EL VICIO DE LAS SEIS CUERDAS

EL VICIO DE LAS SEIS CUERDAS

Abrir los ojos. Beber guitarra. Comer guitarra. Respirar guitarra. Y por supuesto, pensar en guitarra. Dormir y soñar guitarra. Al fin y al cabo: vivir la guitarra.

9 de octubre de 1998, 05:00 am

Hay quienes piensan que el rock es cuestión de ensayar un poco, dar muchos conciertos, tener buenos contactos, grabar y ser una estrella. Sin embargo, el rock también necesita que se le rinda culto con la disciplina y el sacrificio. Es en este ambiente donde nacen los obreros del rock , aquellos que no conciben el mundo más allá de las seis cuerdas.

Este es el caso de Tom Abella, guitarrista consagrado a su instrumento en un género solo reservado para maestros: el rock instrumental. Y es que hay que ser un virtuoso o un tonto para atreverse a penetrar en el intrincado mundo de la guitarra y más aún en Colombia, donde solo tiene éxito el pop mezclado de muchas cosas.

Hace más de cuatro años que Tom se dedicó completamente al estudio de la guitarra, encerrado en su casa, rodeado solo por amplificadores, pedales y guitarras, muchas guitarras. Y por supuesto, su pequeña Iris de dos años y su esposa, porque no solo de guitarra vive el hombre.

Son alrededor de 12 horas las que le dedica a la guitarra, contando las clases que dicta y el perfeccionamiento de su propia técnica, inspirado en maestros de la guitarra como Michael Angelo, Steve Vai, Yngwee Malmsteen y Joe Satriani.

Templo sonoro Cuando las guitarras hablan , Rock para oír y degustar dicen algunos carteles y notas de prensa recortados, que forman parte de la decoración de su estudio. Entonces: Cómo diablos hacer para que la guitarra exprese sentimientos por sí sola? Creo que la clave es crear el ambiente para cada tema. Es como dibujar un paisaje de música en el que quien escucha capta el mensaje , responde.

De esta manera, tiene en su repertorio 13 canciones propias algunas de las cuales ya conoce el público bogotano como Sad look, El momento mágico, Más allá del bien y el mal, Siete y ahora la que él califica como su consagración y que acaba de montar: Nacidos para la batalla.

Como dicen las revistas de los kioskos: si se tratara de describir con una palabra su estilo guitarrístico, esa sería versatilidad . Mientras que Sad look es todo un galope de guitarra, El momento mágico es una mezcla de jazz, algo de funk y bastante romanticismo con piano incluido, interpretado por el mismo Tom.

Contrario a lo que se cree, al público le gusta este tipo de música y tiene buena acogida. Sin embargo, son las disqueras las que se tapan los oídos , agrega.

Con todo y dificultades en más o menos tres meses tendrá su primer álbum, gracias a un sello independiente, en el que incluirá todos sus temas, acompañado por Daniel Paz, en el bajo, y Gustavo Moreno, en la batería.

Entre riffs y taps Para el alumno, Tom predica el desarrollo de una técnica propia. Más allá de las maravillas de los efectos, está la técnica, el atacar limpiamente las notas, el manejo de las cuerdas y el cómo sacarles las mejores tonalidades , afirma.

En cuanto a maestros recuerda al legendario Canuto . De guitarristas nacionales declara su admiración por Germán Díaz, también solista, y Hugo Restrepo, exguitarrista de Kraken.

Las manos vuelan y los dedos parecen elásticos. Se desplazan, pisan aquí y allá, se contraen, giran, se devuelven y la guitarra parece llorar, casi se lamenta, en el inicio de Nacidos para la batalla. La razón para esta introducción es Iris, la pequeña de dos años que siempre ronda curiosa a su papá, cuando se deja poseer por el ritmo.

Tom recuerda que esta primera melodía nació luego del drama del primer día de su hija en el jardín infantil.

Ella es su público permanente, su fan incondicional y su inspiración, en el anonimato de su vicio: la guitarra