PERO POR QUÉ MATARON A UNANUE...
Como tantos asesinatos que han ocurrido en la zona de Jackson Heights, en Queens, la muerte del periodista cubano Manuel de Dios Unanue está quedando en la impunidad. Ni el Departamento de Policía, ni el FBI, ni la DEA, han podido obtener una pista que los lleve a esclarecer el asesinato. A Manuel de Dios Unanue le pegaron dos tiros en la nuca en el restaurante español Mesón Asturias, que está localizado en el corazón de la colonia colombiana residente en Nueva York. Y ese hecho tiene unas consecuencias nefastas para una comunidad que trata de progresar y limpiar su imagen.
También se ha roto otro mito: por primera vez en la historia de la ciudad de Nueva York asesinan a un periodista muy conocido en los círculos políticos y sociales. La reacción fue inmediata. La sede del periódico El Diario La Prensa., en donde Unanue trabajó como periodista y director, se llenó, de un momento a otro, de policías, representantes de prensa y curiosos. El pánico invadió la sala de redacción debido a las amenazas de una bomba, y, desde entonces, la Policía vigila la sede del periódico las 24 horas del día.
La Alcaldía de Nueva York, organizaciones sindicales y periodísticas, diversas empresas y algunos particulares, están ofreciendo conjuntamente 77 mil dólares a la persona que dé la pista que conduzca al esclarecimiento del crimen. Además, se creó un equipo de periodistas con el fin de atar cabos sueltos y tratar de descubrir alguna información valiosa, pero hasta ahora todos los esfuerzos han sido infructuosos.
Varias personas han llamado a la sede del periodico El Diario La Prensa ofreciendo información, e inclusive dando el nombre de presuntos implicados en el asesinato. Algunos resultan ser enfermos mentales, otros simples oportunistas, y la mayoría simplemente se basan en una suposición. Al número telefónico que dispuso la Policía llaman alrededor de cuarenta personas todos los días, también ofreciendo pistas y nombres. Obsesionado por el crimen Manuel de Dios Unanue era un periodista obsesionado con las historias de narcotraficantes y crímenes. Cuando dirigía El Diario La Prensa enviaba a sus reporteros y fotógrafos a cubrir asignaciones de narcotraficantes en las esquinas de Nueva York, y por ese motivo varios de ellos fueron amenazados de muerte. Unanue frecuentaba hasta muy tarde en la noche restaurantes y bares de la comunidad de Jackson Heights, y en varias oportunidades recibió amenazas de muerte debido a su temperamento impulsivo y a sus escritos.
Después de abandonar el diario en 1987, fue activista cívico y ayudó a crear la organización Colombianos Unidos , integrada por familiares de las víctimas del accidente del avión de Avianca. Fundó, además, un periódico tamaño tabloide que llamó Cambio XXI, y el cual salía con intervalos de uno a dos meses. Tomando como base sus artículos, y en especial su columna Machacando , atacaba a diestra y siniestra a sus amigos y adversarios. Y no siempre con adjetivos propios de un periodismo objetivo y veraz. Ese mismo tono de acusaciones lo mantuvo durante algunos meses en el programa radial Lo que otros callan , en la extinta Radio América.
El círculo de su amigos se fue estrechando, se vio obligado a cerrar la sede del periódico debido a problemas financieros, y terminó trabajando desde su casa. Y fue desde allí que fundó la revista Crimen, que solo salió una vez al mercado, con historias de sicarios, capos del narcotráfico y en la que se mencionaban nombres propios.
La osadía de Unanue no ha tenido comparación en el periodismo de Nueva York. También se ha dicho que compartía información con la DEA, para hacer historias más jugosas.
Por eso cuando lo asesinaron la fría noche del pasado 11 de marzo, varias personas dicen que esto se debió a que: el periodista estaba investigando mi caso . Unanue le había pedido información a mucha gente con el fin de escribir sus historias, y por eso el rastro policial de cualquier pista es prácticamente imposible. Tenía muchos enemigos. Hipótesis sobre el asesinato A Manuel de Dios Unanue también lo obsesionaba el tema de la corrupción policial en algunos cuarteles del condado de Queens, y varios de sus colaboradores dicen que había terminado hace poco un libro que comprometía directamente a agentes en el narcotráfico y el lavado de dólares.
