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Y SI NO HUBIERAN MATADO A GAITÁN

Preguntarse cómo serían las cosas si en un determinado momento no hubiera sucedido lo que ocurrió, es un hábito tan viejo como la facultad de acordarse y de narrar. Pero solo ahora, con la llamada historia virtual, esa práctica se ha convertido en una disciplina exitosa. En la Gran Bretaña varias obras dedicadas a hacer futurología a partir de los datos del pasado tuvieron en 1997 tan buen suceso en las librerías como las profecías de Nostradamus, que se dedicó a la mucho más temeraria empresa de hacer lo mismo pero sin más datos que los de su borroso presente, y mucho mayor que las de Carlos Marx, el fracasado apóstol de esa otra forma de la adivinación que es el determinismo histórico. Como es de suponer, las respuestas son fascinantes y refrendan la conclusión de que la historia no está sometida a leyes inmutables sino que la zarandean a su antojo el azar y la casualidad y que la intervención de un solo individuo o de un solo accidente en un solo decisivo instante, puede trastornarl

Eso ocurrió en Colombia el 9 de abril. En el plomizo mediodía de ese viernes un hombre del pueblo, un desocupado que creía en otra fatalidad, la de los astros, y que no tenía razón lógica alguna para hacer lo que hizo, apuntó sobre otro hombre del pueblo, Jorge Eliécer Gaitán, un revólver tan viejo y averiado que ha debido fallar y en menos de un segundo cambió para siempre la historia del país. Lo que vino después, ya se conoce. Basta repasar la historia de Colombia en los último 50 años o simplemente mirar alrededor para constatar todo lo que Roa Sierra desencadenó. Lo que hay que preguntarse entonces y lo que nos hemos preguntado siempre millones de colombianos, como en la historia virtual - no es qué consecuencias trajo el asesinato de Gaitán, porque ellas son evidentes, sino qué hubiera ocurrido si ese día el taciturno operario cesante de una vulcanizadora no hubiera derribado de tres balazos diabólicamente certeros al gran caudillo popular.

HABRIA SIDO PRESIDENTE? Sin duda alguna, sí. El prestigio y la popularidad de Gaitán eran ya tan grandes que a pesar de la terrible violencia a que estaba sometido el Partido Liberal, su elección como Presidente en 1950 resultaba inevitable. Al triunfar en las elecciones de 1947 sobre el sector oficialista de su partido, encabezado por Eduardo Santos, Gaitán logró unir al liberalismo en torno suyo sin una sola excepción. Pero además, con un programa de gran contenido social que exponía con la más convincente elocuencia, consiguió ganarse la simpatía de otros sectores, incluyendo unos cuantos conservadores que, a pesar de la tradicional polarización del país, ya habían votado por él en las presidenciales de 1946. Paradójicamente, a la conversión de conservadores al gaitanismo contribuyó el propio Jefe Conservador, Laureano Gómez, quien durante buena parte de la campaña de ese año había apoyado a Gaitán desde El Siglo con el fin de atizar la división del Partido Liberal. Así ocurrió y, como se sabe, por obra de la división liberal, hábilmente estimulada por Gómez, Mariano Ospina, proclamado candidato conservador casi a última hora, derrotó a los liberales divididos entre Gabriel Turbay y el mismo Gaitán.

Sin embargo la imagen favorable de Gaitán que Laureano había promovido insistentemente desde El Siglo se mantenía en la retina de muchos de sus copartidarios pobres, que también acabaron por ver en el caudillo y en su plataforma política la única solución para sus propios agudos problemas de marginación social. El hambre no es ni liberal ni conservadora, había dicho Gaitán alguna vez, y esa verdad tan simple empezaba a desplazar en la conciencia de todas las gentes pobres a las viejas consignas partidistas.

