LOS MAMOS Y SUS AGUAS MITOLÓGICAS

LOS MAMOS Y SUS AGUAS MITOLÓGICAS

En medio de la celeridad de finales de siglo, los mamos indígenas de las Sierra Nevada de Santa Marta aún recorren cientos de kilómetros para ofrecer pagamentos a los dioses que guardan el equilibrio de su raza. En fechas que solo ellos conocen, los sacerdotes arhuacos abandonan sus chozas rituales de las montañas, y se trasladan en silencio a sitios tan alejados de sus dominios como el Salto del Tequendama y la laguna de Guatavita. Van con los pies descalzos o protegidos con abarcas, gorros y vestidos blancos de algodón, y sus mochilas de hilo con el hayo y el poporo ceremonial.

29 de marzo de 1992, 05:00 am

También llevan conchas marinas traídas de Dibulla para ofrendar durante las ceremonias. Es un ritual que practicaron sus antepasados desde antes de la llegada del español. Así lo enseñan los mamos viejos a sus discípulos.

Los pagamentos que realizan en el Salto del Tequendama son por el equilibrio del mundo y de su raza. Los de Guatavita tienen otro significado: según la mitología indígena, esa laguna, ubicada en Boyacá, está unida con Atinaboba, la laguna sagrada de los arhuacos, mediante una corriente subterránea.

Atinaboba se encuentra entre los helados picos de la Sierra Nevada. En ese lugar dice el mamo Arua Viku se celebran ritos a través de ofrendas sagradas para que Atinaboba conserve la fertilidad de la tierra, la lluvia y el verano, y pueda mantener los manantiales, los ríos, los arroyos, porque estos son como las venas del cuerpo .

Esos ritos forman parte de la compleja mitología indígena en la cual el agua es un elemento vital que, en la mayoría de culturas, aparece ligado de alguna forma al origen de la vida.

Para los arhuacos el agua es eso: origen, vida, intimidad, virginidad, y su simbología máxima es Atinaboba, representada por una serpiente que vive en el fondo de la laguna del mismo nombre. Laguna y serpiente son un solo ser, y sus manifestaciones las interpreta el mamo a través de rituales secretos.

La cosmogonía arhuaca habla también de un matrimonio entre el cielo y la tierra a través de los fluidos líquidos . Esa unión recibe el nombre de Atínkana. Ati es la deidad máxima de la energía dice Arua Viku y se simboliza como una virgen, algo tan íntimo que no podría ser visto por los ojos humanos. Solo puede estar en contacto con la mentalidad de los mamos. Para señalarla, nuestros padres colocaron grandes piedras verticales en determinados puntos de la Sierra, donde hay un remanente de energía que nos pone en contacto con todos los cambios líquidos que se dan en el espacio. Uno de esos fenómenos son las corrientes de las nubes en diferentes direcciones, a través de las cuales se manifiestan el trueno, el rayo y las tormentas . Los hijos de Juan Tama Entre los koguis, también de la Sierra Nevada de Santa Marta, existe una hermosa leyenda de lo que antecede a la vida: Primero estaba el mar. Todo estaba oscuro. No había Sol, ni Luna, ni gente, ni animales, ni plantas. El mar estaba en todas partes. El mar era la madre.

La madre no era gente, ni nada, ni cosa alguna. Ella era espíritu de lo que iba a venir y ella era pensamiento y memoria .

En la mitología kogui, la vida nace de la unión del agua y el cielo. Igual sucede en otras culturas indígenas. Entre los yaguas, por ejemplo, los hombres aparecen de las primeras gotas de agua que el dios Tupana derrama sobre la Tierra. Aquí juegan un papel fundamental dos concepciones indígenas: la unidad entre hombre y naturaleza, y entre magia y realidad.

Así, por ejemplo, Juan Tama, el gran cacique de los paeces, es recogido recién nacido en la quebrada Lucero y amamantado por las más bellas mujeres de la tribu.

