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CÁRCEL DE SAN ISIDRO SERÁ COLONIA PENAL

En los últimos dos años, las 100 hectáreas que ocupa la cárcel de San Isidro, en Popayán, solo han servido para que los reclusos abran más de 25 túneles y escapen entre la maleza de esta fértil tierra.

Ahora, después de realizar un pormenorizado estudio, el Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec) se prepara para convertir esta cárcel en una Colonia Penal, similar a la que funciona en Acacías (Meta) y que es considera un modelo a seguir en el resto del mundo (ver notas anexas).

Según el proyecto, elaborado por el director del Inpec, Bernardo Echeverry Ossa, y respaldado por la ministra de Justicia, Almabeatriz Rengifo, la conversión tendrá un costó cercano a los 16.000 millones de pesos.

El objetivo fundamental consiste en utilizar estas 100 hectáreas de tierra en desarrollar programas agropecuarios e industriales para más de 1.500 internos.

Son tierras ricas, con agua, que se pueden utilizar para cultivar productos agrícolas, hacer estanques para peces y desarrollar una buena ganadería , dijo Echeverry Ossa.

El estudio encontró otras justificaciones para convertir esta cárcel, insegura y deteriorada, en una colonia.

La considerable extensión del terreno permite la construcción de cuatro campamentos para ubicar los internos , dice el documento. Los campamentos tendrán capacidad para albergar a 600 reclusos y los pabellones serán ocupados por 964.

Campamento indígena Uno de estos campamentos será ocupado por indígenas.

La existencia de un número considerable de indígenas dentro de la población reclusa actual conlleva al establecimiento de un campamento especial para este tipo de personas, con el objeto de arraigarlos en sus valores culturales propios y en sus condiciones de hábitat , sostiene el estudio.

Con la transformación se acabarían las fugas masivas, como la del pasado 24 de mayo cuando se escaparon más de 300 reclusos, y se controlaría la amenaza guerrillera que rodea al penal.

Una vez convertida en colonia, el Inpec realizará reclasificación y traslado de presos y solo dejará a aquellos de arraigo campesino. Es decir, quienes lleguen a la colonia no estarán interesados en fugarse y se garantizará su resocialización a través de actividades agropecuarias o industriales.

Y es que la riqueza de esta tierra es milenaria. Según la decana de la facultad de ingeniería de la Universidad del Cauca, Margarita Polanco, el sector en donde fue construida esta cárcel se caracteriza por poseer un suelo con calidades finas y con propiedades de cohesión.

Al parecer, este suelo se formó por cenizas volcánicas meteorizadas procedentes de erupciones del Puracé y los Coconucos. Este fenómeno se presentó hace unos dos millones de años, cuando se formó la altiplanicie de Popayán.

Hace 40 años, cuando se construyó la cárcel, nadie lo sabía. Ahora, los prodigios de este terreno son alabados por especialistas en suelos y por los presos que se dedican a cavar túneles.

Por eso, en las calles de Popayán, situada a unos diez kilómetros del penal, se comenta con ironía que los presos de San Isidro se resocializan efectuando estudios de ingeniería subterránea.

Es la única de su género en el mundo Hasta hace algunos años, la Colonia Penal de Oriente, ubicada en la zona rural del municipio de Acacías (Meta), era sinónimo de trabajos forzados, mazmorras y crueles castigos.

Allí iban a parar los reclusos considerados como los más peligrosos del país para que pasaran el resto de sus trágicas vidas.

Los llaneros que vivían en los alrededores de esta cárcel, que fue fundada en 1906, no dejaban de sentir miedo por la proximidad con el penal y a su alrededor se tejían las más crueles historias.

Sin embargo, las truculentas versiones que el penal inspiraba han cambiado de rumbo, al punto de convertirse actualmente en ejemplo, no solo para Colombia, sino para algunos países que la han visitado en los últimos meses con el fin de emular su desarrollo, entre ellos España, México, Costa Rica e Italia.

Y es que la Colonia rompe con el esquema tradicional de las demás cárceles del país, donde predominan el hacinamiento, la drogadicción, el ocio y la violencia.

Posee piscina, jardines y casino. Los sitios encerrados son mínimos. La mayor parte de los reclusos se pasean libremente por el penal en desarrollo de alguna actividad.

La limpieza predomina en el lugar y no es raro encontrar a un grupo de reclusos dedicados a la jardinería, el deporte, el dibujo artístico o, incluso, tomando parte en grupos de teatro.

Otros, por su parte, reciben instrucción en talleres de tractorismo, electricidad, ebanistería o prácticas agropecuarias. De manera alterna, hay quienes se dedican a fundar un periódico o trabajan en la estimulación de valores como el compromiso, la participación, el liderazgo, la autoridad o la adaptación.

Tampoco sorprende ver a los reclusos en espacios abiertos dedicarse a prácticas recreativas, donde el guardia es un integrante más del penal y no un enemigo. Hay quienes prefieren cursar un bachillerato en bienestar rural o esperan pacientemente su turno para recibir atención médica, psicológica u odontológica.

En otro sector se puede observar a un grupo de guardias bachilleres que reciben instrucción sobre conocimientos jurídicos y sociales. Se les enfatiza sobre la necesidad de brindar un trato donde se respete la dignidad del interno y se tenga en la mira su resocialización.

Allí también se maneja el Centro Piloto de Prevención Integral contra La Drogadicción del Penado, que es único en América Latina.

Famosa desde 1906 La Colonia Penal de Oriente, creada en 1906, cuenta con 5.500 hectáreas, de las cuales el 50 por ciento son aptas para la agricultura.

Está compuesta de cuatro campamentos, denominados: Cola de Pato, Sardinata, Guayuriba y Central.

La cárcel alberga a 533 reclusos, aunque su capacidad actual es de 650 internos. Con la culminación de algunas obras, a finales del año podrá albergar a a 1.200. En el área administrativa hay 65 funcionarios y 170 miembros del cuerpo de custodia.

De los 533 internos, venidos de todo el país, 183 hacen parte del Sistema Integral Progresivo. La meta es involucrar a toda la población. Los demás se ocupan en otras actividades, aunque aún no hacen parte del programa, que solo lleva un año.

En la parte agropecuaria su cultiva plátano, cítricos, pastos, maíz y caña. Hay 380 reses y 700 cerdos. En piscicultura hay seis pozos, con 23 mil alevinos sembrados. Las ventas de estos productos producen una entrada de 280 millones de pesos al año.

Próximamente se construirá la sede El Trapiche, que ampliará la capacidad del penal.

Los reclusos que allí viven no tienen una condena superior a los cinco años, no han ingresado por subversión o narcotráfico y sus edades promedio oscilan entre 18 y 27 años de edad.

La mayoría son solteros, proceden de poblaciones urbanas, no han cursado más de primaria, se dedicaban al comercio o a la actividad agropecuaria y se encuentran condenados por hurto calificado y agravado.

Antes de la aplicación del programa (1995) se habían fugado 18 reclusos en un solo año. El año pasado la cifra se redujo a uno.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
11 de junio de 1998
Autor
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