Por eso, en el esclarecimiento de su crimen se halla la Oficina de Asuntos Interiores que, precisamente, investiga la corrupción policial. El material para la segunda edición de la revista Crimen, estaba prácticamente listo.
Otra hipótesis es su participación en las audiencias públicas que intentan esclarecer el asesinato de dos estudiantes en el Cerro Manravilla, en Puerto Rico, ocurrido hace 14 años. Tres semanas antes de su asesinato fue hasta la isla a revelar una fuente de información, rompiendo de esta forma un código de ética profesional que inclusive protege la Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos.
La noche que lo asesinaron tenía una cita con una persona que la prensa local llamó la mujer misteriosa y que después se supo respondía al nombre de Mirian Botero de Rosado, de Cali (Colombia). Ella dice que su esposo, el puertorriqueño Héctor Rosado, fue víctima de una conspiración policial y luego sentenciado a 33 años de cárcel el pasado diciembre. Mirian le había entregado a Unanue parte de los documentos presentados durante el juicio.
El nombre del colombiano Manuel Ortiz Alvear, que dirigió hasta el año pasado su periódico El Universal, ha ocupado los titulares de prensa los últimos días. La oficina de información del Departamento de Policía de Nueva York y el jefe de esta investigación, Raymond Abruzzi, han manifestado que están investigando a veinte personas relacionadas con el asesinato de Unanue, pero extraoficialmente han admitido que el principal sospechoso es Ortiz Alvear .
No es la primera vez que lo investigan por una muerte acaecida en el vecindario colombiano, y además ha tenido que ir a la Corte porque una mujer lo acusó de intento de violación, pero salió absuelto de ese cargo el mes pasado. Ortiz Alvear no se esconde, ha acudido a los medios de comunicación, a manifestaciones y misas, y ha dicho abiertamente: Soy un chivo expiatorio, y los verdaderos culpables del asesinato me quieren hundir. Además, yo era muy amigo de Manuel de Dios Unanue . Un último adiós La noche del miércoles pasado se realizó una misa para rendirle un homenaje póstumo a Unanue. Asistieron cerca de mil personas a la iglesia San Sebastián de Woodside, en Queens, y varios de sus amigos pronunciaron discursos de despedida y hablaron de la grandeza humana y periodística de Manuel de Dios . En el altar se colocó un enorme retrato del periodista. Al lado se encontraba la bogotana Vicky Sánchez, su compañera, y su hija Mélodi, de 2 años de edad.
Posteriormente hubo una marcha con velas, a lo largo de la avenida Roosevelt, hasta el lugar donde mataron a Unanue. Allí se pronunciaron discursos políticos y varias personas lloraron mientras exigían justicia. Fue notoria la participación de la Policía en el acto de despedida. Vicky Sánchez, quien había viajado a Puerto Rico a enterrar a su compañero, está siendo interrogada por las autoridades puesto que era ella la persona más allegada a Unanue.
El esclarecimiento del asesinato del periodista es de vital importancia no solo para golpear al crimen organizado, sino para proteger a los miembros de una profesión que se ha visto amenazada por primera vez en la historia de Nueva York.
Empresarios colombianos muy conocidos en la comunidad de Jackson Heights como Jorge Alarcón, propietario del restaurante El Chibcha, y Héctor Méndez, dueño de una imprenta, le afirmaron al corresponsal de EL TIEMPO que, después de la muerte de Unanue las ventas han bajado, y la gente ha dejado de frecuentar el vecindario . También afirmaron que confían en la autoridad y que persistirán en su empeño por mejorar el área y el bienestar de los colombianos en Nueva York.
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Otros
- Fecha de publicación
- 29 de marzo de 1992
- Autor
- JAVIER CASTAÑO

Miembro de
Miembro de