Por otra parte Gaitán era un líder salido de lo común. Su capacidad para inflamar de mística a quienes lo oían no ha tenido igual en la vida del país y quizás tampoco en la de América Latina, con la probable excepción de Fidel Castro. La manifestación del silencio , a la que convocó a centenares de miles dos meses antes de ser asesinado, demostró su casi inverosímil capacidad para controlar totalmente a las multitudes. Y aunque él mismo se calificaba de frío y de demagogo hacia afuera, la verdad es que estaba totalmente convencido de lo que decía y por eso era hablaba con la seguridad apasionada que caracterizaba sus discursos. Gaitán tal vez fingía en privado. Pero en público no fingía y la combinación de un hombre que cree ciegamente en lo que les dice a las multitudes y unas multitudes que creen ciegamente en lo que ese hombre les dice, es lo que les imprime a los grandes movimientos de masas esa dinámica en la que no puede haber marcha atrás.

Gaitán, entonces, quienes lo seguían y, tal vez más que nadie, quienes se le oponían sabían que iba a ser presidente. No se ha podido establecer si esa certidumbre activó el revólver de Roa Sierra. Pero sí se sabe que los jefes conservadores de ese entonces no encontraron otra fórmula para tratar de atajarlo que la de ejercer desde el gobierno la Violencia e impedir a toda costa el triunfo Liberal.

LO HABRIA DETENIDO LA VIOLENCIA? La Violencia, que ocasionó el retiro de la candidatura de Darío Echandía en las presidenciales de 1950 y llevó al liberalismo a decretar la abstención, no habría producido los mismos efectos en un dirigente del temperamento mesiánico de Gaitán. Echandía, aunque valeroso, no era un ente de pasión sino un ente de razón. Durante toda su vida, el Maestro practicó un panglossiano escepticismo que lo llevó a lanzar frases como aquella de el poder para qué?, que aunque en ocasiones ha sido mal interpretada, describe muy bien su desapego a las tentaciones y a los halagos del mando.

En sus reflexiones, Echandía había llegado a la conclusión de que la política de persecución a su partido no podía ser indefinida y que el liberalismo, claramente mayoritario, algún día regresaría al poder, a condición de que supiera esperar. Acostumbrado, como buen humanista, a pensar en términos de siglos y a practicar la dialéctica, el Maestro supo entender que la Violencia acabaría por hacerle más daño al partido que la ejercitaba que al que la sufría y decidió renunciar a sus aspiraciones y postergar las de su colectividad para evitar que los liberales fueran asesinados por obra del complejo de minoría que afectaba la conducta electoral de los conservadores.

Gaitán habría actuado de otra manera. La frase que definía su actitud frente a la campaña era una tremenda consigna de combate y no una reflexión cautelosa. Ante las gentes, que lo seguían con fervor sin límites, había adquirido un compromiso irrevocable: Si avanzo, seguidme, si retrocedo, matadme y se me matan, vengadme!, había dicho, y él y las multitudes que acaudillaba, sabían que ya no tenían otra alternativa que la de triunfar. Como ocurre con todo gran líder popular, entre Gaitán y su pueblo se había creado una relación tan íntima y compleja que era difícil precisar en qué momento eran las masas las que seguían a su Jefe y en cuál el Jefe el que obedecía al dictado de las masas. En tales circunstancias, ninguno de los dos términos de la ecuación podía amilanarse y fallar: si le fallaba a Gaitán, el pueblo estaba perdido y si Gaitán le fallaba al pueblo, quien estaba perdido era Gaitán.

