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ELLOS SACAN LA CARA POR LA JUSTICIA COLOMBIANA

Durante los últimos seis meses 35 funcionarios judiciales la mayoría de ellos servidores de la Fiscalía han sido asesinados en Colombia. Un número similar, según la Asociación Nacional de Empleados Judiciales (Asonal) ha salido del país bajo amenazas de muerte.

Actualmente el número de servidores de la Rama Judicial es de 40.915. De ellos 20.121 pertenecen a la Fiscalía y llevan a cuestas cerca de tres millones de expedientes, de acuerdo con datos consolidados por la Sala Administrativa del Consejo Superior de la Judicatura.

Por efectos de la violencia, la mayor carga procesal la llevan los jueces penales, con una distribución del 36,1 por ciento del total de negocios.

De manera recurrente se habla de morosidad. Las sanciones disciplinarias en la Rama han seguido teniendo impacto y durante el último año fueron impuestas 60.

Pero hay funcionarios y empleados que a diario, de manera anónima y con trabajo abnegado, desafían los diagnósticos tradicionales. Estas son sus historias: Un amigable conciliador Para Arturo Suárez, juez séptimo de familia de Bogotá, una de las razones por las que fue premiado recientemente como uno de los mejores jueces del país, es que la mayor parte de su tiempo trabaja en función de que quienes acudan a su despacho solucionen sus conflictos de común acuerdo y no por la vía del litigio.

En su oficina del piso cuarto de la calle 19 con carrera sexta en Bogotá, Suárez atiende diariamente, en promedio, ocho audiencias con parejas que buscan divorciarse, padres que quieren decidir la custodia de sus hijos o niños cuya protección debe ser garantizada.

Cuenta que en la mayoría de esos casos, aunque las personas llegan allí con fuertes conflictos y heridas muy profundas, después de que logran una conciliación salen con una actitud más positiva, con sus beligerancias depuestas.

Precisamente, uno de los aspectos que más satisfacción le produce de su trabajo es ver cómo matrimonios que están a punto de deshacerse logran volver a unirse después de ventilar sus controversias.

Sin embargo, también se presentan situaciones críticas que ponen a prueba su fortaleza y severidad. Por ejemplo, recuerda el caso del hombre que en un proceso de divorció golpeó al abogado de su esposa y le dijo: podrá quedarse con mi mujer, pero no con mi plata .

Suárez ha intentado además que en su despacho se elimine la imagen del juez como un hombre inaccesible o de los secretarios y notificadores como personas malhumoradas y poco serviciales.

Por esta razón, cuando estaba empezando su labor, una de las primeras cosas que hizo fue atender él mismo a las personas en la baranda, para conocer exactamente en qué lugar y bajo qué estado podía encontrar los expedientes.

Además, sus funcionarios, de quienes resalta su entrega y sacrificio, han entendido que todas las personas que asisten al juzgado deben ser atendidas con amabilidad, pues cada caso es importante.

La justicia -dice- no es solo el proceso 8.000, sino que hay unos juzgados que resuelven problemas de la cotidianidad. De siete millones de habitantes que tiene Bogotá, no más del 10 por ciento delinque, mientras que el cincuenta por ciento tiene problemas familiares o patrimoniales .

Misión que no sabe de horarios En la Semana Santa del 97 el fiscal Luis Isnardo Barrero Barrero alistaba maletas para viajar a una finca en Melgar junto con su esposa y sus cuatro hijos, con los que prácticamente no había podido compartir mayor tiempo desde la Navidad.

Mientras los suyos hacían con entusiasmo las maletas, la Fiscalía capturó en Bogotá a diez empresarios del chance en una investigación por irregularidades en el sistema de apuestas permanentes. Los primeros resultados de la indagación preliminar alarmaban: había de por medio una defraudación millonaria al Estado.

El proceso le fue asignado y no tuvo otra opción que desearle buen viaje a su familia.

Ese era uno de los sacrificios a los cuales se comprometió hace 15 años, cuando comenzó su carrera judicial como sustanciador de un juzgado municipal en Bogotá. Inicie la carrera trabajando y estudiando de noche. Ya era casado, pero hay que sacrificarse si se quiere ser alguien en la vida , dice.

A sus 42 años este tolimense vive orgulloso de su oficio. Es consciente de que la suya no es tarea que arroje grandes retribuciones económicas, pero sí un gran legado moral y espiritual que está dispuesto a transmitirle a su hija Johana, estudiante de Derecho.

Todos los días se levanta a las cinco de la mañana y antes de trasladarse a su oficina deja a una de sus hijas en el colegio. Ya en su despacho en la Unidad de Delitos Financieros comienza a revisar los 300 procesos que actualmente tiene asignados.

Entre ellos se encuentra un fraude a una entidad bancaria por 32 mil millones de pesos, una defraudación en la Bolsa de Bogotá entre dos empresas corredoras por 1.200 millones de pesos; procesos por usurpación de marcas y patentes, la mayoría de ellos con personas detenidas. Es tanto el trabajo que a veces hay que llevarlo a casa para adelantarlo los fines de semana .

En diciembre de 1996 Luis Isnardo tuvo que dedicarse día y noche a un proceso por falsificación de medicamentos y licores. Era un caso complejo, en el que fueron capturadas 25 personas que se integraron en una banda bien organizada que manejaba recursos por 2.000 millones de pesos .

Su trabajo lo complementa dictando clases todas las noches en la Universidad Antonio Nariño.

No soy de alto riesgo MARIA LUISA MURILLO Corresponsal de EL TIEMPO Florencia A Gustavo Adolfo Arbeláez Rojas no le parece peligroso administrar justicia en medio de una zona con marcada presencia del narcotráfico y la guerrilla.