Cuando Juan Tama envejece, va a dormir al fondo de una laguna ubicada en la parte alta del resguardo de Mosoco, en Tierradentro, Cauca. Esa laguna lleva ahora su nombre y es el sitio donde se celebran rituales de purificación.

Hasta ese lugar llegan los nuevos gobernadores paeces después de un día de camino por las trochas que rompen la maleza. Durante la noche realizan los ritos de purificación de los bastones, símbolo de autoridad y sabiduría, y al otro día regresan para ejercer el mandato en sus comunidades. Los paeces también utilizan ese ritual para refrescar niños, escuelas, casas y, últimamente, elementos nuevos dentro de su cultura como motos y chivas .

Una historia similar rodea a la cacica La Gaitana, la hija del agua, de quien se dice que fue recogida en la quebrada Meza-yu, en las estribaciones de la cordillera central. De ella, sin embargo, son escasas las referencias posteriores.

Para los pijaos, coyaimas y natagaimas, el agua también es orígen. En su mitología, la laguna es una de las cuatro capas que conforman el mundo: Es la capa más profunda y a ella pertenecen los lagos, ríos y nevados. Allá viven los dos gigantes del principio del mundo, Locombo y Lulumoy. Encima viven los indios viejos con sus curanderos, el mohán, el poira, la madre de agua y la gente sin rabito... .

Leyendas parecidas están regadas por todos los rincones del país. Muchas otras se han perdido entre los mensajes publicitarios y la nueva cultura que trae la radio y la televisión.

Donde aún subsisten las leyendas, los ríos y las lagunas tienen mayor o menor importancia dependiendo del lugar donde están asentados los indígenas. Para los de la zona andina, las lagunas son el sitio alrededor del cual se construye la mayor parte de la mitología, mientras que en el Amazonas ese papel lo cumplen los ríos. Pero así como es origen de la vida el agua tambien encierra secretos negativos. Algunas tribus evitan construir sus chozas a orilla de los ríos porque allí habitan espíritus malignos: el Tonina de los piaroas, el Kukuahuila de los inganos, el Duende de los paeces...

En la Amazonia el agua es origen de la cultura, de la sociedad y del ritual. En el río Amazonas habita la gran serpiente, la anaconda. En varios relatos, la anaconda vomita los primeros hombres. En otros, un hombre mítico se lanza al río huyendo de algún peligro y se convierte en serpiente. La anaconda también aparece como una fuerza misteriosa y maligna que se esconde debajo del agua.

Para los guambianos, paeces, timanaes, andoques y otras tribus cercanas al Macizo Colombiano, este lugar es la madre de las aguas y el principio de todo. Sus rituales están relacionados con el nacimiento de los ríos.

Los rituales chamánicos de las tribus del Valle del Sibundoy también están relacionados con el agua. En estas comunidades existe una profunda relación entre las estaciones lluviosas y el origen y curación de las enfermedades. Si la enfermedad ha sido causada en la estación de la piña, de la mariposa azul o de la danta, el chamán tendrá que invocar al dueño de esa planta o animal para que cure el mal.

El agua condensada en las nubes también forma parte de la cosmovisión indígena. Las nubes son para los arhuacos el vestido blanco de la naturaleza y cuando retorna a la tierra, nos trae mensajes que pueden estar manifiestos en cosas buenas y malas. Nos da el destino de una buena o mala cosecha, de tempestades o de veranos muy prolongados .

En todos los casos, el agua simboliza la vida. Es el reflejo y la manifestación de la energía vital del hombre para poder vivir .

Pero ahora esa vida se halla amenazada en lugares como la Sierra Nevada, porque sus fuentes de agua provienen de los helados picachos que el hombre destruye con rapidez. Para el mamo Norberto, uno de los más respetados en el valle de Nabusimake, La nieve es el gorro blanco que protege las grandes montañas, y se lo están quitando. Si le quitan el gorro, la cabeza se calienta y el cuerpo se seca .