Conocedor como pocos de la sicología de las multitudes, Gaitán sabía que su gente nunca le perdonaría una defección. Por eso estaba resuelto a ir hasta el final y las masas, que creían en él con fe ciega, estaban decididas a acompañarlo, sin importar cuáles pudieran ser los peligros y sin ninguna vacilación. Es lo más seguro que ante la inminencia de un triunfo de Gaitán, la Violencia se hubiera intensificado. Pero también es verdad que con Gaitán vivo, el costo de semejante decisión habría podido ser demasiado grande para el gobierno que presidía Ospina . En la manifestación del silencio, Gaitán le había hecho una clarísima advertencia al Jefe del Estado. Tras aludir a la impresionante manera como la multitud acataba su consigna de silencio, añadió: Pero estas masas que así se reprimen, también obedecerían a la voz de mando que les dijera iejerced la legítima defensai . Sometido a una persecución sistemática, Gaitán no habría dudado en dar esa voz de mando y sublevar al pueblo. En ese caso, Ospina y Gómez no se habrían enfrentado al riesgo controlable de una elección sino a la certidumbre incontrolable de una guerra civil.

QUE CLASE DE PRESIDENTE? La plataforma de Gaitán era anti-oligárquica y anti-plutocrática y es de suponer que al asumir el gobierno la desarrollara como lo había prometido. Sus seguidores no hubieran aceptado otra cosa. En sus célebres viernes culturales del Teatro Municipal y en sus arengas en la plaza el caudillo había indicado algunos de los sectores en los que se harían sentir sus proyectos de orientación socialista. Hablaba de nacionalización y municipalización de los servicios, control de precios para los artículos de primera necesidad, seguridad social obligatoria, crédito para los menos favorecidos, salario mínimo, participación de los trabajadores en las ganancias de las empresas públicas, estímulo al sindicalismo, impuestos para los ricos, fuerte intervención del Estado en la economía, derecho de huelga y nacionalización de las cerceverías, entre muchas otras cosas que en esa época eran consideradas revolucionarias. Declaraba que era preciso regresar a las antiguas virtudes morales del pueblo colombiano y restaurar moralmente a la República, en clara alusión al último gobierno del ex-presidente López Pumarejo, durante el cual estallaron varios escándalos,.

Gaitán no era, desde luego, comunista. Tampoco un socialista clásico, aunque su tesis de grado hubiera versado sobre la materia. Era más bien un social-demócrata que manejaba su programa y sus campañas con gran flexibilidad para adaptarlas a las cambiantes circunstancias electorales del país. Los comunistas, que desconfiaban de él, habían dado la orden de votar por su antagonista, Gabriel Turbay, durante las elecciones que los habían enfrentado. Desde entonces, entre ellos y el gaitanismo se había creado una marcada hostilidad. Pero la poca simpatía de Gaitán por los comunistas no bastaba para tranquilizar a la clase dirigente tradicional, que veía en él una eventual amenaza para sus intereses económicos. Con todo, los políticos liberales del establecimiento no tenían más remedio que resignarse con su jefatura porque la suerte de su colectividad estaba en las manos del caudillo y de todas maneras entre Gaitán, que los atacaba con su retórica torrencial, y los conservadores, que los agredían de hecho, se quedaban con Gaitán.

En realidad, la cerrada intransigencia del partido de gobierno no les había dejado más alternativa que la de unirse y obedecer al único jefe capaz de devolverle el poder al liberalismo. El instinto de conservación privaba en ellos sobre el instinto de clase. Sin embargo, para los empresarios y los grandes hacendados la eventualidad de un gobierno de Gaitán era una perspectiva que no les dejaba conciliar el sueño. Socialmente hablando, ese gobierno habría sido extraordinariamente popular. Pero en estricto rigor económico es muy probable que hubiera generado un déficit presupuestal y una inflación alta. En efecto, Gaitán habría tenido que hacer efectivas sus promesas a base de un elevado gasto público, financiado con endeudamiento y posiblemente con emisión. Eso, por lo demás, era lo corriente en América Latina y aun en el mundo en donde las fórmulas de Keynes tenían todavía muy buen recibo para combatir el desempleo, elevar la capacidad de compra y estimular la producción.