No soy un juez de alto riesgo y jamás han atentado contra mí por ningún proceso , advierte. Es juez en Florencia (Caquetá).

Llegué hace siete años al Caquetá por aventura y porque quería ser juez. No me arrepiento , dice Arbeláez, un abogado de 33 años, nacido en Armenia (Quindío).

Comenzó como juez promiscuo de Cartagena del Chairá, un cargo al que llegó luego de litigar y al aceptar el nombramiento que le hizo el Tribunal Superior de Florencia.

En ese entonces, llegó a la zona con una maleta, algunos textos jurídicos, la Biblia, un libro de poesías y apenas con el dinero para pagar el primer mes de renta.

Como la plata no le alcanzaba para transportarse cómodamente en un deslizador (bote), se subió a un bus tipo chiva para recorrer cinco horas. Ahí comenzó su carrera.

Durante el primer año devengó un sueldo de 170.000 pesos, dinero que apenas le alcanzaba para sobrevivir en una región donde todo era costoso como consecuencia de la economía cocalera. En diciembre de 1997, Arbeláez recibió la medalla José Ignacio de Márquez . Dice que es un reconocimiento a su trabajo.

Ahora, gracias a la medalla, espera viajar a España para capacitarse en Derechos Humanos, ya que considera que el sector judicial debe especializarse.

En Florencia, Arbeláez es uno de los dos jueces encargados de asuntos laborales.

En propiedad, sin embargo, pertenece al Juzgado Primero Civil Municipal. Se considera un apasionado por la poesía de Mario Benedetti, las lecturas espirituales de Antoni de Melo y la música de Silvio Rodríguez, porque se autodefine como un idealista romántico pero con los pies sobre la tierra .

Como los scouts: siempre listo No gana horas extras, ni dominicales, ni festivos. Sin embargo trabaja las 24 horas del día durante toda la semana porque ama su oficio y no lo cambiaría aunque tuviera la oportunidad de hacerlo.

Jorge Humberto Vaca Méndez es el director de la Unidad de Reacción Inmediata de la Fiscalía (URI), considerada como la puerta de las investigaciones en Bogotá.

Su amigo e instrumento de trabajo inseparable es el radio de comunicaciones, el cual permanece a toda hora prendido.

Y es que su labor se lo exige. La Unidad a su cargo es responsable de recibir todas las denuncias en Bogotá.

Hace poco, luego de una jornada de diligencias y reuniones judiciales, se encontraba en su casa dispuesto a cenar junto con su esposa y sus dos hijas. De repente sonó su radio de comunicaciones: Doctor, hubo un homicidio en el centro de Bogotá y parece que es el Gobernador del Putumayo . Tan solo tuvo tiempo para cambiarse de ropa. Las diligencias duraron hasta la una de la tarde del otro día. La persona fallecida fue el revisor fiscal de la gobernación , dijo.

En septiembre de 1996 le fue asignado el caso por la desaparición de Juan Diego, el niño que fue robado en la Clínica Country horas después de haber nacido.

Duramos días y noches sin dormir. Salíamos de nuestras casas a cualquier hora cuando nos llamaban a entregar información. Desgraciadamente no hemos podido encontrarlo, pero nos queda la satisfacción de que hemos rescatado por lo menos a otros 10 niños .

A Jorge Vaca también le ha tocado separarse por varios días de su hogar.

Otros procesos en los que ha participado tuvieron que ver con los allanamientos contra Pastor Perafán, los cuales recuerda duraban hasta tres días.

Desde que se graduó en 1985 tuvo la consigna de trabajar en la administración de justicia y su meta es llegar a ser magistrado de los altos tribunales.

Hogar y justicia, sus vocaciones TOÑO SANCHEZ Montería Su jornada, de lunes a viernes, comienza a las 5:30 de la mañana. A esa hora se levanta para alistar a sus dos hijos y enviarlos al colegio. Luego prepara el desayuno de su esposo y sale a su oficina. Siempre llega a las 7:45 al Juzgado Quinto Civil Municipal de Montería.

Es María Ceneth Raillo Alvarez, quien desde el pasado 13 de enero se encarga de tramitar los expedientes que llegan al despacho. Es, en el lenguaje judicial, una sustanciadora. Por su rendimiento le entregaron en 1997 la medalla José Ignacio de Márquez .

El galardón dice lo celebré con mi esposo, con mis compañeros de juzgado y con los magistrados del Tribunal Superior de Montería. Cuando recibí la noticia de la medalla me llené de mucha emoción y alegría, sentí ganas de llorar. Sinceramente fue una gran sorpresa .

Sus compañeros dicen que es una trabajadora incansable y consagrada. Al Juzgado llegan a diario entre 12 y 15 demandas, la mayoría de acciones de tutela. El juzgado es un hervidero de gentes , dice.

María Ceneth, una bachiller del colegio de la Caja de Compensación Familiar de Córdoba en Montería (Comfacor), terminó sus estudios profesionales en Derecho en la Corporación Universitaria del Sinú (CUS). Lleva trabajando once años en el poder judicial. Se inició en el Juzgado Quinto Civil Municipal y luego pasó al Juzgado Tercero Penal del Circuito.

Me gusta hacer las cosas bien. Soy inquieta, cuando no sé pregunto, no me da pena , dice al explicar el origen de su condecoración asignada por petición de la Corte Suprema de Justicia.

Está casada con Laureano Benavides Lugo, abogado especializado en derecho penal y actual Jefe de Unidad de Fiscalía de Montería.

Como reconocimiento a su trabajo fue premiada con un año de licencia remunerada y una beca para realizar una especialización que iniciará a partir del 8 de mayo en derecho penal, en la Universidad Pontifica Bolivariana.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
5 de abril de 1998
Autor
REDACCION JUDICIAL DE EL TIEMPO

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