar queda Nabusímake, que en el idioma arhuaco significa Tierra donde nace el sol , y que los españoles bautizaron San Sebastián de Rábago en 1750, cuando llegaron a evangelizar a las tribus aborígenes.

Para llegar a ese paraíso desde Valledupar es necesario subir por una buena carretera hasta el pintoresco corregimiento de Pueblo Bello. Allí comienza a cambiar el paisaje, que se hace más verde.

La última etapa del camino hay que hacerla en uno de los dos camperos trepamontañas que llegan hasta el caserío, o en mula.

Kiko , como llaman a Francisco Suescún, y su pariente Neizer llevan 15 años subiendo y bajando turistas a Nabusímake. Desde Pueblo Bello parten todos los días a las 8 de la mañana y regresan a las 2 de la tarde. Son transportadores de aventuras, expectativas e ilusiones que comienzan a vivirse una vez el viajero se acomoda en las residencias de Inés Torres, Inés Quinto y Pascasio Urrutia, donde el día cuesta seis mil pesos.

A su llegada, el visitante tiene que dirigirse a las oficinas del corregidor, José Camilo Niño, quien expide gratuitamente un permiso para poder entrar al pueblo de casas y los bohíos con paredes de barro pintadas de blanco bases en piedras sacadas del río y coronadas con paja grisácea.

A los visitantes se les advierte que respeten sus aguas y pozos, el pueblo, los árboles y los cerros. Los cabos y semaneros (policías tradicionales de los arhuacos) se encargan de hacer cumplir las normas.

En las caminatas encuentran gran variedad de flores como cayenas, hortensias y dalias, que le imprimen su colorido a los recorridos para conocer el pozo del Diablo del río. los cerros o el pantano. Los turistas se bañan en las aguas cristalinas y heladas del río San Sebastián, y durante la noche hacen fogatas, bailan y caminan bajo la luz de la luna.

Al despedirse, los visitantes colombianos y extranjeros se llevan de Nabusímake un grato recuerdo y suñan con volver, con un nuevo contacto con la magia de la Sierra Nevada de Santa Marta.

Un pueblito sin bonaches El cabildo gobernador central de Nabusímake, Manuel Chaparro, camina las diminutas calles del pueblo con su manta, cabello largo y sus mochilas cruzadas con el poporo en mano, .

A sus 66 años, con 12 hijos y muchos nietos, lleva 27 años sirviendo a su comunidad desde ese cargo. Expresa su satisfacción porque de Nabusímake se fueron los bonaches , es decir, los civilizados , que antes compartían con ellos sus casas y sus territorios.

Los bonaches nos estaban cogiendo las tierras. Por eso hicimos que se fueran. Ahora la tierra es de nosotros y nadie no las puede quitar , afirmó.

Quien le muestra el permiso por escrito al Cabildo, conoce su sembrado de hortaliza de una hectárea, donde tiene plantaciones de café, cebollín, naranja, manzana, pica pica y guineo. Recibe su buena mirada y entra en confianza con la tribu.

Todos los fines de año el pueblo permanece solo, porque la mayoría de los arhuacos están a dos días de camino a pie cultivando café en tierra caliente y solo regresan el 13 enero.

Entre tanto, las mujeres lucen sus collares y se entretienen tejiendo hermosas mochilas de lana cuya confección dura hasta dos meses.

El extranjero camina conmigo, conoce mi tierra y mis cultivos para que sepa como vivimos y trabajamos , puntualizó Chaparro.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
11 de enero de 1998
Autor
PAUL BOLAÑO SAURITH Corresponsal de EL TIEMPO

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