Ya los conservadores hablaban en su gobierno del ideal de la vida cara como una manera de presentar bajo una óptica favorable el aumento de precios que afectaba a la población. Gaitán habría intentado combatir el fenómeno con otra medida muy propia de la cartilla económica de esa época, el control de precios, y sin duda habría acudido al aumento en los aranceles para defender la producción nacional, y a un sistema de subsidios o quizás a un rudimentario seguro de desempleo, para proteger a la parte más vulnerable de la población, que era en donde estaba su fuerza. Todo eso habría acentuado el déficit que solo podía enjugarse con más impuestos, con evidente disgusto de la clase empresarial en la que Gaitán nunca había sido popular. Los precios de las exportaciones, especialmente del café, que pasaban por excelente momento, le habrían ayudado a financiar sus ambiciosas reformas sociales.

En síntesis, es posible que al final de su gobierno Gaitán hubiese menos popular que al comienzo. Sus realizaciones, aunque muy importantes, no habrían colmando las siempre crecientes expectativas de las masas, que posiblemente habrían acusado una cierta frustración. Sin embargo habrían exigido continuar las reformas de carácter político y social emprendidas por el caudillo y aún acentuarlas. Esta vez la pausa que le aplicó a la Revolución en Marcha el presidente López Pumarejo no habría sido ni entendida ni aceptada por el pueblo liberal. Pero QUIEN HUBIERA SIDO EL SUCESOR? La irrupción de Gaitán en la vida del país alteró completamente la composición de la clase dirigente liberal. Hizo su campaña contra López, le propinó una contundente derrota a Santos y relegó a muy segundo plano o descontinuó prestigios como los de los ex-presidentes Echandía, Alberto Lleras y Carlos Lozano, los ex-ministros Carlos Lleras, Jorge Soto, Plinio Mendoza y Carlos Sanz y el ex-candidato Carlos Arango. Al asumir la jefatura del liberalismo contra la voluntad del establecimiento pero con abrumador respaldo popular, Gaitán abolió la fila india de presidenciables que habían conformado Olaya, López y Santos a su paso por el poder.

Como todo gran caudillo, Gaitán tenía seguidores, discípulos y aliados pero no herederos así que su sucesión no estaba definida y posiblemente habría provocado una severa división en el liberalismo. Los gaitanistas puros, que se consideraban con mayores y mejores derechos que los otros liberales para recoger la herencia del jefe, se habrían opuesto a las pretensiones de cualquier candidato que no fuera uno de los suyos. Pero aún dentro del gaitanismo se daban tendencias difíciles de conciliar. Una, más radical, probablemente habría apoyado a Jorge Uribe Márquez quien, ya fallecido Gaitán, participó en un intento de disidencia contra la Dirección Liberal a través de los llamados comandos, aunque sin éxito.

Otro sector, más moderado, habría apoyado a Francisco José Chaux, excelente ministro de Olaya, que probablemente iba a contar con el apoyo del antiguo oficialismo liberal. A este último grupo no parecía quedarle más opción que la de Echandía, unánimemente respetado como jefe de avanzada, pero tal vez demasiado lopista para el gusto de Gaitán. Es posible que otro ex-presidente, Carlos Lozano, se pudiera convertir en remota alternativa presidencial, debido al respeto que parecía profesarle el caudillo. Alberto Lleras, en la Secretaría de la OEA y con un enorme prestigio hemisférico, carecía de angustias presidenciales; Carlos Lleras, debido a la antipatía que parecía profesarle Gaitán, veía cerradas sus posibilidades, por lo menos a corto y mediano plazo; Julio César Turbay y Virgilio Barco apenas iniciaban sus carreras y López Michelsen, objeto de muy fuertes ataques especialmente por los asuntos de la Hndel y la Trilladora Tolima, estaba marginado de la actividad pública. De cualquier manera el sucesor de Gaitán habría sido finalmente el que señalara el caudillo que en esto, como en todo lo demás en la política liberal, decía la última palabra.

QUE HABRIA PASADO CON LOS MEDIOS?.

