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NÓMADAS EN MOTOCICLETA

Mientras un 90 por ciento de la humanidad considera una locura darle la vuelta al mundo en motocicleta, el otro diez ya lo ha hecho. Y no solo en moto. Les da por viajar en velero, en bicicleta, en avioneta, en globo y hay quienes recorren tramos exageradamente largos como de Colombia a Nueva York a pie. Las razones van desde buscar aventuras, conocer gente, visitar lugares, sentar protestas por lo que sea o figurar en los libros de récords.

Pero los esposos japoneses Hayashi Yoshiki y Kanbe Nanae decidieron recorrer casi cien mil kilómetros porque les encanta seguir al pie de la letra la filosofía Harlista. Aquella que pregona la libertad en todo sentido y la búsqueda de aventuras. En una palabra, la mente abierta (ver recuadro).

Los dos son empedernidos amantes de las motos. Sus atuendos lo demuestran, su forma de ser lo corrobora, su descomplique no deja la menor duda. Por eso, poco importó que en agosto del año pasado no tuvieran ni un yen (moneda de Japón) para llevar a cabo sus deseos. Solo tenían eso: el sueño.

Hablaron, entonces, con los jefes de Hayashi, los de la revista Hot Bike Japan donde él trabaja como reportero gráfico, para que les ayudaran con el viaje. Así consiguieron la Harley de dos puestos que los ha llevado por medio mundo, y que tienen que devolver a su regreso a Japón. Hablaron también con los representantes de la Harley Davidson en su país, que les proporciona todos los repuestos. El resto, casi 30.000 dólares (40 millones de pesos), les tocó autofinanciarlo.

Hayashi ya había viajado así, aunque que no por todo el mundo. Sobre el boceto de un mapa que pintó para poderse explicar, señaló en Brasil. El país carioca fue el último destino de la que sería su primera odisea trasatlántica . En cambio, es la primera experiencia de este tipo para Kanbe.

Después de planear todo durante seis meses, salieron de Japón rumbo a Los Angeles el 18 de febrero de este año. La moto en barco y ellos en avión. En esta última ciudad comenzó, entonces, la aventura en dos llantas.

Sentir el viento en la cara, parar donde quieren y cuando quieren, correr y correr. Y claro, unas estaciones para tomar las fotografías que deben mandar a la revista, con unas cuantas crónicas de cada país.

Atravesaron la frontera y llegaron a México, de donde no pueden olvidar a la Policía. Dicen, en un inglés muy oriental , que tuvieron problemas porque allá la gente como que no está muy acostumbrada a ver motociclistas con casco. De ahí que los detuvieran a cada rato para pedirles explicación. Y en muchos lugares, cuando ellos se detenían a tomar fotos, no los dejaron.

Un aspecto que les causó impacto fue ver niños y niñas pidiendo limosna en las orillas de las carreteras. Y la comida. La única que les ha gustado, hasta ahora, ha sido la de México, Nicaragua y Colombia, dice Kanbe, quien a pesar de no tener oficio ni profesión definidos, se considera otra aficionada de la fotografía.

Después de pasar unas cuantas aduanas y otros tantos poblados, llegaron a Colón en Panamá en donde tuvieron que acudir nuevamente a un barco para transportar la moto. Así que vehículo y pasajeros se volvieron a encontrar en Cartagena, Colombia. Cinco días de descanso, o más bien, de turismo por La Heroica, y luego, rumbo a Bogotá.

Un recorrido que duró cuatro días los paseó por Bucaramanga, San Gil, Socorro y Tunja, entre otras ciudades. Y por fin, Bogotá.

Descanso no previsto Si no fuera porque llegaron casi varados, hubieran salido al día siguiente para Cali. Pero el daño de la moto fue grave, tanto, que los obligó a pasarse en la zona rosa por la casa Harley Davidson. Y caso arreglado. Se trataba de un cambio de bastantes piezas, pero siempre hay que cumplir con la norma internacional que obliga a las agencias Harley a resolver los problemas de los trotamundos en poco tiempo, así tengan que desbaratar una moto nueva, los viajeros como ellos deben ser tratados con todas las prelaciones del caso. Son los clientes número uno, los V.I.P. en todo sentido , explica Andrés Camargo, director administrativo de la Harley en Colombia.

Y mientras la moto sale del taller, hay que aprovechar para hacerlos hablar con su revuelto de inglés, japonés y cuatro palabras de español de cómo es esa travesía, de cómo se les ocurrió salir a andar , de qué hacen y quiénes son. Y claro, sacarles unos cuantos consejos para los aventureros colombianos.

Por ejemplo, y tal vez el más importante, no mucha ropa, no muchas maletas. No solo por el peso o el bulto, sino porque va contra la idea de libertad. Los amarra. Por eso, tres camisetas, dos jeans, y una chaqueta para él y otras tres camisetas, tres tops, dos jeans y dos buzos, para ella, son más que suficientes.

Y para que les aguanten, lavan todas las noches, extienden y por la mañana empacan. Si aún la ropa está mojada, la echan en una bolsa y apenas llegan a un sitio firme , la vuelven a colgar.

Ahora piensan en Cali, para después de dos días más, salir de Colombia, país donde lo que más les marcó fue la acentuada diferencia entre pobres y ricos.

Seguirán rumbo a Ecuador, Perú, y etcétera hasta llegar a Argentina. Luego, otro barco a España para la moto. Europa, Asia y nuevamente Japón dentro de un año. Al fin y al cabo, a los 36 abriles de él y a los 33 de ella, uno o dos de viaje son bastante enriquecedores en todo sentido.

Y por eso mismo, por pensar en viajes y aventuras, todavía no tienen dirección fija. Como ellos dicen, la de la moto, únicamente .

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
14 de junio de 1998
Autor
KESMIRA ZARUR LATORRE y CARLOS SANDOVAL J. Redactores de EL TIEMPO

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