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LAS REFORMAS DEL SIGLO XX

La Carta del 86 nunca tuvo aceptación, adhesión o simpatía del auténtico liberalismo. Como resultado de la derrota y sacrificio de la revolución radical; de la insólita, astuta y oportunista defección del señor Nuñez, y de su promulgación como esencia ideológica ortodoxa, teocrática y absolutista de la regeneración conservadora, aquel estatuto reclamaba, desde el primer momento, necesarias, democráticas, inaplazables y clamorosas reformas. Tales modificaciones, de fondo y de forma, habían sido planteadas y exigidas por la Convención Liberal Nacional de 1897. Desde entonces no cejó en su empeño el partido liberal en luchar, por la razón o la fuerza, para obtener tales reformas. Este propósito se vislumbró como causal de la espantosa hecatombe de los Mil Días.

A todo lo largo y ancho de la presente centuria han abundado nuestras reformas constitucionales. Aquí se llaman actos legislativos, y enmiendas en Estados Unidos. Unas han sido protocolarias, insubstanciales, como las aprobadas para crear departamentos. Otras han atendido la solución de difíciles crisis políticas y económicas, o a dirimir asuntos internacionales. Y algunas no más de una docena han tenido el carácter de estatutos jurídicos de orden superior.

Valgan, para el caso, los ejemplos de las reformas o actos legislativos números 3 de 1910, 1 de 1936, 1 de 1945, la reforma constitucional del Plebiscito de 1957, o los actos reformatorios números 1 de 1968 y 1 de 1986. Los presidentes Ramón González Valencia, Alfonso López Pumarejo y Alberto Lleras, la Junta Militar de Gobierno y los presidentes Carlos Lleras Restrepo y Belisario Betancur han sido en su momento los artífices de tales reformas constitucionales.

En materias política y jurídica, el siglo XX entró tardíamente al país, con una década de atraso. Aunque conservador a ultranza, González Valencia propició la reforma del año 10, que reajustó nuestras instituciones y atendió los clamores del liberalismo, que databan de 1897. Notoria y pertinente en el ámbito socioeconómico fue la reforma de la revolución en marcha (1936) del viejo López, que introdujo modificaciones socializantes. Menos liberal y más autoritaria fue la reforma de 1945, proclamada por Alberto Lleras como afianzamiento del presidencialismo. No obstante, corresponde al plebiscito de 1957 haber efectuado un corte de cuentas en nuestra historia política porque con la creación y praxis del Frente Nacional, cesaron los odios heredados, y liberales y conservadores aprendieron a convivir y a compartir el poder.

La urgencia de modernizar el Estado mediante una sólida y eficiente reforma administrativa explica y justifica el acto legislativo No. 1 de 1968, de Lleras Restrepo. Y para darle un cariz más democrático a la nación, Belisario Betancur sancionó la reforma constitucional de 1986, conocida como de la elección popular de alcaldes , paso urgente para acabar con los feudos políticos municipales y contribuir a la necesaria descentralización de la patria colombiana.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
14 de junio de 1998
Autor
ARMANDO GOMEZ LATORRE

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