El triunfo de Gaitán también habría provocado efectos considerables en los medios de comunicación. Entonces no había televisión, así que el poder de la información estaba localizado en la radio y sobre todo en la prensa. Por esos días los medios de alcance nacional más influyentes y con capacidad para poner y quitar presidentes, eran EL TIEMPO, en el liberalismo, y El Siglo , considerado vocero del partido conservador.

Gaitán, consciente de que necesitaba su propio órgano de difusión, había fundado un diario, Jornada , que se sostenía gracias a las ventas y a los aportes de los gaitanistas. La situación financiera de Jornada , que casi no tenía anuncios, no era la mejor. Pero eso sin duda habría cambiado al ser elegido Gaitán. A partir de ese momento Jornada habría adquirido el carácter de órgano oficioso del gobierno, aún a pesar de Gaitán, y resulta fácil imaginar que muchos empresarios, buscando congraciarse con el nuevo régimen, habrían anunciando ostentosa y generosamente en él. Por otra parte la circulación habría aumentado sustancialmente. Consolidada como expresión no solo del gaitanismo sino del Partido Liberal, Jornada ya no sería el pasquín sin mayor futuro de un político segundón sino la expresión de un fenómeno de masas sin antecedentes en la vida nacional. Es muy posible que a pesar de la competencia de Jornada , EL TIEMPO, aunque con menos influencia y circulación, hubiese conservado el prominente lugar dentro del periodismo a que lo habían llevado el ex-presidente Santos y Calibán. Pero tal vez no pueda decirse lo mi}lamado a desaparecer y El Espectador , que entonces era vespertino, se habría visto en dificultades para mantenerse vigente dentro de una opinión cada vez más polarizada entre los conservadores y Gaitán.

Y EL PARTIDO CONSERVADOR? El conservatismo no aceptaba la idea de perder el poder y para evitar ese riesgo, inminente con una candidatura de Gaitán, le quedaban tres alternativas. La primera, la de recrudecer la violencia. Esa fue la que desafortunadamente escogió pero, como ya se dijo, es casi seguro que Gaitán hubiera respondido a ese desafío con la violencia popular generalizada, haciendo inmanejable al país e imposible la elección de Laureano Gómez .

La segunda, promover un golpe antes o después de elegido Gaitán, fórmula desesperada que el propio Gómez propuso el 9 de abril, cuando las masas liberales enfurecidas, estaban a punto de asaltar el Palacio y derrocar a Ospina. El cuartelazo no habría sido mal visto por algunos sectores empresariales de ambos partidos como una manera de evitar que el país se radicalizara hacia la izquierda con Gaitán o se precipitara hacia la extrema derecha con Gómez, generando una situación de orden público poco saludable para la economía.

Y es posible que Estados Unidos - que habían promulgado la doctrina Truman para la contención del comunismo y de todo cuanto se le pareciera - se mostraran secretamente de acuerdo con esta alternativa y la auspiciaran. Era la época en la que los golpes montados o estimulados por EU estaban de moda en América Latina como sistema para evitar aventuras izquierdistas como la de Gaitán, así que idea encajaba dentro la estrategia global del Departamento de Estado. Sin embargo un golpe podía suscitar también un iracundo rechazo popular y aún el del propio presidente Ospina, no muy dispuesto a que se le recortara de manera tan brusca y arbitraria su período.

Una tercera alternativa sería postular un candidato conservador moderado que no produjera el efecto de cohesionar al liberalismo, como Gómez, sino el de debilitarlo atrayendo votos del ala derecha de ese partido. Un ciudadano que llenaba esos requisitos era Roberto Urdaneta, clubman y amigo personal de Gaitán considerado entonces como un dirigente poco sectario y con buena aceptación entre los liberales, de cuyas administraciones había sido ministro. Sin embargo ante la arrolladora popularidad del caudillo, era punto menos que imposible pensar que cualquier otro candidato lo derrotara, así que la tercería no parecía tener futuro alguno.

La elección de Gaitán habría unificado férreamente al Partido Conservador, que muerto el caudillo se dividió. En efecto, la agudísima división que acabó por producir el derrocamiento de Gómez, el golpe de Rojas y el Frente Nacional fue, irónicamente, unos de los subproductos de asesinato del caudillo. La grave discordia entre Ospina y Gómez, entre los Gómez y Alzate Avendaño y después entre los Gómez y Guillermo León Valencia comenzó con los desacuerdos que surgieron entre Ospina y Laureano a propósito del 9 de abril, cuando Ospina retiró a Gómez del gabinete y pactó con los liberales. Gómez nunca le perdonó haberlo destituido para transar con el liberalismo, entregándole la mitad del poder, y en delante se opuso a Ospina sistemáticamente.

Así mismo, el antecedente remoto del 13 de junio está también en el 9 de abril. De la negativa de los generales a dar ese día el golpe que les exigió Laureano, surgió el deterioro en las relaciones entre el ejército y el jefe conservador que hicieron crisis en 1953 con la destitución de Rojas y el cuartelazo que derribó a Gómez. Por otra parte, como consecuencia del 13 de junio, surgió el Frente Nacional que reconcilió a Gómez con el liberalismo y que hizo presidentes primero a Alberto y a Carlos Lleras, que políticamente habían desaparecido cuando irrumpió Gaitán, y después a Misael Pastrana, un 19 de abril. Y como consecuencia del 19 de abril nació el M-19 y con el M-19, etc.

QUE HABRIA PASADO CON LA GUERRILLA? El asesinato de Gaitán y la imposibilidad de participar en las elecciones de 1950 les hizo pensar a muchos dirigentes liberales que su partido no tenía ya manera de regresar al poder por las vías de un proceso democrático limpio y sin coacciones, que en la práctica ya no existía en Colombia. Con su prensa censurada, muchos de sus dirigentes en la cárcel o en el exilio y sin garantías para desarrollar una campaña o congregarse en las plazas, el liberalismo se vio obligado a insistir en la abstención y a trabajar desde la semi-clandestinidad. Sin embargo algunos de sus jefes no se resignaron a semejante situación y resolvieron que era preferible alzarse en armas que continuar en la actitud defensiva que Santos había recomendado con la consigna de Fe y Dignidad y ante la imposibilidad de continuar la oposición civil optaron por la oposición militar.

Así nacieron las guerrillas liberales, un movimiento que el gobierno calificó inmediatamente de bandolerismo, y que se organizó en diferentes lugares del país pero en especial en los Antioquia, el oriente de Cundinamarca, el Tolima y los Llanos, en donde actuaron las agrupaciones más numerosas. La guerrillas liberales, que nunca fueron oficialmente reconocidas por la Dirección de su partido aunque secretamente se simpatizara con ellas, se mantuvieron en actividad desde 1949 hasta 1953 cuando los contingentes de los Llanos se desmovilizaron, un gesto de paz hacia Rojas. Sin embargo, otras organizaciones guerrilleras, a las cuales se habían vinculado elementos que simpatizaban abiertamente con los comunistas o que lo eran, continuaron combatiendo, ya no al gobierno sino al sistema. El movimiento guerrillero se dividió así entre los limpios, que eran liberales, y los comunes, de orientación marxista. En unos de estos últimos grupos empezó a actuar Tirofijo. Ese fue, entonces, el origen remoto de las actuales guerrillas, que quizás no habrían surgido si Gaitán no es asesinado el 9 de abril.

Muy distinta habría sido, entonces, la vida de Colombia si un macilento remendón de llantas no hubiera disparado contra Gaitán hace 50 años en el centro de Bogotá. Pero no ocurrió así y Juan Roa, con su absurdo revólver de segunda mano, escribió la triste, sangrienta y desoladora historia que hemos vivido hasta hoy.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
5 de abril de 1998
Autor
ARCHIVO PARTICULAR

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